The Crown (serie TV, 2016)

  11 Diciembre 2017

El regreso de la fastuosidad flemática

the-crown-1En 2013, Stephen Daldry estrenaba su obra de teatro, The audience, con Hellen Mirren encarnando a la reina Isabel y libreto escrito por Peter Morgan, que llevó después a Netflix la idea de recrear la vida de la monarca británica desde antes incluso del comienzo de su reinado a lo largo de sesenta episodios. Y así nace The Crown, con ciento treinta millones de euros gastados en su primera temporada. Para hacernos una idea, el presupuesto que pone Movistar + en La zona, la serie española más cara de la historia, es de diez millones.

Pero The Crown no sólo es cara, es exquisita.

Hasta el momento, veintisiete premios, incluyendo los Globos de Oro al mejor drama y a la mejor actriz dramática, Claire Foy, ella, la joven Elisabeth de los años 50. En general, un reparto curtido en las lides monárquicas; Foy ya había hecho de Ana Bolena en Wolf Hall, y Alex Jenings, que da vida a Eduardo VIII, había sido a su vez el príncipe Carlos en The Queen (también escrita por Peter Morgan) y ahora es el rey Leopoldo en Victoria, la nueva serie de la BBC. Todos ellos, Matt Smith, John Litgow como Churchill, todos están espléndidos, pero no es sólo eso.

Michele Clapton, que también hace el vestuario de Game of thrones, estuvo meses investigando para reproducir aquellos fondos de armario, el ritmo de la narración es suave, contenido, elegante, las localizaciones son extraordinarias y están deliciosamente capturadas por la cámara.

Todo en The Crown es sublime, todo destila elegancia y dinero (bien gastado) a raudales, y el relato de Morgan, el auténtico corazón de la serie, cumple con creces las expectativas: al igual que hiciera en Rush o en Frost/Nixon, el autor demuestra de nuevo que tiene pulso para escribir biopics.

Una reina que nunca quiso serlo

Ya hemos visto el enlace entre Isabel y Felipe de Edimburgo en la Catedral de Ely (la auténtica boda fue en Westminster), cómo aquella chica de veinticinco años llegó al trono tras la muerte de su padre, el rey Jorge VI, y cómo se fue forjando el carácter de una de las mujeres más poderosas del planeta, sentada desde hace seis décadas en el trono.

A lo largo de esta inminente segunda temporada (Netflix la subirá el viernes 8 de diciembre) profundizaremos más en la figura del duque Felipe, esposo de Isabel, y cómo su doble vida afectó a su reinado en aquellos primeros años de los 60 en que la sociedad también estaba cambiando.

Cualquier fragmento recreado de las vidas de estos seres cuasi-divinos nos hace salivar ante la perspectiva de ver salir a la luz los esqueletos del armario, los muchísimos trapos sucios que acumula esta estirpe de nobles gobernantes, el último de ellos la evasión fiscal de la propia reina según los Paradise Papers. Y quizá de esto adolece la serie, de admirar tanto la leyenda detrás de la persona que a veces se limita a dejar entrever ciertos defectos de carácter e inexperiencia que humanizan al personaje de Isabel pero contra los que siempre gana la batalla la inteligencia, el porte y la frialdad de la monarca, una mirada no demasiado crítica. Hasta la fecha.

Un poso parecido al que dejaba Downton Abbey, otra golosina que pecó de ser demasiado naïf. Sin embargo, aquí se trata de recrear la vida personal de la familia más escandalosa y mediática de los últimos cincuenta años, algo inédito hasta la fecha, una oportunidad demasiado jugosa como para perdernos en complacencias y reverencias.

Pese a este defecto, en cierto modo comprensible dada la veneración que el pueblo británico siente por su reina, se trata de uno de los estrenos más importantes del año pasado, una delicia narrativa, sorprendentemente coral, que nos ofrece ahora su segundo capítulo, un nuevo registro de los eventos socio-políticos que dieron forma a la segunda mitad del siglo XX, una nueva ventana abierta en el desván de los secretos reales.

Escribe Rubén Tellería

Tráller oficial de la segunda temporada de The Crown:
https://www.youtube.com/watch?v=ME2umFQ_xBA

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