Águila Roja, la serie (primera parte)

  28 Julio 2011

Ecléctica, anacrónica y adictiva

aguila-roja-0La ficción española lleva tiempo siendo el formato estrella de la televisión. Series como Los Serrano, Cuéntame cómo pasó, El internado, Los hombres de Paco u Hospital Central, por citar sólo algunas de ellas, se han instalado, con rotundidad, en la parrilla televisiva de los últimos años, consiguiendo desbancar, paulatinamente, del prime time a las series americanas.

Águila Roja no sólo ha seguido esa progresión ascendente, sino que ha conseguido con un contenido diferente alzarse al primer puesto del ranking nacional, con audiencias escandalosas que cuando finalizó —de improviso— la tercera temporada, seguían subiendo. La serie creada por Globomedia para TVE es, actualmente, la serie estrella de la televisión, desde que comenzara su emisión en febrero de 2009.

Hasta la fecha lleva emitidos treinta y tres capítulos, divididos en tres temporadas, que han ido batiendo sus propios records de audiencia una tras otra. Esta última se despidió abruptamente (sólo se emitieron siete de los trece capítulos previstos) en noviembre de 2011 con una cuota de pantalla del 32,5% y casi seis millones y medio de espectadores.

La fórmula del éxito ha sido crear un producto nuevo, ecléctico y muy atractivo, no exento de cierto riesgo, en el que mucho entretenimiento y cierta calidad se entrelazan para complacer a un amplio espectro de público de todas las edades y gustos.

Un amplio despliegue de medios técnicos y humanos colabora para dar empaque a esta narración basada en la mitología del héroe, uno de los arquetipos del inconsciente colectivo que mejor representa los ideales, sueños y fantasías de individuos de todas las culturas.

En pleno Siglo de Oro español se narran las aventuras de Gonzalo de Montalvo, un sencillo maestro de escuela que pierde a su mujer víctima accidental de un complot palaciego y que para vengar su muerte adquiere la personalidad de Águila Roja, un héroe justiciero, de aspecto “ninja”, cuya seña de identidad es una pluma roja. Tiene, como todo buen héroe que se precie, escudero fiel y criado (Sátur), mentor (Agustín), amada (Margarita) y villano (el comisario Hernán Mejías), e incorpora a la terna un hijo de ocho años (Alonso), que aporta al héroe ternura y cautela. 

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1. El mito del héroe

Mito, del griego mythos “palabra”, “historia”, es una narración extraordinaria situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes (a menudo antagónicos) de carácter divino, heroico o monstruoso.

El mito visibiliza la esencia de cada pueblo, a través de relatos tradicionales que sirven para explicar culturalmente creencias (universales), ancestrales o no, compartidas desde el origen de los tiempos. “El mito es una representación, antropológica y culturalmente codificada, del imaginario colectivo” (1) y constituye el camino alternativo a la Historia para conocer la identidad de los pueblos.

Los mitos sirven para explicar el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad, pero también para proponer modelos de comportamiento y responder a preguntas existenciales (sobre la vida, la muerte, el sufrimiento…), con diferentes fines (práctico, didáctico…) e interpretaciones (simbólica, funcional o antropológica).

Cada cultura tiene sus mitos, pero en esencia todos responden a arquetipos genéricos compartidos.

1.1. Concepto de héroe

aguila-roja-2Héroe, del latín hērōs y éste del griego ρως, es, según el diccionario (RAE), una figura ilustre y famosa por sus hazañas y virtudes, es decir, una persona que por su comportamiento, acciones o forma de ser ejerce atracción sobre otras personas y puede convertirse en su referente y proyección.

Míticos, históricos, de ficción o reales, los héroes son figuras recurrentes en todas las épocas y culturas, desde la antigüedad hasta nuestros días, para simbolizar el coraje, la virtud, el honor, la justicia… y todos aquellos valores de referencia para la sociedad que lo adopta como prototipo y modelo.

En la psicología jungiana, la figura del héroe es uno de los arquetipos del inconsciente colectivo (2) (“herencia psíquica”), que cada hombre hereda individualmente, de forma generalizada, de esa dimensión objetiva de la psique, que contiene toda la experiencia de la humanidad.

Los arquetipos son elementos primordiales o arcaicos (paradigmas ejemplares y transhistóricos según Mircea Eliade) que se manifiestan a nivel colectivo, de forma objetiva, en todas las culturas, a través de imágenes oníricas y fantasías, difíciles de definir, debido a su carácter inconsciente y que son percibidos, a través de los mitos, leyendas, religiones, creencias, cuentos, obras literarias, artísticas, cinematográficas, etc. que todos compartimos. 

Los arquetipos no son autóctonos, son un fenómeno universal, que como tal cada cultura interioriza para adaptarlos a su idiosincrasia y convertirlos en referentes de un sistema simbólico (de valores) colectivo. Lo que Campbell llamó el “monomito” (3), un único mito que bajo apariencias culturales diferentes mantiene una estructura única. Este polimorfismo del mito es lo que posibilita que algunos héroes sean capaces de empatizar con públicos tan diferentes en distintas partes del mundo.

El héroe se identifica con todo lo que es bueno y necesario para la sociedad que habita y que ésta por avatares del destino ha perdido. Es el depositario de las ilusiones, sueños e ideales (libertad, justicia, igualdad…) de sus semejantes y su función es devolvérselos. “Le has devuelto la esperanza al pueblo”, le dice el fraile Agustín a Gonzalo cuando éste duda de estar haciendo lo correcto (capítulo 2).

