Entrevista a Pau Freixas, director de “Héroes”

  19 Noviembre 2010

“El cine me ha dado la vida”

Héroes, de Pau FreixasPau Freixas (Barcelona, 1973) nos ha recibido en un lugar muy especial. La misma urbanización estival donde el cineasta vive desde niño, y en la que se han rodado algunas escenas de la película Héroes, su tercer largometraje. Es domingo, a la hora de la sobremesa, y no es difícil imaginar la génesis de las aventuras de Xavi, Cristo, Colo, Rot y Ekaitz en las anécdotas que surgen a lo largo de la entrevista y que retratan al niño que, convertido en cineasta, ha querido homenajear una serie de vivencias propias y queridas.

Aunque el sitio tiene el aire melancólico de todos los sitios de veraneo en otoño, el recinto de la enorme piscina donde nos encontramos sigue abierto a pesar del frío y en él se está celebrando un cumpleaños infantil con merendola, confeti y globos.

El director está especialmente contento y nervioso, porque a los primeros pasos de Héroes, que sigue con ilusión, está a punto de unirse su inminente paternidad. Estamos increíblemente cerca del mar, aunque un paseo marítimo de nueva construcción nos impida ver la playa que veinte años atrás debió ofrecer un aspecto mucho más salvaje.

Encadenados charló con él en éste ambiente distendido, un poco nostálgico e inevitablemente ochentero. Perfecto para los extras de una edición de Héroes en DVD. 


Parece que has hecho una película muy agradecida, Pau. ¿Cómo se vive eso?

La verdad es que estoy muy contento. No paro, pero vale la pena.

Gustar de un modo así de sano debe ser gratificante.

Mucho.

¿Cómo empieza el proyecto Héroes?

Cámara oscura, el segundo largometraje de Pau FreixasPues empieza con la desazón que tuve después de estrenar mi segundo largometraje (el primero que estrené en cine), Cámara oscura. Tuve una crisis tremenda y me planteé, ¿realmente vale la pena tanta inversión de tiempo para algo con lo que no me identifico?

(El director, que actualmente compagina la promoción de Héroes con la realización de una serie televisiva y con la impartición esporádica de clases de dirección, empezó en el cine a los veinte años y debutó con el largometraje Cactus).

Los inicios, ya se sabe…

Una película a veces es un juego cinematográfico, un proceso necesario para aprender, muy útil para forjar la escritura audiovisual, pero a veces eso es compatible con que no estés contando absolutamente nada. En Cámara oscura los actores lo hicieron muy bien, defendieron todo lo que pudieron, pero mi dirección no me satisfizo nada cuando la vi en Sitges. Ahora, mirando atrás, creo que estuvo bien poder empezar a hacer pelis muy pronto. El premio a la vocación era hacer una película, y lo de menos era qué película. Supongo que después de ese estreno, en el que me salí de la sala a los veinte minutos, tuve la necesidad de buscar algo más definitivo, que me permitiera contar algo de verdad, y acudió enseguida: la nostalgia de la infancia.

¿Todo nace aquí, en el lugar en el que estamos?

Sí. Crecer en este lugar ha sido muy importante. Para mi el invierno era un infierno, suspendía todo, era repetidor y llegar aquí en verano era increíble…

Cuando Luis de Val me ofreció la producción, yo sugerí que quería irme un poco del género y hacer algo más emocional: sobre la infancia. Buscamos alguien para escribirla conjuntamente y nos pareció que Albert Espinosa era la persona perfecta. Los diálogos de Albert son geniales. Empezamos a colaborar y surgió una fase de escritura muy sincera, sobre el valor de la amistad, los conflictos familiares, lo que ocurre cuando un padrastro entra en una nueva familia, las primeras etapas… Retratamos también una época concreta, con una ideología y unos códigos morales muy naïfs, pero a la vez muy válidos. Eran ingenuos e inocentes, pero nosotros los seguimos llevando con nosotros, por muchas capas que les pongamos encima.

