El Sur (Víctor Erice, 1983)

  08 Noviembre 2012
El Sur: un espacio invisible

¿Qué podemos amar que no sea una sombra? 
 (Hölderlin) 

el-sur-9El objeto de estudio de este trabajo es la película El Sur de Víctor Erice, que vio la luz el año 1983. Se trata del segundo largometraje del director español, rodado diez años después de su primera obra, que le consagró como un director clave dentro de nuestro cine y también a nivel internacional: El espíritu de la colmena (1973).

Este estudio se ha titulado El Sur, un espacio invisible, puesto que, como se analizará a continuación, las circunstancias de producción obligaron a frenar lo que habría sido una continuación de la historia y hacen que el Sur sea, además de una narración jamás filmada, un espacio de sombras y recuerdos, de ahí el espacio invisible: lo que no se ve.

La elección de esta película como elemento a analizar en este trabajo viene dada por su condición de obra maestra: bajo unos elementos formales, una estética muy cuidada y unos personajes con una psicología muy elaborada, Víctor Erice vuelve a tratar el tema del viaje iniciático, del paso de la infancia a la madurez, como ya hizo en El espíritu de la colmena.

También el tema del exilio, ya que los personajes viven un exilio exterior, pero también interior marcado por la soledad y la angustia que se inserta en el contexto socio-histórico en el que se inscribe el film, la España de la posguerra durante los años 50. Aunque, al comienzo se nos muestra el contexto histórico, la narración es intimista y existe un intento de conexión entre la simbología y el imaginario social y político del espectador.

El Sur es un film basado en un relato corto e inédito de la novelista española Adelaida García Morales y relata la historia personal del médico y zahorí Agustín Arenas (Omero Antonutti) desde su llegada al Norte junto a su mujer Julia (Lola Cardona), maestra represaliada tras la Guerra Civil y su hija Estrella (Sonsoles Aranguren / Iciar Bollaín), con quien mantiene una estrecha y mágica relación.

Esta familia convive en una casa llamada La Gaviota durante la España de los años 50, así se inicia la película con el título “Otoño, 1957”. La película narra la relación entre Estrella y su padre, marcada por el difícil recorrido de Estrella desde su infancia hasta su adolescencia bajo la sospecha de que hay algo que está oculto en la vida de su padre.

El Sur fue un largometraje concebido por él como un film de mayor duración en su versión original y con una segunda parte, según ha declarado Víctor Erice en una entrevista concedida a Versión Española (Erice, 2011): “El plan de trabajo contemplaba 81 días de rodaje y la película fue interrumpida por la producción cuando se llevaban apenas 48 días, es decir, que todavía quedaban 33 días de trabajo”.

Sin embargo, esa segunda parte nunca llegó a filmarse por problemas de producción. Erice explica en esta entrevista que, para él, el largometraje tiene un “carácter inacabado, incompleto” y que eso se puede “encontrar en las imágenes”. Víctor Erice, en el guion original, no pretendía reducir el Sur “a unas cuantas postales”, tal y como explica en la entrevista, dada la estrecha relación con Andalucía que le empujaba a mostrarla. En esta continuación del largometraje hablaba de un viaje de Estrella al sur, a Carmona, un municipio de Sevilla, donde conocería a su hermanastro, fruto de Agustín con la otra mujer y en dónde pasaría la adolescencia descubriendo el amor de su padre, dejando atrás la inocencia de la infancia y realizando el viaje que su padre nunca pudo hacer.

La decisión de frenar el rodaje fue tomada por la producción por motivos económicos. Elías Querejeta, quien fue productor de la película, ha hecho que a día de hoy la obra se conciba como lo que es, una pieza maestra donde el Sur es un lugar simbólico que tan solo se deja ver en las postales, enigmático y reflejo de una utopía inexistente, es el lugar que no se ve y que nunca llegará a verse —aunque esto no gustase a Víctor Erice—, invisible a los ojos del espectador pero donde se proyectan las sombras de todos los personajes que aparecen en la película.

En el siguiente trabajo se dará una aproximación al director y realizador, así como al contexto histórico de la producción en el que se enmarca El Sur, un contexto calificado como cine de la transición y marcado por la “ley Miró” y la llegada al poder del Partido Socialista.

Comenzaremos con una sinopsis argumental de la película para entender su posterior análisis: estructura narrativa de la película, punto de vista, retrato psicológico profundo de los personajes, análisis de los diferentes espacios que aparecen en la película, su significado y simbología, a continuación los elementos formales, la fotografía y la puesta en escena que caracterizan el cine de Víctor Erice, para acabar con una conclusión sobre la obra.

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Sobre Víctor Erice

Víctor Erice nació en Carranza (Vizcaya) en 1940, pero con pocos meses se trasladó hasta San Sebastián, donde vivió con su familia hasta los diecisiete años. Allí cursó el Bachillerato Superior y al finalizar se trasladó a Madrid para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Central, aunque esto sólo fue un pretexto para acercarse al Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, donde entraría posteriormente en el año 1961.

Allí realiza los cortometrajes de prácticas como En la terraza de 16mm (curso 1960-61); Entrevías de 16mm y Páginas de un Diario Perdido de 35mm (curso 1961-62) y finalmente Los días perdidos de 35mm con el que se gradúa en el curso 1962-63. Durante su etapa de estudiante ejerció como crítico en Cuadernos de Arte y Ensayo y en Nuestro Cine, época imprescindible para entender su evolución como cineasta.

