María Asquerino, adiós a una gran actriz

  05 Marzo 2013

maria-asquerino-2

Los cómicos, los grandes de nuestra escena, también de nuestro cine y de nuestra televisión, se van despidiendo. Nos han dicho adiós ya demasiados en no muchos años: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Manuel Alexandre, Tony Leblanc, Fernando Guillén.

Ellos quizá sean los más sonados, pero ellas, grandes, importantes, señaladas,  también han existido y también nos han dejado. No hace mucho se despidió para siempre Aurora Bautista, que señaló toda una etapa, gloriosa o desgraciada, de nuestro cine. O ahora, como quien dice ayer mismo, María, o más bien Maruja Asquerino, una gran actriz, una gran mujer, luchadora, inconformista, libre también nos abandonó.

Había nacido en 1925, o quizá un año o dos más tarde. María no negaba ni una ni las otras fechas. Sus padres fueron dos actores, Mariano Asquerino y Eloísa Mur. Según María, su padre era muy blando y su madre poseía mucho carácter.

En la vida de María Asquerino hubo amores cortos o largos, ninguno definitivo. No tuvo hijos, murió sin descendientes, pero, eso sí, tuvo una gran familia: la de los grandes actores y actrices de nuestro cine, de nuestra escena, que en su marcha le rindieron un último homenaje en el Teatro Español, donde se organizó su sepelio.

Se encargó de ello la fundación AISGE (Sociedad de Gestión de derechos de Artistas e Intérpretes) a cuya asociación pertenecía. Su presidente, Pilar Bardem, recordó a la “amiga y compañera que siempre significó un ejemplo de independencia y vitalidad. Una mujer de la que será imposible olvidar su legado tanto humano como artístico”.

Utilizó hasta mediados de los años cincuenta el nombre de Maruja, aunque muchos siempre la recordarán siempre con ese nombre más que con el de María.

Debutó en teatro con 13 años, en una obra de Jardiel Poncela, pasando luego a formar parte de la compañía del teatro de la comedia de Madrid. En cine su debut tuvo lugar en 1941, interviniendo en Porque te vi llorar de Juan de Orduña, director con el que volvería a trabajar en títulos como Pequeñeces o Agustina de Aragón.

maria-asquerino-surcosEn los años cuarenta y comienzos de los cincuenta intervino en muchas películas aunque no en papeles principales. Otro de los realizadores con los que trabajó con frecuencia fue con Rafael Gil. Lo hizo en Don Quijote de la Mancha, Teatro Apolo o La noche del sábado.

A pesar de que varias de esas películas las vi, y también otras de aquel periodo tal cual es el caso de Séptimo página de Ladislao Vajda (con el que volvió a trabajar en Tarde de toros), Facultad de Letras de  Pio Ballesteros o Don Juan de Serrallonga de Ricardo Gascón, mi recuerdo de la actriz va unido a su papel de mujer dura en la sorprendente Surcos (1950) de Nieves Conde, uno de los filmes imprescindibles de la historia del cine español.

Después la actriz intervendría en muchas otras películas interesantes, curiosas, necesarias. También en otras fácilmente olvidables.

Ciñéndonos a las primeras hay que recordarla en varios de los filmes, como director de Fernando Fernán Gómez, comenzando con su debut como realizador, Manicomio y continuando con Mambrú se fue a la guerra, El mar y el tiempo y Fuera de juego. Intervino también en otras películas en las que  Fernán Gómez sólo fue actor. Citemos algunas: Facultad de letras, Aeropuerto, La otra vida del Capitán Contreras o La vida en un bloc. En sus Memorias, libro que publico en 1987, se puede leer que estuvo muy enamorada de Fernán-Gómez y que se arrepentía de no haber tenido un hijo suyo.

Se casó siendo muy joven, “tuve una infancia triste y solitaria, me casé a los 17 años con un hombre muy celoso; era lo que hoy se llamaría un maltratador y yo era una cría”. Un matrimonio que no prosperó. Entre sus conquistas contaba su encuentro con Orson Welles en un festival de Cannes. Bailaron juntos en una fiesta. Después el actor-director-autor trató de convencerla de que la acompañase a la habitación de su hotel a lo que María se negó, “no me importaba el qué dirían, no acepté porque no me apetecía”. 

