El rey de la colina (King of the hill, 1993) de Steven Soderbergh

  07 Junio 2012
La historia de Aaron Kurlander 

king-of-the-hill-3Adaptación cinematográfica de las memorias de infancia de A. E. Hotchner, El rey de la colina (1993) es la tercera película de Soderbergh tras Sex, lies and videotapes (1989) y Kafka (1991).

A pesar de su calidad narrativa e interpretativa se trata de uno de los productos más olvidados o invisibles del director, quizá junto con Bajos fondos (1995) y Schizopolis (1996). Emplazada en 1933 y geográficamente situada en St. Louis, esta visión de un niño de 12 años sobre la Gran Depresión americana ha pasado injustamente desapercibida.

1993 es un año en el que pudimos encontrar películas similares ambientadas en diferentes décadas de la historia norteamericana. Historias que se centran en los años de formación de un determinado personaje (lo denominado en crítica literaria Bildungsroman). Algunos ejemplos son Vida de este chico (This boy’s life, de Michael Caton-Jones), ambientada en los años cincuenta, que se centra en la relación que un joven Leonardo DiCaprio tiene con su madre y su padrastro (interpretados por Ellen Barkin y Robert DeNiro) y, por otro lado, está En busca de Bobby Fischer (Searching Bobby Fischer, de Steven Zaillian) que relata la historia de un niño prodigio del ajedrez en los años setenta.

El rey de la colina (King of the hill) presenta la historia del pequeño Aaron Kurlander (Jesse Bradford). Las dificultades económicas de su familia durante la Gran Depresión provocan que se muden a una habitación del Empire Hotel. Para poder pagarla, optan por dejar al hermano pequeño de Aaron que viva durante una temporada con su tío. Otros grandes obstáculos son la grave enfermedad de su madre (interpretada por Lisa Eichhorn) y la búsqueda de un mejor trabajo de su padre (Jeroen Krabbé) que se dedica a la venta ambulante de velas.

La película no podría empezar de forma más acertada. Después de unos créditos con Tiger rags de The Mills brothers de fondo, un monólogo de Aaron frente a su profesora y sus compañeros de clase. Poco después sabremos que se trata de la lectura de una redacción sobre su héroe americano favorito. La elección de nuestro protagonista es Charles Lindberg, aviador y activista social norteamericano. Aaron imagina y relata una fantasía en la que hace años Lindberg le llamaba como si de un colega se tratase y le preguntaba sobre qué comida llevar en uno de sus viajes.

La película marca claramente los elementos que influirán en el desarrollo de la misma, así como las peculiaridades personales de Aaron. “Thank you Aaron, that was very inventive”, dice la profesora después de su intervención. Efectivamente, aquí se muestra la inventiva de Aaron, vital para el desarrollo de cómo los demás le perciben. Aaron inventa historias sobre su vida y su familia para evitar lo que él considera una humillación social.

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A su vez, somos testigos de una actitud condescendiente de la profesora, fascinada por la capacidad intelectual del muchacho, pero que a la vez puede pecar de demasiado compasiva. También es importante la no reacción de sus compañeros, que asisten simplemente a la lectura de una redacción más, quizá con la excepción del niño que se sienta detrás de él, quien le responde con desprecio: “Mi madre fue dama de honor de Charles Lindberg”.

Las palabras clave de esta película son responsabilidad y supervivencia. Asistimos a un proceso en el que Aaron progresivamente se va quedando sin las personas que le han apoyado o que componen un pilar en su vida. La película muestra una mecánica, un proceso en el que los residentes van siendo expulsados del hotel por su falta de dinero. Aaron se afianza como uno de los últimos inquilinos del mismo. Todas las responsabilidades recaen sobre un niño de doce años y la película nos repite una y otra vez cómo su innata inteligencia le ha destinado a que ineludiblemente se vea condenado a asumirlas.

