Albena Teatre rueda “M’esperaràs?”

  05 Noviembre 2016

Un cine 100% valenciano es posible

00-albena-1Después de 22 años en teatro y un lustro en televisión, con multitud de éxitos y una profesionalidad sobradamente demostrada, Carles Alberola y Toni Benavent (es decir, Albena) vuelven a convocar a un buen número de técnicos e intérpretes de su gran familia para una nueva aventura: rodar una película basada en su penúltima obra, M’esperaràs?, una comedia agridulce sobre el amor, la amistad y la búsqueda de la felicidad.

Encontré cineastas felices. Podría ser el título de una película, una aventura o una odisea. Felices porque están rodando en Moncada, en una masía que bien podría servir de escenario a multitud de series históricas, de hecho, ha sido el decorado de cuatro películas. Cinco, contando M’esperaràs, la primera apuesta de Albena en el mundo del largometraje.

Felices porque hacen cine en tiempos cólera política y ausencia de televisión valenciana. Felices porque disfrutan con su trabajo. Felices porque son conscientes de que están dando un salto, la mayoría de ellos por primera vez. Felices aunque no sepan si su película va a ser un éxito, ni siquiera si logrará estrenarse con garantías. Lo importante es que ruedan y lo hacen en un momento en que apenas hay industria. Todo un desafío.

Los cineastas son valencianos. Todos, técnicos e intérpretes. Ruedan en Valencia los exteriores y en Moncada los interiores. Y ruedan en valenciano, naturalmente. Es un producto netamente valenciano: escrito por Carles Alberola, que además dirige e interpreta, en compañía de Alfred Picó, Rebeca Valls y Cristina García. El mismo equipo que ya interpretó la obra hace dos años en los escenarios valencianos.

Les acompaña en la aventura su inseparable Toni Benavent, productor ejecutivo que aprende con esta aventura a moverse en las arenas movedizas no sólo para rodar una película, sino también de distribuirla y, sobre todo, lograr estrenarla en unos cines acaparados hoy en día por las multinacionales norteamericanas.

Como apoyo en la producción y la realización, Carles y Toni cuentan con la gran familia Albena, el mismo equipo que les ha acompañado en sus 22 obras teatrales, 7 series de televisión y un par de cortometrajes: César Martí en la producción, Carles Sanjaime y Rafa Piqueras en el equipo de dirección, Víctor Entrecanales en la fotografía y Arnau Bataller en la banda sonora.

Lo suyo no es un breve encuentro, más bien la crónica de una suerte anunciada.

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Encuentros en la 1ª fase: teatro

Albena Teatre nació en 1994 de la fusión de Alberola y Benavent. El primero, Carles, escribe, dirige e interpreta la mayor parte de las 22 obras que en estos 22 años han llevado a los escenarios españoles. El segundo, Toni, produce, administra y logra el milagro de no perder dinero en los tiempos en que no hay televisión, ni ayudas oficiales, ni programadores… y los pocos escenarios que quedan, como la sala Escalante, se caen, literalmente, a pedazos.

Juntos forman una de las parejas más estables de la cultura valenciana. A finales del siglo pasado lograron que una obra suya, Besos (1999), no sólo se exhibiera en toda España, sino que superó las 1.000 representaciones y les catapultó a los premios Max… premios en los que su última producción, L’aneguet lleig (2015), ha triunfado una vez más, en esta ocasión como mejor musical del año.

Aunque Carles y Toni tenían experiencia previa en creación y gestión de espectáculos, sus inicios fueron muy discretos: una apuesta por una obra pequeña, un monólogo interpretado por Alberola, titulado Currículum (1994), que se estrenó en el festival de teatro de Mislata, con apagón incluido en mitad de la función… y desde el primer momento Albena supo llevar al público a su terreno, seduciéndolo, manipulándolo, convirtiéndolo en cómplice de sus historias, a veces reales, a veces inventadas, siempre emotivas.

Después vinieron obras más serias (Estimada Anuchka, Per què moren els pares?), pero sobre todo funcionaron sus historias mínimas de amor y desamor, amistad, desencuentros y reencuentros. Mandíbula afilada (1997) marcó la línea divisoria, incluso de forma explícita, en una obra con dos partes: la primera imaginada, la segunda real… y quién sabe cómo acabará esa historia, si es que alguna vez acaba.

Su personaje protagonista, entrañable, soñador, quizá un poco torpe y vapuleado por las circunstancias, le valió a Alberola el sobrenombre del “Woody Allen de la Ribera”, pero lejos de repetirse, Carles tomó buena nota de la fórmula del creador de Zelig y se mimetizó en nuevos personajes, nuevas creaciones, en ocasiones interpretadas por otros actores en distintos espectáculos.

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Así nació su gran éxito Besos, donde cada canción era un recuerdo y, a base de sketches memorables, consiguió la fórmula de la risa continua y el éxito garantizado. Prueba de ello son sus continuas reposiciones, siempre con llenos en el patio de butacas.

