Nombres de cine fallecidos en marzo y abril de 2008

  22 Abril 2008

Los idus de marzo
Escribe Mr. Arkadin

rosenman.jpgLos dioses y las sibilas vaticinaron que había que estar ojo avizor con los idus de marzo. Que son, casi siempre, adversos. Este año lo han sido y mucho para el mundo del cine. Varias personas unidas a él han sido llamadas durante ese mes (y comienzos de abril) para participar en magnos proyectos cinematográficos (desde rodajes hasta la creación de festivales)... en el más allá.

Leonard Rosenman

El primero llamado ha sido Leonard Rosenman (1924-2008), compositor de estupendas bandas sonoras para grandes películas, como Al este del edén (Kazan, 1955), Rebelde sin causa (Ray, 1955), Donde la ciudad termina (1957), La ley del hampa (Boetticher, 1960), Comando (Siegel, 1962), Viaje alucinante (Fleischer, 1966)... Rosenman también trabajo en algunos episodios para televisión de la serie La hora de Alfred Hitchcock.

Ganó dos Oscar a la mejor banda sonora adaptada, por Barry Lyndon y Esta tierra es mi tierra, a mitad de los setenta. Fue además el autor de una banda sonora que hoy se ha revalorizado muchísimo: la primera versión de El señor de los anillos, dirigida por Ralph Bakshi y filmada con una mezcla de dibujos animados y personajes reales.

Anthony Minghella

minghella-1.jpgAnthony Minghella (1954-2008), director aclamado, pero de muy relativa importancia, por la desigual El paciente inglés (1996), con la que acaparó nada menos que nueve Oscar. Era su segundo largometraje en cine, aunque en realidad había dirigido ya varias películas para televisión. Es sin duda ese paciente su obra más conocida. El resto, donde puso más voluntad que talento, pasó desapercibido.

Realizó El talento de Mr. Ripley (1999), una nueva versión de la primera excelente novela de la “serie” Ripley escrita por Patricia Highsmith (la mejor versión sigue siendo la de René Clément de 1960, titulada A pleno sol) o la aún más mediocre Cold Mountain (2003). Ahora estaba inmerso en la realización de una de las partes del filme colectivo New York, I love You, una especie de “contestación” a Paris, je t’aime.

Arthur C. Clarke

clarke-2.jpgArthur Clarke (1917-2008) dijo adiós desde su retiro en Sri Lanka. Es uno de los grandes escritores de ciencia ficción del siglo XX. A él se debe, directamente escrito para el cine, el guión de 2001, una odisea del espacio (1968), una de las grandes obras tanto del cine como de Stanley Kubrick.

Aunque ha editado varias continuaciones de 2001 (tituladas 2010: odisea dos, 2061: odisea tres y 3001: odisea final), son más conocidas sus obras clave en el desarrollo serio de la ciencia ficción: Cita con Rama y El fin de la infancia.

Abby Mann

mann-1.jpgEl oscarizado guionista de Vencedores o vencidos (1961) de Stanley Kramer, fue otro de los tocados por este loco marzo. A Abby Mann a quien le cabría el extraño honor de ser, luego en televisión, el creador del inspector Kojak, al que dio vida Telly Savalas.

De Abby Mann también fueron los guiones de El barco de los locos (1965) también de Stanley Kramer (en el que intervinieron varios excelentes interpretes), Ángeles sin paraíso (1963) de John Cassavetes, El detective (1968) de Gordon Douglas con un extraordinario Frank Sinatra en el papel protagonista...

Hacia finales de mes se marcharon dos hombres del mítico Hollywood, el actor Richard Widmark y el director Jules Dassin. Ambos habían coincidido en 1950 en Noche en la ciudad. Curiosamente Widmark también tuvo su punto de encuentro con Abby Mann. El actor fue uno de los protagonistas de Vencedores o vencidos.

Richard Widmark

widmark-1.jpgWidmark (1914-2008) es uno de los grandes actores norteamericanos. Nunca ganó un Oscar. Ni falta que le hizo para estar en la cumbre. Su figura, su forma de reír, su manera de interpretar, tanto haciendo de sheriff, como de capitán del ejército, de médico, de policía o de asesino, son memorables. Interpretó muchas películas del oeste y policíacas (y las hay buenas y muy buenas) en su haber.

