Recordando a Jerry Lewis

  07 Marzo 2020

A modo de introducción

jerry-lewis-0Jerry Lewis, el famosísimo comediante, actor, cantante, productor, director de cine y guionista estadounidense nació en 1926 en Nueva Jersey, criándose en el seno de una familia de artistas judíos de origen ruso. Falleció el 20 de Agosto de 2017 a la edad de 91 años.

Lewis ha sido todo un icono de la comedia norteamericana del pasado siglo. Manifestaciones elogiosas han habido como estas. «Ese bobo no era tonto. Jerry Lewis fue un indiscutible genio y una inmensurable bendición» (Jim Carrey). «¡Fue increíble conocer y reír con el asombroso Jerry Lewis!> (Samuel L. Jackson). La actriz Jamie Lee Curtis declaró: «Me hizo reír a mí y a muchos». «Descanse en paz. Perder a Dick Gregory […] y Jerry Lewis es una ganancia para el cielo pero una gran pérdida para la comedia» (Whoopi Goldberg). Y Josh Gad declaró: «uno de los más grandes de todos los tiempos, un activista, una leyenda y un icono de la comedia»

Personajes del cine hablan así de este cómico que llenó los cines durante décadas. Recuerdo de muy pequeño haber ido a ver películas suyas como El botones (1960), Lío en los grandes almacenes (1961), Caso clínico en la clínica (1964), y alguna otra más. Recuerdo muy bien su extraordinaria gestualidad de mentecato que iba de un despropósito a otro mayor. Torpe, siempre chocarrero y no pudiendo nunca estar cabalmente en su sitio. Pero veamos quién fue esta artista sin par.

En su recuerdo

Jerry Lewis fue mundialmente conocido en su labor de actor, de director y por su humor de slapstick, o sea, una comicidad de bufonadas, golpes, payasadas o porrazos sin mayores consecuencias, que hacía reír al respetable.

Lewis fue, más que un cómico de verbo, ingenio o habilidad mental a lo Groucho Marx, un heredero de los payasos de circo, con una gracia física, de posturas corporales hilarantes y otras rarezas gestuales que sólo él sabía hacer. Amén de ser todo un galán, aunque calamitoso, pero guapito sí era.

Ocurrió que Jerry Lewis y Dean Martin se conocieron y sintonizaron rápidamente. Jerry Lewis (el payaso) y Dean Martin (el guapo), fueron muy conocidos y populares como dúo cómico entre 1946 y 1956 (Vaya par de marinos, 1952; Un fresco en apuros, 1955; Juntos ante el peligro, 1956).

Hicieron ambos dieciséis películas de éxito producidas por Hal B. Wallis donde Jerry era el bufón y Dean el galán, los grandes maestros de la comedia desbaratada de aquella época. «Tenían una capacidad sin igual para transformar en un chiste situaciones realmente delicadas» (Pozzi).

Pero en la película Loco por Anita (1956), Martin y Lewis hicieron su última aparición juntos. Tras la separación del dúo, algo nunca explicado ni bien aclarado (aunque se supone que fue la fama y el ego lo que acabó alejando a la pareja), Lewis llegó a comentar: «No pude poner un pie delante del otro con confianza, estaba totalmente nervioso de estar solo».

Pero no tardó mucho en comenzar su recorrido en solitario en un musical en las Vegas interpretando una canción que había aprendido cuando era niño, Rock-A-Bye Baby, junto con Come Rain or Come Shine, y Lewis recordó: «Cuando terminé, el lugar explotó, salí del escenario sabiendo que podía hacerlo por mi cuenta». Y así sería durante muchos años más, pues Lewis emergió repleto de inspiración para convertirse en el hombre-orquesta de las carcajadas y autor total, con un afilado instinto para seducir al espectador, inconfundible a la hora de tropezarse y trastabillarse, superlativo para interpretar lucidos y variados gags, y único probando muecas imposibles o disfraces disparatados.

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Labor humanitaria, méritos y premios

Lewis fue famoso también por conducir maratones televisivos que recaudaron millones de dólares para obras de caridad. Es curioso que la única vez que recibió un galardón de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en los EE.UU., en 2009, fuera el Premio Honorario Jean Hersholt, por su labor humanitaria.

Lewis centró esta labor humanitaria en la Asociación de la Distrofia Muscular, de la que fue presidente nacional varios años. En realidad dedicó más de medio siglo a combatir esta enfermedad neuromuscular e incluso en 1977 fue nominado al premio Nobel de la Paz por su compromiso con esta causa.

También fue Lewis un innovador en diferentes facetas, desarrollando nuevas técnicas ante la cámara, donde perfeccionó el papel de payaso con mayúsculas en comedias que eran muy visuales. Destacó con enorme éxito como director y como escritor.

