Los cuatrocientos golpes (Les 400 coups, 1959), de François Truffaut

  29 Marzo 2022

La búsqueda de la libertad

los-400-golpes-0Película del año 1959, la historia de Antoine Doinel, un niño de doce años en una Francia a medio gas tras la Segunda Gran Guerra, en una escuela propia de la época, con castigos físicos y una pedagogía obsoleta y en exceso severa. En la escuela, ha sido encasillado por su maestro como un alborotador. Un niño que además debe afrontar y ser testigo de los problemas matrimoniales de sus padres.

Este niño, con el temor de ser de nuevo castigado en la escuela por no haber cumplido unos deberes, decide no asistir a clase y escaparse en compañía de su amigo René. En esa tarde de novillos ve casualmente cómo su madre besa a otro hombre en plena calle. A partir de aquí, y tras escuchar comentarios que lo involucran a él como hijo tal vez no deseado, entre otras porque se entera que su padre no es su padre natural, con culpa y miedo, inicia todo un rosario de mentiras (incluyendo afirmar en la escuela que su madre ha muerto, lo cual es castigado con una sonora bofetada por su padre) y todo ese estado de cosas (vive miserablemente y duerme en un saco de dormir, debe sacar cada noche la basura, castigos y más castigos).

Todo, digo, va obviamente tocando su ánimo hasta desear dejar atrás toda la problemática que le angustia. Y como sueña con conocer el mar, planea con René una manera de huir, lo cual que hace finalmente, pero por su propia cuenta.

Pero hay también momentos de diversión y alegría. Por ejemplo, la secuencia inolvidable tomada desde arriba de la calle, muestra a un maestro de educación física llevando a los niños a correr por París; de dos en dos se van largando a un lado y otro, hasta que el maestro está a la cabeza de una fila con apenas dos o tres niños.

Uno de los momentos más felices de la película llega después de uno de los errores más sonados de Antoine, cuando enciende una vela a Balzac, que prende fuego al pequeño santuario de cartón. Sus padres apagan las llamas, pero luego, por una vez, su exasperación se convierte en perdón, y toda la familia va al cine y se ríe de camino a casa.

Pero está también la parte más conmovedora y cruda de la película, cuando se muestra Antoine a la deriva de sus padres, a merced de los servicios sociales. Sus padres lo discuten amargamente con las autoridades como una causa perdida («Si volviera a casa, solo volvería a huir»). Por eso lo registran en una estación de policía, lo colocan en una celda de detención y lo ponen en un vagón policial con prostitutas y ladrones, a ser conducidos por las oscuras calles de París, con el rostro asomándose a través de los barrotes como un joven héroe a lo Dickens. Tiene una expresión de angustia, ojos abiertos, en una estación fría, siempre con el cuello de su chaqueta levantado contra el viento.

Se trata de la ópera prima de François Truffaut, una auténtica joya que dirige con pulso firme. La historia de un niño inmerso en el conflicto y el trauma, muy determinado todo ello por la época de postguerra que le toca vivir, viviendo en un empobrecido ambiente limitado a todo nivel.

Un gran guion del propio Truffaut y Marcel Moussy que trazan una historia sensible y dramática, autobiográfica del director (el mismo Truffaut dijo que el cine le había salvado la vida). Gran fotografía en blanco y negro de Henri Decae, y una música penetrante y densa de Jean Constantin.

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El reparto es muy bueno, y sobresale la actuación de los niños, sobre todo del protagonista, un Jean-Pierre Leaud expresivo y estupendo, algo sin duda mérito del director Truffaut, que es el responsable. Y otros actores y actrices, adultos y niños, como Claire Maunier espléndida, y brillantes, Albert Rémy, Guy Decomble (el severo maestro), Georges Flamant y Patrick Auffay.

Es la visión de un niño en torno a la falta de amor, a sentirse abandonado en un mundo de adultos frío e incluso cruel. Los ojos del protagonista lo dicen todo, nos habla de su desolación, de unos padres distantes, de unos maestros que parecen domadores de fieras, una sociedad deficitaria que no provee al niño de lo que un niño necesita: cobijo, afecto, educación. Solo tiene a los amiguitos, niños igual que Antoine en torno a los doce años, entrando en la pubertad.

En esta edad, a los sufrimientos que le ocurren a Antoine, se une su deseo de ser mayor y sobre todo la necesidad de desembarazarse y escapar de todas las dificultades que le angustian. De unos padres que a las claras ni se aman ni lo quieren. Hay que escapar y su sueño es hacerlo a ese lugar de inmensidad que todo lo acoge y abarca: ¡el mar!

De manera que con esta vida de precariedad que vive el pobre Antoine, desde esa existencia perra que transita, hablar de cuatrocientos golpes es incluso quedarse corto. Pues en realidad el niño lo que está es literalmente machacado, sin horizonte ni perspectivas, sin aliento vital, sin sugerencias de parte de una vida adversa y sin esperanza, justo cuando la pubertad se abre ante él y más necesita de una guía.

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Hoy los niños son acariciados (quizá en exceso), no hay castigos, y entonces sería prácticamente imposible que en la actualidad se rodara este filme de violencia a la infancia en todo sentido. Hemos avanzado mucho, pero también hay demasiada malacrianza y mimo. Pero sea como fuere, Los cuatrocientos golpes es una película de su momento, fruto de la historia de aquellos años cincuenta. Lo que no quita que hoy se den casos equivalentes, sobre todo en zonas marginales y pobres.

Más que la mera historia del niño-joven Antoine Doinel, la película es igualmente una metáfora de otros temas como el paso del tiempo, tanto del tiempo histórico como de del tiempo personal, una alegoría de la nostalgia, del sentido del castigo, la educación y el aprendizaje, la pérdida de la inocencia y, sobre todo, es una película que nos habla de la emancipación, de la búsqueda de la libertad y el feliz encuentro con la independencia.

¿Qué dijeron algunos conocidos directores de esta película? Luis Buñuel y Carl Dreyer coincidieron: «Adoro Los 400 golpes». Robert Rossen: «Un film fantástico». Henri Georges Clouzot: «El film con más sensibilidad que he visto desde el final de la guerra». Godard: «Con Los 400 golpes Truffaut entra en el cine moderno».

Es una película muy recomendable para educadores en general, para los estudiosos de las ciencias sociales y, en fin, para los amantes del buen cine. Estamos ante una gran obra del gran Truffaut.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Artículo parcialmente publicado en FilmAffinity  

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