Una fórmula que repitió, aunque sustituyendo canciones por eslóganes publicitarios, con Spot en 2002. Nuevo éxito y fin de un camino. La repetición continua no es la solución. En teatro la fórmula debía finalizar aquí… aunque no las obras formadas por breves historias, como 13 (2006), uno de esos raros ejemplos donde Carles no interviene como actor, quizá porque como buen supersticioso no quería subir a los escenarios en su décimo tercera creación.

Albena se convirtió en un nombre clave en los escenarios valencianos. Una marca en continuo crecimiento con proyectos de todo tipo: adaptaciones fieles de notables autores (Novecento de Alessandro Baricco, Paraules en penombra de Gonzalo Suárez o Tu vida en 65 minutos de Albert Espinosa); obras pensadas para un público infantil, pero en absoluto tomado como espectador facilón, sino inteligente (Artefactes en 2003, El museu del temps en 2008, Kafka y la muñeca viajera en 2012 o la ya citada L’aneguet lleig, el pasado año) y, en fin, piezas que permitieron dar el salto a la dirección a algunos de sus habituales colaboradores, como Roberto García (Perfect) o Laura Useleti (El museu del temps)

En la última década ha habido un retorno ocasional a los orígenes, con Midsummer (2012), donde la pareja protagonista bien podría ser la de Mandíbula afilada si la historia fuera sido contada en clave musical; o Ficció (2014), donde vuelve el monólogo, como en la seminal Currículum, aunque con nuevos secretos que no conviene desvelar… y es que, un vez más, Carles sabe cómo volver llevar al público a su terreno: seducido, manipulado, cómplice, real, inventado, emotivo y coprotagonista del espectáculo.

Prácticamente lo han probado todo en el escenario. Pero faltaba dar el salto.

Gracias amor al cine Carles llegó a la Escuela de Arte Dramático (donde colgado de una liana conoció a su inseparable Alfred Picó, su pareja habitual en los escenarios) y, además de probar con los cortometrajes, ansiaba experimentar con el lenguaje de la imagen… su otro gran amor.

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Encuentros en la 2ª fase: televisión

La oportunidad llegó en 2005. Canal 9 les ofreció la posibilidad de producir Auto-in-definits, una serie de sketches de fácil factura —aunque compleja elaboración— y humor ligero, apropiado para una serie diaria en horario apto para casi todos los públicos.

La fórmula funcionó de maravilla, por algo ya tenían la experiencia de Besos y Spot en los escenarios. Y el éxito llevó a sucesivas series anuales con planteamientos similares, series que pronto se convirtieron en la gran pantalla para los intérpretes y técnicos de la escena valenciana: una oportunidad de hacer televisión, de llegar a un público más amplio… y siempre en valenciano.

Maniàtics (2006), Socarrats (2007), Per nadal torrons (2008) o Check-in hotel (2009) demuestran que se puede producir y exhibir series valencianas y en valenciano, en prime time, y lograr unas notables cifras de audiencia.

Son los años de máximo esplendor televisivo.

Pero Carles sigue pensando en términos más cinematográficos. Por eso se plantea una serie que va más allá del sketch suelto, del gag blanco, del humor… Así nace Unió Musical Da Capo (2009), con un planteamiento más ambicioso en cuanto a producción, con rodaje en escenarios naturales (incluida Alzira, donde Carles nació) y con un aspecto más cinematográfico en su fotografía, en su diseño de producción y en su banda sonora, donde por primera vez colabora con otro alzireño, Arnau Bataller, hoy en día uno de los mejores compositores cinematográficos de nuestro país.

El fin de Canal 9 precipitó el retorno a los escenarios.

Pero no puso fin a la búsqueda de su particular Grial. Y Albena, después de años luchando contra la crisis, contra la falta de escenarios y de público, logró en 2015 una subvención de CulturArts para poner en marcha su primer largometraje cinematográfico: M’esperaràs?

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Encuentros en la 3ª fase: cine

En verano de 2011, Alberola enviaba a un grupo de amigos un texto que estaba escribiendo, titulado Locura cotidiana. Como siempre hace, quería oír la opinión de sus compañeros, colaboradores o, sencillamente, personas de confianza. Era una comedia clásica, con chico que busca chica y amigos que le ayudan a encontrarla. Con unidad de tiempo y de lugar: una casa, una noche, una cena y… supongamos que una noche cenando…

En 2013 la pieza ganaba el premio Ciutat d’Alzira de teatro, lo que facilitó que al año siguiente se estrenara en los escenarios valencianos la obra, ya titulada M’esperaràs?, con dos versiones (una en valenciano y otra en castellano), como vienen haciendo con la mayor parte de sus títulos.

En 2015, convencidos de las posibilidades de su adaptación cinematográfica, Albena presenta M’esperaràs? a las subvenciones de CulturArts. Y consiguen el apoyo.

