El atracador perfecto (2)

  26 Noviembre 2022

Thriller que combina los atracos con la comedia

el-atracador-perfecto-0Es quizá interesante que comience estos comentarios subrayando que esta película, de título original Bandit, responde, según se apunta desde el comienzo, a sucesos reales, obviamente teñidos de ficción. Pero efectivamente, lo que se vemos en la pantalla está inspirado en los hechos verídicos narrados en la obra The Flying Bandit, del novelista, actor y dramaturgo canadiense, Robert Knuckle.

Cuenta de las idas y venidas de Gilbert Galván, que robó casi 50 bancos durante un período de tres años, un récord en Canadá. En su apogeo, cometió 21 robos en un solo año. «No planeé hacer 21 robos en un año. Simplemente funcionó de esa manera«, declaró Galván a CBC News. Cometió robos en todas las provincias canadienses excepto en la Isla del Príncipe Eduardo y Terranova.

La película comienza cuando Galvan (John Duhamel) es encarcelado en Michigan por sus múltiples atracos. Pero decidido a no perder su vida en prisión, se fuga fácilmente del centro penitenciario de mínima seguridad donde ha sido recluido, y lo hace sin mayores complicaciones, dirigiéndose de inmediato hacia norte de Canadá, ocultando su verdadera identidad por el nombre de Robert Whiteman.

Es un individuo amable, simpático, pero sin embargo su condición de recluso fugado le impide hacer amistades, hasta que Andrea (Elisha Cuthbert) le muestra sus encantos, sus necesidades y sus bondades como mujer una noche que ambos comparten compañía, felizmente.

Ella, que trabaja en el turno de noche en un refugio para personas sin hogar de una iglesia cristiana, sospecha y desconfía de los encantos y malabares insinuantes y las piruetas seductoras de Gilbert. Pero a pesar de los recelos iniciales, los encantos naturales y amistosos del joven la convencen para salir e intimar con él. A partir de ahí avanza rápido su relación, salen juntos y Andrea acabará embarazada. La pregunta es ¿de qué vivirán?

Cuando Gilbert se entera, en uno de sus golpes, que va a tener un hijo, quedará absolutamente emocionado y entregado a la idea de tener una familia. Y para mantener esa familia vuelve aún con más ahínco a sus atracos, supuestamente para que a la familia no le falte de nada.

Él se sabe con una gran facilidad y unas cualidades imprescindibles para atracar bancos, lo cual hace sin herir a nadie e incluso ganándose la simpatía de los cajeros y empleados de las sucursales y, poco a poco, tras asistir al parto de la criatura, volverá a disfrutar de la adrenalina de los delitos.

Gilbert, en fin, es un ladrón en extremo inteligente que, además, no quiere hacer daño a nadie y que siempre actúa solo. Lo único que anhela es mantener a su familia, también vivir bien, que todo hay que decirlo, y para él robar bancos es la forma más fácil de conseguir sus objetivos.

Al poco se alía con Tommy Key (Mel Gibson), un usurero, un tipo de apariencia bronca pero que es bastante agradable en general y que casualmente es dueño de un club de striptease famoso. En ese lugar, convertido en su cuartel general, es donde despacha a diario y donde preceptivamente advierte a los deudores que sean regulares en los pagos infringiéndoles dolor para recordárselo mejor.

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Pues bien, el prestamista Tommy conoce a Gilbert y lo convence para cometer los mayores atracos jamás pensados, previa demostración de Gilbert de su potencial para el asalto de bancos. Pero a pesar de los sucesivos golpes y de sus exitosas incursiones por entidades bancarias distintas y distantes, ello alertará a la policía y tendrá que poner todo su ingenio para evitar que le atrapen.

La notoriedad creciente del protagonista y su manera impoluta de proceder incita el interés del detective Syndes (Nestor Carbonell), lo que dará pie a un juego del gato y el ratón en el que intentarán burlarse entre sí, en una vibrante y pertinaz persecución donde al principio, Gilbert burla una y otra vez al avezado detective.

Curiosamente, siguiendo quizá una tradición canadiense, los personajes del filme (Robert, Andrea y Tommy) son en extremo educados, es incluso es muy cortés Snydes, el investigador de policía obsesionado con Robert a quien se ha propuesto atrapar a toda costa. Así que educación, buenos modales y tono agradable y civilizado en lo general.

En la película da la impresión de que el Canadá ochentero fuera un entorno amigable para que los ladrones de bancos ejercieran su oficio; nadie parece muy molesto por lo que hace Gilbert, a veces incluso los operarios cooperan durante la operación. De manera que la mirada que ofrece la película es muy relajada y a menudo hilarante, con relación a la vida de un atracador.