Veranos azules… pero tu película tiene también un fuerte contenido trágico.

En medio de este proceso de escritura murió Puchi, uno de los amigos con los que yo correteaba por aquí [la película termina con esta dedicatoria personal], y esta muerte supuso un cambio de guión. Influyó de una manera tremenda, porque cuando ocurrió éramos adultos, teníamos treinta años, pero me di cuenta de que lo vivimos como niños de doce, y sentí que no podía dejar de contar eso en la película.

Pau Freixas en Sitges 2003, durante la presentación de Cámara oscura

¿Lo convertiste en un reto narrativo?

Si. Había muerto una persona importante, con mucha presencia en esta comunidad. Fue mi primera experiencia con una muerte joven, injusta. Habíamos visto morir a gente, pero no era nadie de nuestra generación, no éramos nosotros. Hubo un “clic”, de sensación de pérdida de algo propio. Introduje la pérdida como elemento fundamental, y los treinta últimos minutos de la peli son mi vivencia de entonces.

Lo personal es importante, porque nace una necesidad de proyectar estados de ánimo y vivencias propias por encima de la voluntad de contar una historia. La película puede tener fallos arquitectónicos, si le quitas esos estados. No va de la importancia de una trama, ni del retrato de unos niños que pelean por un trofeo y de sus antagonistas. La película no es la carrera del coche, no quise despistar con eso.

Sería interesante haber comprobado qué película quedaba si no hubiese irrumpido este componente, porque lo cierto es que el tono y la tesis sobre los estados de ánimo pudieron con la voluntad de jugar con una trama. A partir de ahí decidí hacer una película de emociones.

¿Más que una aventura, lo ves como una reflexión sobre la pérdida?

Sí. Creo haber jugado con una serie de experiencias catárquicas. Después de lo trágico de esa pérdida, al juntarnos, empezamos a vivir lo positivo. La herencia que nos quedaba, lo que surgía entre nosotros al juntarnos de nuevo. Hicimos un luto muy largo, quedando casi a diario. Este proceso me dejó un sabor muy curioso. Una película muy triste con algo esperanzador, un color muy concreto. Cuando hay una pérdida, y te anuncian una tragedia, se da un momento único. Lo recuerdas de modo casi fotográfico, evocas lo que hacías en ése instante, dónde estabas. En la película sale ese momento vivido por todos los personajes.

Me han atacado por esas secuencias diciendo que soy lacrimógeno y sensiblero, pero no es lo que buscábamos. Me harté de llorar en el combo, porque buscaba una proyección de lo que yo ya había vivido. Y, bueno, es verdad que tengo un formato concreto. Me atrae más el estilo de Spielberg y Zemeckis que algo más social o realista, tipo Ken Loach. Si lo hubiese hecho de este modo más discreto o austero hubiese conectado con otro tipo de público y hubiese recibido un tipo de críticas diferente.

Pau Freixas y el equipo de Héroes, en el Festival de Málaga 2010

¿Trabajas sobre referentes declarados?

Yo no creo tanto en los referentes como en el sentido del bagaje de cada uno. Cuando estudiaba cine sí quería copiar, a Tarkovski, a todos. Cuando estudias, es lo que toca. Apreciar y querer parecerte a los grandes. Pero el referente verdadero es lo que te gusta, y a mí me gustan las películas cercanas al espectador. Yo, con todos mis marrones, he sido un chaval de clase media-alta, el cine social no me pega demasiado. Y eso me hace conectar con unos conflictos concretos, no puedo fingir que soy otra persona. No me puedo meter en el drama de una familia que no llega a fin de mes. Pero que un formato sea más comercial no quiere tener que ver con algo menos cercano a la realidad.

Los valores de esta película son positivos. Se habla de la amistad y de los ojos limpios de un niño, de la nostalgia de quiénes éramos.