Para Jung, los arquetipos, surgen precisamente por la necesidad del ser humano de sobrevivir en un mundo hostil. Las sociedades crean, fabrican o inventan héroes, especialmente en épocas de crisis, abusos, contradicciones, pérdida de valores, desorientación y desamparo social, que permiten al individuo ubicarse en el mundo y adaptarse a él. “El pueblo necesita creer en algo”, escuchamos decir al fraile, a propósito de la necesidad de la presencia de Águila Roja en la sociedad; a lo que Gonzalo, escéptico, responde que para eso está la religión (resistencia del héroe).

Para Bergson “la llamada” del héroe, del santo, o de la personalidad moral, en general, es en el plano espiritual el motor de la evolución creadora, un modo de actuar que se deriva de un tipo de personalidad hacia la cual se aspira en el seno de una sociedad abierta, sin pretender ejercer presión sobre sus semejantes. Para Gonzalo “la llamada” se produce cuando después del asesinato de su mujer se siente impelido a actuar. La suya no es exactamente una aspiración espiritual sino una “reacción” visceral motivada por la culpa y por la ira.

Una vez vencida su resistencia y consolidada su decisión, el héroe actúa de forma humanitaria, altruista y desinteresada, posponiendo sus intereses personales y sacrificando sus emociones de hombre corriente intentando limar ese roce invisible que se establece entre ambas condiciones. El protagonista se enfrenta, en varias ocasiones, a esta disyuntiva: entregado a la causa, Gonzalo se separa, con dolor, de su hijo moribundo para que su alter ego salve a una mujer de morir quemada, injustamente, en la hoguera. No espera nada, pero su acción/sacrificio tendrá recompensa: su hijo vivirá (capítulo 3).

Hay en todo héroe un sentimiento trágico de la existencia que asume como parte de su destino. Su tragedia es transitar en las fronteras entre dos mundos sin poder decantarse por ninguno y siempre en el límite de ambos.

La muerte hace al héroe, y también el modo en que la encara. Su arrojo, valor y osadía son consecuencia de su pérdida del miedo a la muerte. El desencadenante que impele al héroe a actuar así suele ser una pérdida traumática en su vida, (esposa, hijo, padres…) generalmente de forma brutal que le crea un fuerte sentimiento de culpa que expía/sublima con acciones heroicas.

El héroe simboliza “el impulso evolutivo (el deseo esencial), la situación conflictiva de la psique humana, por el combate contra los monstruos de la perversión” (4). La faceta de héroe de Gonzalo es consecuencia del sentimiento de culpa que experimenta, como hombre, tras la muerte de su mujer (“Mamá, murió por tu culpa”, le espeta su hijo). Una culpa acumulada sobre otras ya latentes (matar, en su juventud, a un noble en un duelo, huir después y provocar la muerte de sus padres) que provocan en su interior deseos contradictorios de redención-destrucción.

Movidos interiormente por sentimientos de venganza y/o justicia, los héroes, se oponen al poder establecido convirtiéndose, tengan o no ideología política, en adversarios de los poderosos.

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1.2. Evolución del héroe

El arquetipo del héroe se ha metamorfoseado a lo largo de la historia adaptándose al presente con que cada sociedad ha encarado su destino. Su perfil de salvador-sacrificado ha evolucionado, en consonancia con el espíritu, el pensamiento, la ciencia y la tecnología de cada época, conformando distintas modulaciones de la condición heroica.

Cada héroe adopta las características físicas y morales que su cultura de referencia conforma de acuerdo a las necesidades, exigencias, valores y virtudes que promueve; el atlético, hermoso, joven, valiente y altivo héroe clásico, difiere en humanidad del héroe épico, o del idealista héroe caballeresco, entra en conflicto con el viejo, desgarbado y débil héroe cervantino, el melancólico y atormentado héroe romántico o el insolente y advenedizo héroe realista hasta llegar al héroe moderno modelado con infinitas caras.

a) Héroe clásico

El héroe clásico es un personaje mitológico de procedencia semidivina (nacido de la unión de dioses y mortales) que debe su condición heroica a la magnitud de sus empresas, las cuales consigue gracias a sus facultades y al desvelo de sus progenitores,  que le protege o dota de poderes sobrenaturales e incluso objetos mágicos con los que conseguir sus hazañas. Hércules, Perseo (5), Aquiles, Teseo, Eneas… fueron algunos de los más admirados.

Sin embargo, hay otros héroes de naturaleza humana, pero también de alta alcurnia u origen insigne, que deben su condición a sus propios méritos (Héctor a su valor; Ulises a su inteligencia; Sísifo a su astucia) o a la trascendencia de sus padecimientos (Edipo, Orestes…). En todos ellos, semidioses o humanos existe un componente trágico, que conocen y asumen como parte de su destino.

Algunas características del héroe clásico son fuerza física, belleza, juventud, destreza e inteligencia, pero también ira (Aquiles), soberbia (Ayax), orgullo…. por lo que algunas veces son castigados por los mismos dioses que los avalan.

b) Héroe épico

El héroe épico anterior a la época medieval es todavía un héroe mítico que representa los valores tradicionales de la nación y que protagoniza grandes aventuras o hazañas de tipo bélico por las que es encumbrado en narraciones como El poema de Gilgamesh, La Ilíada, La Odisea, La Eneida… y otras epopeyas que incluían elementos fantásticos.

Algunos siglos después, en pleno medievo, los cantares de gesta (6) ensalzan a personajes reales, jefes militares como el conde Roldán (La chanson de Roland) o Rodrigo Díaz de Vivar (Cantar del Mío Cid), que luchan heroicamente y dan su vida en la batalla, pero también a personajes mitológicos como el príncipe Sigfrido (Cantar de los Nibelungos) cuya historia recuerda sorprendentemente a la de Aquiles.

