En el rodaje de “Omnívoros”

  23 Julio 2012

La segunda película de Oscar Rojo 

oscar-rojoDurante este mes de julio Oscar Rojo rueda en distintas localizaciones de la Comunidad de Madrid, su segunda película, Omnívoros, un filme de “terror ilustrado”, como él lo denomina, con el que pretende sorprender a todo tipo de espectadores. El rodaje durará  hasta primeros de agosto y está previsto que en noviembre esté terminada.

Después de su impactante ópera prima Brutal Box (2011), Rojo sigue escarbando en lo oculto, en lo perverso, en el terror que se esconde tras lo cotidiano, en el “doble yo” que habita en cada ser humano (Jekyll y Hide).

Devoto confeso del género de terror, el director y guionista (también publicista y escritor) es un cineasta cinéfilo, que ama el cine desde la infancia y cree en las posibilidades de un género al que piensa seguir dedicándose.

El pasado sábado, 21 de julio, en un descanso del rodaje, pudimos charlar un rato con él, sobre su proyecto. La cita fue en la Librería Bardón de Madrid, lugar donde se desarrolla una de las secuencias de la película. En todo momento nos acompañó la productora ejecutiva, Cristina Gallo, quién nos comentó que “lo peor ya ha pasado”, aludiendo al rodaje de las escenas más duras de la película, grabadas la semana anterior en una nave, a las afueras de Madrid, las cuales han supuesto un gran esfuerzo interpretativo, técnico y emocional para todo el equipo.

La de hoy es una escena importante, pero nada terrorífica. Deducimos por lo poco que nos cuentan, y que presenciamos, ya que no desean desvelar su contenido, que se trata de una conversación entre la dueña (Elisa Matilla) de una librería anticuaria y el crítico gastronómico (Mario de la Rosa) encargado de investigar la organización de cenas clandestinas en la ciudad.

La historia nos la resumía hace unas semanas Olaizola Comunicación: “Un prestigioso crítico gastronómico acepta el encargo de escribir un reportaje sobre la reciente aparición de <restaurantes clandestinos>. Su investigación le llevará a descubrir que en uno de ellos se organizan reuniones furtivas de canibalismo a cambio de grandes sumas de dinero”.

La idea nació, según nos cuenta el director, hace más de un año, a partir del visionado en televisión de un reportaje sobre la existencia de restaurantes clandestinos en casas particulares. Un tipo de negocio ilegal en los que el anfitrión, a cambio de dinero, organiza cenas exclusivas en su casa, para invitados desconocidos, a las que hay que asistir solo, nunca hablar sobre su precio y llevar una botella de vino, entre otros requisitos. Un punto de partida que el director aderezó con dosis de terror, misterio, trascendencia y psicología suficiente para crear un producto que anuncia como innovador, “una historia que no ha sido contada nunca antes”.

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Mario de la Rosa y Ángel Acero, que ya estaban en el reparto de su primera película, repiten en ésta, junto a Fernando Albizu, Paco Manzanedo, Marta Flich, Sara Gómez y Elisa Matilla. Un grupo de actores de gran profesionalidad.

Para el director era importante contar con actores de gran solvencia interpretativa, porque, según cuenta, es una película de personajes, no de estereotipos, donde no hay buenos y malos puros, “donde lo que esconden es más importante que lo que se ve”, aunque también hay acción y escenas visualmente más violentas y agresivas que en su anterior filme, aunque no son gratuitas.

Actores como Fernando Albizu (muy curtido en el teatro) o Paco Manzanedo dan vida a personajes singulares, con un profundo transfondo psicológico que les conmina a ser y hacer, lo que son y hacen. Albizu (Dimas) es el anfitrión perverso que esconde un pasado traumático, y Manzanedo interpreta a un psicópata autista, un matarife auténtico, puro, “un personaje único sin referentes anteriores”.

Resulta imposible dejar de pensar en Dexter, aunque el director renuncia a la comparación. No niega que pueda haber coincidencias en el pulcro ritual con que ambos proceden, pero no las hay en las razones que les impulsan a actuar así. Sus patologías les diferencian, Dexter es inteligente y empático, y su personaje obsesivo y distante (no habla en toda la película).

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Oscar Rojo quiere que Omnívoros sea la película con la que se le identifique a partir de ahora. Cree firmemente en su proyecto y alaba la profesionalidad e implicación de todo el equipo técnico y artístico, especialmente la labor de Gorka Aguirre (Quimera FX).

Espera que su película pueda llegar a un amplio espectro de público, además de los adictos al género, porque ofrecerá entretenimiento, transfondo psicológico y una idea original, además de poseer un inicio contundente, para enganchar al espectador, y un final sorprendente.

Confiesa hacer películas para el público, no para la crítica y especialmente el cine que a él le gustaría ver como espectador adolescente de 16 ó17 años, un cine que sorprenda como el de Steven Spielberg le sorprendió a él en su momento.

Oscar Rojo habla con tanta pasión de su película, que contagia su entusiasmo a quien le escucha; y aunque algunos no somos, especialmente, incondicionales del género, no renunciamos a serlo, si Omnívoros ofrece tanto como promete. ¡Suerte!

Escribe Purilia
Fotos Mercedes López

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