Retrato de Aida (2014) de Antonio Gómez-Olea

  18 Diciembre 2014

El deseo y el devenir

retrato-de-aida-1Retrato de Aída es el primer largometraje documental de Antonio Gómez-Olea —autor, también del largo de ficción El anillo de niebla (1985) y de cortos como Pneuma, Rayo de luna, Tirannicidio… o Contratiempos— que Cineteca proyecta en Matadero Madrid días 19, 20 y 21 de diciembre de 2014.

La casualidad existe, eso lo sabían bien los surrealistas, que creían firmemente en ese “azar objetivo” que hace que el deseo del individuo y el devenir ajeno a él confluyan de forma inexplicable, en determinado momento, dando lugar a acontecimientos decisivos capaces de transformar el destino de sus protagonistas.

La coincidencia en este caso nació del encuentro entre la idea de un director (Antonio Gómez-Olea), la intención de un artista (Guillermo Oyágüez Montero) y el deseo de una actriz (Aida Folch) por experimentar conjuntamente el fenómeno real de la creación artística a través de la relación que se establece entre el artista y su modelo durante el tiempo de realización del cuadro y cómo ésta afecta al proceso y resultado final de la obra.

La idea

Antonio Gómez-Olea (productor, director y guionista) conoció a Guillermo hace cinco años en un curso de pintura en Priego de Córdoba y se hicieron amigos. Después, Antonio, cineasta primero y “aficionado” —como él se define— a la pintura después (reciente licenciado en Bellas Artes), realizó un cortometraje, el último hasta la fecha, titulado Guillermo Oyágüez Montero (2012). La película es un retrato cinematográfico de 29 minutos sobre este artista figurativo malagueño admirador de Richard Diebenkorn, que cultiva varios géneros artísticos (paisaje, retrato, obra sacra…) y al que le encanta dibujar en los aviones.

La curiosidad por explorar la influencia que la relación personal (que el artista establece con su modelo) tiene en el proceso de creación de un retrato pictórico y su consecuente desenlace final adquirió consistencia en la mente del director a partir de esta primera colaboración con Guillermo y se materializó cuando el azar puso en el camino de ambos a Aida Folch (a la que ninguno conocía personalmente), que acababa de vivir una experiencia similar en el cine.

Esta nueva casualidad que hacía coincidir el proyecto de Antonio con la película de Fernando Trueba El artista y la modelo (2012) interpretada por Aida, fue la causa de que ella aceptara encantada esta propuesta, que le permitía sentir la experiencia real de una modelo auténtica, que como actriz ya había vivido.

Igual que hiciera Henri-Georges Clouzot en El misterio Picasso (1956), intentando expresar la desbordante capacidad creadora picassiana, o Víctor Erice en El sol del membrillo (1992) capturando la demora y el diálogo permanente de Antonio López con el lienzo, el director bilbaíno ha intentado captar con la cámara la esencia de esa relación natural/personal que durante la realización de un retrato nace, fluye y desemboca en una obra que indefectiblemente se verá afectada por ella.

El proceso

A partir de un guión de treinta páginas, el director otorgó a sus protagonistas libertad para interactuar con naturalidad intentando camuflar la presencia de las cámaras (cada personaje está rodado con una) en la oscuridad del estudio hasta conseguir que ambos olvidaran que se estaban interpretando a sí mismos. 

Durante unas veinte sesiones, a lo largo de más de un año, el artista y su modelo comparten un vínculo emocional que evoluciona en libertad, en el tiempo, a través de conversaciones (sobre sí mismos, sus respectivas profesiones, intereses, pensamientos…), reflexiones (más o menos incómodas sobre la filosofía del arte, la inspiración, el estilo, el ego… que Aida suscita en Guillermo) y silencios que repercuten, aunque no se sabe en qué concretamente —como dice, en cierto momento el artista— en el resultado final de la obra.

La película es fiel al desarrollo completo de los acontecimientos reales: comienza con la visita de Aida a la exposición de Guillermo en la galería Nolde de Navacerrada donde decide aceptar su propuesta de ser retratada, y termina con la recepción de la obra embalada en su casa. Entremedias, la modelo posa y el artista crea. Por ella, con ella y para ella. Bocetos, apuntes, aproximaciones… que preceden al cuadro: la composición, el encaje, las dudas e inseguridades… que lo van conformando y reformando; y finalmente… la soledad del artista ante la decisión de terminar su obra cuando se apaga la magia que ha alumbrado su creación.

retrato-de-aida-2

El acabado final

Paralelamente al cuadro de Aida que el artista ejecuta, el director construye un retrato fugaz de sus protagonistas. En él, a través de pinceladas discontinuas en plano-contraplano, compone un lienzo visual de 84 minutos en los que después de sus personales arrepentimientos y dudas ha intentado mantener la coherencia narrativa (con alguna digresión innecesaria) y la fluidez del discurso en una estructura dramática consecuente.

Bajo la piel de documento artístico-cinematográfico Retrato de Aida se convierte gracias al azar en una propuesta casi conceptual que intercepta la realidad, desde distintas perspectivas, para hacer de ella una experiencia interrelacional de elementos que se contienen y se expanden en significados puramente aleatorios que provocan múltiples percepciones.

El resultado es una película sincera, sencilla, honesta, constructiva y todo lo espontánea que un documento de este tipo puede ser, en la que el acabado final (en esto la obra pictórica y la cinematográfica coinciden) es sólo uno más entre los infinitos posibles. Si no fuera así, ni cine ni  pintura serían arte.

Escribe Purilia

retrato-de-aida-3