Nuestro Cine aparece en 1961 impulsada por José Ángel Ezcurra y José Monleón. Es en la primera etapa que dura hasta 1965, concretamente desde el número 2 al 46, en la que colabora Víctor Erice. Existen unas líneas maestras que determinan la ideología de la producción crítica de Víctor Erice, a saber: se impone como modelo el realismo crítico, tomando como punto de partida los logros del ala izquierda del neorrealismo italiano; se concibe el cine dentro de unas coordenadas históricas, sociales y culturales, y no como un movimiento estético autónomo; el estilo se concibe como algo inseparable de la concepción del mundo que lo determina y se busca la lucha contra la falta de moral del cine español buscando un cine realista y posible; finalmente ocuparse de movimientos y de cineastas que no llegan a España por la censura, como el caso de Antonioni (Arocena, 1996).

el-espiritu-de-la-colmena-1En 1973 realiza su primer largometraje en solitario, El espíritu de la colmena, precursora de El Sur y cuyo paralelismo es bastante claro en cuanto al viaje iniciático que ambas protagonistas toman, Ana y Estrella, la primera desde la ficción y la segunda desde la realidad.

Resultó ganadora en el festival de cine de San Sebastián, recibió el Hugo de Plata en el festival de Chicago y se reestrenó en 2004. Se trata de una película que describe el exilio interior, la tristeza y la soledad a la que se ve sumida la sociedad española tras la victoria del régimen franquista y sienta las bases de lo que sería el cine posfranquista.

Tras el estreno de esta película, Erice se dedicó un tiempo a la realización publicitaria y de programas en TVE. Diez años después nace El Sur (1983), el objeto de estudio de este trabajo, que fue presentada con gran éxito en el festival de Cannes y ganadora de varios premios en Chicago y Sao Paulo.

Y, tras esta película, Erice vuelve de nuevo a la dirección de televisión y publicidad.

El sol del membrillo (1992) es su último largometraje, se trata de un retrato documental del pintor hiperrealista Antonio López, fue premiada en Cannes y Chicago.

Su obra cinematográfica en cuanto a largometrajes es escasa, normalmente por circunstancias de producción y ajenas al propio director, pero se trata de una obra relevante, puesto que cada uno de sus largometrajes es un punto de inflexión dentro del cine español contemporáneo.

Desde 1995 hasta la actualidad ha hecho algún cortometraje, participado en largometrajes colectivos y otros proyectos; sin embargo, sus principales obras a destacar son las comentadas anteriormente.

Víctor Erice, en su condición de crítico realista, se decanta por un cine conectado a un contexto socio-histórico y critica el cine falto de compromiso y superficial que no establezca esta conexión, una conexión con una sociedad española que ha vivido una Guerra Civil.

No obstante, su manera de contar la realidad aboga por una poética visual que se ve plasmada en el cuidado meticuloso de todos los aspectos formales que conforman sus obras, porque la realidad puede contarse de muchas maneras, y una de ellas es como Erice lo hace.

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El sur en el contexto del cine español de los años 80

La película comienza a rodarse un 6 de diciembre de 1982 lo que la inserta dentro del marco del cine español de la transición. La transición política en España finalizó el año 1982 con la llegada al poder del Partido Socialista tras las elecciones del 27 de octubre ese mismo año.

Poco antes de comenzar a rodar la película, el 1 de diciembre de 1982, la cineasta Pilar Miró accedió a la Dirección General de Cinematografía, que posteriormente se convertiría en el Instituto de Cinematografía y Artes Visuales.

Pilar Miró, licenciada en Derecho y realizadora de TVE, fue la primera relacionada con la profesión en acceder al cargo.

El 12 de enero de 1984 se publica un Real Decreto, también conocido como “ley Miró”. Fueron varias las medidas que se incluían en este decreto, entre ellas se encontraban: reducción a cuatro de las licencias de doblaje que pudiesen generar los largometrajes y aumento de los ingresos a generar para conseguirlas; trata de cambiar las proporciones de la producción cinematográfica española, potenciando las películas de interés; aparecen las salas X para películas con contenido erótico o violento, así como también se invierte en la difusión de la producción nacional en festivales extranjeros. Sin embargo, el mayor cambio producido fue la subvención anticipada de un 50% para las películas.

Durante este período, hubo acusaciones de amiguismo y también del fomento de un cine basado en grandes obras literarias. Así, el cine español pierde más de la mitad de sus espectadores y cada vez se ensalza más el cine agraciado y se discrimina el cine experimental, de autor o popular que se reduce a circuitos marginales.

En 1985, España ingresa en la Comunidad Económica Europea. El cine también adquiere un corte más europeo con una mirada más internacional, es por eso que se empieza a proyectar y adquirir más renombre en festivales de fuera de España, como es el caso de El Sur en Cannes.

Durante esta época, los productores con más solvencia —como el productor de El Sur, Elías Querejeta o Andrés Vicente Gómez, entre otros— trataron de solucionar estos problemas. Televisión Española comenzó a firmar convenios con la industria cinematográfica que dieron como fruto obras como La colmena (Mario Camus, 1980) o Crónica del Alba (Betancor, 1981).

Más tarde, TVE continuó financiando más títulos españoles. Además, con la consolidación del Estado de las Autonomías y la aparición de las televisiones propias se produjo una estrecha colaboración en la financiación de películas españolas.

Así pues, encontramos que durante estos años son diferentes las propuestas cinematográficas que se nos presentan y que confluyen en un mismo punto, tanto las que provienen de los viejos postulados, como de aquellas generaciones nacidas durante la transición y que quisieron romper los moldes tradicionales.

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Sinopsis argumental

El inicio de la película nos sitúa en el año 1957, concretamente en otoño cuando sucede el suicidio de Agustín Arenas, el padre, médico y zahorí.

A partir de este momento, su hija Estrella comienza una narración retrospectiva en la que recuerda la historia de su padre desde su nacimiento. La familia viaja de un lugar a otro mientras Agustín busca un trabajo fijo que, finalmente, encuentra en el norte como médico. Mientras tanto, en La Gaviota, Agustín se encierra en el desván a realizar experimentos, que Estrella intenta observar tras la cerradura.

Agustín posee poderes que trata de mostrarle a Estrella enseñándole cómo utilizar el péndulo. Agustín proviene del Sur y su pasado es un misterio que Estrella va descubriendo a través de las palabras de su madre. Julia le cuenta a su hija que su padre abandonó el Sur a raíz de una discusión con su abuelo, lo que le hizo no volver más. Sin embargo, el pasado y también el Sur son una fantasía para Estrella, que recrea en su mente de niña ese lugar mediante unas postales.