Llegó al cine con El beso de la muerte (1947) de Hathaway. Un único plano sirvió para introducirle en el grupo de los actores selectos: el momento en que tira a una invalida por el hueco de una escalera mientras ríe con su sonrisa (diabólica) realmente única. A este filme, en donde era secundario, sucedieron otros de segundo actor, pero su fuerza era tal que brillaba como el primero. Fue el caso de La ciudad sin nombre (1948) de E. Keighley, El parador del camino (1948) de Jean Negulesco y, sobre todo, Cielo amarillo (1948) un western maestro con otros dos interpretaciones excelentes, la de Gregory Peck y Ann Baxter (1).

Widmark fue un luchador a favor de los derechos humanos, un liberal concienciado. Cuando tuvo que intervenir (ya de protagonista) en Un rayo de luz (1950), de Mankiewicz, interpretando a un psicópata racista, encargado de hacer la vida imposible a un recién llegado (fue su primera película como actor) Sydney Poitier, se veía obligado a pedirle perdón al terminar de rodar cada secuencia. Todo un tipo.

widmark-2.jpgIntervino nada menos que en 75 películas, muchas de ellas excelentes. Vivió la gran época de Hollywood. Citemos unas cuantas como prueba de su ductilidad y maestría: Pánico en las calles (Kazan, 1950), Situación desesperada (Milestone, 1950), Niebla en el alma (con Marilyn Monroe en su primer papel de protagonista, dirigida por R. W. Barker, 1952), Cuatro páginas de la vida (el episodio de Hathaway, 1952), Manos peligrosas (Fuller, 1953), El diablo de las aguas turbias (Fuller, 1954: uno de los primeros filmes en Cinemascope, que sorprendía ante todo por la explosión atómica, con sonido estereofónico, del prólogo), El jardín del diablo (Hathaway, 1954), Lanza rota (Dmytryk, 1954), La ley del talión (Daves, 1956), Labios sellados (el único filme que dirigió uno de sus buenos amigos, el actor Karl Malden, en 1957), Desafío en la ciudad muerta (John Sturges, 1958), El hombre de las pistolas de oro (otra vez con Dmytryk, 1959, y rodeado de actores como Henry Fonda y Anthony Quinn: casi nada), Dos cabalgan juntos (John Ford, 1961: la larga secuencia de la conversación en la orilla del río entre Widmark y James Stewart es uno de los grandes momentos del cine de todos los tiempos), Los invasores (Cardiff, 1964: una especie de “re-mirada” a la excelente Los vikingos, 1958, de Fleischer).

En 1964 volvió a trabajar con John Ford en un papel que sin duda hizo sus delicias, el honrado capitán preocupado por el pueblo indio de El gran combate (1968). A continuación intervino en Brigada homicida (1968), de Siegel que dio origen a la serie de televisión del capitán Madigan. Otros títulos fueron Ciudad sin ley (1969) con Siegel nuevamente, aunque el director se negó a firmar la película con su nombre, El infierno del whisky (1970) de Richard Quine, Alerta: misiles (1977) de Aldrich.

A partir de este momento intervino en películas de escaso interés aunque aún llegase a trabajar con una vieja gloria del cine alemán de los años sesenta, V. Schlöndorff. Era en 1986 y la película se titulaba Viejos recuerdos de Louisiana. Unos maravillosos recuerdos, no esos, sino los suyos de su paso por el mítico mundo de Hollywood.

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Jules Dassin

Jules Dassin (1911-2008) fue uno de los directores y profesionales de Hollywood (también trabajó como guionista y actor) que pasó a engrosar las tristemente célebres listas negras del macarthismo. Al parecer fue uno de los compañeros a los que denunció el director Edward Dmytryk para poder ser exculpado.

dassin.jpgDassin realizó veinticinco películas diseminadas entre varios países: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Grecia. Una de las primeras, en plena efervescencia del cine negro, fue la muy notable Fuerza bruta (1947) con guión de Richard Brooks e interpretación de Burt Lancaster. Un muy duro filme sobre el mundo carcelario. A continuación filmó La ciudad desnuda (1948), una película mítica y original en cuanto aplicó el sistema neorrealista italiano a las narraciones policíacas. Insistiendo en el cine negro, realizó Mercado de ladrones (1949). En el mismo registro, pero ya en la iniciación de un viaje hacia el destierro que le llevará finalmente a aposentarse en su querida Grecia, rueda en Inglaterra Noche en la ciudad (1950). Cinco años después, en Francia filma una de sus obras más comerciales, Rififí (1955), la historia de un robo (casi) perfecto.

