De las 3D, al súper 8 y los simios

  26 Septiembre 2011
La lógica irrealidad del cine 

cave-of-dreams-0Las películas estrenadas en 3D ya no atraen al espectador tanto como al principio de su nuevo resurgimiento (al menos ha habido dos con anterioridad) gracias a Avatar. ¿Significa esto que el sistema volverá a esconderse para salir dentro de unos años nuevamente, como ocurrió en las anteriores ocasiones? ¿Cuál es en realidad el problema? ¿Elevados precios, falsear las producciones?

En este momento, después de ver varios filmes en 3D, los espectadores se resisten a pagar bastante más por ver otros en ese sistema, si les cuestan mucho menos en 2D. Por eso los distribuidores se lo piensan antes del tiraje de copias en el nuevo sistema.

Por otra parte, la razón o sin razón de las 3D, su sentido, su explotación más allá del propio juego circense, parece alejar el sistema de una búsqueda más allá de lo estrictamente comercial. Los últimas producciones (es de esperar se estrenen en 3D) de Herzog y Wenders pondrán las cosas en su sitio.

Herzog ha realizado en ese sistema el documental Cave of forgotten dreams, sobre una cueva con pinturas rupestres situada en Chauvet, región del Sur de Francia. Wenders, por su parte, ha rodado también en 3D un documental,  Pina, en homenaje a la bailarina y coreógrafa Pina Bausch fallecida en 2009. Nuevas formar de acercarse o contar una obra desde el 3D ¿Se verán ambas películas en nuestros cines en este sistema? La de Wenders se estrena el último día de septiembre (¿en sólo algunas ciudades?).

La pregunta que hacemos tiene sentido al invertirse el proceso. Hace un año se pasaban películas rodadas en 2D a 3D para obtener un mayor beneficio. Hoy las rodadas en 3D limitan —o eliminan— las copias (evidentemente más caras) tal como se pensaron, exhibiéndolas sólo en 2D.

Uno de los grandes fracasos del verano fue Capitán América, saliendo a salas con más de 600 copias, en una apuesta a caballo ganador (perdida de antemano), bastantes de ellas en relieve. Pinchó de forma absoluta. En pocas semanas tuvo que salir de cartel. En las primeras semanas de exhibición fue ampliamente superada, aún saliendo con menos copias, con la muy digna El origen del planeta de los simios, que, además, junto a Super 8 —ambas en 2D—, fueron los estrenos más jugosos del verano para la taquilla.

Tanto el filme de Abrams-Spielberg como el intento de situar un origen a la secuela simiesca son ficciones, historias nacidas desde la imaginación y sin ninguna propuesta, digamos, referida a una historicidad o a una realidad fácilmente asumible. Por eso mismo, esos dos títulos sirven para centrarnos en una serie de controversias que suelen acompañar al hecho cinematográfico. En su mayor parte tienen que ver con la relación realidad-ficción, tema que se ha tratado en nuestra revista, en una de las partes del análisis crítico de La piel que habito.

Super 8, dos películas en una

super-8-3Super 8 no es un intento de contar el inicio de ninguna saga como pretende, tal como su nombre encierra, El origen del planeta de los simios. Incluso parece no tener relación con otros títulos anteriores del cine, al menos de forma directa. Indirectamente —o matizando lo que cuenta— podremos comprender que el filme se mira en otros y muy especialmente en dos de Spielberg, quien, visto lo visto, parece haber ejercido de algo más que de simple productor: ET, el extraterrestre y (su versión de) La guerra de los mundos.

Super 8 se mueve en la frontera de la serie B y también del cine de aventuras de niños en la estela de Los Goonies, con toques de Cuenta conmigo, o quizá sería mejor señalar notables semejanzas, en este aspecto, con algunas obras de Joe Dante, pero carentes de su encanto y destreza, como Matinee y sobre todo Exploradores, título que ha sido casi totalmente ignorado a la hora de comentar el filme de Abrams.

Super 8, aparte de su (mediana) simpatía, de su mirada nostálgica hacia los rodajes pergeñados en aquellos formatos en las que tantos —Spielberg incluido— comenzaron a narrar historias en imágenes, poco más tiene de interés y de originalidad.

Los protagonistas-chicos son tópicos hasta allá. Cada uno representa un tipo de gran elementalidad. Está el listillo, el torpe, el miedoso… y hasta se introduce una niña para que se pueda añadir una primaria historia de amor. Para acabar de rematar el entuerto, él (niño) y ella (niña) son hijos de dos padres enfrentados por un luctuoso suceso (sin madre: uno con razón y otro por imposición del guión). Al final todo se aclarará con gran contento para unos (los que viven la historia) y otros (los espectadores).

