En clave de Ortifus (2015) de Ricardo Macián

  08 Abril 2015

Libre de tutelas políticas

en-clave-de-ortifus-1Xerea Films es una pequeña productora valenciana que de momento ha realizado dos cortos documentales, aunque  no renuncia en un futuro a dedicarse al largometraje o a la ficción.

Ha sido una de las primeras en recurrir al crowdfunding para financiar sus películas y ha cosechado un relativo éxito en los circuitos comerciales gracias a su buen hacer y a una nutrida red de contactos con gente comprometida con el audiovisual valenciano, tan maltrecho después del impresentable cierre de Canal 9.

Este desgraciado evento ha tenido como consecuencia una fuga de cerebros hacia otras autonomías más respetuosas con la creación cinematográfica, pero intentando sobrevivir a esa política de tierra quemada, y haciéndolo además con conciencia.

Xerea Films se ha dedicado en sus dos primeros trabajos a dar a conocer parte de la idiosincrasia cultural valenciana desde un punto de vista tradicional, pero no conservador ni tradicionalista, lo que redundaría en una apuesta por el talento local a pesar del actual estado de cosas.

En Fallas 1937 (2012), Óscar Martín reflejó la decadencia del espíritu crítico fallero durante el franquismo, contraponiendo el componente subversivo de las fallas republicanas del año 37 a la beatería que imperó en los monumentos a partir de la caída de la República. Fue una estupenda manera de mostrar que los valencianos no siempre habían sido complacientes con el poder autoritario y conservador, ni devotos del cerrado y la sacristía. Lo que se estaba sugiriendo además, es que no siendo ésta una actitud atávica, podía ser fácilmente superable por medio del esfuerzo, la renovación artística y el talento creativo.

De un modo vinculado tangencialmente a esa idea, En clave de Ortifus de Ricardo Macián ha querido rendir un acertado homenaje a una de las figuras culturales más polifacéticas de nuestra tierra, al músico, dibujante y por qué no decirlo, artista fallero que es Antonio Ortiz Fuster, Ortifus, mostrando no sólo la transversalidad de su talento, sino la plena compatibilidad del mismo con las vías de expresión artística tradicionales.

Así, se hace un repaso a su vida profesional, que incluye sus primeros pasos como empleado de banca hasta hacerse dibujante de plantilla de la Cartelera Turia o el diario Levante, sin olvidar que ha diseñado y construido fallas en Na Jordana, Blanquerías y Convento Jerusalén, y hasta decorado los interiores de un parking en la calle Pizarro.

Y si hacemos caso a la idea antes mencionada, la elección de Ortifus no es casual, puesto que, como se encarga de hacernos saber el documental, Antonio es un artista comprometido desde el humor con los aspectos más críticos del arte.

Nada escapa a la crítica, pero tampoco a la alabanza. Ortifus es capaz de homenajear a los grandes también haciendo uso del humor. Llama particularmente la atención una viñeta en la que mezcla a Dios con Paco de Lucía: como él mismo explica, si las cosas se hacen desde el respeto, el humor no puede resultar ofensivo, y tanto los devotos del altísimo como los del genio musical sabrán reconocer un homenaje con buen gusto. Todo un aviso para los navegantes de las procelosas aguas del fundamentalismo antiartístico.

En un aspecto técnico, el dibujante es protagonista en primera persona del filme, pero su presencia no resulta abusiva ni responde a un espíritu hagiográfico. La investigación que precede y da forma a sus intervenciones justifica plenamente el recurso a la autoexplicación personal del artista y está diseñada de un modo original: son los propios ciudadanos los que introducen algunos conceptos que luego Ortifus explicará. Pero que casan tan bien con su personalidad y trabajo que parecen introducidos ad hoc, con intención de darle al personaje la posibilidad de lucirse.

en-clave-de-ortifus-2

Sin embargo la respuesta puede ser otra: desde un punto de vista sociológico, es tal la fineza interpretativa del dibujante, que los miembros de la comunidad no pueden dejar de reconocerse en el retrato que de ellos se hace en sus viñetas y monumentos. La sociedad valenciana es también protagonista en un documental que no deja de recurrir a sus gentes, tanto ciudadanos anónimos como compañeros de profesión, como el también dibujante Paco Roca, representante de la generación de artistas gráficos llamados a recoger el testigo.

No podemos dejar de señalar sin embargo, que el acertado recurso a la gente de la calle chirría un poco cuando se entrevista a políticos de la tierra, algunos de ellos verdaderos manipuladores de la opinión pública, elementos subversivos del orden cultural, paradigma del actual estado de cosas. Creo sinceramente que podrían haberse ahorrado esas intervenciones: por exigencias de su propio oficio, los políticos suelen hacer uso del fingimiento y la impostura frente a las cámaras, lo que resta autenticidad a un documental que por regla general hace de la sinceridad virtud.

Sin embargo, el oficio de Ricardo Macián se impone a esas minucias. El realizador ya ha dirigido algunos documentales de temáticas muy diversas y participó como director de fotografía en Fallas 1937.

Sus intereses son profundamente sociales, y, la verdad, llama la atención que su talento haya pasado desapercibido cuando cuenta con documentales de enjundia como Hijos de la guerra (2002), Los ojos de Ariana (2007) o Tierra sin mal (2011), aunque eso quizá no sea más que un síntoma del poco predicamento del sector audiovisual en nuestra Comunidad. Nadie parece ser profeta en su tierra.

En ese sentido cabe aplaudir el surgimiento de productoras independientes como Xerea Films; quizá sean la muestra de un resurgir lento, pero seguro, y sobre todo, libre de tutelas políticas.

Escribe Ángel Vallejo

en-clave-de-ortifus-3