La serie que preparas actualmente para TV3, Polseres vermelles, también es de niños. ¿Siempre tuviste claro el protagonismo infantil de Héroes?

Quizás se trate de una manía generacional… a mí me ocurre que no me acabo de creer lo mayor que soy. Me cuesta mucho ser consciente de la edad que tengo. Con estos niños he generado un vínculo tremendo. Hablo con ellos y los entiendo, en cambio con gente más madura me cuesta. Necesito que el día a día tenga aventurilla y tenga nervio. El síndrome de Peter Pan lo tengo instaurado, y creo que mucha gente de nuestra generación también.

La importancia de los años 80, aunque hablemos de ellos como un tópico…

Creo que fueron decisivos. Los que venimos de ellos estamos tocados de la nostalgia de la infancia. La generación de nuestros padres tuvieron hijos muy temprano, su infancia fue distinta, nosotros hemos estirado mucho más el tiempo. Hemos estirado la marcha de casa, la pareja fija, el tiempo de la libertad, al fin y al cabo, lo hemos dilatado mucho, hasta donde hemos podido. Nos hemos enganchado a eso, y nos ha costado mucho hacer el “clic”, si es que lo hemos hecho. Somos la primera generación que vive eso, que hemos gozado de treinta y cinco años de free style. Hemos currado, sí, pero sin la responsabilidad de la familia, de los niños, lo que sí tuvieron nuestros padres.

También hemos hablado mucho de nosotros mismos, en esos años de deriva, hemos hablado de lo que queríamos ser, hemos construido verbalmente muchos futuros. Llevamos treinta y cinco años de filosofada, y hemos mantenido mucho el niño, la búsqueda, lo que quiero o no quiero ser.

Héroes: Me atrae más el estilo de Spielberg y Zemeckis que algo más social o realista, tipo Ken Loach

¿De ahí sale la mirada detonante del adulto infeliz que se refleja en el niño?

Lo peor de todo es la conciencia de la distancia respecto del niño. Cuando notas que has perdido la capacidad de ilusionarte. Tu sensación es que eras blanco y ahora eres gris, aunque eso se ajuste más a la ilusión que provoca la nostalgia que a la realidad.

Lo importante era que ese personaje detonante, el de Alex Brendemühl, fuera una opción vital. Eso era más importante que situarlo en la trama de la infancia. No queríamos una película romántica de dos novios que se encuentran al cabo de los años, sino la andadura de una figura contempladora. Una escena como la de los niños desmenuzando el monigote de Brendemühl al inicio del film me daba una manera simple de arrancar la historia. Una trama espejo. Que el juego de reflejos empiece. La película no es demasiado racional, pero tiene momentos estratégicos de guión, como éste.

¿En qué modo se acopla toda esa catarsis personal que me has contado en una trama tan aventurera?

La historia nunca fue Los Goonies. No me interesaba. La aventura está muy bien para contar otras cosas, pero no te da, como adulto, material emocional para trabajar. En la primera versión del guión siempre hubo un flirteo con la pérdida, pero ninguno jugaba con el drama, sino con un viaje de verano intenso. Algo que permitiera hablar de las relaciones familiares, del primer amor, etc. Pero no tenía el peso que buscaba. Lo que ocurría antes de ésos treinta minutos finales de la película era algo olvidable, al fin y al cabo.

Cuando introduje la pérdida, me contestaban los informes de producción diciendo: “Hay dos películas, tienes que escoger”. Y yo decía, ¿por qué? En tu día a día tienes una película concreta, pero si irrumpe un hecho dramático todo cambia, lo demás deja de tener importancia. La película se convierte en otra y no tienes por qué saber cómo terminará.

Héroes tiene una notable conciencia de guión, pero también depende mucho de una atmósfera concreta.