Una tarde de mayo, la víspera de la primera comunión de Estrella, llegan a La Gaviota dos mujeres, su abuela y Milagros, la criada. Milagros le cuenta a Estrella durante la noche que fueron conflictos políticos los que Agustín tuvo con su padre y el motivo principal de que éste no volviese al Sur. Puesto que Agustín es reacio a entrar en la iglesia, a Estrella le preocupa que su padre no asista a la ceremonia de su primera comunión. Sin embargo, le sorprende verlo al fondo, apartado del resto de los asistentes de la ceremonia.

Tras la celebración de su primera comunión y por esa época, Estrella descubre que en la vida de su padre había otra mujer, a través de un papel donde está escrito el nombre “Irene Ríos” y dibujado el rostro de esa mujer. A partir de ese momento, Estrella trata de conocer quién es esa mujer pero su madre lo desconoce y no puede responderle. Su curiosidad le lleva a descubrir el nombre de Irene Ríos en una cartelera de cine y Agustín va a ver la película.

Pero al terminar, Estrella le espía y le ve escribir una carta. Esta carta va dirigida a un amor pasado quien le responde que no quiere mantener ningún tipo de contacto con él. Agustín huye y a su vuelta se encierra en el desván sin mantener relación con nadie. Estrella, esperando una respuesta de éste, se esconde debajo de la cama. Sin embargo, su padre no acude en su búsqueda y tan solo golpea el suelo con un bastón.

El paso del tiempo provoca el crecimiento de Estrella, quien continúa en su búsqueda, manteniendo la correspondencia con Milagros y buscando información sobre Irene Ríos, aunque no vuelve a ver su nombre.

Agustín, en crisis por haber perdido la relación con su hija, la invita a comer al Gran Hotel, donde trata de recuperar la relación perdida. Allí, Estrella pregunta a su padre por Irene Ríos y él en ningún momento le cuenta la verdad. Al otro lado de la mesa, se está celebrando una boda donde suena el mismo pasodoble que padre e hija bailaron en la ceremonia de la primera comunión. Pero eso ya no significa nada para Estrella y deja a su padre solo y desolado, sentado en la mesa.

Después del reencuentro de ambos y la trágica situación, Agustín se suicida junto al río y, entre sus objetos, encuentra dentro de su cartera el recibo de una conferencia telefónica realizada al Sur la misma noche de su muerte. Tras una llamada de Milagros, Estrella hace sus maletas y decide emprender un viaje al Sur, hacia la tierra de su padre que nunca ha visto y donde, tal vez, pueda conocer el secreto de su pasado.

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Estructura narrativa: fragmentos

La película transcurre en un tiempo fechado —aunque no concreto como ocurre en El espíritu de la colmena—, ya que al comienzo de la película, Víctor Erice sitúa al espectador en otoño de 1957, la posguerra española. También existe un espacio fijado geográficamente y es una ciudad del Norte de España, “rodeada de murallas a orillas de un río” como explica Estrella al comienzo de la película. Allí se encuentra La Gaviota, la casa alquilada donde ellos viven, una casa “situada en tierra de nadie, justo entre el campo y la ciudad”.

En cuanto a la estructura, El Sur no se ajusta a la estructura clásica de prólogo, desarrollo y desenlace, es decir, a una estructura lineal. Se podría decir que El Sur está constituida por secuencias como fragmentos de recuerdos —pedazos que van contando una historia— hilvanados mediante elipsis temporales. La lógica de estos fragmentos obedece a la memoria de Estrella —y en ocasiones incluso a ensoñaciones—, quien va contando al espectador la relación con su padre.

El punto de vista desde el que está narrada la película es el de Estrella, la voz en off de una Estrella adulta que va reconstruyendo el pasado de una Estrella niña, quien recorre un camino del desconocimiento al conocimiento, de la inocencia a la sabiduría. Existe un interés en Erice por mantener ese corte intimista y mágico en la narración.

Desde el comienzo de la película, el espectador se identifica con la voz en off de la Estrella adulta, que crea dos mundos diferentes: el mundo que no vemos, el de la voz en off, y el mundo que vemos, el de los recuerdos de Estrella adulta. En esta película, “mirar es instalarse en la cámara objetiva irreal, y sin embargo la realidad está hecha de fragmentos comunes de lo real” (García, 2000), es decir, aquello que se nos está contando no es real, objetivo, sino que es subjetivo y obedece a cómo Estrella recuerda, imagina o inventa.

Es un flash-back a raíz de la muerte de Agustín lo que determina el arranque de la película y de la sucesión de fragmentos de su memoria. Estrella despierta en una habitación oscura, tan solo iluminada por la luz de la pequeña ventana. Los gritos de su madre advierten que Agustín ya no está. Estrella saca el péndulo de su padre, el péndulo que esconde el saber y el pasado y comienza a recordar. Narra al espectador su vida como un diario, como fragmentos de una vida, cuya conexión está solo en su interior y en cómo estos le vienen a la mente.

En cuanto al saber, en El Sur el espectador no logra conocer mucho más que el personaje principal, puesto que el espectador puede ver algunas imágenes del pasado de Agustín, pero sin embargo, la información recibida es escasa. Es decir, que el espectador no logra conocer todo el pasado, aquello que queda oculto en la película, su único punto de vista y, por tanto, de referencia es el de los recuerdos de Estrella.

Aunque en un principio el guion original obedecía a una estructura simétrica, la interrupción de la filmación dejó un desenlace abierto. La estructura narrativa elíptica de El Sur podría dividirse en tres partes diferentes, a saber:

—Una primera parte que comprendería desde la infancia de Estrella y el momento en que emprende este viaje iniciático tratando de abrirse al mundo acompañada de su padre, hasta que toma la primera comunión en compañía de su familia.

