The Big C (serie de TV)

  22 Septiembre 2012

Bendita locura 

the_big_c-3La mayoría de shows actuales pueden presumir de muchas cosas, si bien en esa lista no se encuentran ni la asunción de riesgos ni un alto grado de compromiso con el espectador.

Las producciones eligen situarse en el lado conservador y tienden a asegurarse una audiencia fácilmente calculable de antemano que les reporte una estabilidad solamente obtenida por los que cuentan con solera, independientemente lo que ofrezcan (Bones, CSI).

Por su parte, los que se decantan por el otro lado de la balanza han de sobrevenir cada Mayo, si es que llegan, la dura mano de los ejecutivos (Cougar Town, Parenthood).

Rara es la vez en que surge una serie que se aleje de clichés y se centre en la elaboración de una trama compleja y novedosa a la par que creíble y adictiva.

Gracias a The big C, entre otras (Homeland), podemos respirar aliviados al comprobar que aún existen sujetos con ganas de crear y ávidos de saciar sus más salvajes expectativas mediante el arte.

Este predominante conservadurismo es una de las muchas proyecciones de la crisis económica en el mundo del cine y la televisión, no solamente se han reducido cuantitativamente las producciones sino que las que finalmente pertenecen a ese grupo privilegiado que halla un hueco en la parrilla han de pasar millones de filtros impensables solamente un lustro atrás. Mientras que hace unos años los pilotos presentados a las cadenas era mucho mayor del que jamás podrían emitir, hoy en día se rueda lo justo y necesario para ocupar el otoño y la temporada media.

La también actriz Darlene Hunt, principal artífice de The big C, es una de esas escasas personas inquietas que han conseguido que su producto se exhiba, gracias a su frescura y a la mente abierta de Showtime, en una cadena de pago que aumenta su interés día a día con elecciones como esta.

Abanico de emociones

the_big_c-2Hunt construye una serie alejada en todas sus formas y colores de la palabra normal, siendo esta su mayor virtud y rémora a la vez. Extraviándose en ocasiones en su búsqueda de la novedad pero sin error no habría acierto, con lo que estos pequeños incidentes se ven compensados por las dianas que acierta justo en el centro.

Las dos primeras temporadas y parte de la tercera son magistrales, yendo de la lágrima al llanto en cuestión de segundos. El negro humor que barniza el show contrasta con las situaciones totalmente entrañables que acaecen a cada momento.

No se puede tildar un episodio como "el típico para llorar" ni tampoco como el de "relleno para reír y poco más" en The big C cualquier cosa puede suceder y tener cabida, tornándose en una serie disparatadamente coherente.

Se ha escrito y visto ya mucho sobre cáncer pero jamás de un modo tan honestamente brutal como aquí, sin ahondar en los síntomas físicos, Darlene Hunt enfoca los guiones hacia el modo en que la enfermedad afecta a la persona que lo padece y sus más allegados.

Si por algo se destaca el enfoque de la creadora es por su descripción de las diversas reacciones humanas hacia el cáncer y la muerte. No encontramos nada estrambótico, sin embargo la narración es directa y natural, dando lugar a un engranaje bien engrasado.

No podemos hablar de una aproximación cómica ni dramática hacia la enfermedad sino de una que abarca diferentes flancos, lo seguro es que no será del gusto de aquellos que se tomen la vida demasiado en serio.

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Protagonistas e invitados

El papel principal es para Laura Linney la cual realiza una de las interpretaciones de su vida, quizás la mejor. El personaje de Cathy Jamison supone un reto para cualquier actor dado que ha de reflejar vulnerabilidad y fuerza al mismo tiempo. Aunque el show no lleve su nombre es ella sobre quien recae casi todo el peso. Estando ayudada por actores regulares como el caso de Oliver Platt, que interpreta a su marido, y personajes ocasionales que aparecen por un lapso de tiempo, cuya participación es indispensable.

Dichas apariciones suponen un acierto dado que no solo complementan la trama principal sino que también la dinamizan, teniendo la relevancia justa, sin robársela al cuarteto principal.

Destaca sobre todo la participación del siempre impecable Hugh Dancy, su papel como enfermo de cáncer terminal resulta conmovedor a la par que divertido, complementándose a la perfección con Laura Linney con quien una mayor química que Oliver Platt, que a pesar de realizar una labor cómica encomiable no está a la altura en la parte dramática y/o irónica de la trama.

En la segunda temporada tiene cabida Cynthia Nixon —Sexo en NY—, cuyo talento sigue sin aparecer pero que realiza un correcto trabajo como amiga simple de Cathy. De Phyllis Somerville no hace falta hablar, visionando la primera temporada queda todo claro. Por su reputación hemos de mencionar a Susan Sarandon que está estupenda en su papel de Joy, una mujer que se hace famosa por dar esperanza a las personas y que tiene un papel crucial en la vida de Oliver Platt.

Laura Linney, cabeza visible e indispensable, capta la esencia de Cathy desde el minuto uno y gracias a la veracidad de su trabajo los guionistas pueden escribir casi cualquier cosa. Mientras cuenten con ella todo cobrará sentido. Gracias a su buen hacer nos hace olvidar o pasar por alto los pequeños fallos en otras facetas de la serie.

En las tres temporadas emitidas hasta el momento no existe ningún actor que desentone, no sabemos qué nos deparará la cuarta y última temporada, que llegará el verano de 2013, en cuanto a invitados y argumento pero el entretenimiento está asegurado.

Escribe Sonia Molina

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