La noche americana (La nuit americaine, 1973), de François Truffaut

  05 Mayo 2022

El cine trasciende al tiempo y a la propia vida de sus personajes

la-noche-americana-0Ha llovido desde que vi La noche americana por primera vez. Ya entonces, me pareció en extremo interesante. Recuerdo que me reí por dentro y pensé que hacer una película era algo no sólo difícil, como toda obra de arte, sino insoportable por la enorme cantidad de contingencias que, como cuenta este film, concurren en un rodaje. Y pensé también que esta obra podría ser, para los vocacionales que sueñan con hacer una película, un motivo para recapacitar.

En ocasiones he dicho algo que no por su obviedad tenemos que olvidar: que el cine es una industria muy compleja, un emprendimiento donde hay que invertir mucho esfuerzo económico, humano y creatividad a raudales por parte de cuantos participan en la empresa.

El primero es el productor, que pone el dinero, lo invierte para hacer realidad lo que está en la mente del director y de los guionistas. Pero luego hay actores, actrices, músicos, directores de fotografía, expertos en la puesta en escena, especialistas en escenas de riesgo, vestuario, maquillaje, exteriores, sonido, etc.

No es difícil que el rodaje de una película tropiece con múltiples problemas, que afectan tanto a los miembros del equipo como a la propia película. Que si el director no está inspirado, que si el actor o la actriz tienen tal o cual capricho, el productor que ve cómo transcurren los días de rodaje y con ellos su dinero se evapora, algún imprevisto y mil y un detalles. El director, eso sí, ha de estar en todo eso y en más.

Ya en su momento este fue un aclamadísimo título del cinéfilo Truffaut que aborda la historia del rodaje de una película y los problemas que surgen entre los miembros del equipo y tantos detalles más. Truffaut era un amante del cine, un auténtico enamorado del Séptimo Arte y, además, por lo que he leído, un director puntilloso, pero a la vez paciente y conciliador. Y además ha trabajado en esta y en otras películas de actor.

La noche americana es un auténtico homenaje al cine y a la seducción por crear historias y filmarlas. Es una película inolvidable, cautivadora y bella, una especie de declaración de principios, a la par que sirve de clase magistral de imaginación y un ejemplo de narrativa filmada.

El reparto es excepcional, con una Jacqueline Bisset en pleno esplendor interpretativo y de belleza; Valentina Cortese, que borda un papel por el cual fue premiada y multinominada; Alexandra Steward, Jean-Pierre Aumont (magnífico), Nathalie Baye (estupenda), Jean Champion, Jean-Pierre Léaud (un ¡bravo! por él), François Truffaut (que está en todo), Nike Arrighi y un largo etcétera de actores y actrices que dan total verosimilitud a una historia de cine sobre el cine.

La película se desarrolla supuestamente en Niza, en los Studios de la Victorine, a lo largo de siete semanas, entre 1972 y 1973. Se rueda un film titulado Je vous présent Pamela, dirigido por Ferrand, con el patrocinio de una empresa norteamericana. Los principales actores y protagonistas son la joven actriz americana Julie Baker (Jacqueline Bisset), el actor americano ya en su otoño como tal, Alexander (Jean-Pierre Aumont), la veterana actriz francesa Joëlle (Nathalie Baye), un joven galán francés amante del cine igual que conflictivo (Jean-Pierre Léaud) y el director interpretado con maestría por el propio François Truffaut.

Película sobre el cine, un cántico al Séptimo Arte en su vertiente incluso más cruda, con sus entresijos, sus amoríos en torno al plató, las dificultades, los conflictos, las filias y las fobias de unos y otros, y todo ello contado de una forma ágil, viva, vertiginosa, imaginativa y policromada. No hay lugar para la retórica, tampoco para la presunción o el sentimentalismo llorón.

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Este film de tono ligero es también cáustico y mordaz a la par que amable, también a veces ácido. Nos enseña cómo el rodaje de una película es un trabajo colectivo donde todos deben cooperar, donde todos son piezas importantes y nada debe fallar en aras a un buen resultado, con un equipo plural que al igual que una nube, se evapora al finalizar el rodaje, dejando atrás una estela de historias diversas.

Hay momentos para el drama y otros para la intimidad o la bronca, esto es, los más variopintos escenarios convergen en el rodaje de la película. Hay también humor, a veces absurdo, con elementos de exageración o salidas de tono, desatino, y como no podía ser menos en el mundo del arte, excentricidad.

En resumen, una película en la que el cine es la vida, e incluso podemos decir que viceversa. Esta comparación cine-vida le da un aire fresco a la trama y nos atrapa en el juego de personajes, historia, subtramas y el final, el desenlace de la película por fin acabada.

También creo que este film da a entender que, si bien la vida es efímera, contradictoria o imperfecta, el cine a cambio entra en el limbo de lo bello y lo atemporal, como algo que permanecerá y sobrevivirá a sus protagonistas, como efectivamente ocurre.

Si te gusta el cine, no te la pierdas. El tiempo no ha pasado por ella; al contrario, como toda obra de arte, ha ganado con el paso de los años, incluso aunque lamentablemente ya no tengamos a Truffaut entre nosotros.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Artículo parcialmente publicado en FilmAffinity

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