—La segunda parte vendría dada por una elipsis, se trata del momento en que Estrella coge su bicicleta siendo una niña y vuelve por “la frontera”, el camino que lleva hasta La Gaviota, siendo ya una adolescente. Esta segunda comprendería el descubrimiento de la amante de su padre, la búsqueda de información y terminaría con la muerte de su padre tras su reunión en el Gran Hotel.

—La tercera parte sería la que nunca llegó a filmarse, en la que Estrella viaja al Sur y la reflexión existente sobre el mito llega a culminarse. Estrella confirmaría la existencia de Irene, conocería a su hermanastro y volvería al Norte como una mujer madura, entregando el péndulo a su hermanastro, perdonando a su padre y cerrando el círculo.

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Análisis de personajes

Si algo tienen en común los personajes de esta película es el exilio tanto exterior como interior al que se ven obligados por motivos ideológicos y políticos.

Por un lado, está el exilio exterior que provoca la situación socio-histórica posterior a la Guerra Civil, el régimen franquista condena a los vencidos. Los protagonistas se ven obligados a “trasladarse de un lado a otro”, como cuenta Estrella en la película mientras suena el traqueteo de un tren, hasta encontrar un trabajo estable para Agustín (como médico) y un lugar donde poder quedarse, que es finalmente La Gaviota. La narración de Estrella deja entrever que ese viaje en tren, que tiene lugar al comienzo de la película y que les lleva hasta el Norte, les ha llevado bastante tiempo. Es decir, que ha sido un exilio largo, que les ha llevado un tiempo visitando diferentes lugares.

Por otro lado, encontramos un exilio interior, marcado por la ruptura familiar y social que sufren cada uno de los personajes. Aunque de diferentes maneras, todos tienen un denominador común: están sumidos en la tristeza, la soledad, la desolación y la nostalgia que les ha dejado la Guerra Civil española.

Agustín, ex republicano ha abandonado el Sur, su ciudad natal, su familia y su amor a causa de la guerra y sus ideas políticas; Julia, también es una maestra represaliada que ha tenido que dejar su empleo. Ambos se ven obligados a abandonar su vida anterior.

Este exilio viene también marcado por la dualidad que existe en la película entre el Norte y el Sur, así como la denominación de “la frontera” por parte de Agustín de aquel camino que lleva a la casa y que lo separa del resto de la ciudad.

El ritmo narrativo también se encarga de remarcar este exilio. Se trata de un ritmo narrativo caracterizado por una cierta lentitud, como vemos en la escena del comienzo, desde que comienza a entrar la luz por la ventana, Estrella se despierta, es consciente de la muerte de su padre y descubre el péndulo para comenzar a contar la historia.

A continuación se analizan los personajes más importantes de la película: Estrella, la hija; Agustín, el padre; Julia, la madre, y Milagros, quien cuidó de Agustín cuando era niño. Personajes secundarios serían: la abuela, que viene en compañía de Milagros; Irene Ríos, sólo visible a través de la pantalla del cin,e y Casilda, la mujer que ayuda a Julia en las tareas del hogar.

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Estrella

Estrella (Sonsoles Aranguren / Iciar Bollaín) es el personaje principal de la película y quien nos cuenta y revela toda la trama, la voz en off de la narración, la mente que procesa todos esos recuerdos que nos vienen dados en forma de imágenes subjetivas. Es la hija única del matrimonio entre Agustín y Julia.

Al comienzo de la película, Estrella es una niña de ocho años y siente una gran admiración por su padre, médico y zahorí, quien “tiene poderes que los demás consideran milagros”. Esa admiración le empuja a acompañarle y a observar todo lo que éste hace, como en la escena donde el padre encuentra agua con ayuda de su péndulo y ella le mira con fascinación. También le espía al otro lado de la puerta, a través de la cerradura mientras él “hace sus experimentos” en el desván.

Su inocencia le lleva a ensalzar todas las cualidades de su padre, quien es para ella un hombre sorprendente. Estrella otorga a su padre cualidades que no tiene, poderes que podrían considerarse “milagros”, lo que le confiere un carácter secreto. La figura paterna se mitifica, es como una religión para Estrella como se puede ver al comienzo de la película, cuando Agustín, con ayuda de su péndulo trata de descubrir si será niño o niña, una escena que la misma Estrella reconoce haber inventado.

Existe una relación que podría considerarse como amorosa, pero que se ve coartada por los tabúes de la sociedad. Subyace en la relación entre padre e hija un conflicto edípico, que constituye algo prohibido para la sociedad. Podría decirse que Víctor Erice trata de establecer una analogía entre el personaje de Estrella y el de Laura / Irene Ríos, ambas son estrellas. Para Agustín, Estrella sería la encarnación de Irene Ríos.

Otra de las escenas que representan esa mitificación de la figura paterna es la escena del baile durante la celebración de la primera comunión de Estrella. En esta escena, la cámara ofrece al espectador un plano contrapicado que bien podría corresponderse con una jerarquía, con la mirada de Estrella (inferior) hacia su padre (superior). La imagen se mueve al ritmo del pasodoble En er mundo y muestra la complicidad, el amor y la magia que esconde la relación entre el padre y la hija, siempre mitificada por los ojos de Estrella.

Tras la elipsis temporal de Estrella cogiendo la bicicleta con 8 años y volviendo con 15, vemos que mientras que su infancia se caracteriza por la alegría, la curiosidad por aprender y la diversión; su adolescencia viene marcada por la monotonía y la soledad. La relación con su padre se ha enfriado. Agustín ha sustituido la figura de su hija por la de Irene Ríos, nada ha cambiado en la vida y los hábitos de Estrella, tan solo la relación con su padre.

A lo largo de la película, y de todo su recorrido desde la ignorancia al conocimiento, existe también una desmitificación de la figura paterna. Si al comienzo Estrella mitifica a su padre y obedece a todas sus órdenes, al final de la película y con el descubrimiento del pasado oculto de su padre que acompaña a la adolescencia de Estrella, se ve la caída de ese mito. Son elementos externos y objetivos, las palabras de su madre, que ayudan a Estrella a recrear el misterio de su padre que concierne al Sur (un lugar, un tiempo, un pasado) y a descubrir la verdad o los dibujos que su padre hace sobre Irene Ríos, entre otros.