En estos cantares épicos, de tono sublime, el héroe es un caballero de gran fuerza y arrojo, ejemplar por la fidelidad a su señor y prototipo de perfección para su comunidad por sus valores y virtudes. Cuenta con el apoyo divino si lo precisa y es capaz de soportar el sufrimiento en todas sus dimensiones y la muerte cuando es por designo de Dios o por su rey. La función de estos poemas era buscar la empatía patriótica, moral y religiosa con la colectividad. El resto de personajes (adversarios, ayudantes…) eran los encargados de subrayar las cualidades heroicas y virtudes del protagonista.

El Cantar del Mio Cid, más realista y ausente de elementos sobrenaturales, nos revela a un héroe prudente y leal, de procedencia noble, gran estratega militar, valeroso por sus gestas, admirado por sus tropas, respetado y temido por el enemigo, pero también humanizado por sus afectos y defectos, vulnerable e interesado, que le hacen más verosímil sin quitarle valor.

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c) Héroe cervantino

El héroe cervantino desmitifica y satiriza a los protagonistas de las novelas de caballería, fabricados a imagen y semejanza de los héroes clásicos, como Amadís de Gaula (de noble linaje, jóvenes, bellos y fuertes, de brillante armadura, impecable moral, adornados de cualidades y habilidades varias y aspirantes a la fama y la inmortalidad); instaurando la figura de un héroe idealista muy peculiar, estrafalario, irónico e imperfecto, que sólo lo es en su mundo de fantasía y cuyas “hazañas” son objeto de mofa por parte de sus semejantes.

Don Quijote, representante de los más elevados ideales del hidalgo caballero español, humanizado por sus cualidades morales, filántropo y enamorado, desfacedor de entuertos, defensor de desvalidos, necesitados y damas en apuros, establece la figura del antihéroe —un ser entrañable y digno pero loco y fracasado, disímil y contrapunto del héroe tradicional—, que la novela picaresca española ya viniera retratando.

d) Héroes contemporáneos

Los héroes de la edad contemporánea se sitúan como Don Quijote en esta categoría antiheroica, que como él entra en conflicto permanente con la sociedad que les rodea. No aspiran a ser modelos para ella, y la rechazan o utilizan en beneficio propio. Son héroes imperfectos, inmorales, desgarrados…  que luchan contra sí mismos. Tienen su propio código ético y se redimen y/o regocijan en la locura, la perversión o el asesinato como formas de aproximación a lo que consideran sus ideales.

Son individuos antisociales, alejados de la complacencia popular, pertenecientes a minorías elitistas que se consideran superiores al resto de sus semejantes a los cuales desprecian por su inferioridad, instalados en su púlpito de orgullosa indiferencia. Así, encontramos al depravado y arrogante héroe libertino de las novelas de Sade y Chardelos de Laclos (conde de Valmont); al solitario, trágico, atormentado y misterioso héroe romántico de los poemas de Byron (Childe Harold), o de Hölderlin (Empédocles) y del drama del Duque de Rivas (Don Álvaro); o al miserable y advenedizo héroe realista que ha perdido la nobleza y al que la sociedad no perdona su ascensión social, que tan bien retrataron Sthendal, Flaubert o Balzac.

e) Héroes del siglo XX

A principios del siglo XX surge un nuevo tipo de héroe que busca devolver a una sociedad fuertemente tecnificada la fe en un mundo mejor, más justo y, como consecuencia, más irreal, una vuelta al mito que imita y trasciende al héroe clásico y que se materializa en la novela de aventuras, en las revistas pulp (7) y especialmente en el mundo del cómic.

Las novelas sitúan la acción en épocas pasadas como la revolución francesa —La pimpinela escarlata (1905) de la baronesa de Orczy— o los albores del siglo XIX —La maldición de Capistrano (1919) de Johnston McCulley, obra en serie que alumbró la figura de El zorro— cuyos protagonistas no basan sus acciones en venganzas personales sino en ideales de justicia universales.

Herederos de las historias de aventuras de las pulp magazines, surgen en la industria del cómic americano a finales de los años treinta (8) los más que héroes, los superhéroes, esos seres desdoblados que “…conforman el universo mítico de la cultura de masas” y personifican “lo que la sociedad quiere y teme: aquello que se piensa como posibilidad de salvación para un mundo imbuido en el nihilismo, el desencanto y la desesperanza” (9).

Tienen los rasgos y características de los héroes clásicos (son apuestos, atléticos, inteligentes, valientes…), a los que hay que añadir unas capacidades sobrehumanas (volar, telepatía, telequinesis…) que les hacen invulnerables e inmortales. Su misión es salvar a la humanidad de la destrucción y el caos, restablecer el orden y la justicia y reconducirla hacia un futuro ideal donde reine la felicidad y la armonía, libre de seres enajenados por el deseo de poder y de dominio.

El superhéroe no es un héroe trágico en sí, porque no muere, pero sí un ser condenado a la alteridad permanente, encerrado en una naturaleza dual sin la cual no puede existir y en la cual su traje distintivo forma parte de su condición.

Bruce Wayne/Batman creado por el artista Bob Kane y el escritor Bill Finger (1939) es el más parecido a Gonzalo/Águila Roja; como él, es humano y debe su condición a una situación traumática y dolorosa (presenció de niño el asesinato de sus padres), le lastran deseos de venganza, lucha contra el mal y no posee superpoderes pero sí una gran inteligencia, conocimientos científicos, habilidades físicas y mentales, armas sofisticadas y un férreo entrenamiento que le mantiene en forma. 

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f) Héroes patrios

Coincidentes con estos superhéroes americanos surgen en nuestro país, también en el mundo del cómic, una retahíla de héroes más en consonancia con la rancia realidad de la sociedad española de la postguerra y acordes a nuestro carácter patrio. Son héroes que responden al esquema tradicional.