En Super 8 conviven dos películas, la de los niños haciendo cine y la del extraterrestre perdido. Lo mejor de la función, sin duda, corresponde a la primera: el grupo de futuros cineastas, cada uno ejerciendo un oficio en el rodaje para lograr una película que les llevará a la fama en un festival amateur, y cuya entidad no puede por menos que recordarnos el apartado escolar de Cinema Jove. El resultado de ese rodaje es un pequeño y encantador filme que se muestra terminado mientras pasan los créditos finales.

La segunda película es una revisión de ET aderezada con toques de La guerra de los mundos en versión Spielberg. La identidad con esos títulos en algunos momentos llega a ser tal que algunos momentos están planificados de forma idéntica a como lo estaban en las otras películas. Por supuesto, desde situaciones muy similares.

Con todo, el máximo problema de Super 8 se encuentra en su falsedad no realista. Algo que en principio no resultaría problemático ya que un filme no tiene por qué mostrar algo real para hacerlo creíble. Una película debe funcionar desde su propia lógica narrativa, generada en su propia ficción. No hay que confundir una no explicación de los hechos que acontecen con la irrealidad de lo acontecido.

El problema de Super 8 no está en que las cosas sean lógicas o ilógicas sino que en ella todo ocurre por imperativo de un guión que se niega a explicar nada. Los hechos ocurren, pues, por necesidades del guión, sin que en ningún momento se aclare el porqué de las cosas: la desaparición de los perros o de las personas, la luz que se apaga y vuelve, los objetos que son arrancados de su lugar para crear la gran maqueta, las gentes colgadas boca abajo en el refugio del alienígena de fea pinta, la historia del propio extraterrestre. Y otras muchas incoherencias.

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Eso sí, hay momentos logrados: el inicio en el que se nos da a conocer (insinuándola) la muerte de alguien en el trabajo;  la forma en que se intenta retomar un pasado imposible por parte del niño protagonista en varios momentos (el proyector emitiendo imágenes de viejas películas amateurs) y, sobre todo, destacar uno de los momentos finales, aquel en el que el chico protagonista deja marchar hacia las alturas el collar de su madre como forma de decir adiós a la infancia. O el momento del encuentro chico-chica mientras él maquilla a la actriz para que interprete su papel.

Buenos momentos que se agradecen ante el absurdo relato y la presencia de otros momentos realmente inconcebibles en un director con oficio. Hay dos instantes, sobre todo, que resultan sorprendentes en cuando están planificados con gran torpeza: los planos de obertura del funeral o los más insólitos en los que asistimos a la conversación entre los dos jóvenes enamoradizos, con anterioridad a la buena secuencia del proyector emitiendo imágenes. La planificación de esta escena, con ambos personajes hablando,  es absurda: se pasa del plano de él al de ella, tomando a cada uno, en el momento que hablan, mirando lateralmente al otro que… falta en el plano, aunque debería estar. Da la sensación que se trata de planos recortados de un plano único de una pantalla rectangular (pongamos un Cinemascope o un Vistavision). O sea, como ocurría y sigue ocurriendo (1) para reconvertir un único plano de una pantalla panorámica en dos (uno para cada uno de los personajes que contesta), por adecuación a una pantalla del formato 4:3.

El principal problema de la otra película que se trata de contar en Super 8, es su carencia de lógica narrativa, de comprensión y razón de lo que se nos ofrece.

Parte del cine actual no se preocupa de lo ilógico de la narración. Ni se quiere inventar cualquier historia explicativa. En muchos guiones se pasa por encima de situaciones con la mayor desfachatez y el director no hace nada, o muy poco, por enmendar el desaguisado. En algún caso, para lograr una coherencia,  se echa mano de arriesgados juegos elípticos o sugeridos. Pienso por ejemplo en la presencia del vestido terminado por Vicente en el pasado y que reaparece en la última escena como forma de demostrar la compleja situación planteada en La piel que habito.

Realidad y lógica narrativa: El origen del planeta de los simios

origen_planeta_simios-0No hay que confundir la no explicación de los hechos en un filme, con la existencia de una lógica narrativa bien tramada, aunque nada tenga que ver con la realidad que existe fuera de la pantalla. Eso forma parte de la realidad del mundo, la del cine es otra realidad, una verdad inherente a la imaginación y a la fantasía, al arte de contar, aunque a veces se proceda a confundir una (la de la pantalla) con la otra (la vivida).

Un ejemplo de esa dificultad de relacionar la realidad y la ficción, la irrealidad real del cine como inventor de historias alucinadas y alucinantes, se puede vislumbrar a través de algunos comentarios que nuestros lectores dejan en algunos artículos de la revista.

