True blood (Sangre fresca), la serie de TV

  02 Octubre 2011

Porque las cosas cambian

True_Blood_1Con uno de los peores pilotos de la historia, True Blood comenzó su exitosa andadura en la HBO allá por el verano de 2008. Los tres años transcurridos desde entonces nos han dejado cuatro emocionantes temporadas y muchos cambios desde ese terrible inicio que poco o nada tiene en común con el resto del show.

Generalmente el episodio piloto está destinado a enganchar a los espectadores y los creadores sacan sus mejores armas con ánimo de hacer acopio de seguidores y de este modo poder relajarse en posteriores entregas, deviniendo esto en interesantes pilotos cuya continuación no alcanza las expectativas levantadas por ellos.

En la serie creada por el brillante Alan Ball —American Beauty— sucede el caso diametralmente opuesto: nace de un modo radicalmente alejado de lo que luego ofrecería, siendo su origen cercano al más absoluto de los despropósitos para más tarde convertirse episodio tras episodio en una serie de interesante argumento, creando un mundo surrealista cuyo motor es el humor negro.

El inicio de True blood es casi idéntico a los libros de Charlaine Harris en que se basa, para luego ir introduciendo nuevos personajes y desligarse diametralmente de estos.

Los primeros episodios carecen de ritmo y presentan una trama tediosa e inconexa, estos débiles y soporíferos capítulos dejan paso a unos dinámicos y sobre todo muy divertidos, repletos de criaturas fantásticas siempre con un nexo común: Sookie Stackhouse, la protagonista de la serie que, aunque en ocasiones puede resultar cargante, se torna en un excelente bastión para este producto veraniego.

Sexo, sangre y magia negra

True_Blood_2Tras el mal trago que supone hacer frente a las primeras entregas de True blood pasamos a degustar un sabor mucho más agradable derivado de lo excelentemente desarrollados que se hallan los personajes que habitan Bon Temps.

La tranquila vida de Sookie se ve completamente alterada con la entrada en escena del vampiro Bill Compton, enviado por su reina con motivos que poco a poco se van desvelando. Como era de esperar, ambos se enamoran perdidamente, comenzando una relación repleta de altos y bajos que se verá interrumpida, especialmente, por la llegada de terceros, dado que si de algo puede presumir Sookie es de su éxito con el género opuesto, triunfo que le provocará más de un quebradero de cabeza.

No estamos ante una serie con altas pretensiones, su único objetivo es entretener, haciendo acopio de todas las armas a su alcance. En este caso, Alan Ball sitúa la acción en un pequeño pueblo de USA que debido a la presencia de Sookie verá incrementada exponencialmente su actividad sobrenatural.

¿Otra serie de vampiros?, ésta será pregunta que puede que se formulen algunos espectadores que inclusive la descarten por su, a priori, más que explotada temática, pero no deberían hacerlo dado que se aparta de la exacerbada pubescencia de Crepúsculo y The vampire diaries, ofreciendo escenas de una mayor madurez y sobre todo con un trasfondo mucho más rico. Mientras los otros productos se decantan por una temática edulcorada, True blood se acerca sin prejuicios a oscuras esferas. Asimismo, las relaciones interpersonales de los protagonistas nada tienen que ver con la saga de Stephanie Meyer, más allá de la inevitable lucha de varios personajes por el amor de la protagonista.

Además del total protagonismo de Sookie Stackhouse, se entreteje un complejo elenco de personajes secundarios cuyas historias —aunque menos relevantes para el devenir de la serie— se tornan también en trepidantes. Resulta de sumo interés las interacciones que se producen entre unos personajes toscos y simples —como Hoyt Fortenberry y Andy Bellefleur— y otros mundos muy alejados de su cultura, como el de los vampiros, teriantropos y otras razas sobrenaturales.

Aunque todo gire en torno al personaje de Anna Paquin, éste se ve mejorado y enriquecido por las aportaciones de los otros. Su personalidad se ve muy influenciada por sus relaciones con Bill y Eric, así como por la muerte de su abuela y la irresponsabilidad de su hermano Jason, quien dejó su patetismo a un lado para convertirse con el paso de las temporadas en entrañable, ganando relevancia.

En True blood no encontramos nada que no se haya tratado con anterioridad, ya fuimos testigos de mezcla de brujería y vampiros en Buffy cazavampiros, lo que sí aporta, y no puede decirse de muchas otras series actuales, son perspectivas y enfoques distintos. Mientras que otras se toman demasiado en serio a sí mismas, Ball crea un chiste de todo, siendo sus especialidades el morbo y la muerte.

Asimismo, deja que el argumento fluya, para una serie cargada de humor como esta es necesario que exista cierto control pero es vital que se permita a ciertos personajes crecer. Personalidades como la de Eric, que gana enteros con el transcurso de la serie o Terry, se muestran imprescindibles al final de la cuarta temporada y, probablemente, sus roles serán primordiales en la, ya confirmada, quinta temporada.

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Bad things

Es el título de la canción de Jace Everett que suena en los créditos del inicio. Un nuevo acierto por parte de los creadores dado que encaja perfectamente con el espíritu del show. Acompaña a imágenes muy bien seleccionadas que junto a la música de Everett conforman una de las mejores cabeceras de la televisión actual.

Otra creación de Ball, A dos metros bajo tierra, contaba también con unos excelentes títulos que captaban por completo la esencia de la serie, siendo esto más importante que la calidad de la melodía o canción.

Ambas cabeceras son un reflejo de lo que espera al espectador en los minutos siguientes, lo único que ha de reflejar. No se centra en fotogramas con el nombre de los actores como la mayoría sino que se compone de imágenes que introducirán al espectador en el espíritu del show.

Escribe Sonia Molina

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