Entrevista a Christian Petzold, director de “Bárbara”

  16 Abril 2013 “Con la cámara me encuentro en una especie de exilio desde el cual intento llegar a una historia”

barbara-petzold-2Christian Petzold se ha convertido en los últimos años en uno de los pilares del cine de autor alemán. Fue premiado con el Oso de plata por su trabajo de realización en Bárbara en la Berlinale, el Festival internacional de Berlín del 2012.

Bárbara supone el quinto papel que Nina Hoss protagoniza bajo la dirección de Christian Petzold. Este tipo de colaboración recuerda a la que mantenía Fassbinder con Hannah Schygulla y Barbara Sukowa.

Petzold concibió Bárbara como una película histórica a pesar de que la década de los ochenta no esté tan alejada en el tiempo. Sin embargo, en esos años Alemania estaba partida en dos, al igual que muchos de los corazones que vieron con angustia, y, de la noche a la mañana, que se les separaba definitivamente tanto de sus familiares, como de sus sueños.

La historia de Bárbara se desarrolla en la parte oriental de Alemania y aunque se trate de una época aparentemente concluida, todavía hoy se pueden percibir sus heridas en buena parte de la población. Desde esa perspectiva hay que considerar a Bárbara como una película histórica y este desgarro interno, que permaneció en muchos ciudadanos alemanes, anidó también en la propia biografía de Petzold: “Mis padres huyeron del socialismo y al mismo tiempo continuaron echándolo de menos. En mi película he intentado reencontrar este tipo de desgarro que mis padres tenían”, nos comenta.

A lo largo de la entrevista nos damos cuenta de que a Petzold no le gusta mucho hablar de sí mismo. Sin embargo, hablar de Bárbara supone irremediablemente hablar sobre aspectos de su propia biografía y, por tanto, mostrarse no sólo como realizador, sino también como persona.

—¿Tenía ya en mente que actores interpretarían su película mientras escribía el guión?

—No, es una ventaja cuando se escribe una historia abierta en forma de esbozo. Es decir, es como un arquitecto que mira el tipo de materiales que va a tomar y que habla con las personas que van a vivir en la casa. A veces es bonito cuando uno escribe algo y no sabes quién lo va a interpretar.  Lo que hice es hablar con Simone Bär, con quien desde hace una eternidad realizo los castings y veo lo que ella me propone. En el casting escucho a los actores, nunca veo un vídeo de ellos. Escucho sus voces porque aunque les conozca, en su voz encuentro la verdad del personaje.

—¿Realizó usted algún tipo de adaptación del guión para Nina Hoss?

—Cuando uno trabaja con alguien como Nina con quien ya se tiene un tipo de proyecto muy intenso desde hace algunas décadas, en el momento de la escritura mi postura cambia con respecto a su personaje. No la describo más, sino que nace de la situación y no la apoyo literariamente porque sé que ella está presente y tengo que tener un respeto a esto. Doy libertad de acción y de movimiento no sólo a Nina, sino también a los demás actores.

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—Es la quinta película que usted rueda teniendo a Nina como personaje principal, al mismo tiempo su papel es bastante diferente a los anteriores...

—Durante el rodaje de Jerichow (Triángulo, 2008) tuve la impresión de que esta vez tenía que hacer algo diferente con Nina, también con el final. No quería llevarla siempre a la tragedia como buen realizador de cine de autor y esperar entonces a que ella muriera. Hablé con Nina y le dije que por una vez quería hacer una película que terminara como si el autor se fuera a casa y los protagonistas continuaran por su cuenta.

—¿Cómo fue el trabajo de rodaje y con los actores?

—Nosotros trabajamos juntos e intensivamente durante largos periodos de tiempo. Dado que Bárbara es un film histórico, quería que estuvieran todos los lugares históricos y elementos de vestuario, antes incluso de que iniciáramos los ensayos porque son espacios con los cuales los actores se tienen que familiarizar, con los que tienen que identificarse y desarrollar empatía, no sólo en el guión y en su imaginación, sino también en lugares reales.

Así que lo construimos todo y estuvimos con los actores dos o tres días en Berlín y, antes de empezar a leer el guión juntos, les conté cómo surgió en mí la idea de realizar la película. No me fue del todo fácil, pues yo intentaba realizar una historia sobre Alemania del este, viniendo yo del oeste, algo que en Alemania, en esa especie de astucia que tenemos algunas veces, no nos gusta demasiado. Consideramos que aquél que ha experimentado la historia puede escribirla y no aquél que viene de fuera. Sin embargo, la historia de la narración mundial es siempre la historia del que viene de fuera. En El gran Gatsby el narrador es el único que no ama, por eso me parece correcto que uno permanezca fuera.

—¿Cómo definiría usted su cine? ¿Qué quiere expresar haciendo películas?

