Bergman y Antonioni en el recuerdo

  31 Diciembre 2007

Escribe Patricio Ruiz

Ingmar Bergman o el fenómeno sociológico

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   Ingmar Bergman

Retrotraigámonos: corría el año 20 a.d. (antes de la democracia) y, aunque pueda parecer mentira, la Televisión no existía o como si no. De teléfonos móviles nada: el fijo, que sólo tenían algunos afortunados mortales y, en muchas ocasiones, conexiones después de varias horas a través de operadora manual. De la prensa, la de los lunes por el fútbol. El cine nacional y el de Hollywood, el resto un páramo. España es en aquellos momentos, según la nomenclatura oficial: la Reserva Espiritual de Occidente (en serio). La Universidad no estaba masificada y aún no había masificación de universidades que se podían contar con los dedos de tres manos, y lo mismo ocurría con las titulaciones. ¡No existían las autonomías!

Lo que antecede, año más o menos, es verdad. Yo estaba allí. Una vez situados en tal panorama, aparece Ingmar Bergman. Ni siquiera las mejores películas de Bergman, ni las más representativas, ni casualmente alguna de sus épocas cinematográficas más concretas.
Por la brecha creada por los premios en algunos festivales, algún Oscar y la presencia de críticos de cine españoles, Bergman atraviesa la frontera y llega a España. Y el público acude; no es público de cine-clubs, se estrena en salas normales, funciona el boca a oreja: temas no vistos y tratados en nuestras pantallas, la puesta en cuestión de la religion oficial, el adulterio, suecas in puribus, el suicidio, la libertad sexual...

Hay un gran y efímero impacto. La sociedad española también evoluciona, la religiosidad y las costumbres van cediendo terreno, las leyes audiovisuales hacen de las suecas pecata minuta y ya les rebasamos. Nuestra legislación civil, para bien o para mal, ya es más permisiva que la sueca... Queda la parte cinematográfica: el resto de la obra de Bergman ya tiene que verse en cine-clubs al perder el gancho-morbo que tenían para el gran público.

Y evidentemente Bergman queda como un gran director y alguna de sus obras finales son mejores que las que levantaron la cuestion. Ahora llega a las librerías españolas una serie de novelas policíacas y relatos en Televisión Canal 13 protagonizadas por el Inspector Wallander, del escritor sueco Hening Mankell; es curioso ver cómo muchos de los temas de Bergman siguen vigentes, sobre todo en las novelas en la sociedad sueca actual.

Antonioni o la incomunicación

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   Michelangelo Antonioni

Es una obviedad citada a bote pronto por todos los críticos y espectadores y es también la palabra más usada por el propio autor. Porque Antonioni era un autor, un creador y como tal, al romper la monotonía rampante tuvo (y tiene) seguidores y detractores. Más de estos últimos, porque sus películas son difíciles y largas, y cuando las ves su fama de hermético las ha precedido. Nadie va al cine y se encuentra con una película de Antonioni de sopetón.

Actuó como rompedor en una Italia que salía perdedora de una guerra y que respondió cinematográficamente con lo que se ha llamado Neorrealismo. Sus películas (las del Neorrealismo) ponían a los italianos frente a un espejo: pobreza, desesperanza, desestructuración... Era un buen cine, pero deprimente para el espectador italiano y Antonioni cambió de clase social: los protagonistas de su cine de la incomunicación eran personajes adinerados de la nueva Italia que resurgía económicamente con nuevos problemas.

Ese fue el terreno de juego en el que Antonioni experimentó. Experimentos que muchas veces fueron incomprendidos, pero que hicieron avanzar el cine, en color y en blanco y negro.

Para los amantes de la Historia del Cine, una pieza fundamental, pero mucho me temo que al gran público ni siquiera les suene. Sic transiti gloria mundi (en latín, porque como era italiano).

PD: De ambos nos han quedado, además de sus películas, espléndidos actores y sobre todo actrices.