El guerrero del antifaz (10), creado en 1944 por Manuel Gago, narra las aventuras de un joven noble y apuesto, en la España de los Reyes Católicos (siglo XV), también con dos personalidades, Adolfo de Moncada/Guerrero del Antifaz, abocado a la acción para vengar el asesinato de su madre y carcomido por el sentimiento de culpa (razones similares a las que impulsan a Águila Roja a esgrimir la katana). El paquete también incluye escudero (Fernandito), amada (Ana María) y villano (Alí Kan). Criticado por su ideología racista, machista y maniquea, introdujo algunos personajes femeninos fuertes e independientes.

El Capitán Trueno (11), creado en 1956 por Víctor Mora (guión) y Ambrós (dibujos), relata las aventuras en pleno medievo de un caballero cruzado español, de finales del siglo XII, el Capitán Trueno, acompañado de dos escuderos, Crispín y Goliath (un adolescente y un gigantón, que aportan el toque de humor, como Sátur) y en ocasiones de su amada Sigrid, reina de Thule, con la que convive (como Gonzalo y Margarita) y comparte aventuras. Trueno no oculta su personalidad bajo ningún disfraz ni tiene sentimiento de culpa, pero defiende ideales parecidos a los de Águila Roja (justicia, fraternidad, libertad…), y cree, como éste, en la ciencia y el poder de la razón frente a la magia y la superstición. Como cualquier héroe que se precie es valiente, fuerte y guapo.

Otros personajes inspirados en Trueno del mismo autor fueron: El Jabato (1958), un gladiador cristiano sublevado contra la tiranía romana, escoltado por dos simpáticos compañeros (Taurus y Fideo) y una bella dama; El cosaco verde (1960) que, en un marco diferente (Rusia, siglo XIX) repetía el mismo esquema: héroe enfrentándose a tiranos, piratas y bandidos, novia hermosa y acompañantes inseparables (en este caso  tres, un grandullón, un muchacho agradecido, al que salva la vida (como Sátur) y un filósofo chino bajito y regordete); y El corsario de hierro (1970), un marino del siglo XVII convertido en pirata al que mueve la venganza por la muerte de su padre a manos de un villano Lord y al que igualmente acompañan dos extravagantes personajes (un fortachón y un excéntrico mago), que son el contrapunto humorístico del héroe.

La idiosincrasia española es más afín a los héroes de capa y espada, a ser posible a caballo, de aspecto sobrio y valiente, que a los mutantes, o no, de mallas ajustadas, colores estridentes y con poderes sobrenaturales.

Águila Roja es un héroe ecléctico con cualidades afines a los distintos modelos de héroe analizados, a las que hay que añadir semejanzas con prototipos guerreros de otras latitudes, cuya idiosincrasia le hacen especialmente singular.

Le acercan al héroe clásico su real linaje, su trágico destino (su hermano es su principal enemigo) y los desvelos de su padre, que como los dioses olímpicos, acude en su ayuda en momentos críticos (en el capítulo 7, una orden del Rey salva a Gonzalo de morir decapitado cuando es acusado de ser Águila Roja), además de su apostura, fuerza, arrojo e inteligencia (más la ira y la soberbia), características también del héroe épico y caballeresco. De éstos hereda la lealtad a su rey, su espíritu de sacrificio y la debilidad por ayudar y defender a los inocentes, menesterosos y desamparados, algo que también comparte con el héroe cervantino y con otros héroes del pueblo como Robin Hood o el Zorro. Su enfrentamiento a un antagonista cruel y perverso, característico también de estos últimos, le emparentan con héroes más modernos como Batman, Superman, el Llanero Solitario…

Humanizan al héroe sus lágrimas de dolor (por el amigo muerto, por el fraile protector asesinado, ante la tumba de su madre o cuando cree que Margarita ha sido vendida como esclava y que la ha perdido para siempre…), la preocupación constante (por su hijo), la crispación, la compasión o la piedad (no mata a Hernán la primera vez que puede hacerlo, cuando todavía ignora que es su hermano y el culpable de la muerte de su mujer (su código ético se lo impide “Nunca olvidéis el valor de la vida humana, la propia y la ajena”, al recordar las palabras de su maestro samurai (capítulo 8)…

No es un héroe social, político o religioso, no promueve cambios sociales ni reivindica ninguna ideología o creencia, defiende valores universales como la justicia, la verdad, la igualdad, la libertad, la solidaridad… basados en principios éticos fundamentales.

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2. Águila Roja/Gonzalo de Montalvo

Bajo la apariencia de un sencillo maestro de escuela, Gonzalo de Montalvo, viudo y con un hijo, oculta la personalidad de Águila Roja, el héroe enmascarado de la villa, defensor de la ley y la justicia frente a la tiranía; implacable con asesinos y conspiradores, y magnánimo con los débiles y necesitados.

Serio, culto e inteligente es hábil, valiente y firme pero también sensible, sensato, paciente y generoso. Cree en la razón y la ciencia frente a la superstición, el milagro y el oscurantismo religioso. Utiliza la violencia, sin complacerse en ella, solo cuando es imprescindible, en defensa propia o en auxilio de los desvalidos.

Viajó en su juventud a Oriente donde aprendió su cultura, filosofía y las artes marciales que utiliza en sus misiones. Su talón de Aquiles son su hijo Alonso y su cuñada Margarita, su primer y gran amor, a la que ha renunciado por respeto a su esposa muerta, a la que también quería.

2.1. El héroe

El personaje de Águila Roja aglutina la tradición heroica de la cultura oriental y occidental, configurando una personalidad solidaria, con valores de ambas, sin disarmonías estridentes. Su propio emblema (el águila) posee connotaciones que las emparenta.

Educado en la armonía de un hogar castellano de adopción humilde, Gonzalo vivió hasta su juventud inmerso en su cultura de referencia, al igual que durante sus años como maestro y esposo, sin embargo, la experiencia y formación adquiridas durante sus viajes de destierro por el mundo (esa época secreta de su existencia que vamos conociendo según avanza la historia), es la que parece configurar de forma más firme su personalidad actual.

