A la vuelta de la esquina (3)

  16 Abril 2019

Entre palés

a-la-vuelta-de-la-esquina-2Hay autores que saben sacar provecho de la monótona vida cotidiana, de la rutina diaria, y dotarla de sutil lirismo y profunda significación. Algo parecido ha intentado el director alemán Thomas Stuber con In den Gängen (traducida en nuestro país como A la vuelta de la esquina), su cuarta película. Una historia basada en el relato corto In the Aisless (En los pasillos) de su compatriota, el escritor de culto, Clemens Meyers.

Stuber ha transformado, con la colaboración de Meyers en la elaboración del guión, un texto de veinticinco páginas en un relato audiovisual de más de dos horas. Un concienzudo y difícil trabajo de adaptación en el que ha habido que crear imágenes y escenas de un cuarto de hora de apenas ocupaban una línea en el texto. No obstante, Stuber afirma que la atmosfera y la profundidad de la historia ya estaban en el original.

El resultado es una especie de cuento de hadas nada convencional que, con humor y tragedia, transita por la soledad del individuo contemporáneo con la sensibilidad de Kaurismäki y Roy Andersson, referentes admirados por el director. 

La estructura narrativa de la historia reproduce a la perfección la trayectoria del viaje del héroe. Un héroe sencillo, tímido, casi anodino, que emprende su particular cruzada contra un destino que le ha dado otra oportunidad, que no quiere desaprovechar. Christian (Franz Rogowski), un joven solitario y callado es contratado en un supermercado mayorista para trabajar como transportista reponedor de mercancía en el turno de noche.

El marco de su aventura es un microcosmos amplio, extraño y solitario de largos pasillos llenos de estantes a los que debe acceder aprendiendo a controlar un «monstruo» mecánico (la carretilla elevadora) que se le resiste, como una cabalgadura rebelde.

Allí conoce a Bruno (Peter Kürth), un trabajador experimentado, que ejercerá de mentor, y se encargará de enseñarle a controlar a la bestia mecánica e introducirle en ese mundo, nuevo para él, en el que no podía faltar el amor, encarnado en la figura de Marion (Sandra Hüller), una atractiva reponedora, de la sección de dulces, que dará sentido a su vida.

Christian, Marion y Bruno son almas solitarias conectadas por su propio abandono. Seres con vidas rotas. Desajustados en sus vidas cotidianas. Desubicados en el mundo exterior. Acogidos, de noche, por ese micromundo, a media luz, que funciona a la vez como metáfora de la unificación y de la alienación, que a ellos les proporciona una parcela de felicidad que no encuentran afuera. Un espacio de camaradería y convivencia rutinaria (mientras fuman o toman café) que se revela como el único posible en el que establecer vínculos afectivos.

El supermercado les acoge, como reducto metafórico de una sociedad alternativa, alienada pero donde es posible la esperanza. Este lugar inhóspito, en apariencia, al que el encargado les da la bienvenida cada noche con una pieza de música clásica, les transforma en seres necesarios, importantes. Allí tienen una identidad («la chica de los dulces», «el de las bebidas», «el paletas»); un status (según sepan manejar ésta u otra máquina). Son alguien. Una categorización no exenta de cierto patetismo.

A la vuelta de la esquina (premiada con la Espiga de Plata en la Seminci de Valladolid), tiene una trama argumental sencilla que fluye con un ritmo dilatado y moroso, atento a los pequeños detalles que el director amplifica creando un mapa de sonidos revelador, de metáforas, de símbolos visuales que remiten a estados emocionales no siempre identificables.

Cada sonido, cada imagen no son casuales. Y algunas muy evidentes, como ese gran mural con el paisaje paradisíaco de una playa con palmeras que hay en la salita donde toman café (un motivo de feng-shui utilizado para hacer olvidar a los trabajadores donde están encerrados realmente) que aquí cumple también una función referencial como marco al incipiente romance entre Christian y Marion, alentando a creer que puede haber un futuro idílico para ellos.

Christian arrastra un pasado, que lleva tatuado en la piel, del que pretende liberarse entrando en ese mundo paralelo. Su difícil relación con Marion pondrá a prueba su resistencia para no volver atrás.

El actor Franz Rogowski (elegido shooting star en la Berlinale 2018, y mejor actor en los premios de la academia alemana), con su peculiar físico, encarna con rotunda ternura el perfil de este héroe triste y abatido que después de un tránsito doloroso, en el que tiene que superar varias pruebas (aprobar un examen, reponerse a la desesperación…), encuentra en ese microcosmos circunstancial, definitivamente, su sitio.    

Escribe Leo Guzmán

a-la-vuelta-de-la-esquina-3


Más artículos...