dassin-3.jpgEn 1957 rueda en Grecia –que considerará desde ese momento su país– El que debe morir (1957), película en la que interviene Melina Mercouri, que poco a poco pasará tanto a convertirse en protagonista de sus filmes como en su compañera sentimental, con la que acabará por contraer matrimonio en 1966. Se suceden La ley (1959), Nunca en domingo (1960), muy conocida, entre otras cosas por la canción de Los niños del Pireo, que recibió el Oscar de aquel año (el filme fue nominado a cuatro más). En el filme intervino como actor el propio Dassin. Fedra (1962), Topkapi (1964), que gira nuevamente sobre un robo perfecto e imposible, y supone otro de sus grandes éxitos.

En 1980 filma su último filme, Círculo de dos, que  realiza en Canadá. Melina Mercouri, con la llegada de los socialistas al poder, se convierte en Ministra de Cultura. Su muerte, ocurrida en 1994, lleva a Dassin a embarcarse –en el recuerdo de la lucha de Melina– en una misión casi imposible: entablar decenas de batallas legales para conseguir que las maravillosas piezas de los antiguos santuarios o palacios griegos, expoliadas por los ingleses, pasen del Museo Británico de Londres al Museo Arqueológico de Atenas.

Charlton Heston

Ya en abril, en los primeros días, nos llegó la noticia de la desaparición de Charlton Heston. Su vida es contradictoria, al contrario que sus personajes, casi siempre de una pieza. El problema del actor consistió en que llegó a “verse” como el hombre duro e intransigente de muchos de los títulos que interpretaba: creía en la identidad entre lo que interpretaba y lo que vivía. Políticamente pasó de propuestas demócratas liberales a ser uno de los grandes defensores de políticas reaccionarias republicanas. En el colmo de su transvase ideológico terminó por convertirse en el Presidente de la Asociación Nacional del Rifle.

heston-2.jpgHeston intervino nada menos que en 126 películas. Como él dijo alguna veces, interpretó a guerreros, papas, artistas, santos, dardenales, personajes bíblicos... así como también a los últimos hombres (al menos en dos ocasiones) de la humanidad. Su obsesión fue creerse un clásico.

Parecía obsesionado con el personaje de Marco Antonio, que interpretó al menos en tres ocasiones, en una de las cuales incluso se dirigió a sí mismo: fue una de las pocas películas que realizó, Marco Antonio y Cleopatra (1972). Los otros títulos fueron Julio Cesar (1950) de David Bradley y (nuevamente) Julio Cesar (1970) de Burger.

Amigo de Martín Luther King, escritor de dos libros autobiográficos (uno al menos interesante) y de dos ensayos sobre teoría política conservadora, Heston fue un personaje curioso y enigmático del que no se conocen rumores, ni escándalos, ni relaciones con actrices. Enrocado en su idea de la defensa personal por la fuerza, fue al mismo tiempo uno de mayores impulsores de actos caritativos para el Instituto Will Rogers.

Heston fue hombre de una sola mujer (Lydia Clarke con quien se casó en 1944, actriz ocasional de pequeños papeles: El mayor espectáculo del mundo, El más valiente entre mil...) con la que tuvo un hijo (y adoptaron otro), al que inicio en el cine en el papel... de Moisés niño y que ya adulto dirigió algunas películas: Fraser Clarke Heston.

heston-1.jpegRealmente en eso, sólo en eso, huir de los escándalos del mundo de Hollywood, se semejaba a Richard Widmark, cuyo planteamiento ideológico como se ha dicho era totalmente opuesto al de Moisés-Cid-Miguel Ángel-Richelieu-Vargas-Marco Antonio-Dundee...

La primera película en la que intervino fue Ciudad en sombras (1950) de Dieterle, pero en ese mismo año rodó la película que le dará fama, al tiempo que el personaje que interpreta (hombre duro, inflexible) moldeara el prototipo de sus posteriores interpretaciones. Se trata del director del circo de El mayor espectáculo del mundo de Cecil B. de Mille, realizador que le lanzará seis años más tarde al estrellato con Los diez mandamientos. Desde ese momento Heston se reconvertirá, para siempre, en Moisés.