Águila Roja reúne las cualidades y características de los dos tipos de guerreros orientales más importantes de la cultura japonesa: el samurai y el ninja.  Del samurai (“el que sirve”) (12) posee el origen aristocrático, la formación intelectual, la integridad del soldado fiel a una causa y un estricto código ético (bushidō), inspirado en fuentes filosóficas (taoísmo, budismo, zen, shintoismo y confucionismo), que le imponen una forma de actuar acorde a los principios de honestidad, valor, compasión, respeto, sinceridad, honor y lealtad.

El bushidō implicaba un compromiso con la perfección en el que la muerte era una consecuencia gloriosa, sin despreciar las cualidades morales y humanas del guerrero, durante el combate. Gonzalo/Águila asume, como el buen samurai, la muerte sin despreciar la vida y nunca renuncia a una misión por peligrosa que sea, de hecho está a punto de morir en varias ocasiones. Su filosofía del combate y de la vida le hace ser cauto pero audaz, valiente sin ser temerario (aunque no siempre), luchar sin perder su humanidad y actuar sin quebrantar los valores fundamentales.

Preparado para morir, el guerrero se desprendía del miedo y regía sus acciones por sus principios. Si se traicionaba el bushidō, el guerrero siempre podía recuperar su honor a través del harakiri. Gonzalo lo practica al conocer la muerte de sus supuestos padres, de la que se siente culpable, pero consigue sobrevivir gracias a la ayuda de Agustín, su protector (capítulo 2).

Los ninjas eran soldados mercenarios, sin escrúpulos, de baja extracción social que no poseían un código moral como los samuráis, entrenados en tácticas poco ortodoxas y contratados para misiones que incluían el asesinato, el sabotaje, la extorsión, etc. El término ninja define al que practica el ninjitsu (arte del sigilo), cualidad fundamental para desarrollar sus actividades.

Águila Roja adquiere del ninja sus destrezas y tácticas militares, el perfeccionamiento en el manejo de ciertas armas y accesorios característicos (katana, —arma en forma de vara de madera—, shuriken —estrellas de metal—, ballesta, abrojos, sais…), la habilidad para escalar muros, espiar, escabullirse, camuflarse, fabricar venenos, antídotos y brebajes (en el capítulo 5, Gonzalo da a Bruno, el hijo soldado de Catalina, un preparado para fingir su muerte), explosivos, bombas de humo… Además, adopta de ellos ciertos toques en la indumentaria, como el color oscuro, la cogulla y el embozo que le tapa el rostro hasta la altura de los ojos.

De ambos posee la lucidez mental, la formación en artes marciales, una magnífica forma física basada en el entrenamiento constante y el arte de montar a caballo. También saber nadar y bucear, usar con precisión la espada (katana), el arco, la flecha, la lanza y las armas de fuego.

Es un héroe sin fisuras, excepto al principio en que duda de estar haciendo lo correcto (resistencia del héroe) (en el capítulo 2 se culpa por matar, a pesar de haber prometido no volver a hacerlo) pero después asimila su misión y se siente integrado en ella.

Águila Roja es un personaje popular por sus hazañas, apreciado entre sus semejantes por su valor y comportamiento ético y humanitario, siempre en defensa de los más necesitados. Digno para Alonso de ser comparado con el mismo Rodrigo Díaz de Vivar “Algún día alguien escribirá algo sobre el Águila Roja, ya lo verás”, le dice a su tía mientras ésta le lee un pasaje del Cantar del Mio Cid (capítulo 23).

Es un ejemplo para el pueblo que lo aclama, admira e inmortaliza sus aventuras en coplillas (capítulo 18) y piezas de teatro (capítulo 22), pero también un individuo extraordinario difícil de encasillar, con el que los niños fantasean como si fuera una especie de dios “¿Tu crees que Águila Roja habrá volado alguna vez hasta la luna? Dicen que vive allí y por eso lo sabe todo, porque lo ve desde allí arriba” (capítulo 24).

Águila Roja es un héroe atípico para la cruda realidad de la época en la cual se inscriben sus aventuras. En este período histórico solo eran factibles los héroes de la calle, aquellos individuos de baja estofa, llamados pícaros, contrapunto de los valientes caballeros, que conseguían esquivar la miseria y la muerte con astucia, ardides y engaños. La literatura española denunció la pobreza y la injusticia social del sacro imperio español en las “hazañas” nada gloriosas de estos desheredados, de mala conciencia, inmersos en una espiral de fracaso que les condenaba al estancamiento social.

Obras como El Lazarillo de Tormes, El Buscón, o el Guzmán de Alfarache ofrecen un amargo retrato de aquella sociedad deprimida. En la serie este prototipo picaresco se corresponde con la personalidad de Sátur, que es el contrapunto de su amo, un héroe atemporal y extraordinario extrapolado al siglo XVII.

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a) El traje hace al héroe

Es característico en todos los héroes, el poder que la indumentaria y sus atributos le confieren, especialmente a aquellos de doble identidad, que necesitan mantener oculta su personalidad heroica. El traje inviste al héroe de valor, poder, seguridad… visibiliza su condición gloriosa en contraste con la de su identidad aparente. Con ella protege su vulnerabilidad y enfrenta la acción sin el miedo humano a la muerte y al dolor.

Al igual que ocurre con los superhéroes y otros héroes de ficción duales (13), la indumentaria de Águila Roja, a medio camino entre el espadachín castellano y el guerrero oriental, es parte constitutiva de su identidad. Ella es el signo de su alteridad, la que objetiva los valores del héroe y resalta sus diferencias con su condición de hombre corriente y anónimo. Águila Roja necesita su traje y su katana para visibilizar a su otro yo (activo, pasional, agresivo) y eliminar la personalidad del comedido y prudente maestro.

