Fanzine 2000 Maníacos

  27 Julio 2015

25 años de desahogo soez y enfermizo

2000maniacos 47Recuerdo mi primer ejemplar del fanzine 2000 Maníacos, una especie de manojo de fotocopias dobladas sobre sí mismas y encuadernadas con grapas. La edición era manual, nada de Scribus, Freehand o similares. Es dudoso que siquiera Manuel Valencia, su autor, tuviese un ordenador. Es más que seguro que no poseía internet. Internet ni siquiera existía a nivel comercial. Así que Manolo se dedicaba a recortar fotografías, teclear en una vieja olivetti, y a componer esas piezas sobre un papel en blanco que luego llevaba a imprimir.

Poca gente puede imaginar hoy día el trabajo que eso suponía, y la ilusión que ello alimentaba y que además servía de motor a una ambición puramente artística: 2000 Maníacos, el fanzine más antiguo de Europa, nunca ha generado más beneficios que los necesarios para su pervivencia: los de redacción, edición e impresión, aparte del orgullo que daba a todos los redactores —entre los que alguna vez se ha contado el que esto suscribe— el ver su trabajo hecho papel e historia.

El contenido no era menos pedestre. Páginas repletas de porno —el primer atractivo para un joven adolescente de mi edad, en una época en que el género empezaba a comercializarse pero aún era poco accesible—, cine fantástico y de terror y entrevistas con los principales protagonistas de géneros cuya existencia no debía ser conocida por nuestras madres.

2000 Maníacos fue un verdadero soplo de aire rancio, enfermizo y purulento en el ámbito de las publicaciones cinematográficas nacionales. Ese era un mercado copado por las revistas de papel couché en las que el glamour por un lado y la crítica intelectual, por el otro, no dejaban mucho espacio a las pasiones adrenalíticas que alimentan la más primaria obsesión por el cine. Miles de aficionados al terror, el fantástico —y por qué no decirlo, el porno— no tenían un referente claro en los dos primeros ámbitos, y desde luego carecían de algo más que las críticas de la Turia en el último.

Manolo Valencia supo recoger estos anhelos, que quizá fueran los propios, y darles salida en forma de manojo de fotocopias. Tan claro estaba que era un mercado por explotar, que en los años sucesivos, vieron la luz revistas como Fantastic Magazine, la versión española de la norteamericana Fangoria o la efímera Mundo canalla, que al menos en algunos aspectos, bebían de las estancadas y lisérgicas aguas del 2000 Maníacos.

Lo curioso es que la mayor parte de esas revistas de relumbrón no han sobrevivido mucho tiempo, mientras que 2000 Maníacos ha cumplido 25 años creciendo en las sombras. Uno debe preguntarse qué tiene este fanzine que habiéndolas visto nacer, ha acabado por enterrarlas a todas, y a eso es a lo que debiera responder esta pequeña crónica.

Humor bizarro, terror muy guarro

2000maniacos 1Sí, está claro que hubo alguna otra revista que hablaba de cine fantástico y de terror, pero puede decirse que todas ellas —Terror Fantastic, Vudú, Famosos monsters del cine o Fantastik— habían desaparecido a mediados de los años 80. Por eso, nacida en 1989, 2000 Maníacos vino a llenar un hueco importante en las necesidades de los aficionados. Manolo Valencia puede decirlo porque él era uno de ellos, y porque sus gustos coincidían con los de un público abandonado por la gran industria que había de buscarse películas en las secciones más bizarras de videoclubes de barrio.

Uno de ellos era el Teles de Valencia, quizá el útero donde germinó el embrión del 2000 Maníacos. El Teles era un santuario de las de las series "x" y "z", letras límite del abecedario que correspondían al porno y las películas de bajísimo presupuesto, generalmente orientadas al terror chusco o a la imitación de taquillazos estadounidenses por parte de industrias cinematográficas  tercermundistas como la turca o las extremo orientales.

2000 Maníacos hizo bandera de esa generación de degenerados y les dio lo que buscaban, un catálogo de referencias, datos, y mucho humor negro o directamente absurdo que diluyera un tanto las posibles desviaciones enfermizas o psicopáticas de los amantes de lo oscuro. El fanzine de Manolo era el fanzine de un aficionado, y por tanto, dirigido a otros aficionados como él que descubrieron que había gente con gustos parecidos y que además eran capaces de escribir sobre ellos.

Manolo editó 100 ejemplares de su primer fanzine y los vendió todos. Una vez hizo eso, la suerte estaba echada, y sólo quedaba que ésta fuera buena. Dicho y hecho, los hados malignos parecieron conjurarse con él, y mientras una legión de seguidores con acné hormonal e intelectual engrosaba la lista de compradores —y de futuros redactores— algunos de los más serios amantes del underground le echaron la vista encima al incipiente fenómeno: Futurama, la tienda especializada en cómics de Valencia —que actuó durante mucho tiempo de distribuidora del fanzine—, puso en contacto a Manolo con Madrid Cómics, que le encargo 500 ejemplares para distribuirlos a nivel nacional.