Estrella se enfrenta a interrogantes que no logra responder y que solo podrá hacer observando las acciones de su padre, tal y como hacía cuando era más pequeña y le observaba tras la puerta. La protagonista se convierte en cómplice de lo que está sucediendo y vigila los pasos de su padre, entrando al cine para descubrir el enigma que rodea a Irene Ríos, que sigue sin quedar del todo claro al final de la película.

La reconstrucción de la realidad se lleva a cabo bajo la mirada de Estrella, con tan solo el nombre, un dibujo y una carta, se nos evoca una Irene Ríos que puede existir o no existir.

Al final del film, hay una escena en la que los dos están en el restaurante vacío del Gran Hotel. Allí, él pasa por una profunda crisis (remarcada por su escena en el baño mojándose con agua la cara para verlo todo más claro) y quiere recuperar la relación con su hija. Sin embargo, Estrella muestra una especie de liberación que puede verse a través de sus ojos y las palabras que da a su padre, preguntándole quién es Irene Ríos y contándole cómo descubrió que había algo oculto. El padre no es capaz de contarle la verdad, de modo que se produce una ruptura. Estrella ha madurado, ha accedido al mundo real, alejado de la fantasía de la niñez y ya no cree en él ni en sus palabras.

Tras esta liberación de Estrella, comienza a sonar el pasodoble En er mundo, el mismo que suena durante su primera comunión y que es, en primer lugar, reconocido por Agustín. Sin embargo ya no significa nada para Estrella, quien mira con incredulidad a su padre, la figura paterna pierde la relevancia y el poder que tenía al comienzo de la película, se cuestiona la validez de los mitos. Durante unos segundos se sostiene el plano general de Agustín sentado solo en la mesa del restaurante, nos muestra un Agustín sumido en la soledad, perdido, esperando a la muerte.

Toda la historia contada es para Estrella un abandono de la inocencia, el mundo de la fantasía que caracteriza a la infancia hasta la madurez y el conocimiento en la adolescencia, recorrido que marcado y guiado por la relación con su padre y el descubrimiento de su pasado oculto. Es decir, tal y como explica Arocena “el camino que recorre estrella no es más que un intento de descubrir lo que ella supone que es el secreto que guarda su padre, secreto entendido como algo mágico, hasta descubrir subrepticiamente su verdadero secreto, formado por sus debilidades y carencias” (Arocena, 1996).

Este verdadero secreto, que esconde Agustín, se ve delatado por algunos tics como su afición por el alcohol (en el restaurante pide whisky repetidas veces) o finalmente la muerte (el suicidio de Agustín simboliza el fracaso).

Este viaje de iniciación tomado por Estrella adquiere gran similitud con el viaje de iniciación al conocimiento emprendido por Ana en El espíritu de la colmena. Estrella trata de abrirse al mundo y narra sus primeros pasos, el pasado oculto de su padre y la mentira, le obligan a abandonar el mundo de la ignorancia y de la imaginación rumbo al conocimiento y el saber.

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Agustín

Agustín (Omero Antonutti), un ex republicano que fue encarcelado durante la Guerra Civil, abandona su ciudad natal en Andalucía tras este hecho histórico en busca de un trabajo estable. Allí deja a su madre y a su padre, a quien ya nunca ve (recordemos la escena de la llegada de la abuela y de Milagros a La Gaviota), y deja también a un amor, Irene Ríos. Es médico y trabaja en un hospital, pero también zahorí, a través de su péndulo y un poder innato es capaz de practicar la adivinación.

Al comienzo de la película, sus orígenes son un misterio, tanto para el espectador como para Estrella, quien asegura “los orígenes de mi padre siempre fueron para mí un auténtico misterio, de su pasado yo lo ignoraba todo, pero eso apenas me afectó”.

Sin embargo, el misterio, el motivo del abandono de su pasado en el Sur, se va descubriendo a medida que avanza la película a través de las palabras de Julia: por motivos políticos e ideológicos, tuvo una fuerte discusión con su padre y se marchó de Carmona para no volver más. También participa en ello Milagros, quien durante la noche anterior a la primera comunión le cuenta cómo era la relación entre Agustín y su padre. Sin embargo, Milagros prefiere mantener a Estrella en la ignorancia sobre ese pasado, puesto que es una niña.

El pasado de Agustín es un enigma, un secreto, un misterio que no queda resuelto tampoco al final de la película. El Sur es el pasado, ese lugar donde dejó todo, solo sabe él qué ocurrió allí. Víctor Erice da a todas las escenas relacionadas con Agustín un tono amarillento, como de arena, con la intención de ensalzar ese fervor religioso que el padre despierta en la hija.

Mientras que él es como la figura religiosa para Estrella, Agustín no es partidario de la religión y se considera ateo. Es por eso que la víspera a la celebración de la primera comunión de Estrella, ésta no sabe bien si su padre asistirá a la iglesia. Finalmente, la estrecha relación que mantiene con su hija vence a sus principios y lo encontramos al fondo, separado del resto de los asistentes y observando a su hija.

En esta secuencia, que tiene lugar en la iglesia, vemos cómo Estrella, esbozando una sonrisa, observa a su padre que aparece de entre las sombras.

Una música eclesiástica en la banda sonora subraya la situación en la que Estrella afianza para sus adentros esa relación que tiene con su padre diciendo “lo ha hecho por mí, lo ha hecho por mí”. El último plano da lugar mediante un fundido encadenado a la secuencia de la celebración.

Agustín recorre un camino paralelo al de Estrella, mientras ésta recorre un camino de la ignorancia al conocimiento pero el camino de Agustín es más escarpado, y va desde la vida hasta la muerte. Sus repetidos encierros en el desván son una búsqueda en sí mismo. Este personaje busca la libertad, la salida de su exilio, que en la película se ve representada con elementos como la gaviota de la veleta, pero que no logrará alcanzar.