Se repite la historia, el eterno retorno a los orígenes: al igual que cuando empezaron en teatro o en televisión, apuestan por un producto pequeño, controlado, pero capaz de seducir al espectador.

Y, por fin, Carles ya no tendrá que esperar más: llegó la hora de su primer largometraje.

Para ponerlo en marcha cuenta con sus compañeros inseparables en las tablas y en los platós televisivos, técnicos e intérpretes, amigos todos. Gente capaz de trabajar al máximo nivel y de ajustar el presupuesto y el salario si hace falta, porque industria, lo que se dice industria valenciana del cine, hoy por hoy, no hay.

Antes de empezar tuvieron que enfrentarse a las grandes preguntas: ¿buscar intérpretes conocidos que abran el camino a los cines y televisión o mantener el equipo de los escenarios? ¿Rodaje en valenciano o castellano? Todas las decisiones van entrelazadas: un par de intérpretes con caché garantizan el estreno, pero duplican o triplican el presupuesto y, por supuesto, exigen el rodaje en castellano para facilitar el estreno en toda España.

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Al final, Toni y Carles optaron por volver a los orígenes, como en teatro y como en televisión: una pequeña pieza de cámara donde Albena tenga el control absoluto. Y en valenciano, por supuesto.

Tenemos un presupuesto de film pequeño, menos de 500.000 euros, pero de la subvención prometida para entregar en dos años, 2015 y 2016, aún no hemos recibido un euro, por lo que es Albena quien da la cara y asume los riesgos”, explica Toni Benavent. “Como tenemos un equipo que es una gran familia, hemos planteado un rodaje ajustado, sólo cuatro semanas, y aunque está costando llegar cada día al plan de rodaje previsto, creo que lo conseguiremos”.

Cuesta porque todo está muy, muy ajustado. Si rodaran con dos cámaras ganarían tiempo, pero alquilar una cámara cuesta 1.700 euros diarios, así que es inviable alquilar dos para veinte jornadas de rodaje. Jornadas apretadas, donde cada día entran a las 8 de la mañana en maquillaje, comienzan a rodar a las 9, paran a las 13 para una comida rápida en la propia masía, vuelven bajo los focos una hora después y finalizan sobre las 18 horas.

Aunque no todos, porque Carles, Toni, Sanjaime, Martí y Piqueras, los responsables de producción y dirección, se quedan para revisar el material del día y preparar el del día siguiente.

Un trabajo que está siendo muy fructífero porque tenemos a Vicente Ibáñez aquí al lado, en una habitación, haciendo un primer montaje de lo que vamos rodando cada día, un coste que hemos asumido porque nos permite comprobar que no falta ningún plano o que, como me sucedió a mí mismo en una escena, nos permite repetir una toma cuando la interpretación no encaja con el resto de personajes”, confiesa Carles Alberola, tan exigente consigo mismo y su interpretación como lo pueda ser con el resto de actores.

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La primera semana rodaron planos en el cauce del Turia y en algunas calles de Valencia, a las que se unirán las tomas en la Universidad. Todo ello es nuevo, forma parte de ese proceso de transformar el lenguaje teatral en cinematográfico, para lo que Carles ha escrito escenas nuevas, sobre todo al inicio del film, narradas prácticamente sin diálogos y en las que, presumiblemente, Arnau Bataller tendrá que aportar las notas que le den unidad.

Las otras tres semanas están dedicadas al interior de la vivienda del protagonista, con rodaje en una alquería de Moncada, donde tiene lugar esa cena clave que le permitirá, después de dos años, volver a sentir el contacto de la piel de una mujer, actuando para ello como carabinas sus inseparables amigos, que forman un matrimonio ejemplar.

Al menos en teoría, porque luego la función discurrirá por otros cauces, tal y como ocurría en la obra teatral, hacia la que Carles —como adaptador y director— guarda un respeto absoluto, como ya hiciera con sus adaptaciones anteriores de Baricco, Espinosa o Gonzalo Suárez. Una obra que transcurría íntegramente en una casa, que por su aspecto, uno diría que es la misma casa de su corto Olenska (2003) y que bien podría ser el hogar del mismísimo Woody Allen de la Ribera.

La casa es el quinto protagonista, por eso hemos trabajado a fondo la presentación de cada espacio y cada habitación; todos tendrán su protagonismo en distintas escenas”, apunta Alberola. “La cocina, el despacho, el comedor… todos tienen son importantes y hemos dejado para el final un rincón más íntimo, con una ventana que nos permitirá un final muy emotivo, basado en el de la obra de teatro, pero más cinematográfico”.

Un final en el que los efectos digitales tendrán también mucho que decir. Ya lo decíamos antes, hablamos de cine y éste necesita su propio lenguaje, su propio tratamiento de las situaciones, por más cotidianas que sean. Ya sabéis, el clásico chico busca chica, chico encuentra chica y… ¿chico se queda con chica?

Escribe y fotos: Mr. Kaplan | Galería fotos del rodaje | Galería fotos último día de rodaje

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