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CUANDO RUGE LA MARABUNTA (editorial)

(Idiotas)

Está a punto de estrenarse la última película de Von Trier, Idiotas, que arremete contra tanta "imbecilidad" como nos rodea. Vivimos en una época donde la cultura, en muchos casos, se barre echando mano de la incultura, donde se prefiere (resultando veraces aquellas tristes afirmaciones del "real" Goebbels, presente como ficción en la última película de Trueba) vivir bajo el signo de la estupidez que de la reflexión. De eso se aprovecha tanto improvisado y entusiasta "creador" (y dilapilador) de culturas. Todo es válido, decimos, y así nos va. Gran parte del cine actual se plantea desde este hecho: hacer cine a imagen y semejanza de los espectadores (mayoritarios). Como estos piden bazofias se les da en grandes proporciones. Todo es válido con el fin de entretener. Hay que evitar, como sea, el compromiso y la reflexión. Debe prodigarse el manipular, "monigotear" a los espectadores, convertirlos en marionetas sin posibilidad de reacción. Sólo así se puede entender, referido a nuestro cine, que se prefieran los últimos desmadres de Fernando León (Barrio) o de Julio Medem (Los amantes del circulo Polar) a la lucidez de Isabel Coixet (A los que aman) o a la sapiencia de Marc Recha (El árbol de las cerezas), por no citar los desmanes de todo tipo (fílmicos, ideológicos) infringidos por Alex de la Iglesia (Perdita Durango a la cabeza) o Juanma Bajo Ulloa (ídem con la sonrojante Airbag), o la presencia de esa coartada intelectual (oide) de Garci en la más que discutible El abuelo o el complaciente tono de Trueba en la "aparente" excepcionalidad de La niña de mis ojos (film que toma de referentes tan distinguidos como To be or no to be, Casablanca y hasta otro menos grandiosos como ¡Ay Carmela! sin olvidar el mal "gusto" de Wilder - ¡como no!- en la secuencia del baño... de leche).

 

Y si eso se refiere a nuestro cine no digamos del que nos viene de fuera. Ahí esta la indignante Algo pasa con Mary de los hermanos Farrelly ejemplo, elevado a la enésima potencia, de un cine zafio, degradante, sin ningún elemento cinematográfico, ni ideológico que sirva como excusa, defensa. Cine para "adormecer" a las masas en un elocuente planteamiento de dar al público (lo que gusta a los que acuden al cine) lo que quiere ver (los espectadores en gran mayoría son jóvenes). Lo más sorprendente es que cierta crítica (si a eso se puede llamar lo que hacen algunos "críticos") haya intentado defender el citado film diciendo que es ejemplar, que eso mismo (la broma fácil, el humor basado en ventosidades, eructos...) era practicado (escrito, vitoreado) por Shakespeare, Lope y tantos otros "vulgares" autores del teatro clásico. Se olvida algo elemental: el "lenguaje" de esos escritores era algo más que eso y los personajes a los que se encomendaba la misión bufa era lógicamente a los bufones. Además su zafiedad tenía clase. ¡Que se le pregunten, por ejemplo, al Falstaff shakesperiano! Triste que se exploten los gustos de cierta juventud (y no tanto) y se obligue, en función de sus pretendidas apetencias, a que retoce en el lodo de donde se saldrá lleno de porquería. Algo común en una sociedad que prefiere estúpidos a inteligentes. Es la forma de tener a la gente en el puño, tranquila, vigilada, controlada, sin derecho al alboroto, reducida al simple cortejo de aquellos que miran en espejos para recibir la brillantez de su nulidad. Es la manera de terminar con todas las revoluciones, con todas las inquietudes.

 

El espejo de Trier es muy distinto. Desde su representación podemos asistir a la visión de unos idiotas haciendo lo único que saben: idioteces. La filmación de aquellos que asisten a las soberanas "lecciones" de mal gusto de los hermanos Farrelly (nada que ver con diferentes momentos "excelsos" de las películas de Wilder) podría servir de reflexión para descubrir de qué nos reímos y nos alimentamos diariamente para sentirnos "libres" y "sanos". Desde luego "esa Mary" no representa la lucha por un cine comprometido. Ese sería el caso de Loach (la excelente Mi nombre es Joe, por ejemplo), un director, como algunos otros, que se levantan contra las películas indignas del estilo de la citada (o contra otras diversiones escasamente presentables que pueden representarse por la reciente La máscara del zorro) El cine de "los" Loach, que aun siguen dando lecciones, significa algo mucho más importante: la lucha entre la cultura y la incultura, entre el compromiso y la alienación, entre la vida y la muerte, entre ser y no ser. Unas y otras películas actuales entran en esas reflexiones. Unos planteamientos, en definitiva, que deben ser tenidos en cuenta.

 


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