La magia y el poder innato que posee Agustín a los ojos de Estrella se irá desvaneciendo a medida que avanza la película. Al tiempo que Estrella va abriendo la puerta del desván (véase la escena de Estrella observándolo a través de la cerradura de la puerta), ese poder irá desapareciendo. Agustín pasa de ser un héroe a un antihéroe a los ojos de Estrella y, por tanto, a los del espectador.

Si bien la figura de Agustín pertenece en un primer momento al mundo de fantasía de la protagonista, al final del relato la figura del padre abandona esa esfera para pasar a pertenecer al mundo real, ya no es tanto un ser fantástico como humano. La figura del padre se humaniza con el paso de la edad y al aumentar el grado de madurez de la protagonista.

“La realidad ya no será la que le muestre su padre, sino la que la niña empieza a descubrir a partir de datos objetivos. Agustín es su compañero de juegos y el que le enseña las reglas, en este caso las de manejo del péndulo, que la capacitarán para ver otra realidad no visible para el resto de los humanos: la realidad que está debajo de las apariencias, la realidad que subsiste en otro lugar (en el Sur o en las entrañas de la tierra) o en otro tiempo (en un tiempo pasado)” (Arocena, 1996)

Como se ha explicado anteriormente, el suicidio de Agustín al lado del río simboliza el fracaso, la rotura y la desesperanza en su interior, su frustración. Un personaje que durante la infancia de Estrella era visto casi como un Dios, durante su adolescencia es visto como un perdedor, alguien que recurre al alcohol para aliviar su angustia interior. Agustín ha perdido todo: la relación con Irene Ríos pero también con su hija, que trata de recuperar en un último momento.

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Julia

La madre de Estrella y mujer de Agustín es Julia, un personaje interpretado por Lola Cardona. Como Estrella narra, fue una de las maestras represaliadas después de la Guerra Civil y obligadas al exilio.

Julia enseña a Estrella a escribir y pasa con ella la mayor parte del tiempo, sin embargo, los recuerdos que Estrella guarda de su madre son muy pocos, tal y como explica la narración, por lo que su personaje queda esbozado, pero no se incide demasiado en su psicología.

No es un personaje muy definido, lo que le confiere un carácter enigmático, tanto para el espectador como para la propia protagonista, Estrella. El espectador no recibe apenas información sobre Julia, si Estrella no tiene casi recuerdos sobre su madre, el espectador tampoco los recibirá.

Las tareas que Estrella asigna a este personaje son las propias de un ama de casa como coser o cuidar sus plantas en el invernadero. Sin embargo, su condición de maestra también le da ciertos rasgos de intelectualidad, ya que posee afición por la buena literatura que transmite a su hija (escena en la que ambas están leyendo).

Julia se caracteriza por la cotidianeidad de sus acciones (escena planchando la ropa, cosiendo…) y la disciplina (escena en la que riñe a la niña por jugar con el balón y molestar a su padre). También se caracteriza por su ignorancia cuando Estrella le pregunta si conoce a Irene Ríos, aunque su respuesta no queda demasiado clara.

Su personaje también actúa como guardián del secreto del padre, que revela a su hija. Al igual que ocurre en El espíritu de la colmena con el personaje de Isabel a Ana, es Julia quien introduce el misterio a Estrella.

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Milagros

El personaje de Milagros es la única referencia física del Sur que existe en la película, a excepción de las postales de Andalucía que bien podrían no ser reales y que no dejan de ser una referencia y un modo de representación de una realidad. Milagros es la mujer que ha cuidado a Agustín desde niño, quien lo ha visto crecer.

Se trata de un personaje estereotipado, con acento andaluz (Estrella le pregunta el porqué de su acento) y un carácter propio del sur. Una mujer entrañable que destaca por su alegría y simpatía, pero también por su carácter más conservador, más propio del régimen de la época, que deja a Agustín como “el malo” en la disputa con el padre o equipara la primera comunión de Estrella con el día de la boda “va a ser uno de los días más bonitos de tu vida, como si te fueras a casar”, le dice a Estrella.

El Sur se muestra como un lugar cálido y cercano, a diferencia del Norte. Milagros es el único vínculo que Estrella tiene con Andalucía. La noche previa a la primera comunión le cuenta a Estrella los estragos que ha causado la Guerra Civil en la sociedad, incluyendo el enfrentamiento entre padre e hijo que provocó un conflicto entre ideas, aunque no queda claro si Agustín decidió irse por su propio pie o fue echado por su padre.

Espacios

Los espacios en este filme adquieren especial relevancia, sobre todo la dualidad existente entre el Norte y el Sur.

El Norte es el lugar donde vive de alquiler la familia, en La Gaviota. Agustín huye desde el Sur hasta el Norte, pero esto es algo que se escapa a la comprensión de Estrella, puesto que es demasiado joven para entenderlo. Mientras que Estrella busca el crecimiento en el Norte, Agustín busca el desarraigo de un Sur que es su pasado.

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El norte

El Norte es el primer lugar que se nos presenta, el lugar donde va a transcurrir su vida y toda la historia. Se trata de una casa alquilada a las afueras de la ciudad que está rodeada de murallas, un lugar llamado La Gaviota. Las imágenes referentes al norte adquieren un tono azulado, de frialdad.

Existen diferentes planos generales que nos muestran el entorno en el que se sitúa la casa “en tierra de nadie” y separada por un camino que Agustín llama “la frontera” y que hace referencia a esa necesidad de separación, exilio y refugio a la que se ve sometido escapando de su pasado.

Todas las imágenes referentes a la casa se muestran tal y como las recuerda Estrella: un plano general con una encuadre frontal de la fachada y al fondo la montaña, un plano general del río, un plano que muestra la veleta que da nombre a la casa… Mientras que las imágenes tratan de ser objetivas mediante la frontalidad y los planos generales, la voz en off nos sitúa en un contexto íntimo y subjetivo, en una recreación de la hija.