Entre sus películas dignas de recuerdo se encuentran Pasión en la niebla (1952) de King Vidor, una variante de Duelo al sol; Cuando ruge la marabunta (1954), de Haskin donde el actor (ante las preferencias de él por una jovencita) tenía que escuchar de la viuda interpretada por Eleonor Parker una frase tan “sustanciosa” como “cuando te convencerás que un piano de segunda mano suena mucho mejor”; Horizontes de grandeza (1958), de Wyler, hermoso western con un reparto excepcional; Ben Hur (1959) también de Wyler, uno de los filmes más oscarizados de la historia del cine; El Cid (1961) de Anthony Mann; 55 días en Pekín (1952) de Ray; La historia más grande jamás contada (1965) de Stevens, en la que hacia de San Juan Bautista; El planeta de los simios (1968), de Schaffner; El más valiente entre mil (1968) de Gries; El último hombre vivo (1971) de Sagal; Cuando el destino nos alcance (1973) de Fleischer; Los tres mosqueteros (1973) donde, al igual que en Los cuatro mosqueteros (1974), sería dirigido por Lester... En los últimos años intervino en pequeños papeles en títulos como Mentiras arriesgadas (1994) de Cameron; En la boca del miedo (1995) de Carpenter; Hamlet (1996) de Branagh o Un domingo cualquiera (1999) de Stone.

Aparte de actuar, dirigió dos películas para cine y alguna más para televisión, aunque ninguna aportó nada al cine. Fueron, además de la ya citada Marco Antonio y Cleopatra (1972), Duelo en las profundidades (1982), codirigida con su hijo, y Un hombre para la eternidad (1988), realizada con destino a la televisión.

heston-3.jpgHe querido dejar para el final de esta referencia a Heston los que considero son los tres mejores filmes en los que intervino, y que o bien se pudieron hacer gracias a su empeño por contratar al director (Orson Welles), caso de esa obra maestra absoluta que es Sed de mal (1958), o bien se esforzó para que, a pesar de los inconvenientes que se produjeron durante el rodaje, pudiera terminarse la película: Mayor Dundee (1965), de Peckinpah. El tercero, un título que casi nadie (articulista, críticos, comentarista) parece haber recordado en las apresuradas o meditadas necrológicas que han seguido a su muerte, es una de las obras más importantes que se han realizado sobre la Edad Media. Una película que en algunos sitios (el buscador spanish.imdb.com, por ejemplo) ni siquiera citan como estrenada en España. Pero sí lo fue y las críticas, a pesar que hoy parece no recordarse, fueron buenas. Me refiero a El señor de la guerra (1965) de Schaffner, director con el que luego repetiría en la iniciación de la saga de los simios.

Heston es el modelo original de una serie de copias más o menos mediocres cuyo máximo exponente podría ser hoy en día Mel Gibson.

Rafael Azcona

azcona-3.jpgEl guionista de guionistas españoles también fue arrebatado por los idus de marzo, Rafael Azcona (1926-2008). Nació en Logroño, la ciudad donde años maás tarde Juan Antonio Bardem rodaría Calle Mayor.

En la capital riojana hacía de chico de los recados mientras comenzaba a emborronar cuartillas. Muy joven marchó a Madrid, donde malvivió en mil oficios. De aquellos primeros tiempos en la capital surgió uno de sus libros en el que habla “del entonces” (que corregiría en sus últimos días de vida para una nueva edición): Los ilusos. Fue uno de los destacados dibujantes de la revista satírica La Cordoniz, aquella que se proclamaba “la revista más audaz para el lector más inteligente”. Entre los personajes que creó, uno de los más famosos fue el de “el repelente niño Vicente” (luego escribiría una novela sobre el personaje). Entre sus primeras novelas hay que destacar Los muertos no se tocan, nene, Los europeos o El pisito, con la que se le abrieron las puertas del mundo del cine.

El pisito (1959) es, junto al guión de Se vende un tranvía (1959), de Esterlich, el primer trabajo de Azcona para el cine. El pisito es también importante por dos hechos: la primera película de Marco Ferreri y la amistad entre los dos recién llegados al mundo del cine. La colaboración entre Ferreri y Azcona se extenderá luego a lo largo de muchos años con títulos como El cochecito (1960), L'ape regina (1963), Se acabó el negocio (1964), Marcha nupcial (1965), El harem (1967), La audiencia (1971), La gran comilona (1973), No tocar la mujer blanca (1974), Adiós al macho (1978).