Lo que siempre defiendo, también cuando doy clases de dirección, es el tono. Hay que tenerlo claro. Es difícil de contarlo y detectar dónde empiezas a construirlo. El casting, el arte, la música…. ¿cómo sabes cuál es el tono si no has hecho antes cuatro películas?

Yo intento buscar esa atmósfera, el clima, todo lo intangible, la limpieza de las miradas. Eso es lo que más me gusta del cine americano. Las miradas están milimetradas, no hay impurezas. Si mientras hablamos yo te miro, tu no puedes no mirarme. Tengo que ver cómo bajas los ojos o cómo mantienes la atención en mi mirada. Aquí se me puede tachar de reconcentrado… puede ser. Creo que eso le da a la película una brizna de artificialidad, en el sentido positivo. Soy muy intervencionista, y reconozco la manipulación de todos los elementos para generar ese tono buscado.

Héroes: La historia nunca fue Los Goonies. No me interesaba. La aventura está muy bien para contar otras cosas, pero no te da, como adulto, material emocional para trabajar

Es curioso que reconozcas una tendencia al artificio en una película que llama la atención por la naturalidad de las presencias... cuéntanos tu historia con tus jóvenes personajes. 

Quería niños que fueran buenos. A saco, sin condiciones. Todos. Que incluso el que se supone el más cabrón, que es Ekaitz, fuese buen chaval. Las circunstancias ayudan, y yo he tenido la suerte de dar con los niños que buscaba, espléndidos todos. Tenía muy claro que no quería que fuesen actores, que no tuvieran experiencia previa con la cámara. Que no posaran, sino que poseyeran espontaneidad y fueran naturales.

¿Cómo encaraste la dirección de actores debutantes?

Ha sido un descubrimiento, he aprendido muchísimo. Los puse a vivir en una casa de colonias, desde dos semanas antes del inicio de rodaje hasta el final. Se fueron a casa cuatro fines de semana, si llega. No venían ni los padres. Yo los tenía “secuestrados”, en el buen sentido, en esa casa de colonias con piscina, con una monitora, un cocinero, la acting couch y yo. Los del rodaje entrábamos y salíamos, yo iba a dormir muchas noches con ellos, y toda la preparación la hicimos juntos. Ellos generaron vínculos entre ellos, se creó una amistad real, relaciones reales y potentes. Nos conocimos, jugamos, y nos hicimos amigos. En esos días los vives, los conoces, trabajas con ellos y les das una disciplina…

El cine es algo que a mi me ha dado la vida, me llena muchísimo, y no sé qué haría sin él. Quería coger unos niños que no tuvieran experiencia previa pero que salieran de este proyecto con la semilla del amor por esta profesión, al margen de que luego se dediquen a ello o no. Para mí era importante cuidarlos, y transmitirles eso. Hacerles saber que el cine es difícil pero es inmensamente gratificante.

Menuda vivencia…

Sí, sí… ahora estamos todos con un síndrome de Estocolmo impresionante. Aunque reconozco que es una relación paterno-filial, hay un vínculo muy fuerte. Nos escribimos y mandamos mensajes cada semana, también con los padres. Ha sido una experiencia muy bonita. Va de conocer a la persona y darle una visión particular del mundo. La película no es los premios ni la repercusión mediática, sino lo que se está viviendo en el momento de hacerla.

Ellos sabían que estaban haciendo una peli, tenían un guión, pero no sabían exactamente lo que eso significaba. Entraban desde la aventura, y yo les acompañaba. Yo sigo trabajando con mis compañeros de FP, con los que conozco desde los dieciocho años, y eso me permite entrar en el rodaje desde el juego. El equipo se encarga de los aspectos más disciplinarios, y yo juego. No me gusta prepararme las escenas. Y eso, con niños es muy fácil.

