Los años más bellos de una vida, de Claude Lelouch

  30 Septiembre 2019

A la vejez, viruelas

los-anos-mas-bellos-de-vida-1Claude Lelouch lo vuelve a hacer. El director francés nos regala una cinta de una hermosura descomunal, una belleza poética que nuestros ojos y oídos tienen el deleite de percibir en la gran pantalla. Después de más de cinco décadas, el cineasta parisino retorna a la historia protagonizada por Anne y Jean-Louis en Un hombre y una mujer (cuyo título tuvo otra secuela veinte años después), y lo hace con el mismo encanto y la misma sensibilidad a los que nos tiene acostumbrados.

En este filme que nos acontece, estamos ante la última y bella etapa de la vida de los protagonistas. Jean-Louis, que se encuentra en una residencia debido a su pérdida de memoria, recibe la visita del mayor amor de su vida, y es en ese punto donde la obra se envuelve en una atmósfera pura y soñadora. En el momento en el que los personajes encarnados por Jean-Louis y Anouk se exponen delante de la pantalla, surge la efectiva pasión, y con ella, el verdadero motivo por el que el respetable disfrutará de esta maravillosa hora y media de metraje. Los diálogos que nos regalan estas dos leyendas de la interpretación francesa son dignos de mención, quedarán para el recuerdo, y por ende, en la memoria del espectador.

En este largometraje se respira ternura en cada fotograma, la conexión entre los personajes principales se percibe en cada coyuntura, regalándonos momentos únicos y primorosos que quedarán reflejados permanentemente en nuestras retinas. Quién pudiera llegar a la vejez y poder recordar los tiempos de antaño con esa nostalgia y afección de la forma en que lo hacen estos entrañables seres.

Los personajes están construidos a la perfección, cabe destacar al carismático Jean-Louis. Su actitud tunante, pícara y taimada es el condimento principal de esta hermosa obra, que hará que los asistentes que se encuentren en la sala se fundan en una dilatada sonrisa.

El dúo formado por Nicole Croisille y Calogero nos regalan una de las mejores canciones originales (por no decir la mejor) de lo que llevamos de año en el panorama cinematográfico.

Les plus belles années d'une vie suena de forma frecuente a lo largo del metraje, siendo esta una contagiosa cantinela poética para el agrado de nuestros tímpanos y el acompañamiento perfecto en el devenir de la trama; al salir de la sala el público no podrá resistirse a entonar esta magnífica composición.

El guion parte de una buena base y cumple su función: hablar de la vitalidad del ser humano y de esa necesidad de sentirse autorrealizado, tanto en lo personal como en lo profesional. Además, al tratarse de personajes ya conocidos por el gran público, permite una evolución psicológica en ellos. La profundidad en la vejez, mezclada con el elemento de fantasía al no discernir entre realidad y creatividad de Jean-Louis, le da dinamismo al largometraje. 

Otra de las cosas a destacar es el uso continuado de flashbacks, que hacen recordar con añoranza la primera cinta de este hermoso viaje que nos ha regalado el séptimo arte.

Si alguna pega hay que poner a esta película es que se hace corta, demasiado corta. Pero ya saben lo que dicen: si lo bueno, si breve, dos veces bueno.

En definitiva, para el que escribe estas líneas, Los años más bellos de una vida es una obra bella, tierna, donairosa y poética; y es que el cine de autor (sobre todo el francés) nunca falla. No faltéis a vuestra cinta con el cine, estamos, a buen seguro, ante uno de los estrenos del año. Una cinta donde el protagonista olvida, pero cuya película quedará en el recuerdo.

Escribe Daniel Bernal

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