Más allá de las novelas: Delibes, el cine y el teatro

  20 Noviembre 2021

Un humanismo interdisciplinar

delibes0«El cine, película aparte, es magia,
y uno necesita penumbra, compañía discreta,
sombras silenciosas en derredor,
y un timbre nervioso anunciando la proyección
para ser seducido».

Miguel Delibes.

La Biblioteca Regional Joaquín Leguina de Madrid, en la zona de Delicias, acoge hasta el 16 de enero de 2022 la exposición Más allá de las novelas: Delibes, el cine y el teatro, un recorrido por la conexión del gran escritor con los universos fílmico y dramático. Se trata de una muestra notabilísima con carteles de los largometrajes y las dramaturgias, guiones, fotogramas e instantáneas, cartas, entradas, artículos en prensa, testimonios escritos y audiovisuales —muy emotivas las palabras de Lola Herrera y José Sacristán—, programas de mano…

De Miguel Delibes (1920-2010) se han llevado a la gran pantalla nueve novelas, y se han escenificado en las tablas cuatro de sus obras. Desde muy niñín —expresión vallejiana—, Delibes tuvo verdadera afición al cine. En el colegio Lourdes, veía películas del oeste y cómicas, en sesiones dobles. A finales de los años 20, empezó a ir con sus hermanos a los pases infantiles del cine Hispania.

Ya adulto, solía acudir dos veces por semana a diversos cines de Valladolid: el Roxy, el Carrión, el Lope de Vega, el Zorrilla, el Avenida, el Matallana. Su hija Elisa nos habla de algunos de sus largometrajes predilectos, que curiosamente coinciden con los gustos cinéfilos de mi hermano Jorge y míos: Los mejores años de nuestra vida (1945), de Wyler; Qué bello es vivir (1946), de Capra; La strada (1954), de Fellini; Los cuatrocientos golpes (1959), de Truffaut; El padrino (1972), de Coppola; El árbol de los zuecos (1978), de Olmi; Adiós, muchachos (1987), de Malle…

Delibes ayudó en la adaptación al cine de sus novelas, aunque siempre dejó a los cineastas la libertad creativa, al ser consciente de que en la novela prima la palabra y en el cine la imagen. A Mario Camus, en Los santos inocentes (1984), le aconsejó multiplicar en el filme la expresión poética «Milana bonita» en los diálogos de Azarías. Con solo dos palabras levantó un universo de corazón y ternura: la armonía entre el individuo y la naturaleza.

También le comentó al director cántabro que el romance entre Purita e Iván, «sutilmente insinuado» en la novela, era demasiado explícito en el guion fílmico —considero que ahí radica uno de los puntos más flojos de esta obra maestra del cine español—. Estuvo de acuerdo con los desarrollos que propuso genialmente Camus y que no se encontraban en el original narrativo: Quirce en la mili, con el proyecto de irse a trabajar de mecánico a Madrid; Nieves, en una fábrica de la ciudad —¿Zafra? ¿Badajoz?—; Azarías, en el sanatorio tras el crimen.

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La Seminci le homenajeó en 1993, el año en el que recibió el Cervantes. Delibes trabajó como extra en Mr. Arkadin (1954), de Orson Welles. El maestro estadounidense rodó varias secuencias de su película en Valladolid. Asimismo, Delibes tradujo los diálogos al castellano de Doctor Zhivago (1966), de David Lean.

A Delibes, que siempre reconoció que Los santos inocentes suponía la película más lograda sobre una obra suya, le maravilló la versión de El camino (1963), de Ana Mariscal: la primera vez que una narración del novelista vallisoletano se llevó al cine; y no le satisfizo la adaptación de Las ratas (1997), de Giménez Rico, porque consideraba que parecía un documental y no una película de ficción —mi hermano y yo la vimos en su estreno y, aunque no nos cautivó, sí le reconocimos cierto mérito. Mi hermano llamó Fa a una de sus perras por el nombre de la perrita del Nini.

En la esfera teatral, un hito de la cultura hispánica vino con el estreno el 26 de noviembre de 1979, en el Marquina de Madrid, de Cinco horas con Mario, con dirección de Josefina Molina y una sublime Lola Herrera en el papel protagónico. Más de cuatro décadas después, esta gran actriz continúa dando vida a Carmen en los escenarios. Ha cambiado ella, la sociedad española, mas la obra mantiene su magia. Los «universales del sentimiento» de los que hablaba Machado.

Otro inmenso actor, José Sacristán, interpretó a Pacífico Pérez en Las guerras de nuestros antepasados a finales de los 80, y desde el 2018 encarna al pintor en plena crisis existencial de Señora de rojo sobre fondo gris, una cima de la literatura delibesiana, cumbre elegiaca con la que Delibes reflejó la grandeza vital de su mujer Ángeles.

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El novelista, consciente del carácter íntimo, confesional de la novela, no accedió a propuestas cinematográficas —Pilar Miró quiso hacer una película— y dramáticas —rechazó las peticiones iniciales de Sacristán y Sámano.  Han sido los hijos los que han dado luz verde a la dramaturgia, una de las más sobresalientes de lo que llevamos de siglo XXI.

José Luis Cuerda elaboró un guion cinematográfico en 2001 sobre El hereje (1998), la última novela de Delibes. No se rodó la película por falta de presupuesto.

En un valioso cuadernillo con el que obsequian a los visitantes de la exposición, he leído una gran noticia: para la primavera de 2022 se estrenará la versión teatral de Los santos inocentes. En el cartel, una grajilla muerta. La dirigirá Javier Hernández Simón, que ha adaptado el texto con la ayuda de Fernando Marías. En el reparto, Javier Gutiérrez y Ramón Barea. ¿Se estrenará en Extremadura, en Valladolid, en Madrid? ¿Fechas? Habrá que estar pendiente. ¡Qué notición!

«La pluma de Miguel Delibes parece muchas veces
una cámara fotográfica; se ve lo que dice con una rara y bella precisión.
Su sensibilidad de escritor cierra el diafragma hasta que las imágenes,
sus palabras, nos duelan en lo hondo, y aun así agradezcamos
este bello misterio del vivir».

Ana Mariscal.

Escribe y fotos Javier Herreros Martínez | Galería de fotos de la exposición

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