Con Lluís Homar somos amigos desde hace tiempo, la única actriz a la que no conocía era Emma Suárez, y era complicado porque su personaje es, prácticamente, un único plano muy definitivo. Visto el resultado, estoy contentísimo

¿Cómo combinas eso con los actores profesionales, el juego de los pequeños con la experiencia de personas como Lluís Homar, Emma Suárez o Anna Lizarán?

Los niños contagian mucho. En treinta segundos los niños lloran de verdad. Con un adulto eso no funciona, haces con él una negociación racional. “Tenemos una escena dramática, si lloramos funcionará, si no lloramos tampoco pasa nada”. Al niño no le explicas. Es más fácil tocarlo. Cuando tenían una escena dramática decían: “Pau, hazme llorar”. Y sólo hacía falta que les dijera “Bueno, estamos aquí, haciendo la peli, y en dos semanas ya la terminamos y nos vamos todos a casa”, y sólo de pensar que se iba a terminar la aventura, lloraban. Una pasada, qué monos… Al adulto no juegas a tocarlo, no te atreves, él tiene sus historias y no intervienes, te da respeto. Aunque con el tiempo es algo que espero aprender a hacer, meterle mano al actor adulto.

Con todo tengo que decir que, a nivel de código, los actores adultos conectaron enseguida en el feeling de los niños. Con Lluís Homar somos amigos desde hace tiempo, la única actriz a la que no conocía era Emma Suárez, y era complicado porque su personaje es, prácticamente, un único plano muy definitivo. Visto el resultado, estoy contentísimo. Ella es un encanto y, en general, la sinceridad y la naturalidad supusieron un contagio colectivo.

Vamos, que el equipo acompañó.

Somos el equipo de toda la vida, la película también es un poco el viaje nuestro a lo largo de éstos años, desde que hicimos Cactus con 20 años. Hay gente que ha ido cayendo, pero los jefes de técnicos siguen siendo todos los mismos.

¿Por qué los más outsiders del elenco son la generación de los abuelos?

Yo creo que las abuelas para nosotros han sido muy potentes... quería que la abuela estuviese ahí, pero que no fuese “la abuelita”. Los niños ya son muy arquetípicos, una abuelita arquetípica hubiese resultado empalagoso...

Rodaje de Héroes, una película catalana

Toda infancia tiene sus gurús, claro. Los tuyos tienen características que recuerdan a otros momentos del cine.

Hombre, durante el rodaje se cantaron muchos nombres. Matar a un ruiseñor, por ejemplo, como habéis apuntado muy bien en vuestra crítica… pero tengo que decirte algo, tengo tendencia a ignorar las pelis de prestigio y a elevar las que no lo tienen. En el mundo en que me muevo la gente defiende las otras, las prestigiosas, y yo las cojo desde la frivolidad. El director de foto quiere hacer Tarkovski, y yo le digo que vale, pero que cuando tengamos ochenta años. En cambio los referentes ochenteros, sí me gustan. En el rodaje los defendía, pero a la vez intentaba que la gente no los revisase. Los referentes son buenos desde el recuerdo que tienes de ellos, no desde la literalidad. Yo recuerdo salir del cine de ver Karate Kid, en el Paseo de Gracia, y tener ganas de apuntarme a kárate.

¿Los buenos referentes son las películas que nos dan ganas de hacer cine?

Pues sí, porque ahí es cuando podemos dejar de hablar de guiños u homenajes para hablar de memoria histórica. El director de foto quiere luna y humo porque no puede olvidar los bosques de E.T. Pero E.T para mí es tan importante como esta piscina (señala la inmensa piscina comunitaria donde el director aprendió a nadar). Tienen exactamente la misma presencia en mi vida. Muchas pelis son más importantes que algunas personas con las que te cruzas. Son una memoria emocional. La música de E.T. podría levantarme de la muerte.

Hablemos de la crítica. ¿Es verdad eso de que tu pulso con el cine español es el juego libre de las emociones?

