La Nouvelle Vague de Jean-Luc Godard

  29 Octubre 2012
La unión entre música e imágenes 

Jean-Luc_GodardConsiderado el máximo representante del manifiesto de la Nouvelle Vague francesa con su película A boute de souffle, Jean-Luc Godard inventa un cine nuevo, provocador  y revolucionario, rompiendo completamente con las reglas narrativas del cine clásico.

En una época como el final de los años Cincuenta, cuando la Francia se enfrenta a una fuerte crisis política causada por la Guerra Fría y la cuestión de la guerra argelina, un grupo de cineastas franceses (Godard, Truffaut, Rohmer, Chabrol y Rivette) siente la exigencia de crear una nueva corriente anti-clasicista y absolutamente privada de esquemas preestablecidos.

Esta misma voluntad de superar el pasado clasicismo hace de Godard un anticipador del futuro cine actual que ni siquiera, a veces, alcanza la originalidad de sus montajes, técnicas y guiones realizados de una manera absolutamente sin precedentes.

Si quisiéramos describir la obra cinematográfica de Godard, tendríamos que considerarla innovadora y ecléctica.

Sus películas intentan reconstruir la nueva realidad francesa del tiempo, que ya se aleja de los principios básicos y de las convenciones de la industria, convirtiéndose en una representación inmediata, instantánea o mejor casi instintiva de la vida.

Contra el “cine de papá” e influenciado por el cine norteamericano de Alfred Hitchcock y Orson Welles, Godard introdujo innovaciones radicales, trabajando con presupuestos muy bajos, rodando en pocos días y en el medio de la calle entre la gente. Considerado un loco, fue apreciado sólo más tarde por la crítica y por un público muy estrecho de entendedores.

Aunque su obra nunca esté definida y confunda todos los roles entre actores y técnicos, verdad y ficción, historia y documental, nunca descuida las temáticas políticas, dedicándose a la crítica continua del capitalismo y a la consecuente pérdida de los valores.

le-petit-soldat-2A propósito, uno de sus trabajos más desconcertante fue Petit soldat, censurado durante dos años en Francia, que quiere ser el retrato de un joven de las ideas confusas, en el fondo de la guerra argelina, que se lanza en discursos sobre la misma guerra y encima el arte, el nacionalismo y el cine.

No hay que considerarla una historia, sino un momento de reflexión sobre la vida, como todas sus películas.

El mismo Godard declaró que “...el cine no está hecho para contar historias, sino para pensar” y su cine es justamente esto: imágenes, palabras, música que estimulan el pensamiento, sin ninguna historia definida.

Con Godard parece desaparecer definitivamente la narratividad en la que se basaban todas las películas de las épocas anteriores.

Historias incontables a través de imágenes nunca puestas al azar, sino con un orden preciso, casi perfecto. Sus mensajes aparecen por la mayoría tan oscuros que no pueden revelarse de manera tan clara, es decir poniendo el espectador en la condición de dudar sobre lo que está viendo, representando de esta forma la caída de los valores de aquellos años críticos.

Una película muy representativa del cine de Godard es, sin duda, Le mepris, adaptación de la novela de Moravia Il disprezzo, donde el director decide de representar en la pantalla la historia de un desprecio, aparentemente el que siente una mujer hacia su marido. Toda la historia se desarrolla paralelamente al rodaje de una versión cinematográfica de La Odisea para la cual el protagonista, un escritor de novelas,  participa como redactor de un nuevo guión de la misma.

A partir de ese momento, su destino parece mezclarse con el de Ulises, que se aleja de su tierra natal y de su mujer para empezar un viaje en un mundo totalmente diferente a lo de antes que lo acerca al cine comercial, al dinero, al éxito.

Encima el protagonista parece totalmente frío y poco interesado en la relación que empieza a establecerse entre el productor de la peli y su misma mujer, que, a causa de su indiferencia, empieza a despreciarlo.

Quizás como en La Odisea, cuando Ulises aceptaba las cortes de los pretendientes de Penélope para no crear escándalo y confiando en la fidelidad de su mujer.

Este decaimiento de los protagonistas y su crisis se desarrolla paralelamente a un análisis del mundo del cine, de sus hipocresías y de sus compromisos, sobre todo en el mundo de Hollywood.

En el curso de la película, rodada con largos planos-secuencia para acentuar el dramatismo de las escenas, hay muchos diálogos interminables entre la pareja que parece no llegar a una solución final, sino a aumentar el equívoco, el todo exaltado por los violines de la banda sonora y los colores encendidos de los apartamentos, de los ambientes y de la belleza de la naturaleza de Capri, donde aviene el rodaje de la película.

¿Estatuas o seres humanos? ¿Clásicos o modernos? Una película en la película, un Godard revolucionario y absolutamente padre del cine moderno.

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Pasa el tiempo y el Godard de los últimos años revela su absoluta atención a un tipo de cine absolutamente diferente, más íntimo, mezclando la documentación real con la ficción.

En Numero deux, Godard nos enseña la vida de una familia de una manera absolutamente original y experimental, presentando dos imágenes en la pantalla contemporáneamente. Sólo el principio y el final de la película enseñan la única pantalla, sin superposiciones, donde aparece Godard y sus intenciones de realizar un filme.

La alienación, el trabajo, la cotidianidad de la familia protagonista son observados por cámaras fijas instaladas en el apartamento: todo parece ser guiado por la sexualidad que plasma las cosas, dándoles forma y significado: el cuerpo de la mujer es descrito como la electricidad que se carga y descarga continuamente; el padre y la madre son como dos fábricas donde el sexo representa el trabajo.

Las películas de esta última época están absolutamente encentradas en la unión imprescindible entre música e imágenes: los personajes hablan poco y Godard vuelve al origen más puro del cine, cuando todo se expresaba a través de una imagen en movimiento y una banda sonora capaz de decir todo lo que hacía falta.

Un verdadero maestro.

Escribe Serena Russo


Más información:

Crítica de Film-Socialisme, de Jean Luc Godard



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