Los ladrones somos gente honrada (1956), de Pedro Luis Ramírez

  08 Marzo 2020

Comedia desternillante y excelente, tomada de Enrique Jardiel Poncela

los-ladrones-gente-honrada-00Los señores Arévalo son una rica familia que se disponen a celebrar un cóctel en su casa. El anuncio de esta fiesta llega a oídos de una banda de rateros encabezada por un guapetón ladrón de guante blanco, y se disponen a aprovechar el acontecimiento para atracar la caja fuerte de la mansión. Planean todo de forma minuciosa y en teoría no puede fallar nada. Pero hete aquí que el amor hace acto de presencia de manera imprevista, siendo que el jefe de la banda se enamora de la hija de los dueños. Esta circunstancia hace que el golpe se suspenda, pero no la trama… que discurre por derroteros insospechados. 

Película dirigida con oficio y bien hacer por el artesano y ecléctico Pedro Luís Ramírez, tal vez en su mejor film. Buen guion, adaptación de la obra de teatro homónima de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), escrito por Vicente Escrivá y Vicente Coello. Una obra que como dijera Jardiel es para divertirse, pues no hay en ella cimientos psicológicos, filosóficos o pasionales para mucho más… lo cual no es poco.

Así que sobre todo Escrivá hizo un buen trabajo al respetar el espíritu de la obra de Jardiel. Una pieza teatral de uno de los grandes genios de la literatura española. Enrique Jardiel fue un escritor incisivo e inteligente de nuestra literatura humorística, un autor que se alejó del humor tradicional, para hacer uno más intelectual, inverosímil e incluso un tanto surrealista e ilógico; rompía así con el naturalismo tradicional propio del teatro español de la época.

Tiene la película también una música aceptable de Federico Contreras y una buena fotografía en blanco y negro de Federico G. Larraya, con magníficas tomas exteriores del Madrid de la época.

El reparto es de lujo, con dos actores sobresaliendo con sendos excelentes trabajos: José Luis Ozores y José Isbert que hacen interpretaciones memorables. Les acompañan con gran nivel Encarna Fuentes (magnífica como la heredera Herminia), Antonio Garisa (como siempre eficiente), Carlos Miguel Sola (muy bien como Daniel El Melancólico, jefe del trío), Alicia Palacios (estupenda como Germana, la asesina hermana de Don Felipe), Rafael Bardem (bien como Don Felipe), Juana Jinzo (como la cateta que se deja robar por El Castelar), María Isbert, Joaquín Roa, José Manuel Martí, Julia Caba Alba (que obtuvo el premio del sindicato nacional del espectáculo como mejor actriz secundaria en aquel 1956 por su gran trabajo en el papel de Eulalia, la criada llorona) y el celebérrimo Antonio Ozores en una breve aparición.

En fin, todos los actores inmensos. Y es que el tándem Ozores e Isbert es la metáfora, o mejor la realidad de un grupo de ladronzuelos hambrientos y desarmados por las condiciones de vida de la tardo postguerra, en un Madrid provinciano y timorato, que disimulan como pueden su nula capacidad para ser unos auténticos atracadores con automóviles de lujo y metralletas, lo cual que sólo sale en las pelis que ven en los cines donde se cuelan sin pagar los domingos y fiestas de guardar.

La película se mueve en una atmósfera costumbrista, con diálogos jocosos bordados por los actores y actrices, sobre todo por Ozores e Isbert, que son el nódulo sobre el que se asienta la obra, dos grandes actores de los que ya hay pocos; también se disfruta de una antología de situaciones grotescas y disparatadas.

Me ha resultado llamativo observar las pocas referencias a esta divertidísima comedia. A lo peor fue mal conocida. Yo, hoy, me atrevo a recomendarla pues estoy seguro que quien la vea disfrutará a gusto con su interminable serie de desternillantes momentos; la recomiendo sobre todo a los más jóvenes, que podrán observar que las películas no tienen edad.

Comedia estupenda de principio a fin, sin tintes de ideología franquista, divertida y estupendamente rodada.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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