Bueno… ante todo quiero dejar claro que no me siento haciendo un pulso con nadie. No soy pudoroso con lo que pienso, pero eso no lo pienso. Es muy difícil hacer pelis en España. Cuando empiezas eres muy cabrón y muy exigente, pero yo ahora, cualquier peli que veo, merece mi respeto. Es dificilísimo hacer una buena peli y provocar una emoción. Dificilísimo. Por lo tanto, no hay ningún pulso.

Sí es verdad, sin embargo, que tengo la sensación de que tradicionalmente, por lo que sea, porque somos europeos, sufrimos una especie de esquizofrenia con el tema emotivo. Hemos hecho mucho más cine social y comedias. Eso y el terror, en los últimos años, a raíz de Filmax y de autores como Balagueró y Paco Plaza, lo hemos llevado muy bien. Lo que es el cine emocional, de “volada”, no de contacto con la realidad, sino de fantasía realista, a lo yanqui, no se lleva. Cuando eras pequeño no jugabas a realismo, jugabas a fliparte. Jugabas a indios y vaqueros y era épico. Y la épica en el cine español no la hemos trabajado. Quizás porque lo hemos relacionado con el americano, y en ése sentido lo hemos visto como una tendencia enemiga. Con todo, desde nuestra generación, es lo que más hemos consumido.

Por eso defiendo que poco a poco eso vaya cambiando. En terror se ha hecho, pero en el drama, en el juego emotivo de tocar fibras, desde la crítica y la reflexión parece que eso sea menor, demasiado obvio, Y lo obvio es peor. Yo eso lo pongo muy en duda. No poseo la verdad, pero tengo la sensación de que si veo una peli y me hace reír y llorar, me gusta. Quizás soy yo, el que soy obvio, pero si conecto, me da igual que lo que me cuentan tenga dos capas o una. A veces lo más sencillo te hace conectar con cosas tuyas muy importantes. Lo naïf, la ingenuidad… se desprecia. Siempre habrá millones que no conecten, por eso la voluntad de una película es lo más importante. La de Héroes es sincera, no mercantilista, aunque pueda tener un formato comercial.

Héroes, de Pau Freixas

Mucha gente ha hablado de ñoñería. Pero alguien también ha dicho que Héroes recuerda los motivos por los que nos gusta el cine. ¿Tenemos prejuicios hacia lo sencillo?

No sé…. Creo que si lo aceptamos a la primera somos menos interesantes. Tenemos un ego (y yo el primero)… queremos capas, ver algo donde los demás no lo ven. No puede ser que después de veinticinco años viendo pelis no te puedas diferenciar de un espectador medio. Buscamos lo especial, la diferencia. Pero al fin y al cabo, si tú fueras el único que se emocionara en una sala donde nadie ha entendido nada, no dudarías en sacar la bandera más grande y decir: “Esto emociona, y no os estáis dando cuenta”. Y ahí sí te pondrías el traje más heavy que encontraras. Cada uno a su escala, los que queremos comunicar como sea, buscamos ese elemento diferenciador. Aportar algo, sacar la cabeza del saco.

El elemento nuevo no es lo que le pasa a 500 personas a la vez en el cine. “Vale, sí, está bien, es bonita, pero…”. Y aquí, el pero, es castaña a lo sensiblero, castaña a lo naïf y a la simplicidad de las emociones. Yo me he colado en todos los pases que he podido para observar la reacción de la gente, y he visto que conecta. Más allá de nuestro trabajo, por azar o por dedicación, la película conecta. Y quizás, por primera vez, lo que digan de ella me da igual. El viaje ha sido una experiencia inolvidable, terapéutica, y encima la proyecto y la gente se emociona, ¿qué más quiero? Es un álbum de fotos de ese verano, de mi vida. Es un trabajo que ya está pagado. Luego nos preguntan: ¿el cine puede cambiar algo? Milímetros, puede suponer milímetros de cambio, pero esos milímetros son lo que pagan el curro.

