Dark (serie TV, 2017)

  06 Enero 2018

Atmósfera nórdica para un thriller de ciencia ficción

dark 1Mucho se ha dicho que Dark es la respuesta alemana al Stranger things de los hermanos Duffer; nada más lejos, es más como un idilio entre David Lynch y Thomas Vinterberg. La primera producción alemana para Netflix es una de las mejores series de este pasado 2017, una compleja historia de paradojas temporales narrada con sobriedad de estilo y con pulso firme.

Se trata de un intrincado puzle que tiene lugar en un pequeño pueblo llamado Wilden en el que se producen extrañas desapariciones de niños, la primera de ellas en 1986, pero aquí acaban las similitudes con Stranger things o con It.

En Dark no hay nostalgia ochentera sino que repasamos la historia de cuatro familias relacionadas entre sí durante tres generaciones, así como la investigación policial de la desaparición del pequeño Erik; una madeja difícil de seguir en la que cada episodio es una nueva pista, una pieza nueva que nos acerca más al entendimiento (la sensación de progreso es constante), a la visión global de lo que allí está pasando y que parece relacionado con la central nuclear cuyas torres coronan el bosque.

El invierno nuclear

Aunque la historia principal no se sitúa en los años 80 sino en 2019, la central energética y el pánico nuclear que se vivió aquel verano del 86 tras el accidente de Chernobil son una parte importante de la historia y de la vida personal de sus creadores, la productora y guionista Jantje Friese y el director Baran bo Odar. Friese recuerda que su madre no la dejaba salir a la calle a jugar por si caía lluvia ácida mientras que Odar reconoce que su padre trabajó en una central. Pareja creativa y sentimental, ya dieron muestras de su gran capacidad narrativa con Who am I, un thriller de hackers vertiginoso, casi un Corre, Lola, corre de piratas informáticos.

Retazos de la propia infancia e influencias reconocibles. La “rabia alemana”, como la llaman sus autores, aquí está más contenida, latente. En muchos sentidos, ese pueblo bien podría ser Twin Peaks pasado por el filtro de Bong Joon Ho, director de The host y Madeo. La sobriedad del tono se traslada a la forma, la escala de los planos es general, la música sostenida, los colores azules, opacos, las actuaciones intensas pero poco expresivas, con un tono interpretativo frío acorde con la atmósfera. Madurez a la europea.

Una historia de personajes rotos

Dark ha sido un descubrimiento deslumbrante. Reconozco que en ciertos momentos se me hizo pesado el recurso de la boca del túnel (cerca del cual se han producido las desapariciones) y la extraña relación que lo une con el misterioso personaje barbudo, esa especie de mochilero hippie que dice muy poco pero que parece saber mucho. Con la temporada ya terminada, el esfuerzo que nuestras meninges han tenido que hacer para seguir cada uno de los giros y sus implicaciones es importante pero el sabor de boca es inmejorable.

El único miedo consiste en si sabrán mantener el tono. El planteamiento es fascinante, casi tanto como pudo serlo Lost, pero a veces ocurre que ciertas partes de la historia caen en el olvido narrativo o son resueltas de forma pobre a medida que la trama avanza. No tiene pinta, de todos modos.

En su primera entrega, los autores de Dark han sabido esquivar cada trampa propia del género y, sin sentimentalismos, nos han abierto las puertas de un mundo paradójico y misterioso encabezado por las palabras de Albert Einstein nada más empezar: “la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente”.

Sólo queda resolver la gran pregunta: ¿Dónde Cuándo está Erik?

Escribe Rubén Tellería


Más información sobre Dark:
https://www.netflix.com/es/title/80100172

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