Importante es también la colaboración con realizadores españoles como Berlanga, Saura, Trueba, Fernán Gómez, García Sánchez, José Luis Cuerda...

azcona-4.jpgCon Berlanga inicia su colaboración reuniéndose para escribir los guiones en la cafetería del Cortes Inglés de Madrid. De allí salen dos obras maestras: Placido (1961) y El verdugo (1963); y se extiende a lo largo de otras obras, como Vivan los novios (1973), Tamaño natural (1974), La vaquilla (1985), sin olvidar a toda la saga iniciada con La escopeta nacional (1978).

La colaboración con Carlos Saura se inicia con Peppermint Frappé (1967) para continuar con filmes como La madriguera (1969), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1973), La prima Angélica (1974) y Ay, Carmela (1990).

Junto a Fernando Trueba logrará el Oscar a la mejor película extranjera por Belle epoque (1992). Con Fernando también escribiría los guiones de El año de las luces (1986) y La niña de tus ojos (1998).

En 1985 tiene lugar, con La corte del faraón, el encuentro con José Luis García Sánchez con el cual llegará a colaborar incluso en alguna experiencia teatral. De su trabajo conjunto nacen los guiones de Pasodoble (1988), dos episodios para la serie televisiva La mujer de tu vida, Tirano Banderas (1993), Suspiros de España (y Portugal) (1995), Tranvía a la Malvarrosa (1997), Siempre hay un camino a la derecha (1997), Adiós con el corazón (2001)...

azcona-2.jpgEntre las casi cien películas que ha escrito Azcona también se trabaja con realizadores como Pedro Masó (La miel, 1979), Fernán Gómez (Mi hija Hildergart, 1977), Olea (Un hombre llamado Flor de Otoño, 1978), Forqué (El monumento, 1970), Nieves Conde (La revolución matrimonial, 1974), Bardem (El poder del deseo, 1975), Gutiérrez Aragón (El rey del río, 1985), Giménez Rico (Soldadito español, 1988), Lombardo (En brazos de la mujer madura, 1992), Bigas Luna (Son de mar, 2001)... Incluso Azcona se atrevió a escribir el guión de la nueva versión de Sangre y arena (1989) de Elorrieta con Sharon Stone y hasta llegó a enfrentarse con algún spaguetti western (Una razón para vivir y otra para morir, 1972, de Tonino Valerii).

Sus últimos trabajos aún no han sido estrenados. Se trata de una adaptación para televisión de obras de Valle Inclán, que dirige su amigo García Sánchez (Martes de Carnaval) y de un guión para José Luis Cuerda (Los girasoles ciegos), director éste con el que ya había colaborado en El bosque animado (1987) o La lengua de las mariposas (1999).

Una labor la de Azcona impresionante e imprescindible para el cine español.

Jose María Escriche

escriche-2.jpgCerremos esta página, en la que hacemos alusión a las personas del mundo de cine fallecidas en estos tremebundos meses de marzo y principios de abril, recordando a José María Escriche (1951-2008).

Fue uno de los creadores y dinamizadores del Festival de Cine de Huesca. Entusiasta del cine, hombre afable, de gran valía, provenía del mundo de los cineclubs. Fue alrededor del cineclub de Huesca, que dirigía, de donde surgió la idea de poner en marcha este interesante festival, que anda ya por sus treinta y muchos años de andadura. Escriche fue concejal del PSOE en el ayuntamiento de la ciudad, asesor cultural de la Diputación Provincial de Huesca, integrante del Consejo Aragonés de Enseñanzas Artísticas y miembro fundador de la coordinadora europea de festivales de cine, auspiciada por la Unión Europea.

La labor desarrollada en el Festival a lo largo de los años ha sido meritoria, tanto por los ciclos desarrollados, como por los hombre que se homenajearon. Rodeado de entusiastas profesionales y amigos, Escriche consiguió que el certamen de Huesca fuera de obligada referencia cinematográfica.

escriche.jpgEl festival fue, como se ha dicho antes, fundado por gente del cineclub de Huesca. Entre esas personas estaba Fernando Moreno, nacido en Huesca, y que fue sin duda el más grande de los Jefes que ha tenido TVE en el Departamento de Programación Ajena (¿quién podrá olvidar, en la etapa de Pilar Miro como directora del ente, los grandes ciclos de cine que nos brindó?). Cuando murió Fernando, el festival de Huesca, bajo la batuta directora de Escriche, le rindió un hermoso y merecido homenaje.

Este año corresponderá rendírselo a él, que fue el emblemático responsable del buen funcionamiento de su Festival. Huesca y su Certamen siempre estarán en deuda con “su director”.  

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(1) Ver crítica en la sección Sin perdón de nuestra revista