¿Te da miedo el encasillamiento?

No. Eso me da igual. Tengo tendencia a llevar la contraria, así que si ahora que he hecho algo emotivo me sugieren seguir un filón, entonces sí puedo acabar haciendo...

¿Tarkovski?

…Tarkovski.

…En el Polo Norte.

Por ejemplo. Yo, todo lo que he aprendido, lo poco que habré madurado en la vida, ha sido haciendo cine. El cine para mí es una búsqueda, un aprendizaje. Con Héroes me he reconciliado con muchas cosas, pero también me he quedado muy vacío, así que no sé qué será lo próximo. De momento estoy haciendo una serie con niños, mira, pero no creo en el encasillamiento. No pienso en lo externo. Pienso que lo que he hecho ahora me ha gustado y que me apetece exprimirlo. Luego ya veremos.

No hay que engañarse. Héroes tampoco será un éxito. Es una peli catalana, que tendrá la repercusión que tenga. No tenemos el apoyo de una tele nacional, no se ha vendido, por lo que sea

¿La ovación del público es un cheque en blanco?

No hay que engañarse. Héroes tampoco será un éxito. Es una peli catalana, que tendrá la repercusión que tenga. No tenemos el apoyo de una tele nacional, no se ha vendido, por lo que sea, porque no ha gustado, porque el productor no ha estado finillo, porque no han creído en ella. Lo que sea, pero el caso es que no hay detrás una tele nacional y a nivel español la promoción ha sido mínima, cuando lo que necesitas es una campaña grande.

Acabaremos entre las veinte del año, que no es demasiado difícil, y ya está. Debemos llevar… ¿hoy es domingo, no? Pues, unos 400.000 euros… Sí, estaremos en eso, entre las 20 taquilleras del año, españolas, ¿eh? Eso significa quedar por encima de otras setenta u ochenta, pero no es garantía de nada. Así que repito que lo externo es lo de menos, y lo siguiente será lo que me enamore, y ojalá me enamore rápido.

Nos ha gustado ver Héroes y hablar contigo. ¿Te ha gustado Encadenados y leernos?

Héroes, de Pau FreixasMe han llamado la atención los cuadros de puntuaciones de las películas, estuve mirando algunas… curiosidad cerda, porque estoy de promoción. Pero lo que más me ha gustado es leer las críticas y notar esa sensación de libertad en el estilo. Las ganas de contar. Eso es muy importante. Hay días que con un párrafo sobra, pero otros que no te da la gana comprimir. ¿Por qué hay que andar siempre comprimiendo? Tenéis un componente de escritura que yo echo mucho de menos en los diarios, en los periódicos, en la prensa cultural. Que la web dé oportunidad de explicar lo que deseas es genial. Es esencial… porque al final lo importante, y en esto coincidido con vosotros, es poder transmitir el amor al cine. 

Al final del encuentro se nos une Eva Santolaria, el rostro que mejor da al film ese sano síndrome de Peter Pan del que hemos estado hablando en las orillas de la piscina que inspiró Héroes. La actriz llega con una sonrisa de oreja a oreja, feliz con su también inminente maternidad. Le felicitamos doblemente por la parte que le toca.

Deseamos mucha suerte a Pau Freixas, que nos da las gracias y nos promete que ya nos contará. La tentación de acercarnos a la fiesta infantil que nos ha estado poniendo banda sonora al encuentro e hincar el diente al pastel decorado con Lacasitos es indecible. Con el amor al cine en los labios, despedimos el encuentro tirando de un cordel de la piñata y volviendo a ser niños.

Prometemos encontrarnos dentro de cincuenta años para hablar de una película homenaje a Tarkovski. Encadenados estará para cubrirlo, y ojalá la piscina aún esté llena.

Escribe Marga Carnicé 

Leer la crítica de la película Héroes en Encadenados

Pau Freixas en el Festival de Málaga, durante la presentación de Héroes