La casa constituye un espacio, que a su vez está formado por otros diferentes espacios. Uno de los espacios más importantes de la casa es el desván, ese lugar misterioso donde Agustín hace sus experimentos y donde, en un primer lugar, enseña a Estrella a utilizar el péndulo. Más tarde el desván se convierte en el refugio emocional de Agustín y prohíbe su entrada a la familia, pero será su muerte la que volverá a abrir las puertas de ese desván, donde Estrella cree que se encuentra todavía recogida la magia y el poder de su padre.

La habitación de Estrella también juega un papel importante en la narración, ya que es allí donde descubre la muerte de su padre pero también donde se le revela el poder especial que éste posee. Es un espacio de revelaciones.

Por otro lado, el jardín donde se encuentra un columpio donde Estrella se balancea y que puede referirse a una pulsión de muerte siempre presente:

“El destino inevitable de los personajes queda reflejado en una serie de acciones compulsivas que Freud relaciona con el instinto de muerte: Estrella columpiándose; Agustín dando vueltas a sus recuerdos de Irene Ríos o golpeando incesantemente el suelo del desván con su bastón” (Hopewell, 1989).

Esta pulsión de muerte también podría estar presente en la escena en la que Julia está tejiendo con lana roja y se le cae. Podría simbolizar una Parca tejiendo los hilos de la muerte.

También la puerta trasera de la casa, la puerta que remite al pasado, al Sur, por la que escapa Agustín.

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El Sur

El Sur es un lugar que existe en la narración pero no geográficamente. Se evoca mediante las postales que Estrella descubre. Pero el Sur no es tanto un lugar geográfico como simbólico, porque el Sur es el pasado de Agustín, del que está huyendo, es una utopía.

El Sur adquiere en la película tonos amarillos. El Sur se queda en la nostalgia y se sabe que nunca se podrá conocer, e la punta del iceberg, el mundo que oculta todos los secretos.

Para Estrella, el Sur es un lugar desconocido, fantaseado e imaginado, al que solo puede acercarse mediante su contacto con Milagros, pero que poco a poco será un sitio cada vez más cercano. Es el equivalente al enigma que recorre el pasado de Agustín.

El Sur, a pesar de no verse físicamente, es el origen de toda la película, adquiere una dimensión connotativa, en el Sur se gesta toda la historia, por tanto, esta dualidad entre Norte y Sur está presente constantemente. Mientras el Norte representa el abandono del pasado por parte de Agustín, el descanso y el olvido para empezar de cero, bajo la mirada de Estrella, el Sur es extraño e imaginado.

Milagros describe el Sur como un lugar donde hace calor y eso va formando una imagen mental en la cabeza de Estrella, aunque nunca lo haya visto ni haya estado allí.

Estrella imagina un lugar con palmeras, flores, agua, sol… Un mundo imaginario se va gestando en su cabeza acompañado de una música extra diegética, las Danzas andaluzas de Granados, a medida que va observando una serie de postales mostradas dentro de un encuadre frontal. En las postales se ve a mujeres bailando sevillanas, música, alegría, jardines… Rasgos característicos del Sur.

Por tanto, podemos decir que existen dos visiones del Sur, dependiendo del personaje. Por un lado, para Estrella es un lugar maravilloso y lleno de fascinación, un enigma por descubrir; por otro lado, para Agustín el Sur representa el pasado, un pasado oculto al que no quiere regresar y del que ha tenido que exiliarse.

El hecho de que la película nunca llegase a mostrar el Sur por los problemas de producción ya nombrados anteriormente, le confiere al Sur una gran carga simbólica que en caso de ser mostrado, probablemente no tendría.

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Elementos formales

Si hay algo que caracterice al cine de Víctor Erice es la utilización de la forma para dar a sus largometrajes una autoría claramente identificable. Ya se vio en su trabajo anterior, El espíritu de la colmena, y vuelve a repetirlo en El Sur. Crea su propio estilo mediante las cuidadas composiciones, hay un mundo subyacente que transcurre por debajo de las imágenes que se nos muestra, un mundo oculto, que remite al pasado desconocido por Estrella.

Los planos que se nos muestran tratan de mantener una objetividad dentro de una clara subjetividad que nos viene dada por la voz en off de una Estrella adulta, y que identifica cada mundo interior: sus emociones y sus pasiones.

La cuidada fotografía, marcada por claroscuros y encuadre de los planos, forman composiciones poéticas visualmente. Tanto los interiores como los exteriores están compuestos de una forma magistral y recuerdan a cuadros en movimiento, viéndose influenciados por la pintura barroca de Vermeer o Rembrandt, así como también de Velázquez, véase la escena del comienzo cuando Agustín predice el sexo de Estrella o cuando Agustín está enseñando a utilizar el péndulo a ésta. También en la filmación del aire, por ejemplo en la escena en que Agustín está solo en el restaurante, abandonado por su propia hija. La importancia de esta obra radica en la manera de contar las cosas.

Erice utiliza la luz y el sonido como nadie. No existe prácticamente música extradiegética (sólo las Danzas andaluzas de Granados), toda la música procede de la misma narración, pero acompaña a las situaciones dramáticas. El silencio también cumple una función importante y adquiere la condición de enigma, de ese pasado oculto que tan solo puede encontrarse en el Sur.

La puesta en escena para Víctor Erice es muy importante en toda su filmografía, concretamente en El Sur se puede ver en escenas como la de la comunión o la del Gran Hotel.

Durante su reunión para comer en el Gran Hotel, en la que Agustín invita a Estrella tratando de recuperar la relación perdida, sucede paralelamente una boda. Comienza a sonar el pasodoble que ellos bailaron el día de la primera comunión, En er mundo, y Agustín pregunta a Estrella si lo reconoce y lo recuerda. Un travelling acompaña a Estrella hasta mirar por encima de una pared lo que está ocurriendo al otro lado, la boda, marcando una enajenación de Estrella de esa situación y que muestra que los sentimientos de Estrella ya no son los mismos. Ese travelling establece una separación entre la mirada de Estrella adulta y la realidad.

