Entrevista con Rodrigo Cortés

  21 Agosto 2018

A propósito de Blackwood

entrevista 4El Ayuntamiento de Paterna y los cines Kinepolis, continúan con su apuesta por el cine español mediante la presentación de películas a través de los Preestrenos del Festival Antonio Ferrandis. Dentro de esta programación, el pasado 26 de julio se presentó Blackwood, el nuevo trabajo del director español Rodrigo Cortés.

Guionista, productor, montador y director, Rodrigo Cortés conoce el cine desde todos los aspectos. Tras su primera película, Concursante, sus trabajos son coproducciones con EE.UU. que dan a su cine un aire internacional, que le ha permitido trabajar con actores de la talla de Leonardo Sbaraglia, Ryan Reynolds, Robert De Niro, Sigourney Weaver o Cillian Murphy.

Tras el pase del filme, Encadenados mantuvo una conversación, junto con otros dos medios, con Rodrigo Cortés. A pesar de la reiteración de entrevistas que conlleva estas giras de promoción del filme, Cortés transmite su entusiasmo por hablar de cine en cuanto comienzan las preguntas y deja patente que es un autor que tiene las ideas perfectamente claras en cuanto a lo que debe ser su apuesta narrativa.

Durante la conversación hubo cabida para charlar sobre diferentes temas. Desde su apuesta por la exhibición en versión original (la copia presentada durante el pase de prensa) porque, como explica su director, a propósito de este film, las interpretaciones de las actrices son muy dramáticas y tienen «una textura que solo se puede percibir en su plenitud en la versión original», hasta lo que significa la aparición de las nuevas plataformas con películas pensadas para estos soportes de exhibición, que Cortés ve como una posibilidad más aunque cada medio tiene su propio lenguaje.

Y por supuesto hablamos de Blackwood.

¿Cómo ha sido trabajar con Uma Thurman?

Un regalo por muchas razones. Siempre he sido afortunado con los actores. No sólo por la extraordinaria calidad de los intérpretes con los que he podido trabajar como porque mi relación con ellos ha sido siempre muy buena y no he encontrado en ellos más que entrega, generosidad y respeto reverencial y sagrado por su oficio.

Trabajar con Uma ha sido increíble por varias razones. Para empezar porque es tan sofisticada, bella e inteligente como parece y además tiene el carácter de un taxista neoyorkino… y eso hacía la relación muy directa y muy fácil.

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La película se presenta como una gran metáfora de un círculo que abre y se cierra

De alguna manera, si lo piensas, sin tratar de convertirlo en una película de tesis o de una lectura unívoca, algo que detestaría, la película muestra ese pasillo oscuro de la que habla el título original casi como representación de la adolescencia. Muchas veces el cine de terror permite convertir conflictos internos dramáticos en amenazas externas para poder representarlos y de alguna manera la adolescencia es ese tránsito en el que tenemos una relación con el entorno muy agresiva, muy tensa, donde todo nos aterra, no nos entendemos, no nos entienden, añoramos la confortabilidad del niño pero no la deseamos, queremos ser adultos pero nos da mucho miedo hacerlo y, sin que aún lo sepamos, estamos tomando las decisiones que van a decidir quiénes vamos a ser el resto de nuestras vidas. Lo cual implica, para empezar, decir adiós a quien eras, algo que solamente se puede hacer con dolor. Ese círculo tiene que ver con eso. Es la historia de una niña que tiene que decidir qué tipo de mujer quiere ser.

Respecto a la realización, la película parece que se estructura en dos partes, una primera más clásica, y una segunda donde el estilo cambia con cámara en mano, movimiento, todo ello más adaptado al propio relato de terror

Las primeras escenas que suceden fuera de Blackwood, de hecho, les llamábamos como el sector Sundance de la película. Está rodado de una forma muy inclemente, muy gráfica, muy cruda, sin ningún tipo de alarde estilístico. En el momento en que llegan a Blackwood, nos vamos a otra época, el lenguaje es clásico, tiene mucho más que ver con el cine de los 50 y los 60, desde esos primeros Hitchcocks americanos o del lenguaje de Powell y Pressburger. La cámara es muy flotante, con un sentido musical y tomas largas, un lenguaje más clásico.

Y poco a poco, de esta película inicial, que parece una película juvenil, empieza a emerger otra película que va corrompiendo la primera, que la va infectando y la va destruyendo y llega un momento en que la devora. Y ese lenguaje se va fracturando, la va descomponiendo  y acaba siendo absolutamente rugosa y trepidante. Lo mismo sucede con la luz, empieza siendo muy armónica, veraniega, alentadora, casi optimista como es el personaje de Madame Duret que al principio no es una presencia amenazadora.

Después se va tornando otoñal, más pesada, densa, dura, con la oscuridad real donde ellas y nosotros, los espectadores, no sabemos que hemos visto en las sombras. Al final desaparece la luz eléctrica, llega la noche, y solamente vemos con velas y finalmente con fuego. Esas escenas están iluminadas con velas sin ningún refuerzo adicional y con fuego físico, real.

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La casa se convierte en una protagonista más del filme

Sí. La primera frase de Madame Duret es «Bienvenidas a Blackwood». Todo sucede en Blackwood. Esa era una de las razones por las que era fundamental diseñarla y construirla desde cero. Tenía que ser un lugar vivo, orgánico, no es el mismo Blackwood el que vemos al principio que el que vemos al final.

Parece serlo, pero ese primero es más académico, más alentador, y  poco a poco, respira, tiene vida. Una especie de organicidad casi biológica; empieza a mostrar estancias que no sabíamos que tenía, comienza a palpitar de otra manera y, al final, esa presencia amenazadora no es la que podríamos haber anticipado en los primeros planos. Es por ello que logísticamente exigía poder quitar paredes para colocar la cámara o poder meter una grúa, era necesario poder actuar sobre los diseños para cambiar y evolucionar a lo largo de la película.

¿Cómo ha sido el proceso de adaptación de la novela?

Inicialmente no leí la novela. Leí un borrador que pensé honestamente que no iba a interesarme hasta que empezó a resonar en su subtexto con afinidades y obsesiones personales. Es cuando vi la oportunidad de hacer una película mucho más cercana a Polanski que a las sagas adolescentes que todos tenemos en la cabeza. Vi la posibilidad de hacer una reflexión sobre el mundo del arte como laguna muy profunda y transformadora para bien y para mal. El talento vivido como erosionador y que acaba por exigir un precio que puede ser terrible.

Y ahí es cuando empezó a reescribirse el guión, en una dirección que resonaba con ese subtexto y que no estaba en la novela. De hecho la novela la leí mucho más tarde porque no quería ceñirme a ideas preconcebidas sino hacer una radical transformación de tono.

Escribe y fotos Luis Tormo  

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