Después de la marcha de su hermano pequeño Sullivan (Cameron Boyd) y de ser internada su madre en el hospital, la única forma de ganar más dinero y de obtener un empleo digno es que su padre se vaya, dejándolo solo en la habitación. Para convencerle de ello, el señor Kurlander hace referencia a lo intuitivo y excepcionalmente avanzado que se mostraba Aaron cuando tan solo era un bebé y le relata una anécdota en la que cuando no paraba de llorar, él como (¿buen?) padre le tiró un vaso de agua fría en la cara. La reacción de Aaron fue dejar de llorar de forma instantánea. A partir de entonces cada vez que el pequeño lloraba y su padre le enseñaba el vaso de agua fría, paraba. El vaso de agua se convierte entonces en un metafórico barreño, pero esta vez de agua hirviendo. Aaron se enfrenta entonces en solitario a una deuda de 172 dólares.

king-of-the-hill-1Son varios los personajes que componen el peculiar abanico de secundarios y apoyos de Aaron, que progresivamente se irán marchando de su vida. Mr. Sandoz es el primero de ellos y el que la película utiliza a modo de introducción del drama de la Depresión (incluso antes de exponer la decisión de separar a los hermanos). Al principio, solamente sabemos que Mr. Sandoz es un personaje importante y de referencia para la familia protagonista. Cuando se enteran de que ha sido echado del hotel, la actitud de los Kurlander cambia radicalmente. El pequeño Aaron encontrará a Mr. Sandoz en el último tercio de la película desquiciado y viviendo en la extrema pobreza.

Ella McShane, de una edad similar a la del pequeño rey de la colina, es una chica tímida que siente una completa fascinación por Aaron. Él, presionado e incluso agobiado por la insistencia de su vecina en que vaya a hacerle una visita, accede. La visión de Aaron hacia Ella cambia completamente cuando en mitad de un romántico baile, la anfitriona sufre un violento ataque epiléptico. Ese matiz de vulnerabilidad que tanto impacta a Aaron es el causante de que de él también nazca un sentimiento recíproco de fascinación —aunque tal vez se vea más bien movido por la lástima—. Este pequeño arco argumental funciona por varias razones, aunque la más clara es que Amber Benson, actriz que interpreta a Ella, tiene especial carisma para los personajes frágiles. Los McShane también se trasladarán en busca de un ambiente que consiga mitigar la epilepsia de la adolescente.

Con Lester Silverstone, interpretado por Adrien Brody, desarrolla una relación de amistad fraternal. Como si de su hermano mayor se tratase, Lester ayuda al chico dándole trucos para sobrevivir en el hotel y para ganar alguna que otra propina. También es destacable la intriga que causa en él su vecino de enfrente, Mr. Mungo (Spalding Gray) y la extraña relación sentimental que mantiene con una prostituta, Lydia (Elizabeth McGovern). Ambos parecen tener una estrecha e íntima relación, pero aun así tan solo actúan con un mutuo desprecio.

Como curiosidad mencionar la primera aparición en la industria cinematográfica de la cantante de The Fugees, Lauryn Hill. Aquí da vida a la encargada del ascensor que, a pesar del desinterés que muestra su rostro y su afición a explotar desganada pompas de chicle, da indicios de sentir un especial afecto por Aaron.

king-of-the-hill-4El arco argumental de la graduación es de gran importancia pues cierra lo iniciado con el discurso que daba comienzo en la película. La profesora, que ya ha pillado las mentiras sobre la vida de lujo que Aaron, dice tener así como las historias acerca de las elitistas profesiones de sus padres, finge aceptarlas pero su excesiva compasión es más que obvia. Por un lado, queremos al personaje de la profesora por ser la única que puede intuir lo que debe estar pasando Aaron pero por otro lado tenemos a un personaje detestable por ser consciente de lo que ocurre y limitarse a mostrar esa pena sin traspasar la barrera de presentarse como una verdadera ayuda.

Llega el ansiado momento en el que los protagonistas recogen uno a uno su diploma de educación elemental. La sucesión de nombres, los aplausos de los padres y el especial ánimo que Lester le da a Aaron cuando su nombre es al fin mencionado son brillantemente ensordecidos por una prudente banda sonora. El sonido diegético vuelve cuando anuncian la mención especial al mejor alumno del curso, que no es otro que el propio protagonista.

