La peste (serie TV, 2017), de Alberto Rodríguez

  25 Noviembre 2017

España, televisión para todos los públicos

la-peste-1Dicen por ahí que la ficción española en televisión es mala. Yo incluido, por desgracia. Existen razones para ello, que tienen que ver con una cultura basada en la Globomedia de los noventa como Médico de Familia o Periodistas, series de amplio espectro que lograban récords de audiencia durante hora y media y por poquísimo dinero.

Veinte años después, seguimos anclados en esos patrones roñosos porque son rentables. Se siguen haciendo productos para las masas (cada vez más fragmentadas), historias superfluas estiradas hasta los ochenta minutos, sin un tono uniforme y troceadas en bloques publicitarios insanos.

Se trata, además, de un mercado hermético, incapaz de generar apenas nuevo talento y sin prácticamente difusión del que sí emerge. La única razón para que este modelo aún funcione es que la ficción a nivel internacional atraviesa por el momento más dulce de su historia en todos los sentidos.

Obviamente, no todas las series españolas encajan en este panorama, pero son pocos los casos que me vienen a la cabeza: Pepa y Pepe fue muy rompedora a principios de los noventa y Crematorio ha sido, hasta la fecha, la serie patria más HBO que he visto. La peste apunta, precisamente, a este último récord.

Una apuesta importante, no sólo por lo que cuesta

Diez millones de euros, un presupuesto astronómico para los seis episodios de esta primera temporada (ya está confirmada la segunda), en las manos de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, director y guionista de La isla mínima, que ahora nos sumergen en su Sevilla natal, una de las capitales portuarias del mundo del siglo XVI, cosmopolita y vibrante. Pero asediada por la peste negra.

Concebida como una película de cinco horas, la historia es, en palabras de su director, un thriller que refleja la guerra de poder político y religioso propia de la época y fácilmente trasladable al mundo presente, una lucha de clases que se libra en cada esquina a manos de personajes anónimos y salvajes, en una Nueva Roma sucia y despiadada.

Un proscrito regresa para cumplir una vieja promesa. En los barrios más pobres, una infección mortal se extiende y Sevilla podría tener que cerrar sus fronteras, un desastre económico que también traerá muerte, al más puro estilo El nombre de la rosa.

El director de fotografía habitual de Alberto Rodríguez, Alex Catalán, se ha inspirado en la escuela sevillana del Siglo de Oro y sus claroscuros para pintar cada fotograma. Han sido dieciocho semanas de rodaje en más de ciento treinta localizaciones andaluzas. El elenco no está plagado de nombres conocidos, salvo Paco León, y la serie se va a emitir primero en exclusiva a través de Movistar + y luego distribuida al mundo a través de otras plataformas.

Así que sí es una apuesta importante, supone un cambio drástico respecto a todo lo anterior, un intento serio de poner a España en el mapa que, si funciona, abrirá camino para que otros lo recorran también. Otros proyectos ambiciosos como La zona, un thriller post-nuclear, proyectada en el Festival de Sitges, o Vergüenza, escoltan su llegada, prevista para este mes de enero.  

Una ambición necesaria para una jugada que huele a éxito, promocionada como un estreno de cine (incluida fuera de concurso en la selección del festival de San Sebastián, algo inédito para una serie de televisión), no sólo por su acabado formal sino por la complejidad de su narrativa.

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De cero a infinito

Algunos están salivando ya a la espera de que llegue La peste, de que que dinamite los cimientos actuales para construir un nuevo orden mundial. Miguel Gil Pérez, presidente de Telefónica, habla de convertir a España en el gran país de la producción, de hacer de nuestra pequeña península el epicentro de la ficción internacional en 2020. Un poco desmedido. Por el momento, nos contentamos con tener un producto del que sentirnos orgullosos, con poder firmar una página en el libro de oro de esta gran época de la ficción.

Y parece que La peste va a firmar esa página, a marcar un nuevo referente, a recoger el testigo del Crematorio de los hermanos Sánchez-Cabezudo. Y tal vez a partir de ahora la manida frase «en España no se hacen buenas series» pase a mejor vida. Con eso, podríamos darnos con un canto en los dientes; un final feliz para esta tragedia que comenzó hace cinco siglos con una picadura de pulga.

Escribe Rubén Tellería

Más información sobre La peste:
http://www.movistarplus.es/lapeste

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