El auge y la caída de la televisión

  30 Septiembre 2015

Nuevas oportunidades

the-flashHace años que la televisión alcanzó las cotas de éxito y prestigio que antaño solamente pudiera obtener el cine. La que era un zulo para actores de segunda y/o caídos en desgracia se convirtió en La Meca de cualquiera que se dedicara a la profesión.

Este fenómeno acaeció a finales de los noventa, con series de emisoras como la HBO la televisión se liberó de las cadenas que la ataban soltando a un monstruo que llenó de gozo a los aficionados al séptimo arte. En ese electrodoméstico, en muchos casos en desuso, se dieron a conocer personajes como Tony Soprano, la familia Fisher o Don Draper, visitando las casas de los telespectadores, semanalmente, durante largos años.

A diferencia de la duración de una película, en torno a una hora y media, las series permitían, entre otros, desarrollar las tramas y definir a los protagonistas en profundidad al contar con un metraje más extenso. Suponiendo un respiro y una vía de escape para aquellos que no tenían cabida en el difícil mundo de Hollywood. En España se produjo el mismo fenómeno en cuanto a la imagen de actores, directores, etc. no así en cuanto a calidad que, para bien o para mal, siguió siendo la misma.

El público dio cobijo en sus hogares a personajes e historias de la más diversa temática y el ser seguidor de series dejó de ser para unos cuantos.

El boom

Este nuevo objetivo para las productoras, este mundo en que el consumidor devoraba horas y horas televisivas dio lugar, como es lógico, a una superproducción y sobreexplotación de un terreno que hasta la fecha había sido cultivado en contadas ocasiones. Mientras que previamente la oferta era limitada, tras el despegue de series como Los Soprano se multiplicó dando lugar a multitud de productos de las más diversas calidades.

La tradición era rodar pocos pilotos y que las cadenas decidieran con cuales continuar y cuales abortar, estrenando una o dos series por cadena y año. El tiempo en el que esta dinámica se mantuvo, fuimos asistentes privilegiados a la época dorada de la televisión, que probablemente jamás vuelva a repetirse, coincidiendo en su emisión varias series que, hoy en día, son consideradas de culto. Merecía la pena chequear los nuevos proyectos que nos ofrecían grandes guionistas, directores y actores, desde comedias hasta dramas, pasando por ciencia ficción.

Con el paso de los años, se llegó a un momento no definido por una fecha concreta en que la programación de nuevas series era tal que todas resultaban una sombra de otra. Asimismo, mientras las novedades abarrotaban las parrillas, las renovaciones se veían mermadas, es decir, las temporadas únicas cobraron protagonismo, dejando desangelados a aquellos telespectadores que disfrutaban de ciertos shows que no alcanzaban la popularidad esperada.

La confianza de los ejecutivos se centraba en shows que llevaban varias temporadas en antena, incluso aquellos en declive argumental, mientras los estrenos que no contaban sus espectadores por millones eran eliminados sin piedad. Este es el estilo autoritario y que erradica la creatividad que se mantiene en la actualidad.

Todas estas situaciones se conjugaron para acabar con la infalibilidad alcanzada durante un corto período. Actualmente nos encontramos en un período de mediocridad donde son muy pocas las series que brillan con luz propia. Se ha creado la costumbre y necesidad en el televidente de seguir ciertos productos pero en la mayoría de ocasiones esta acción se realiza por rutina, para llenar ese hueco a ello destinado, sin importar lo consumido.

La explosión marcó a una generación que en lugar de apagar la televisión si no disfruta para realizar otra actividad, dedica un tiempo determinado a consumirla aunque no alcance unos estándares mínimos.

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Un oasis llamado Netflix

Entre toda esta vorágine de títulos apareció una cadena que se hizo un hueco debido a su metodología propia. En lugar de grabar un piloto y meses después decidir si se graba la temporada completa para su posterior emisión, Netflix ordena temporadas completas e incluso antes de la publicación de las mismas decide sobre su futuro. Otra ventaja para los creadores y escritores es la flexibilidad en la duración de los episodios, mientras que en las cadenas populares los números han de cuadrar a la perfección, Netflix permite que los tiempos oscilen.

De este modo ha logrado convertirse en sinónimo de calidad, produciendo algunas de las series más originales e interesantes de los últimos años. No cerrándose a un solo género, en ella tienen cabida desde Orange is the new black hasta House of cards. Sus directivos han construido una morada para aquellos desencantados que buscaban un alojamiento tras deambular por mundos de decepción.

Para 2016 guarda en la recámara varios estrenos relacionados con el mundo de los superhéroes, veremos cómo gestionan un género sobreexplotado en la pantalla grande y que comienza a serlo en la pequeña (Arrow, The Flash, Agents of S.H.I.E.L.D., Legens of tomorrow, etc.)

Escribe Sonia Molina

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