Es en la fiesta posterior que acoge en su casa la familia de Christina (Katherine Heigl), la niña que a Aaron le gusta cuando el rey de la colina es completamente humillado y sus mentiras pilladas en público. Descubre por medio del niño cuya madre había sido la dama de honor de Charles Lindberg que esa mención honorífica siempre se la dan al niño pobre que debe tener un especial trato, que recibe ese galardón, ese privilegio como un mero favor caritativo. A su vez, el resto de niños descubre las vidas paralelas que Aaron ha montado e inventado sobre sus padres.

Parece ser que poco tiene esta King of the hill en común con los anteriores trabajos de Steven Soderbergh. Sin embargo, es esa especial intuición icónica lo que la conecta con Sex, lies and videotapes y Kafka. El ritmo de la secuencia de la partida de canicas en la que Aaron aplasta a los matones y defiende a su compañero Billy; la trama de la cría de canarios que Billy le sugiere a Aaron en modo de agradecimiento para aumentar sus beneficios; la conversación que inventa Aaron entre los zapatos rotos, que muestra lo que es vivir al límite de la pobreza de una forma cómica y entrañable a pesar de que es una escena relacionada con la comida la que se lleva el primer premio.

La importancia de la alimentación en la trama de King of the hill lo es prácticamente todo. En la fantasía inicial del protagonista, qué comer es el principal tema de conversación, lo que el aviador Charles Lindberg le consulta. La comida es el elemento principal en el que sus ahorros tienen que ir destinados. A medida que los miembros familiares en esa habitación 326 van descendiendo también lo hace la calidad de lo que ingieren. Cuando tan solo están Aaron y su padre conviviendo en la habitación de hotel, la responsabilidad de la cocina recae sobre el pequeño.

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El film dedica especial atención a esa sencilla —y pobre en cantidad— sopa de tomate que ambos califican como sabrosa. La comida es el tema principal de la ya mencionada e icónica conversación entre los zapatos rotos. El plano detalle que continua la humillación pública del rey de la colina tras la graduación se dedica a un bodegón que compone la comida junto con su diploma que Aaron se olvida de recoger —su incomodidad es mayor que los elementos que para él son tan importantes y por los que tanto ha luchado— y por último la escena cumbre. En apenas treinta segundos, vemos cómo un Aaron ya trastornado coge las revistas de la habitación y va en busca de recortes de alimentos. Los recolecta en un plato, unta mantequilla en una mazorca de maíz, ambas de celulosa y se las lleva a la boca autoconvenciéndose de que son alimentos verdaderos. La siguiente escena nos muestra a un Aaron indigesto y que delira con escenas en su mente de todos los personajes que han (des)aparecido en su vida.

Es la misma e inventiva mente de Aaron la que consigue que su hermano Sullivan vuelva al hogar y de que poco a poco las cosas vayan yendo mejor en el hotel. Que las responsabilidades recaigan en él por el solo hecho de sus grandes capacidades intelectuales es algo completamente injusto, pero nadie dijo que era algo que no podía conseguir y vencer. La inmersión del espectador en la historia llega a un punto tal en el que verdaderamente necesita que la película y su protagonista tengan un final feliz.

Muchas son las producciones cinematográficas ambientadas en la Gran Depresión. La mayoría se centran en detalles meramente contextuales, conseguir los mejores y más reales coches de época, mostrar escenas de una violencia que golpee al espectador y que consigan revolverle el estómago siguiendo una estrategia de mayor vulgaridad. La historia de Aaron en El rey de la colina es intimista, comedida y sin baratos efectismos. El tono de la película opta por partir de una pincelada general para profundizar de verdad en la historia de un personaje. De ahí que la mayor parte de las escenas estén ambientadas en el propio hotel en el que desarrollan su vida la mayor parte de los personajes.

Es una película que destaca por una regularidad dramática con picos de emoción elegantemente conseguidos que implican al espectador sin una machacona y sentimental banda sonora sino con sutiles detalles. Además, dibuja unos trazos estilísticos —planos diagonales en conversaciones cotidianas, el tono cálido de su cinematografía al hablar de un tiempo pasado, el enfoque intimista— que estarán presentes en la posterior y polifacética carrera de Soderbergh.

Escribe Juan Bernardo Rodríguez

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