En los años setenta trabajó en varias películas de interés, dirigida por realizadores con clase. Entre ellas se encuentran La noche y el alba de Forqué, Los atracados de Rovira Veleta, Amador de Regueiro, A tiro limpio de Pérez Dolch (volverá a trabajar en el remake de este filme que en 1996 dirige Jesús Mora), De cuerpo presente de Eceiza, Goya, historia de una soledad de Nino Quevedo y, sobre todas en Ese oscuro objeto del deseo de Luis Buñuel.

A finales del siglo pasado y a largo de éste María aun siguió haciendo cine (y teatro). Intervino entre otras en Nadie hablara de nosotras cuando hayamos muerto de Díaz-Yanes, Muertos de risa y La comunidad, ambas de Alex de la Iglesia, así como en Hotel Danubio, remake de Los peces rojos de Nieves Conde, dirigida por Giménez Rico y en Tiovivo, 1950 de Garci. Su último trabajo para el cine fue en Pagafantas (2009) de Borja Cobeaga.

Trabajó igualmente en gran cantidad de series televisivas, incluida su aparición en episodios de la inacabable Cuéntame. Algunas de las series, o programas en los que intervino fueron: Sonata de estío, según la obra de Valle Inclán, de Mendéz-Leite, Página de sucesos de Antonio Gimenéz-Rico, Cómicos de Francisco Abad o La habitación del niño de Alex de la iglesia.

maria-asquerino-3Y en teatro fueron muchas y muchas obras las que interpretó a lo largo de sus años de gran cómica. Fueron obras de autores clásicos y modernos entre los que se encontraban Lope de Vega, Buero Vallejo, Alfonso Sastre, Valle Inclán, Euripides, Goldoni, Dürrenmatt, Eduardo de Filippo…

Uno de sus grandes triunfos escénicos fue, en los años setenta, con la obra de Antonio Gala, Anillos para una dama, en la que interpretaba el papel de Doña Jimena, viuda ya del Cid Campeador.

Sus últimas apariciones en escena fueron en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional con Roberto Zucco de Koltès, Flor de Otoño de Rodríguez Méndez y Tio Vania de Chejov.

Después de Tío Vania decidió retirarse: “Empecé a ver a algunos actores que ya no deberían estar trabajando con la edad que tenían y a los que la gente les ponía un poco verdes. Así que decidí retirarme. Siempre he tenido buena memoria para aprender los papeles que me tocaban, pero ya no era la misma. Eso también influyó. Me marché cuando quise. Me fui con un autor importante como Chejov y además en un teatro importante y público. Me fui porque ya era hora de dejar de hacer el tonto”.

Fue una mujer activa, progresista, combativa: “la dictadura ocupó mis mejores años, pero eso me dio fuerzas para luchar, mi estatura y mi voz me hacen parecer una marimandona pero en el fondo soy una tonta y una blanda”.

Libre, moderna, fue adicta a la noche madrileña, a sus tertulias, primero en el Oliver y más tarde en el Bocaccio donde tenía una mesa siempre reservada. En esos lugares compartió y debatió con personas como Jose Luis Balbín, José Luis Coll o Juan Diego. En los últimos años iba al bar del Teatro Español, donde se aposentó en su muerte: “en el café de El Español me tratan muy bien y puedo charlar con mis compañeros de profesión. A este teatro quiero que me lleven cuando muera”.

No fue realmente en Tío Vania donde subió por última vez al escenario, sino en El Español donde participó, con dirección de Mario Gas, en una lectura de Don Juan.

A María Asquerino, la actriz alta y de bellos ojos, le tocaban casi siempre papeles de mujer fuerte o malvada. De esas que “generalmente tengo que interpretar con un cigarrillo en la boca”.

Su inmenso papel de Pilar en aquella luminosa Surcos, fue, ya quedó dicho, el primer recuerdo cinematográfico que quedó grabado en mi cuando vi aquella película hace muchos años. Ni ella, ni aquella película se borraran nunca de mi mente. Una y otra formaran parte siempre de la excepción de aquellos años miseria, de hambre de pan y de cultura.

Escribe Mister Arkadin

maria-asquerino-1