Cómo conocí a vuestra madre, la serie

  14 Junio 2011

El momento adecuado

como_conoci_madre-0En otoño de 2005 llegó a la programación de la CBS una nueva sitcom aprovechando la carencia de este tipo de show que se vivía en aquel momento, diseñándose explícitamente por este motivo y contando con los seguidores de Friends (1994-2004) como público objetivo, habida cuenta de que estos probablemente buscarían un producto de similares características para llenar el vacío que había dejado la que se había convertido en favorita de millones de personas.

Los responsables de la CBS no pudieron elegir un momento más propicio para dar luz verde a este nuevo proyecto, cumpliéndose sobremanera sus expectativas y captando a ese target propuesto gracias a las enormes similitudes que encontramos entre el show de David Crane y Marta Kauffman y Cómo conocí a vuestra madre en cuanto a protagonistas —grupo de jóvenes alejado de sus familias—, localización —Nueva York— y tipo de humor —risas enlatadas y escasos cambios de escenario—. Esto le sirvió a Carter Bays para hacerse con un hueco en la programación que se prolongará, por lo menos, hasta una octava temporada.

A veces el momento tiene un papel crítico en el devenir de un proyecto, quizás junto a la noche de emisión y lead-in (serie anterior y que dejará buena muestra de su share) son las variables clave a tener en cuenta a la hora de vaticinar el éxito de un programa.

En el caso que nos ocupa se forjó un sólido tándem noche junto a Dos hombres y medio y nunca ha sido relegada a una noche poco propicia como la de los viernes, que podría denominarse como fatídica pues es el día que menos horas se dedican a la televisión.

Las mentes detrás de Cómo conocí a vuestra madre supieron ver la oportunidad que ofrecía el mercado y la complementaron con una interesante propuesta logrando excelentes resultados y un show de calidad, al menos en esa primera tanda de episodios.

Todo lo bueno se acaba

Los inicios de Cómo conocí a vuestra madre fueron realmente esperanzadores, con un elenco de actores no muy conocidos (lo que implica que no arrastran su propio público y éste habrá de ser atraído mediante otras vías), que se implicó al cien por cien en el proyecto, lo que provocó que su química aumentara exponencialmente y si ya en el piloto transmitían una frescura y complicidad inusitada, en los siguientes episodios se multiplicó vertiginosamente.

Esta cooperación es necesaria, es especial, para este tipo de televisión en el que las escenas que incluyen a todos los protagonistas han de ser brillantes dado que son las más substanciales pudiendo crear una mayor hilaridad.

El simple planteamiento definido en su largo título fue suficiente para sostener las tres primeras temporadas, pero en la cuarta los guiones empezaron a ser endebles y repletos de auto plagios. Mientras que las temporadas iniciales brindaron todo lo que de ellas se imploraba, la serie sufrió un severo desgaste dando lugar a episodios de relleno y se produjo un cambio en su espíritu. El tipo de humor desplegado sufrió una mutación, pasando de ser sutil y reposado a más físico y de temática pueril.

La encarnación de este cambio es Robin Sparkles: si comparamos sus primeras intervenciones con la última somos testigos de este cambio en la tipología de los chistes que se produce, siendo las primeras hilarantes y las últimas conteniendo un humor nada ingenioso, limitándose a bromas facilonas de reducida temática.

Personajes completos e interesantes como Barney han acabado convertidos en una caricatura de sí mismos, cambiando totalmente sus valores y comportándose de un modo ajeno al carácter definido con anterioridad, ese es el problema más grave que presenta el show, su mayor foco de risas se ha quemado. Stinson ha dejado de ser genial para convertirse en un personaje carente de personalidad, los guionistas lo utilizan como comodín en infinidad de ocasiones, habiendo apretado demasiado al pájaro hasta conseguir asfixiarlo.

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La madre

Habiendo concluido ya la sexta temporada, la incógnita de la que parte el show aún no ha sido revelada y, si la dinámica de las primeras temporadas se mantuviera esto no sería materia de discusión, pero a raíz de los derroteros que se han seguido, los deseos por conocer a este personaje han aumentado junto con los de la conclusión de la serie.

Muchos son los datos que sabemos ya de la señora Mosby y poco el tiempo que le resta a Ted para conocerla. El título de la serie no ofrece un margen amplio a la hora de crear nuevas tramas, quizás debido a ello una historia amena y romántica se ha tornado en un culebrón sin sentido, dando bandazos en busca de una guía más allá de la madre, de momento sin suerte alguna, provocando una total irregularidad en la calidad de los episodios.

Esta última temporada ha delegado la importancia de la madre —dejando patente que no la íbamos a conocer— en un edificio, el Arcadian, y un personaje, Zoey, ambos aburridos con tramas manidas y torpes que no alcanzan el nivel demostrado con anterioridad. Al saberse de antemano que Zoey no era un personaje definitivo debería haber tenido carisma y haber sido especial, como lo fuera Victoria en la primera temporada.

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¿Y ahora qué?

Incomprensiblemente es uno de los shows estrella de la CBS, esquivando siempre las posibles trabas y viéndose beneficiado por los problemas de otros. Los malos tiempos de Dos hombres y medio generados por el rebelde Charlie Sheen la han reforzado y posiblemente la renovación por dos temporadas se deba al deseo de la cadena por mantener uno de sus buques insignia.

Su calidad, no obstante, se encuentra en sus horas más bajas. El show ya ha dado lo mejor que podía procurar y que debería haber finalizado dignamente hace algún tiempo. El que podía haber sido un bonito proyecto de corta duración ha devenido en un producto mediocre y extenso.

Esperemos que con estas dos temporadas se finiquite la serie, estando bien planificadas, poseyendo argumentos divertidos y, sobre todo, recobrando el simpático espíritu del que hizo gala en su origen tendrían un gran potencial que los guionistas deberían aprovechar.

Escribe Sonia Molina

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