—Para mí es muy difícil pensar sobre ello. Existen algunos libros publicados sobre mi trabajo que son realmente buenos, ya que están escritos de manera muy inteligente, pero sólo puedo leer un par de páginas, ya que me acaba entrando miedo. Lo que sí es seguro es que muchos de mis personajes no se sienten a gusto en su piel. Probablemente esto tiene que ver con que mis padres fueron refugiados de la Alemania del este y que yo creciera en una barriada de casas prefabricadas, siendo allí un outsider.

Entre los seis y dieciséis años viajé frecuentemente para visitar a mis familiares de la parte oriental. Mis padres se adaptaron al oeste de manera excesiva, lo que llevó a que se convirtieran más todavía en extraños. Todo esto son temas que me mueven y no me dan tregua, pero prefiero pagar dentro de 10 años a un psicoanalista, a quien le pueda contar esto, en vez de rodar conscientemente películas debido a ello.

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—En Bárbara está muy bien conseguida la atmósfera de la República Democrática Alemana, ¿cómo lo logró?

—Simplificando las cosas. O te decides a construir un escenario enorme, algo que se usa en exceso en las películas alemanas. Sólo hay que pensar en la misma calle que aparece en casi todas las películas que tratan de la época nazi (1). Esto es algo que se me atraganta.

Los escenarios de Chinatown de los años cuarenta son mucho más interesantes. Chinatown no da la impresión de ser un escenario de película, ya que se agregaron elementos de atmósfera como la aridez, el calor agobiante, la sequedad, el sudor… Yo pensé que así es como deberíamos hacer una película histórica.

También volví a ver Händler der vier Jahreszeiten (El mercader de las cuatro estaciones), de Fassbinder, porque esta película consigue con medios sencillos trasladar un sentimiento y sentido de la historia. Cuando esto se consigue, se convierte en recuerdo, como el que proviene de tu pasado. Es como en el caso de esos olores que ponen la cadena de recuerdos en movimiento. De esta manera creo que se debe poner la historia en escena. Así o en el extremo contrario: frío y con gran distancia, como en el caso de Bresson.

—En todas sus películas los personajes principales son mujeres...

—Sobre esto también debería pensar seriamente... Escuché una vez que se podían agrupar a los directores en tres grupos: los pintores, los músicos y los literatos. Yo me incluiría en el grupo de los literatos. Aunque no escribo guiones porque piense que en el mercado predomine muy poca calidad, sino porque es mi pasión y mi necesidad.

Creo que hay dos tipos de directores: los que les gusta hacer películas de personajes masculinos y los de personajes femeninos. Por ejemplo, David Lynch es un director de mujeres, mientras que John Ford es de hombres. Esta diferenciación dice algo de cómo uno mismo se proyecta en el mundo. A las mujeres de mis películas no les he dado una mirada de deseo, como hace por ejemplo Hitchcock, en sus películas ellas son como inalcanzablemente alcanzables, quiero decir,  forman parte de un proceso de convertirse en fetiches.

—¿Entonces cómo ve usted a sus personajes femeninos?

—A mí me interesan figuras de mujeres cuando son lo que yo no soy, cuando son algo ajeno o desconocido para mí. No quiero penetrar en un personaje y mostrarle la manera correcta por donde se ha de ir. Ya existen bastantes películas de ese tipo. A mí me interesan personajes femeninos sólo y cuando no me pertenezcan. En mis películas ellas se encuentran en algún tipo de exilio e intentan contactar con el mundo de nuevo. Generalmente intentan salir de ese exilio y encontrar un acceso al mundo. Con la cámara me encuentro yo también en una especie de exilio desde el cual intento llegar a una historia. De esta manera está en correlación lo uno con lo otro.

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Durante la entrevista comentamos que uno de los aspectos que más me gusta Bárbara es que la recreación de una atmósfera que se mantiene presente en toda la película y que refleja en determinados momentos el interior de los personajes. Le pregunto sobre una de mis escenas favoritas en la que Bárbara se introduce con la bici en el bosque y el viento se levanta amenazador sobre ella. Petzold sonríe y comenta que exactamente ese momento en donde el paisaje se vuelve tan intenso e hiriente era lo que buscaba para la escena.

El próximo proyecto de Petzold tendrá que ver también con la historia alemana y aunque no quiere revelar mucho sobre ello, pero nos dice que tratará de una mujer que después de Auschwitz intentará recuperar su vida.

Escribe Laura Bondía


Notas

(1) Petzold se refiere aquí a la calle berlinesa que fue construida originalmente en los estudios Babelsberg para la película Sonnenallee (1999) y que desde entonces se ha reutilizado en diversos filmes que tienen lugar en el Berlín de los años treinta y cuarenta. Seguro que el lector recordará la calle a la que Petzold hace referencia, pues se utilizó también en producciones internacionales como El pianistaMalditos bastardos (ambas rodadas en los estudios Babelsberg en Postdam).

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