La dirección Allan Ungar me ha parecido precisa y mantiene la atención de un relato bastante entretenido; igual el guion de Kraig Wenman, un drama criminal inspirado en los hechos verídicos escritos por R. Knuckle. Un libreto que sabe llevar una narrativa adecuada para que el espectador quede pegado a la butaca y mantenga el interés por la historia todo el metraje. Bien la música de Aaron Gilhuis que envuelve la acción, y buena igualmente la fotografía de Alex Chinnici, amén de una buena puesta en escena.

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En el reparto muy bien con Josh Duhamel como protagonista principal, poniendo bien la cara ante la cámara, convincente y audaz, incluso en su comicidad; muy bonita, eficiente y expresiva Elisha Cuthbert, como la mujer del protagonista; sensacional y medido Mel Gibson como mafioso amigo del protagonista, un actor que es siempre un valor; Nestor Carbonell estupendo como el policía de pestañas llamativas; y un reparto muy en forma con actores y actrices como Olivia d’Abo, Haley Webb, Swen Temmel, Claire Bronson, Clayton Landey, Keith Arthur Bolden, Leslie Stratton, Rachael Markarian, Spence Maughon o Chiana D’Ambrosio.

La película tiene un tono agradable, placentero y por momentos tierno y romántico. Duhamel y Cuthbert forman una pareja con química, bien avenida, que se sienten felices y bien el uno junto al otro; son además personas venidas del desafecto por parte de unos padres inexistentes, infancias malas y que, por lo tanto, han sobrevivido emocionalmente como mejor han podido. Gibson acierta a estar en el relato, y tiene algunas escenas que recuerdan su habilidad para profundizar y dotar de genuino sentido a la historia, por lo cual deberá pagar un peaje.

Es a la vez evidente y curioso que Canadá sea en aquellos años 80 un entorno más propicio y amigable para que ladrones como para que Gilbert ejerza su oficio y sus mañas. Cae bien e incluso las cajeras le tratan amablemente y casi nadie está muy molesto por lo que hace que es, sin más, robar a manos llenas. Los empleados bancarios se encojen de hombros y hacen como si no pasara nada, o que apenas ocurriera nada (esto es cómico en la película). O sea, una mirada relajada, permisiva y jocosa sobre la vida de un ladrón de bancos.

En fin, la cinta presenta al personaje de manera indulgente, repitiéndose mucho la figura retórica de cómo un ser deprimido, abatido o con problemas económicos y laborales y a muchos otros niveles, lo que necesita es una salida, ello con la reiterada frasecilla: «Nadie nace malo» (muy rousseauniano). Un punto de vista tan benévolo con la figura del ladrón (hasta 59 atracos a bancos y joyerías en Canadá), que resulta chocante o motivo de risa.

Lo único que podría salvar al malhechor es que nunca disparó un arma ni provocó ninguna víctima durante sus asaltos. Esto da para plantear cierto debate ético sobre si es lícito robar a una poderosa Banca que se lucra con la desdicha o necesidad de sus clientes.

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De ser así, Galvan aparecería como el héroe de la función, pues a los espectadores les resuena lo de las entidades financieras que consiguen beneficios dinerarios astronómicos mientras aumentan los desahucios por impagos de hipotecas y la gente que sufre para llegar a final de mes con sueldos de risa. Pero ¿es esto digerible? Estaríamos ante un Robín Hood o uno de esos bandoleros que roban a los ricos para darle a los pobres. Pero no, nuestro protagonista no reparte nada de nada.

Este capítulo de la injusticia social se subraya por medio del hogar de acogida en que trabaja Andrea y en la escasez de empleo imperante en aquella era Reagan en que se desarrolla la historia. Y que esta situación lleva a que el protagonista atraque por primera vez. Pero esto tampoco cuela bien, pues luego Galvan se acostumbra al robo a discreción, a mantener un buen nivel social y la palmaria evidencia de que si roba es para pagar sus lujos.

Además, nunca hay un momento en el que el personaje muestre remordimiento o arrepentimiento. Como resultado, este mensaje contradictorio en el guion (un villano empático con ansias por el crimen y el amor) rara vez llega de manera acertada al espectador, a pesar de contar la obra hazañas y proezas delictivas o policiales emocionantes y divertidas.

En conclusión, es una película entretenida que roza lo que sería una cinta propia para TV. Tal vez el tirón principal para que haya llegado a los cines esté en la presencia de Gibson, por un lado, y la supuesta autenticidad del cuento que, como es fácil imaginar, aunque sucediera verazmente, la cosa no pudo ser tan halagüeña ni tan simpática.

Al final de la cinta, para reforzar esta idea de cosa real, aparece el delincuente de verdad hablando y poniendo la cara. O sea, mucha cara.

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

  

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