En la muerte de Sydney Pollack

  28 Mayo 2008

Un instante, una vida
Escribe Mister Arkadin

pollack-4.jpgJueves, 27 de mayo de 2008, medianoche. Esta tarde ha muerto Sydney Pollack. Tenía más de setenta años y era un referente respecto a un cine (en la frontera entre el anteayer y el ayer) que intentaba aunar clasicismo con un cierto grado de modernismo, aromatizado todo ello con gotas liberales. Sirvan estos apuntes apresurados como homenaje a un hombre de cine que escribió, produjo, interpretó y dirigió muchas películas que intentaban tomar el pulso al liberalismo en el seno de Hollywood.

Aunque no sea considerado como un director perteneciente a la generación de la televisión, fue realmente en los platós televisivos donde se fue moldeando este hombre risueño con cara de cómico frustrado. Y es que en el actor, productor, guionista y director existía un cierta tendencia a la interpretación en el recuerdo, quizá, de sus comienzos como showman.

Pollack, por fecha de nacimiento (1934), no está muy alejado de Frankenheimer (1930), de quien se dice que fue la persona que le convenció para que empezara a dirigir películas para televisión, allá por 1960. Entre ambos también hay otra similitud:  la idea que desea insuflar a su cine un cierto carácter político, donde el análisis y la crítica a la sociedad norteamericana, por momentos, se adhiere a sus imágenes.

pollack-3.jpgOcurre en Danzad, danzad, maditos (1969), reflejo del caos de América representado en una pista de baile; lo mismo que en esa crónica americana que es Tal como éramos (1973); sin olvidar los aparentes filmes de intriga, Los 3 días del cóndor (1975), La tapadera (1993) o la tan fallida como incomprensible La intérprete (2005), el último filme que realizó de ficción. El siguiente (y último en su filmografía) fue una especie de documental sobre Frank Gehry realizado, al igual que el anterior, en 2005: Apuntes sobre Frank Gehry (1).

Estuvo varias veces nominado para el Oscar y lo ganó en una ocasión con Memorias de África (1985), uno de sus mayores éxitos comerciales. Un filme muy en la línea de sus películas más queridas, enmarcadas en historias amorosas que suelen acabar fatalmente. Eso mismo ocurría en algunas de las películas citadas más arriba, como lo es también en la Habana (1990) o en la nueva versión (esa al menos con final feliz para dos personajes) de Sabrina y sus amores  (1995).

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De amor triste, al borde de la muerte, es uno de sus títulos poco valorados y por el que, personalmente, siento una cierta debilidad, Un instante, una vida (Bobby Deerfield, 1977), una especie de anti Love story, que supone el encuentro de dos personas al borde de la muerte. A vueltas y revueltas con el amor y del desamor se mueve, entre los últimos que realizase, otro título también poco apreciado, a pesar del interés de su propuesta: Caprichos del destino (1999).

Amor, pero a la tierra y a la libertad, es lo que proclama esa balada sostenida que es Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972), superior a su otro western, Camino de la venganza (1968), aunque éste también resulta interesante. La primera fue otro de sus grandes éxitos, gracias sobre todo a la presencia de Robert Redford.

Un buen trabajo, poco valorado en su momento, pero hoy reconocido como un clásico y una cult-movie, es Yakuza (1973) con guión de Paul Schrader.

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Director de estrellas

Su primer título fue la mediocre La vida vale más (1965). Con anterioridad había realizado diversos filmes para la televisión, no faltando siquiera su contribución a la serie de títulos presentados bajo la advocación de Alfred Hitchcock.

Su segundo filme tuvo como intérprete a Robert Redford con el que trabajaría varias veces más: Tal como éramos, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Los 3 días del Cóndor, El jinete eléctrico, Habana... Esta segunda película del autor es un título hoy casi olvidado, basada en una obra de Tennesse Williams y cuyo guionista fue un principiante llamado Francis Ford Coppola: Propiedad condenada (1966).

Uno de sus grandes éxitos, por el que estuvo a punto de recibir su primer Oscar, fue Tootsie (1982), que contaba con una muy buena interpretación de Dustin Hoffman. Y es que, quizá como frustrado actor, Pollack siempre se preocupó de trabajar con buenos y grandes actores: Burt Lancaster, Anne Bancroft, Paul Newman, Nicole Kidman, Jane Fonda, Al Pacino, Harrison Ford, Robert Michum...

Dirigió en total 21 películas para cine y varias más para televisión. Produjo 47 filmes, intervino como actor secundario en 32 y en ocasiones apareció como él mismo.

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Actor y productor

Uno de sus últimos éxitos como productor fue con la discutible Michael Clayton (2007) ópera prima del guionista Tony Gilroy. Pendiente de estreno se encuentra Margaret (2008) dirigida por Kenneth Lonergan, el interesante realizador de Puedes contar conmigo.

Como actor ponía su cara fácilmente identificable y poco más al interpretar unos papeles normalmente de personaje enigmático u oscuro. Es el caso de Michael Clayton o Eyes wide shut (1999) de Kubrick, donde acudió a sustituir a Harvey Keitel quien, tras haber rodado todo su papel, tuvo que ser sustituido al ser necesario rodar de nuevo sus intervenciones junto Jennifer Jason Leigh, quien a su vez fue sustituida por la bergmaniana Marie Richardson. Recordemos también sus intervención en El último juego de Hollywood (1992) de Altman o en Maridos y mujeres (1992) de Allen.

El concepto de un cine pequeño en denuncia, de buenas intenciones, no siempre acordes con lo que trata, es el referente de la obra de un hombre que se afanaba por descubrir hasta dónde se podía llegar ideológicamente en Hollywood.

Pero sin obligarse por ello a atravesar un túnel oscuro que, como a Al Pacino en Un instante, una vida, le señala una nueva forma de existencia.

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(1) Apuntes de Frank Gehry: la crítica de de su última película podéis encontrarla en la sección Sin perdón de esta revista.

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