Gigantes, temporada final (serie TV, 2019)

  17 Mayo 2019

Oportunidad perdida

gigantes-1Los títulos de presentación de la serie están realizados sobre un plano en negro en el que van apareciendo en blanco las letras de la palabra Gigantes hasta componer el nombre completo. A continuación se amplían con un efecto similar al zoom y el resultado final termina cortando el nombre de esa palabra por ambos laterales.

Este recurso sirve para ilustrar lo que provoca esta segunda temporada o temporada final de la serie dirigida por Enrique Urbizu. Al desarrollar la nueva trama de la historia, nos encontramos con una amplificación que produce un efecto similar al de los títulos de crédito, tenemos la continuidad del relato, pero se recorta el significado de la obra original.

Ascensión y caída. La familia

Tras una primera temporada en la que los hermanos Guerrero intentan desprenderse de la influencia del tiránico padre para volar por su cuenta y donde Tomás, el hermano mediano, rivaliza con su hermano mayor, Daniel, para disputarse el poder de la familia, la serie profundiza en este enfrentamiento de tal forma que se recrudece la lucha cainita que va minando ese poder triunfal que hasta ahora le garantizaba a Tomás un férreo control de su vida y de los personajes que giran a su alrededor (su mujer y su hija, sus socios o sus enemigos).

El hilo conductor del relato en esta segunda temporada parece apuntar a un esquema circular en el que el personaje de Tomás —el hermano que ostenta una posición hegemónica en el mundo del crimen— sufre un proceso de ascensión y caída. Un esquema narrativo que se adapta perfectamente a este tipo de historias en el que, un personaje que parte desde la base, asciende en la carrera criminal hasta la cumbre para después ser barrido y terminar en la misma situación de partida.

Los hermanos Guerrero, cada uno por su lado, cada uno con sus problemas, terminarán en el mismo lugar del que partieron, incapaces de escapar de un destino trágico al que parecen atados. Un destino que tiene su principio y su final en la importancia de pertenecer a una familia, a un clan que exhibe a partes iguales la lealtad y la traición a los lazos de sangre que les unen.

Gigantas

Junto a este esquema narrativo, la segunda parte de Gigantes introduce un interesante juego entre personajes masculinos y femeninos. En la primera parte, la responsabilidad de las actuaciones recae en los hombres, unos hombres que ejercitan el rol tradicional basado en la capacidad de decisión, dictando las normas e imponiendo aquello que consideran necesario para sus fines, ejerciendo de protectores de la familia.

Ahora, en esta continuación, debido a los problemas que afectan a cada uno de los hermanos, son precisamente las mujeres las que dan un paso al frente asumiendo el compromiso de llevar adelante su vida, rebelándose contra ese poder masculino.

Este cambio se produce en los personajes que están enmarcados en el bando criminal, donde la mujer y la hija de Tomás se desmarcan de la sumisión familiar y asumen posiciones contrarias a las marcadas por él; y también se puede ver en los personajes que forman el aparato policial, una postura que se puede ver claramente en la inspectora Márquez (Elisabet Galabert) siempre independiente y rebelde frente al entorno de hombres que la rodean.

Así, las mujeres adquieren una relevancia que impregna todo el mecanismo narrativo y que se extiende hasta los personajes más secundarios, como la yonqui terminal que los hermanos conocen en el hospital, la familiar de la madre de Carmen o la superiora de los servicios de inteligencia implicada en turbios asuntos del Estado.

Este empoderamiento femenino terminará significando un relevo en los roles tradicionales que hasta ahora desempeñaban los hombres, asumiendo poco a poco las mujeres esa parcela de poder negada hasta ahora por la organización patriarcal; en la siguiente generación de los Guerrero, la mujer tendrá mucho que decir y en los planos finales de la serie este giro se evidencia de una manera muy clara.

gigantes-2

Guión y credibilidad

El diseño que establece la doble línea narrativa que hemos expuesto —ascensión y caída, por un lado; y protagonismo femenino, por otro— funciona como marco general de los seis episodios de esta segunda temporada, y es absolutamente válido si después estuviera apoyado en el desarrollo concreto de cada personaje, de cada trama argumental, pero desafortunadamente no es así.

El problema de esta segunda temporada es que teniendo claro el planteamiento general, el guión no es capaz de traducir las intenciones que se vislumbran a las imágenes, fiando el resultado final a la introducción y desaparición de personajes y situaciones que ni son creíbles ni están justificadas.

La huida de los dos hermanos por medio país; la introducción del personaje de Blanca (Cristina Plazas) como representante de la corrupción del Estado; los vaivenes del hermano pequeño de los Guerrero, Clemente (Carlos Librado Nene), que pasa de no querer implicarse en los asuntos de sus hermanos, a luchar por el legado familiar aliándose con los presuntos enemigos; la dispersión de personajes secundarios que entran y salen del relato (el agente corrupto, la periodista, la enferma del hospital, el mafioso colombiano, la familia de Carmen, etc.), sirven para rellenar escenas, capítulos, pero no contribuyen realmente a sostener el relato final.

No sabemos ni entendemos por qué los personajes actúan de una determinada manera, qué pasa por su mente para justificar su trayectoria. La road movie que emprenden los dos hermanos en su huida, con sus vaivenes, sus tiempos muertos y su fácil simbolismo (la vida en la frontera, la enferma terminal) ni siquiera sirve para profundizar en la distancia que separa a Tomás y Daniel, para entender aquello que les separa y les une a la vez.

La violencia, muy presente en la primera temporada —e inherente al cine de Urbizu— vuelve a manifestarse aquí, pero ahora como un elemento que funciona de forma autónoma, un recurso para ocultar el endeble entramado del guión. Ya sabemos que la violencia es el caldo de cultivo en el que han crecido los Guerrero, violencia contra sus enemigos y contra sí mismos, pero toda la serie de muertes que puntean los capítulos, culminando con la tarantiniana —y fallida— escena final, no añaden más valor a lo que se nos está contando.

gigantes-4

Balance final

Urbizu, responsable en solitario de la dirección en este bloque, sí consigue imponer una puesta en escena coherente y reconocible a lo largo de todos los episodios, apostando por una tonalidad más oscura que sirve de soporte a un relato pesimista en el que no hay un ápice de esperanza.

Los Guerrero no consiguen desprenderse de la rémora que supone su origen, sus raíces les anclan al barrio del que proceden; el intento de Tomás por distanciarse de su padre para convertirse en un delincuente de guante blanco —el recurso de su interés por el arte termina siendo cansino— acaba en fracaso y este fracaso parte del propio concepto de la familia.

Sin embargo, al director de La caja 207 sacrifica uno de los castings más adecuados y la potente factura visual de cada capítulo, por no atender la credibilidad de un relato que avanza con el objetivo de cerrar el círculo de la historia —los tres hermanos vuelven a juntarse en la casa familiar— pero que no es capaz de sustentar la tesis en un guión estructurado que explique los sentimientos de los personajes.

Los últimos planos, que nos muestran el relevo generacional y la supervivencia de las mujeres, son lo suficientemente ambiguos para cerrar esta aventura o permitir una continuación a través del personaje de la hija de Tomás; aunque el resultado de esta segunda temporada quizá aconseje cerrar definitivamente la historia de la familia Guerrero.

Escribe Luis Tormo  


Más información sobre Gigantes
Gigantes (serie TV, 2018)

gigantes-3