Purasangre (2017)

  11 Septiembre 2018

Criaturas celestiales

purasangre 1Dos mujeres jóvenes se preocupan por fascinarse mutuamente, y de paso intentan fascinarnos. Según Merriam-Webster, fascinar es “atravesar y quedarse hechizado por un poder irresistible”. La gente solía creer que una serpiente podía fascinar a su presa; y un significado más antiguo de la palabra es “hechizar”. 

Aquí está la historia de dos adolescentes muy desafectadas: una chica rica en una mansión con un padrastro que detesta, y su antigua amiga de la infancia, que está fríamente separada del mundo y que es muy propensa a decir lo que piensa, sin filtro o la menor preocupación por preservar los sentimientos de los demás. 

Amanda (Olivia Cooke de Me and Earl and the Dying Girl, en 2015 ) es una personalidad fuerte, tranquila, imperturbable y un poco escalofriante. Ella también parece ser sociópata, con un lado oscuro: “Realmente no siento nada... Como no tengo ningún sentimiento, nunca. Alegría, culpa, realmente no tengo ninguno de esos... Me he vuelto tan buena viendo e imitando las emociones de otras personas que me he engañado a mí misma para creer que los tengo yo misma, pero no... [Eso] no necesariamente me convierte en una mala persona. Simplemente significa que tengo que trabajar un poco más duro que todos los demás para ser bueno”.

Una combinación poco convencional de humor seco (y oscuro), sátira social y un esquema de asesinato digno de Hitchcock. El tono es difícil de describir, aunque la sutileza impregna cada fotograma. Deberíamos ser repelidos por estos personajes; pero, en cambio, nos sentimos atraídos por ellos. Hay un aspecto virginal en sus oscuros actos contemplados que nos hace cómplices, o, al menos, simpatizantes a medias.

Aves en jaulas doradas, se ponen inquietas. ¿Qué las motiva? ¿Es avaricia, hastío o locura? ¿O es un “salvajismo” primordial? ¿Está uno infectado por la mentalidad sociópata del otro? ¿O hay algo de sangre fría y peligrosa ya latente en ambos? Después de todo, la aparentemente más “normal” Lily casi se ahoga intentando ganar un concurso de respiración bajo el agua.

En términos más generales, ¿existe algún tipo de locura detrás del velo endeble de la vida cotidiana (testigo del agresivo despliegue de impaciencia de Lily con su ineficaz madre, provocada simplemente por su bienintencionada pregunta sobre su bienestar)?

En el frente de la sátira, hallamos a dos princesas malas en lugar de una en el molde de Disney. La razón por la que la película es una manzana venenosa tan irresistible es que Finley es plenamente consciente de lo atractivo que es el universo donde se desenvuelve la trama. La casa en sí misma, desde su césped verde perfecto hasta el vestíbulo impecablemente designado y el lujoso automóvil en el camino de entrada, es esencialmente un objeto fetiche. 

¿Y dónde está exactamente la línea, pregunta la película, entre el materialismo y el fetichismo? Si su identidad se define por las cosas que posee, ¿cuánto de su alma le cede? El director de fotografía Lyle Vincent divide la sala y el marco en particiones silenciosas e individualmente iluminadas, como si fueran objetos en el museo de una sociedad secreta. 

La moraleja del film nos viene a decir que nunca hay que subestimar el valor de tener un amigo esquizoide. Los diálogos son refrescantemente divertidos cuando Amanda y Lily conversan sobre sus pensamientos y sentimientos. La extraña partitura guiada por cuerdas de Erik Friedlander (Pena de muerte, No mires atrás) consolida la siniestra atmósfera de la película desde el principio, arrojando pistas sobre el territorio en el que puede girar la historia, y los eventos, que como se puede llegar a esperar, darán un giro oscuro y macabro.

A medida que la trama se va complicando, casi se convierte en una batalla para ver qué personaje es el más retorcido. Una usa sus peculiaridades abrasivas escondidas bajo manga, y la otra va descubriendo y desarrollando las profundidades más ocultas de su tenebrosidad, lo que podría resultar aún más peligroso.

La réplica al duelo actoral protagónico proviene del brillante secundario Paul Sparks, que interpreta a Mark, el padrastro de Lily, y del difunto Anton Yelchin, quien se pone en la piel de un individuo bastante desequilibrado que se dedica al tráfico de drogas en lo que trágicamente supuso su último papel para el cine.

Escribe Francisco Nieto

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