En general, la puesta en escena está muy cuidada y cada plano intenta recoger algo que está solo en ese plano. Aunque pueda parecer un cine estático, de encuadres frontales y planos generales, cuando Erice hace movimientos de cámara, son precisos y relevantes para el significado de la historia y lo que se quiere transmitir al espectador, como éste o el de la escena de baile durante la comunión.

En Erice, el cuidado de los elementos formales no es una búsqueda estética, sino necesaria para la encarnar el pensamiento fílmico.

Conclusión

el-sur-8En esta película, al igual que en El espíritu de la Colmena, Víctor Erice ha sabido como plasmar el recorrido que va desde la inocencia de la niñez hasta el reconocimiento de la realidad más allá de la fantasía en la adolescencia. Se trata de un mundo lleno de sensibilidad, emociones que apuesta por introducirse en la psicología de los personajes a través de una mirada, la mirada de Estrella así como también a través de los recuerdos evocados por su memoria.

Víctor Erice consigue hacernos partícipes de ese punto de vista de Estrella, que va desde el desconocimiento más absoluto y el ensalzamiento de su padre, hasta alcanzar el conocimiento con la madurez y desmitificar la figura paterna, aunque Estrella no llegue a conocer nunca con certeza qué hubo en el pasado, en el Sur.

La película está llena de simbología, desde la veleta de La Gaviota que simboliza la libertad añorada y la dualidad entre Norte y Sur; hasta el péndulo, que predice el futuro moviéndose en círculos, una circularidad que siempre está presente en este viaje iniciático de Estrella; también simboliza la tierra y es el recuerdo vivo del padre cuando éste muere.

Por otro lado, encontramos una reflexión sobre el cine y el propio dispositivo cinematográfico, es decir, la cámara, como ocurre en el anterior largometraje El espíritu de la colmena. En este caso, el personaje de Agustín es médico y zahorí, dos cosas que en la realidad serían difíciles de asimilar por el espectador, pero que al verlas en el cine, somos capaces de creer.

A pesar de ser una obra incompleta para Erice —como no se ha cansado de repetir a lo largo del tiempo—, la historia se cierra con un final abierto que pone el candado a una etapa en la vida de Estrella, quien decide marchar al sur para conocer el pasado de su padre y poder cerrar así el círculo. La película, a pesar de su final abierto, tiene un sentido en sí misma.

No obstante, en la versión finalmente filmada, el suicidio de Agustín deja en puntos suspensivos la historia, deja rota la relación entre padre e hija que tan solo podría cerrarse con la segunda parte de la historia y, por tanto, en cierto modo desconcierta al espectador, quien espera que el conflicto se solucione de algún modo.

El hecho de que Estrella encuentre el recibo de una conferencia telefónica al sur en la cartera de su padre también es otra de las cuestiones que deja al espectador con la incertidumbre y la curiosidad por saber a quién ha llamado (interrogación que se resolvería en la segunda parte).

No obstante, este final abierto otorga una lectura diferente que no hubiese existido de filmarse la continuación plasmada en el guion original, como se ha comentado anteriormente.

El Sur, al no ser filmado, adquiere y una simbología mayor que si fuese un lugar existente, porque ese Sur es un lugar casi onírico que jamás será visible pero estará presente a lo largo de toda la obra, como un mundo que transcurre en el presente para Estrella y que transcurrió en el pasado para Agustín.

El misterio, la emoción y el ensueño que evocan El Sur a través de una cuidadosa puesta en escena y la perfecta utilización de los elementos formales —como la excelente fotografía de José Luis Alcaine—, hacen que esta película sea una obra maestra.

Sin olvidar que todos estos elementos estéticos tienen un fin, que se consigue claramente: la conexión con el imaginario socio-histórico de la sociedad española, situar al espectador en la España apagada y triste de la posguerra que está desolada, hundida y traumatizada por todo lo acontecido durante la Guerra Civil.

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Bibliografía citada

—Arocena, C. (1996). Víctor Erice. Madrid: Cátedra.

—Erice, V. (01/07/ 2011). Entrevista a Víctor Erice. Versión Española. TVE.

—García, F. G. (2000). La Imagen del niño en los Medios de Comunicación. Madrid: Huerga y Fierro.

—Hopewell, J. (1989). El cine español después de Franco. Madrid: El Arquero.

Bibliografía consultada

—Gubern, R. et Al. (2009). Historia del cine español. Madrid: Cátedra.

—Pena, J. (2004). Víctor Erice. El espíritu de la colmena. Barcelona: Paidós.

—Caparrós Lera, J. M. (1992). El cine español de la democracia. De la muerte de Franco al cambio socialista (1975-1989). Barcelona: Anthropos.

—Saborit, J. (2003). Guía para ver y analizar: El sol del membrillo. Valencia: NAU Llibres.

—Barrera Calahorro, J.L et Al. (1998). Guía para ver y analizar: El espíritu de la Colmena. Valencia: NAU Llibres.

Escribe Lucía García


Más información sobre Víctor Erice:
Lectura antropológica de
El espíritu de la colmena
El sol del membrillo: Tiempo, vida, arte

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Título El Sur
Título original El Sur
Director Víctor Erice
País y año España, 1983
Duración 93 minutos
Guión Víctor Erice
Fotografía José Luis Alcaine
2º operador Alfredo F. Mayo
Montador Pablo G. del Amo
Intérpretes Omero Antoniutti (Agustín), Sonsoles Aranguren (Estrella, 8 años), Icíar Bollain (Estrella, 15 años), María Massip (Estrella adulta, voz en off), Lola Cardona (Julia), Rafaela Aparicio (Milagros), María Caro (Casilda), Francisco Merino (Enamorado), José Vivo (Camarero), José García Murilla (Chófer), Aurore Clément (Laura-Irene Ríos), Germaine Montero (Doña Rosario)
Argumento Relato de Adelaida García Morales
Distribución C. B. Films (en su estreno en cines, en 1983)