Investido con los atributos del héroe la personalidad de Gonzalo cambia. El traje le distancia de sí mismo “El comisario sospecha de Gonzalo”, dice Águila Roja a Agustín (cap. 7). Su criado Sátur es consciente de ello, “…usted cada vez que se pone el traje de héroe, para mí, que se reconcentra demasiado” (cap. 22). Y también del efecto que causa en los demás, “…con esa cara de buena persona no impone… otra cosa es que vaya de pájaro, porque con el uniforme da respeto”, le dice Sátur a su amo, consciente del poder que le confiere la indumentaria (cap. 23).

El desdoblamiento se hace patente cada vez que el maestro y su alter ego entran en conflicto, especialmente en las relaciones que mantiene con las personas que más quiere, su hijo y su cuñada.

Como héroe puede mostrarse más condescendiente que lo hace como padre, aconsejarle sin discutir e incluso reprenderle sin perder su respeto. En algunas ocasiones incluso mentirle para alimentar su ilusión, algo que como padre es incapaz de hacer. En una ocasión cuando Alonso le pregunta, en la escuela, si Águila Roja es inmortal éste le responde, “Alonso, hijo, todos los seres vivos mueren, sin excepción”; sin embargo, como héroe le complace, “Sí, soy inmortal” (cap. 9). En otro momento, Águila Roja habla con el muchacho sobre el valor, la violencia, y le dice refiriéndose a su padre, “A mí me gustaría ser como él” (cap. 3).

Con Margarita, la máscara le permite exhibir un comportamiento, curiosidad y amabilidad que sin ella no es capaz de mostrar. Cuando la salva de ser agredida por Íñigo, la mujer confiesa apenada al héroe sus miserias y él se muestra comprensivo con ella, pero duda que Gonzalo lo sea. “No le cuentes nada a tu cuñado, si yo fuera él no sé si te entendería” (cap. 4).

Embozado, se deja llevar por sus sentimientos hacia ella, mientras que a cara descubierta los reprime. Una vez, Águila Roja, sin que medie un gran peligro, se la lleva por los tejados sólo para sonsacarla sobre lo que piensa de su cuñado. En otra ocasión, el héroe la besa para consolarla, porque sabe que como Gonzalo no se atrevería (cap. 31).

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b) Simbología del nombre

Gonzalo adopta el apodo de Águila Roja por indicación de su protector y maestro el fraile Agustín; al principio, sin saber por qué, pero lo sabrá algún tiempo después. Cuando Gonzalo decide vengar el asesinato de su mujer y convertirse en justiciero, el fraile intenta convencerle de lo arriesgado de la misión, sin conseguirlo, pero ante su persistencia le entrega una katana con un águila roja grabada y le dice que ése será su nombre, porque le llevará de vuelta a sus orígenes. (cap. 25). (14)

Posteriormente, Gonzalo averiguará que el águila roja es el emblema de su familia materna: el marquesado de Montignac, familia noble francesa a la que pertenecía su madre, Laura.

El águila es considerada, universalmente, como símbolo solar y celeste a la vez por su capacidad para elevarse en el cielo y mirar al sol. En la tradición occidental es el símbolo del poder de la divinidad y de la realeza, el animal sagrado de Zeus olímpico, en la cual se transforma en ocasiones como consta en numerosos mitos. Símbolo general de Roma, que la identificaba con Júpiter victorioso, era junto con el rayo la enseña de las legiones romanas. Heredada por el Sacro Imperio Romano Germánico y posteriormente adoptada, en Europa, por distintas dinastías, ha servido de soporte a ideas y significados diferentes, convirtiéndose en una figura muy recurrente en la heráldica.

El mismo carácter celeste y solar tiene entre los indios de América, los aztecas y en Japón el kami (espíritu de la naturaleza), cuyo mensajero o soporte es un águila denominada Águila del sol celeste.

Hay que diferenciar el águila imperial (bicéfala) del que figura en el escudo de la familia francesa de Gonzalo, que es el águila de San Juan (una sola cabeza) pero roja, en vez de la habitual águila negra. El águila de San Juan, negra, fue incorporada a su escudo por los Reyes Católicos, después, Carlos I, para simbolizar el imperio, la sustituiría por el águila de dos cabezas, para, posteriormente, los siguientes Austrias suprimirla totalmente. El escudo que aparece en la serie cada vez que vemos al rey en el Salón del Trono no es por tanto el escudo de los Austrias, que a partir de Felipe II ya no llevaba el águila, sino el de los Reyes Católicos (actualmente en el Salón del Trono del Alcázar de Segovia).

Gonzalo como su alter ego, Águila Roja, hereda la destreza cazadora del animal que representa, su velocidad, agilidad, agudeza visual, fuerza, valentía y autoridad. Y como trasunto humano de esta ave de la luz, la iluminación, el genio y la heroicidad, es también un destello de esperanza para el pueblo oprimido que ve en él a su salvador.

Símbolo del padre, la virilidad y la potencia, para Jung, el águila es también un símbolo místico y religioso. En la Biblia se identifica a menudo a los ángeles con águilas y, como queda patente en la primera secuencia del primer capítulo de la serie, se emparenta directamente con San Juan Evangelista. Un niño lee en la escuela: “el primer viviente era parecido a un león; el segundo a un becerro, el tercero tenía rostro como de hombre y el cuarto era semejante a un águila volando” (15). La última frase recalcada por la voz del maestro.

En el Tetramorfos cristiano, San Juan se asoció con el águila (según San Jerónimo en el siglo IV), porque el contenido de su evangelio es el más teológico, espiritual y elevado de todos. Utilizado simbólicamente, también como la representación de los cuatro elementos (el águila sería el fuego), cuatro símbolos astrológicos (de los cuales el águila se correspondería con Escorpio), cuatro cualidades divinas (amor, justicia, poder y sabiduría, que correspondería al águila), etc.