Incluso fue un cineasta muy rentable, para la Paramount mayormente: en más de 50 años, sus películas recaudaron unos 800 millones de dólares, una cifra espectacular para la época.

Lewis recibió innumerables premios, además del mencionado, pero para no ser extenso indico dos: la Legión de Honor en Francia (1984), un país que alabó especialmente su trabajo; el León de Oro a su carrera de la Mostra de Venecia (1999).

Son sólo una pequeña parte de sus logros artísticos y humanitarios, un ser rendido sin remedio al poder de la risa el cual dijo del humor: «Comedia, humor, llámalo como prefieras, es a menudo la diferencia entre la cordura y la locura, la supervivencia y el desastre, incluso la muerte. […] Es la válvula de seguridad emocional del ser humano. Si no fuera por el humor, el hombre no sobreviviría emocionalmente».

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La mejor película de Lewis

La comedia que a mí y a muchos espectadores cautivó por su comicidad y ser una obra de primer orden, dirigida e interpretada por él, El profesor chiflado (1963), se habría de convertir en un icono de la cinematografía de humor, que toma la obra de R. L. Stevenson, El Dr. Jekyll y Mr. Hyde como fuente de inspiración.

En la historia, Julious Kelp es un profesor universitario de química muy poco agraciado, torpe y con muy poca fortuna en sus relaciones, sobre todo con las jóvenes. Metido en su laboratorio, Kelp descubre la fórmula de una poción que cuando la bebe le convierte en una persona totalmente opuesta: un hombre atractivo, interesante, con carisma, elegante hasta decir basta y tan narcisista, engreído y seguro de sí mismo que incluso se hace llamar Buddy Love.

En esta cinta Lewis consiguió una película que es ya parte de la leyenda de la comedia americana y que está en el recuerdo de quienes la vimos. Es una película hecha con inteligencia y maestría.

Con el tiempo y conforme se vuelve a visionar, la cinta provoca reflexiones que hace más de cincuenta años quizá no surgían. El eje del film es un guion escrito por el mismo Lewis y Bill Richmond, aguda adaptación en tono cómico y cáustico de la novela de Stevenson, como ya he señalado.

Contiene el film una alta dosis de implacable sátira a la sociedad norteamericana del momento, el culto por el cuerpo, la belleza, la musculación y todo eso que ahora también parece llevarse, por cierto. Pero además, vista con el tiempo se transforma en una especie de lección sobre el ser humano. De cómo cada persona debe crecer y desarrollarse como es, sin subterfugios ni añadidos, sin forzar o abusar de la cosmética: abandonar la artificialidad en pro de lo que genuinamente somos.

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Esto dice el film, que narra la historia de un pobre hombre destruido por una familia castradora, un sabio sin éxito social, que gracias a un artificio químico logra pasar de ser el pobre Kelp a ser el hombre maravilloso. Detrás de la pócima que el joven y destartalado sabio descubre para ser un apuesto galán, hay algo más que risa. Lewis busca revalorizar un concepto de sinceridad, de amor a lo auténtico y la idea de que lo más importante es ser uno mismo. Eso antes que fingir el éxito, la fama o buscar desaforadamente cualidades que no forman parte de nuestro verdadero ser.

Lewis hizo un trabajo serio con esta gran película que entró en la historia de la comedia por méritos propios. En fin, en esta película Lewis sale del típico rol de hombre-desastre para sacar a pasear las dos caras: la del pobre hombre torpe y disminuido y la de una figura de macho alfa experimentado y capaz de dejar pasmado a todo el que lo ve entrar en una sala de baile con su porte de dandy y una fuerza que no habíamos visto en su cine hasta este momento; aunque este tipo sea artificial, impostado, como deja de manifiesto el propio final del film en el cual ella, su reluciente y bonita novia, guarda unos botes de la pócima en sus manos, a su espalda; para cuando haga falta.

Reparación moral

Siempre he tenido la certeza de que al final de la vida se produce una reparación moral para las personas que han sido grandes. No hay más que pensar que en los años 60 los intelectuales estadounidenses desdeñaban a Lewis, mientras que Cahiers du Cinéma, la reconocida revista de la Nouvelle Vague francesa, reivindicó su figura como parte de la esencia más pura del cine: hacer reír, poner el corazón en un puño, conectar con el espectador.

Entonces, aquella declaración intelectual y anti-intelectual al mismo tiempo, parecía una provocación. Pero años después, en 1982, el gran maestro Martin Scorsese colocó a Lewis en su película El rey de la comedia como cabeza de reparto junto a Robert De Niro, y en ese momento el reencuentro de Lewis con la cima del arte y del reconocimiento, sobre todo en Norteamérica, fue completo.

Los de Cahiers siempre y la crítica especializada acababan por tener razón: Jerry fue un genio del cine y de la comedia. Lewis, el querido amigo que en estará en alguna algodonosa nube haciendo reír por igual a ángeles y a demonios.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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