Malas tierras (Badlands, 1973), de Terrence Malick

  15 Noviembre 2021

Huida a ninguna parte cargada de belleza

malas-tierras-0En este filme se dramatiza el asesinato real de Starkweather-Fugate en la década de 1950, en que una chica adolescente y su novio veinteañero asesinaron a toda su familia y a varios otros en las tierras yermas de Dakota del Sur. Badlands, título original, es un filme excepcionalmente dirigido por un joven Terrence Malick, con un gran guion del propio director.

Tiene una música atractiva y acorde a la historia, obra de George Tipton, James Taylor, Carl Orff y Gunild Keetman, así como una buena fotografía, ejecutada por un equipo de lujo: Brian Probyn, Tak Fujimoto y Stevan Larner.

En el reparto sobresalen las interpretaciones trabajadas con enorme maestría en sus principales papeles por Martin Sheen y Sissy Spacek, con la aparición también del gran actor Warren Oates, que está excelente, y otros actores de reparto de primer nivel como Ramon Bieri, Alan Vint, Bryan Montgomery, Charles Fitzpatrick, Ben Bravo y el mismo Malick, todos convincentes y muy profesionales.

Tuve ocasión de visionarla de nuevo no hace mucho y me llamó la atención volver ver a un jovencísimo Sheen haciendo gestos y toda una interpretación a lo James Dean, algo que luego fui entendiendo mejor, pues el guion está pensado así y el personaje también. Sheen realiza una gran interpretación en la que consigue hacer creíble un libreto terrible, basado en hechos reales. El caso es que conforme avanza la película, nos damos cuenta y cada vez parece más una gran película.

Se trata de la ópera prima de Malick (graduado en filosofía en Harvard y con apenas un par de guiones escritos en el momento de este filme), director poco prolífico, pero que sí tiene algunas películas de primer orden, como La delgada línea roja de 1998; El árbol de la vida de 2011; o The wonder de 2012.

Malick revelaba ya a un director fuera de norma, con una inusitada capacidad para explorar los recovecos del lenguaje cinematográfico y para empapar todas sus imágenes con un inusual halo poético.

Esta es una cinta del cine independiente donde Malick construye lo que se considera y con razón, un clásico sobre la América profunda. Escribe Canby que: «Uno puede debatir legítimamente la validez de la visión de Malick, pero creo que no su inmenso talento. Malas tierras es una de esas películas importantes y emocionantes».

Filme que va siguiendo a dos personajes enfrentados al mundo, jóvenes que combinan rebeldía e ingenuidad, atrapados por la pasión y el crimen. Ambos muchachos hacen de la huida su motor vital, pese a no saber de qué quieren escapar. Kit es un joven indómito convertido en víctima y Holly, una muchacha candorosa arrastrada por él al delito y el asesinato.

Es así como esta película se convierte en un relato amargo y espantoso que, además de trazar un ejercicio de estilo entre la poética y la explosividad, acierta a crear un concluyente retrato social cuyas imágenes contienen un poso importante de nihilismo.

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Un título insólito de huida a lo largo y ancho de Dakota de dos jóvenes fuera de la ley: él, un psicópata asesino que mata sin razón ni motivo, lo que hace más inquietante la historia; y ella, una adolescente de quince años soñadora y a la vez fría.

Un escenario donde Malick muestra la soledad de estos dos personajes que, a pesar de sus crímenes y fechorías, viven un idilio amoroso, a veces de manera patética, otras de forma desenfadada (hay momentos exultantes en los que los dos chicos bailan al ritmo de Nat King Cole en su propia y autárquica comuna tipo hippie, en las ramas de los árboles de Oklahoma, en casas con paredes hechas de tamarisco y suelos de mimbre), a veces triste, en ocasiones divertida y sobre todo perdidos en un cosmos de páramo y angustia.

Como escribe Ebert: «No hay símbolos para tener en cuenta ni lecciones que aprender. Lo que transmite más que nada es la enorme soledad de la vida de estos dos personajes, ya sea juntos o separados». Como han señalado críticos como Ocaña, muchas de las películas de jóvenes asesinos huyendo de la justicia tienen su fundamento en esta obra.

Es innegable también, y ello contribuye a la calidad de la obra, la enorme fuerza visual de una fotografía preciosista y unas imágenes poéticas que entran de pleno en el espectador sensible; toda una maravillosa experiencia visual para deleite sensorial a cargo de Probyn, Fujimoto y Larner.

En resolución, el seguimiento de una huida, de un largo y doloroso periplo desesperanzado, cargado de belleza, lirismo, inquietud y a la vez de angustia, eso significa para mí esta excelente película que recomiendo a los amantes del buen cine.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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