En la simbología cristiana el águila tiene un significado de regeneración y salvación, lo que la convierte en símbolo del bautismo, de Cristo y de su naturaleza divina (Jesucristo resucitado ascendiendo al cielo).

Esta connotación religiosa no supone una vinculación cristiana con la personalidad del héroe, que en ningún momento se muestra apegado a la fe. Su conocimiento del mundo y de la cultura de otros pueblos le han convertido en un racionalista, crítico y agnóstico.

El emblema de Águila Roja es un águila con las alas desplegadas, formada con los regueros de la sangre vertida de su mujer muerta (cap.1), metáfora del origen elevado y salvador para unos, y devorante para otros, que tendrá su misión.

c) La marca del héroe

La pluma es un símbolo polivalente de poder, justicia y sacrificio. Y las plumas de águila, por derivación del simbolismo del animal que las porta, se identifican con los rayos del sol, fuente de iluminación física y espiritual.

Águila Roja deja como signo/firma de su presencia en sus acciones, una pluma roja (divisa de protección para quien le necesita y de advertencia para sus enemigos), similar a la “z” con la que firma el Zorro, la flor roja sobre lacre que estampa la Pimpinela Escarlata en sus mensajes o la bala de plata que deja el Llanero Solitario.

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2.2. El hombre

Gonzalo es bueno (su propio hijo lo ve como tal), tranquilo, generoso, sensible… pero no es perfecto (él mismo lo reconoce: “Yo fallo muchas veces, Sátur, muchas más de las que me gustaría. Sólo que no me doy por vencido”, cap. 24). Le cuesta perdonar y olvidar, aunque finalmente lo consigue.

En los primeros capítulos encontramos a un hombre atormentado por la pérdida traumática de su mujer, invadido por el odio, la crispación, la ira y el sentimiento de culpa, que no encuentra consuelo en nada de lo que le rodea, incluida su cruzada contra el mal. “Haga lo que haga no me quito esta culpa de encima”, se lamenta ante la tumba de su esposa muerta (cap. 2).

Su desesperación le hace mostrarse crispado, intolerante y poco conciliador con los que le rodean. Tiene problemas para educar a su hijo, al cual en muchas ocasiones trata duramente (“Amo, como enmascarado muy bien, como maestro no discuto, pero como padre…”, le reprocha Sátur por los continuos enfrentamientos que tiene con el chico (cap. 3), es rencoroso con Margarita (después de tantos años no ha logrado perdonarla), trata despectivamente a Sátur, se muestra agresivo con Gabi, trata de cazurro a Cipri, se pelea con Agustín…

Poco a poco según avanza la serie va encontrándose mejor consigo mismo, su actitud crispada cambia y se serena, cuando al fin consigue perdonar a Margarita (cap. 10) y descubrir al asesino de su mujer (cap. 13). Es tolerante y conciliador, aunque en momentos puntuales reacciona bruscamente: da un tortazo a Alonso por poner en peligro su vida gratuitamente (cap.16) y pega un bofetón a su criado, aunque después lo lamenta (cap. 13).

Pero a la vez es un hombre íntegro, sin prejuicios sociales (no juzga a los demás; trata igual a todos, puta, bruja, mendigo o noble; en su escuela estudian niños de distinta clase social y sexo), raciales (defiende a portugueses, moriscos, etc. frente a la xenofobia popular), culturales (sus amigos no son precisamente eruditos, el barbero y el posadero) o morales (vive con su cuñada en la misma casa, ajeno a las críticas).

Es muy querido y admirado por sus alumnos a los que enseña a pensar, apreciar el arte y la ciencia, entender la historia, rechazar la violencia, respetar las creencias, ser tolerantes con sus semejantes, controlar la manipulación (16), compartir… pero sobre todo a ser buenas personas.

Posee una vasta cultura científica, artística, literaria... conoce varias lenguas (latín, guiego, portugués, chino…) y ha tenido muchas vivencias. Cree en la lógica de la razón y la ciencia frente a la superstición, la fe y la fantasía. “Déjate de dioses y de supersticiones, esto tiene que tener una explicación racional” (Gonzalo a Sátur intentando esclarecer el robo de un cadáver, cap. 19).

Su conocimiento, racionalidad y agnosticismo (“El no cree en nada”, dice Alonso) choca en momentos puntuales con las creencias de su familia, a los que algunas veces ofende sin querer. Cuando ellos piensan que van a morir porque el mundo se acaba, es drástico y contundente tratando de erradicarles el pánico “Tú confía siempre en tu inteligencia —le dice a su hijo en presencia de Sátur y Margarita— y en tus sentidos y no en las supersticiones, eso sólo lo hacen los ignorantes” (cap 31).

Sátur se siente ridiculizado, por su amo, ante los niños de la escuela por confesar sus creencias (“Siempre es más fácil buscar una explicación fantástica que tener el valor suficiente de enfrentarse a la realidad, de ahí el éxito de las leyendas”, dice Gonzalo en el cap. 20), o por creer en el fin del mundo y se atreve a increparle: “Se cree que es Dios y lo sabe todo, pero no lo sabe...”

No cree en la valentía sin reflexión ni en la violencia gratuita. Enseña a su hijo a pelear, para no ser un matón. Su trágica experiencia juvenil (mató a un noble en un duelo) le hizo madurar al respecto. Cree en el poder de la palabra frente a la espada. Es reflexivo, sereno y prudente, sin embargo, a veces, se muestra impulsivo, como héroe (“Una cosa es ser un valiente y otra, muy distinta, un temerario”, le dice Agustín en el cap. 8) y  como hombre (pega a unos hombres en la calle por hablar mal de las mujeres, cap. 17)...