First, we’ll take Donosti, then we’ll take the world!

Pero si algo marcó el destino del fanzine, es que el mismo año de su lanzamiento nació el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Donosti, un evento que sin saberlo se convertiría en su principal mentor.

Éste era un festival menor, pero organizado como el festival grande de la capital guipuzcoana, por el equipo de cultura del mismo ayuntamiento. Lo que en principio parecía un certamen de barrio, acabaría por convertirse en un evento de cine fantástico y de terror que rivalizaba claramente con el indiscutible Festival de Sitges.

2000maniacos 93La organización del festival sufragó algunos de los mejores números —casi todos especiales temáticos— durante un buen número de ediciones, y además abrió el fanzine a un mercado internacional, lo que facilitó la inclusión de entrevistas y colaboraciones de renombre. Por las páginas del fanzine han pasado desde entonces personajes como Herschell Gordon Lewis, Robert Englund, Ginger Lynn, Sam Raimi, Terence Stamp, Kevin Smith, Brigitte Lahaie, Guillermo del Toro, Alejandro Jodorowsky, Peter Jackson o Elvira, por poner sólo algunos ejemplos.

El 2000 Maníacos había dado un salto de calidad, y ya se editaba como una revista seria. En el limitado mercado hispano era casi la única publicación que se dedicaba a los géneros chuscos, y sin duda era la única que lo hacía de un modo absolutamente libre, porque la redacción sólo respondía ante sí misma, y no tenía más necesidades que satisfacer que la de los propios aficionados.

Vengo a decir esto porque aunque Fantastic Magazine —editado por Erico Rodríguez y que redactaban Ángel Sala, Marc Ordóñez y Ramón García— surge muy poco tiempo después del primer 2000 Maníacos en las catacumbas del Festival de Sitges, tras la desgraciada muerte del primero de ellos, esta revista de referencia se deja de publicar hasta recibir un nuevo impulso por parte de la editorial de Fotogramas (Comunicación y Publicaciones, filial de Hachette), que compró la cabecera.

En esta segunda época de FM acabará por colaborar un cada vez más referenciado Manolo Valencia, y gracias a ello traba amistad con gente como Jordi Costa y Daniel Monzón, por cierto, también antiguo redactor de Encadenados antes de dar el salto a la dirección cinematográfica. Este trío, que en adelante formará parte de un grupo de inseparables —junto a Manuel Romo, Jesús Palacios, Jorge Riera o Charly Álvarez—, tuvo que abandonar Fantastic Magazine tras lo que el propio Manolo Valencia denominó un "golpe de estado" por parte de la editora, que quiso hacer más accesibles y menos oscuros los contenidos, desvirtuando totalmente una publicación que acabó por desaparecer poco tiempo después.

Así pues otra de las razones de la supervivencia del fanzine más antiguo de Europa es que la dirección, para evitar esos desaires, sólo responde ante sí misma, y ella misma es la clave de los contenidos y de la continuidad de la publicación, sin hipotecas externas o vaivenes de un mercado que a medida que crece, tiende a domesticar a sus creativos para no escandalizar a sus clientes.

Es verdad que 2000 Maníacos no puede ser ajeno a estos vaivenes, y que a veces las publicaciones son anuales y ya no semestrales, pero ahí sigue, 25 años después, muchísimo más aseado, con un caché envidiable y por cuyas páginas han pasado las más diversas estrellas y donde han colaborado los más insignes críticos cinematográficos.

Porque la última de las razones de su éxito es el trabajo bien hecho. A uno puede sorprenderle que se hable de esto cuando se trata de un fanzine underground, pero habría que decir que si algo es difícil, es sacar adelante un tipo de publicación minoritaria que apenas cuenta con ingresos dotándola de los mejores contenidos.

El verdadero ejemplo de dedicación y trabajo es el imaginarse al redactor jefe recortando fotos de revistas y fotocopiando carátulas de videoclub durante horas para maquetar su fanzine. El de recorrerse centenares de kilómetros para cerrar una entrevista. El de convencer a los redactores para sacar un especial sobre cine de serie "z" mexicano o turco porque se estaba convencido de que ahí había un buen tema. El de ser freelance en Canal Plus, Canal 9, Popular 1, El Víbora, la Cartelera Turia, Ruta 66, Endora producciones, Fangoria o Fantastic Magazine, y después de todo eso seguir maquetando y escribiendo para el 2000 Maníacos como si no hubiese una faena más digna de dedicación que la de cuidar de tu criatura. Esas ganas de seguir manteniendo con vida a su vástago, es lo que ha hecho que ahora se haya convertido en una publicación adulta y de calidad, pero con la misma personalidad gamberra de hace 25 años.