Me referiré, como ejemplo, a una especie de diálogo cruzado que se desarrolla entre dos internautas denominados Monito y Cesar, que no Julio referido a la crítica de El origen del planeta de los simios. Ya de por si el seudónimo empleado por cada uno parece explicitar sus posturas. El primero o primera deja la impronta despectiva en el término, el segundo o segunda parece asentarse en la irrealidad del cine al tomar el nombre del simio protagonista.

Monito, en sus comentarios, parece sentirse molesto con la irrealidad científica que promueve el filme y que no difiere mucho de la existente en la buena película de Franklin J. Schaffner, o sobre la que giran numerosos admirables filmes de ciencia ficción o terror, tales como El enigma del otro mundo, La humanidad en peligro, El increíble hombre menguante, La mosca, Vinieron de dentro de… o el propio King Kong e incluso 2001, Planeta prohibido o Blader Runner.

Todas esas películas crean su propio mundo, desde planteamientos discutibles o escasamente científicos, pero perfectamente entendibles en el mundo de fantasía que apareja el contar historias. La lógica propia de la película crea su propio mundo, asevera sobre la realidad del cine, sobre los saltos a la irrealidad de la que la pantalla es rey: ordenación y creación de una propia entidad, vida, personajes. El arte y el espectáculo generando un mundo paralelo con otras leyes y fundamentos. Las imágenes de la pantalla alcanzando su propia vida y funcionamiento.

Que nadie busque ciencia en muchas estupendas películas de ciencia ficción. O saber si aquello que se cuenta es real o no. La realidad es la propia de la historia que vive en la pantalla ya sea en el pasado, buceando en la Historia, en el presente, en el futuro, en mundos inexistentes.

El origen del planeta de los simios no es una obra redonda, pero en ella hay momentos de gran cine. No quiere sentar ninguna base científica, pero sí lanzarse, desde determinados temas de actualidad, a crear y narrar una imaginaria narración. No lo hace mal. Hay momentos espléndidos junto a otros más endebles. Se utilizan, por ejemplo, perfectas elipsis para narrar el crecimiento y aprendizaje de Cesar a través de una unidad de acción: sus saltos y adiestramiento en el parque nacional de San Francisco. La parte, llamémosla, de adecuación al cine carcelario logra reflejar una relación entre las actuaciones de humanos y simios. Uno de los más hermosos momentos de la película se produce en ese bloque: César pinta sobre la pared de la celda una ventana idéntica a la de la casa donde se había criado. 

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Habrá que insistir que la película no quiere se científica. Su finalidad es conseguir ser, lo más honestamente posible, una película que muestre sucesos anteriores a los que acontecen en El planeta de los simios. De forma entretenida, ágil. Ser cine, sobre todo tratando al espectador como adulto.

El origen del planeta de los simios ha sido realizada por el desconocido, para nosotros, director británico Rupert Wyatt (1972), realizador desde 2001 tan sólo de tres títulos más que se corresponden con un mediometraje (The subterrain, 2001), un corto (Get the picture, 2004) y un largo (The escapist, 2008).

El diálogo imposible, cruzado entre los comentarios de Monito y Cesar, que no Julio, parecen dejar claras posiciones a la hora de enfrentarse al hecho fílmico. El primero da a  entender que la película le parece mala porque es irrisoria su propuesta científica. Por ello deja claro que el guionista de esa cosa en vez de Darwin habría sido, más o menos, el Pato Donald.  Por su parte, su replicante le contesta indicando, suponemos con un deje irónico que no, que el guionista es un (inventado) Ethan Kane Darwin. Los dos primeros nombres, se pueden entender, como ligados al mundo del cine. Ethan sería el nombre del protagonista de esa obra maestra de John Ford titulada Centauros del desierto. Sea nombre o apellido, Kane es un referente clarísimo en el mundo del cine. Por cierto el nombre de Kane es Charles como Darwin. Ambos comentarios, cruces sin diálogo persona a persona, ejemplarizan perfectamente dos posturas sobre el hecho cinematográfico.

El cine es, como diría Perogrullo, cine, vive en la pantalla. La fuerza de las imágenes es hacer posible lo imposible desde la lógica de la narración. Si sólo buscamos realidades ya me dirán cómo vamos a creernos que en Sed de mal, por citar una película que forma parte de nuestro apartado Rashomon, Charlton Heston es nada menos que  un policía ¡mejicano!

Escribe Mister Arkadin

NOTA

(1) Las novias de Drácula de Terence Fisher ha sido editada no hace mucho en DVD alterando su formato original. Lo mismo ocurre con la versión en DVD de Vacaciones sin novia de Edwards. Dos tristes ejemplos entre otros muchos. Incomprensible en el hoy, cuando el formato de las pantallas se adapta más al formato rectangular (panorámico) que al cuadrado (4:3).

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