Es un hombre reservado y misterioso para los que le rodean, no comparte sus problemas, esconde sus penas y reprime sus sentimientos amorosos hacia Margarita, por respeto a su esposa muerta. Ella le conoce bien: “…no has sido tú nunca muy de hablar,  eres más de llevarlo todo por dentro… Me refiero a que te cuesta decir lo que sientes, sin más, estás ahí siempre controlándote” (cap. 25).

Continuará…

Escribe Milagros López Morales

Águila Roja, la serie (segunda parte)
Aguila Roja, la película

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NOTAS

(1) Jesús García Jiménez (1993). Narrativa Audiovisual. Ediciones Cátedra S.A. Madrid. pág. 169.

(2) “Lo inconsciente colectivo es la gran masa hereditaria espiritual de la evolución de la humanidad, masa que renace en cada estructura cerebral individual” (C. G. Jung. Madrid (2004) La estructura del alma. Obras completas, vol.8, Editorial Trotta. pág. 160.

(3) En su obra El héroe de las mil caras (1949) Josep Campbell (1904-1981) plantea desde una perspectiva psicoanalítica, especialmente jungiana, el estudio de la mitología del héroe. A partir del análisis de historias, cuentos y leyendas de todas las culturas, plantea un patrón narrativo que se repite en todas ellas y que sintetiza en tres etapas: Partida, Iniciación y Regreso, cada una de las cuales propone un recorrido que puede variar dependiendo de cada encarnación del “monomito”.

(4) Paul Diel (1976). El simbolismo en la mitología griega. Labor, Barcelona. pág. 40

(5) Perseo, hijo de Zeus y Dánae, consiguió vencer a la górgona Medusa con la ayuda de Hermes y Atenea que le proporcionaron unas sandalias voladoras, un yelmo que le hacía invisible y un escudo mágico que le hizo de espejo para esquivar su mirada.

(6) Los cantares de gesta son epopeyas o extensas narraciones épicas de corte popular, escritas en la Edad Media, (especialmente entre los siglos XI y XII) para ser cantados por los juglares. Relatan las hazañas de un héroe nacional modélico, magnificando los hechos y las virtudes del protagonista.

(7) Las revistas pulp, más conocidas como pulp magazines o pulp fiction, surgieron en Estados Unidos entre los años treinta y cuarenta. Eran publicaciones de bajo coste (editadas en papel de pulpa de celulosa, que les daba un aspecto rústico y amarillento) especializadas en historietas o relatos de ciencia-ficción, terror, policíacas, fantasía heroica, etc. Muchas tenían carácter seriado y recogían las aventuras sucesivas de un mismo personaje.

(8) Superman, creado en 1938 por Jerry Siegel (escritor) y Joe Shuster (dibujante), es considerado el primer superhéroe, aunque El Fantasma (1936) de Lee Falk puede considerarse su antecesor.

(9) Patricia Cardona (2006). Del héroe mítico al mediático. Las categorías heroicas: héroe, tiempo y acción. Revista Universidad Ealif. Colombia, nº 144, pág. 64.

(10) Francesc Xavier Capell  ha realizado una versión independiente (fan movie) basada en esta historieta, titulada El caballero del antifaz (2010) que él mismo ha producido, dirigido, guionizado e interpretado.

(11) El próximo otoño se estrenará la primera película basada en sus aventuras, Capitán Trueno y el Santo Grial (2011) dirigida por Antonio Hernández (Lisboa, En la ciudad sin límites, Los Borgia) y protagonizada por Sergio Peris-Mencheta.

(12) Los samuráis fueron una élite militar japonesa que combinaba habilidades guerreras con un riguroso código ético personal. Aparecen en el siglo X, se hacen significativos durante el XII y alcanzan su máximo esplendor en los siglos XV y XVI, para empezar su declive en el siglo XVII hasta su total desaparición en el siglo XIX.

(13) La Pimpinela Escarlata/Sir Percy Blakeney, El Zorro/Don Diego de la Vega, Superman/Clark Kent, El Capitán Marvel/Billy Batson, Batman/Bruce Wayne, Spiderman/Peter Parker, Capitán Futuro/Curtis Newton…

(14) Conversación entre Gonzalo y el fraile.

Gonzalo: Con tu aprobación o sin ella, lo haré. Los asesinos de Cristina van a pagarlo.

Fraile: La venganza es peligrosa, Gonzalo. Sabes donde está el principio pero no hacia donde te conduce.

Gonzalo: No es sólo cuestión de venganza, Agustín. ¡Jamás tendré paz si no hago justicia!

Fraile: Pero tu vida estará en peligro, piensa en Alonso, podría perder también a su padre.

Gonzalo: Se lo debo a Cristina, y a todos los inocentes que están muriendo cada día.

Fraile: ¿Quieres ser el salvador del pueblo? Difícil empresa.

Gonzalo: No necesito tu aprobación Agustín. Adiós.

Gonzalo se despide pero antes de que se marche el fraile le pide que espere.

Fraile: Espera. Tienes fuerza y odio suficiente para conseguir lo que te propongas, pero te falta algo. (Le entrega una katana con un águila roja grabada en la hoja)

Gonzalo: ¡un águila roja!

Fraile: Éste será tu nombre

Gonzalo: ¿Por qué?

Fraile: Porque te llevará de vuelta a tus orígenes, algún día.

(15) La Santa Biblia (1992). Apocalipsis 4:7. Ediciones Paulinas. Madrid.

(16) Cree que el miedo es un mecanismo de manipulación y así intenta inculcárselo a sus alumnos. “El miedo paraliza y alguien se aprovecha de ello. Y yo no quiero que vosotros tengáis miedo” (cap. 20).

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