La pregunta es: ¿qué le quedaba a Manolo Valencia por hacer después de haber llevado a su fanzine a la cumbre y de mantenerlo ahí durante tanto tiempo?

Si vemos lo que ha hecho gente como Daniel Monzón o Manuel Romo la respuesta es obvia: debía dirigir una película. Pero manteniendo su espíritu independiente, no podía vincularse a ninguna productora o estudio. Manolo, gran defensor del onanismo cinematográfico, se hará una película él mismo sobre sí mismo, y con ocasión del vigésimo quinto aniversario de su fanzine, decidirá plasmar en pantalla sus obsesiones.

Manolín, andanzas y tropiezos del ingenioso hidalgo don Manuel de Valencia

manolin-01¿Qué es Manolín? Desde luego no es una película al uso. Fue un "hipermetraje" (cerca de cuatro horas) antes de convertirse en un largo de 61 minutos, en el que Manolín (ocasional alter ego de Manolo Valencia) graba los más tormentosos y definitorios momentos de su desordenada vida. Es difícil encontrar estructura en la misma, más allá de una serie de obsesiones y conductas depravadas que se repiten cíclicamente, pero eso no quiere decir que no la haya o que no exista un cierto relato sobre lo absurdo de la vida propia o ajena.

En realidad, Manolín como película carece de un guión y desde luego de diálogos, pero sí tiene un montaje —en gran parte responsabilidad del mágico Luis Sánchez Toledo, colaborador de Manolo desde hace años— y una planificación coherentes. Lo que cualquier observador atento y no desquiciado por el extraño ritmo de la película puede encontrar en la misma es una metáfora sobre el desequilibrio y aquello que lo produce: la religión, las aglomeraciones urbanas, el bombardeo publicitario, los juguetes siniestros y la vida familiar...

La prueba de que la película muestra lo desequilibrante de la vida moderna, como haciendo bueno el adagio de que nadie puede permanecer sano en una sociedad enferma, es que los pies de Manolín tienen un protagonismo mayor que su cara: durante la mayor parte del filme, son ellos los que conducen la acción; el desequilibrio mental del protagonista se ejemplifica en el desequilibrio que le produce su caminar descalzo de un pie, tambaleante e inestable, pero manteniendo una verticalidad precaria que aún lo deja conducirse adonde realmente quiere ir.

La metáfora se completa con el hecho de que, a medida que el protagonista se quita los zapatos y se despoja de los calcetines, entrando su piel en contacto con la naturaleza, Manolín se libera, aunque ello acabe por convertirlo en un depredador insaciable, ya sea de sangre, sustancias tóxicas o experiencias extrañas. La metáfora sociológica se transforma en ocasional película de terror psicológico.

Manolín huye constantemente de lo que le aterra, de la realidad misma mediante estupefacientes, de los compromisos asesinando, de la ciudad escondiéndose en huertos, jardines y playas, de la prisión del tiempo cronológico y el espacio geométrico violando sus leyes —hay una escena en la que se adentra en la Malvarrosa y llega nadando a San Sebastián—, incluso de sí mismo en su pueblo, cuando se enfrenta a una especie de doppelgänger. Por huir, huye incluso de los compromisos cinematográficos, cuando cierra abruptamente un filme emprendiendo una nueva carrera, supuestamente hacia Londres, sin establecer conclusiones ni dejar más explicación que unos lisérgicos títulos de crédito.

Pero es que esta película no es más que una especie de manifiesto y desahogo intelectual, la condensación de la historia de sus aficiones durante veinticinco años en una hora de imágenes alocadas y enfermizas. Quienes le conocemos sabemos re-conocerlo en el filme, y muy probablemente quienes no le conocen no quieran hacerlo. Hacen bien, porque a Manolo Valencia se le aprende a estimar como compañero de francachelas, como hedonista sin complejos y como individuo sin inhibiciones. Eso implica personalidad sin dobleces o hipocresías, y a toda persona con un mínimo de decencia o buen gusto esas depravaciones deben resultarle lejanas.

Pero para todos aquellos que se dejen llevar por sus instintos, y quieran saborear lo prohibido, deben saber que Manolín, junto con el fanzine 2000 Maníacos especial 25 aniversario, puede solicitarse en la página de Facebook de Manuel Valencia, o si preferís no tener tratos directos con un desequilibrado de tal índole, que también se vende en Futurama por 14 euros, y que la experiencia vale la pena. El DVD incluye 45 minutos extra, entre los que se incluye el interesante corto Sagrario, dedicado a su madre. Para que luego se diga que Manolo Valencia no tiene su corazoncito.

Y es que a pesar de esta debilidad emotiva, desde aquí sólo deseamos que Manolo siga poniendo imagen a nuestros deseos ocultos y a nuestras pequeñas depravaciones durante veinticinco años más.   

Escribe Ángel Vallejo

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