BIENVENIDO A CASA (1)

  12 Diciembre 2006

Título original: Bienvenido a casa
País, Año: España., 2006
Dirección: David Trueba
Intérpretes: Alejo Sauras, Pilar López de Ayala, Ariadna Gil, Juan Echanove, Jorge Sanz, Concha Velasco, Vicente Haro, Javivi Gil Valle, Julián Villagrán, Juana Acosta, Carlos Larrañaga
Guión: David Trueba
Producción: Antena 3 Televisión, Fernando Trueba, Producciones Cinematográficas, S.A., Ensueño Films S.L., Canal Plus
Fotografía: Juan Molina
Música: Javier Limón, Andrés Calamaro
Montaje: Manuel Huete

¿Bienvenido... a dónde?
Escribe Mister Arkadin

A pesar de no gustarme la primera película del joven Trueba, La buena vida, de las dos siguientes, Soldados de Salamina, me pareció una obra sólida y con excelentes momentos. Lo sorprendente es encontrarte con este nuevo título totalmente desconcertante. Y, que conste, que eso no se debe a que la película, como parece norma de la casa, trate de no parecerse a las anteriores. Eso sí, en todo caso, en su tono esperpéntico se asemejaría a Obra maestra.

El comienzo de la película es, como mínimo, sorprendente, no sólo por lo absurdo del instante en sí (la madre parando en plena carretera el autobús que lleva a su hijo a la “capital” para darle los últimos consejos), sino por el hecho de que ese tono no concuerda en nada con el pensamiento anterior de un personaje que marcha hacia la vida. Son esas dos líneas las que van a interferir constantemente en el relato: el intento de mostrar la realidad (?) de la vida y el tono esperpéntico del relato, para unirse, finalmente, con una tercera vía: el documento sobre una ciudad difícil (para habitar, para respirar) que en este caso es Madrid.

Los distintos personajes, más cercanos a una comedia de Ozores o, por ser menos duro, a uno de los disparatados filmes que ha dirigido García Sánchez, aparecen envueltos en el tópico y en la insensatez, al igual que las escenas increíbles (ni siquiera de sainete) que de vez en cuando plantea la película. No es posible que a través de una situación como ésta se pueda llegar a construir (o deconstruir) una filosofía (o antifilosofia) sobre la manera de vivir.

Diálogos que en conjunto desean ser claros y claves sobre la pareja, el trabajo, el capital, la vejez, la cobardía, la traición, el amor... pero que terminan por resultar insoportables por su vaciedad y su aparente sentido moralista, todo ello envuelto en un desconcertante e imposible humor. Más cerca de una serie televisiva al uso (incluso en escenas como la reunión de los personajes a través de una determinada empresa, en este caso la redacción de un periódico), que de una inteligente película cómica sobre la existencia, Bienvenido a casa es un despropósito donde las cosas ocurren porque el guión así lo dice, pero no porque las circunstancias o los personajes vivan ese momento. Sirva como ejemplo la secuencia final en el motel entre Ariadna Gil y nuestro soseras fotógrafo que parece dejarse llevar sin ninguna alegría por los acontecimientos que ocurren a su alrededor.

¿Qué se puede esperar de un filme donde el redactor de las páginas de economía pertenece a los grupos antiglobalización, el de deportes que no quiere crecer, el crítico de cine ciego (acompañado de su perro lazarillo también ciego de acuerdo a las exigencias del guión) o el fotógrafo que se dedica a hacer fotos de pies en vez de rostros? Poco, si eso no tiene otra funcionalidad o se encuentra inmerso en otro contexto diferente. El director puede hablar de símbolos, está en su perfecto derecho, como decir que el cine se lleva en el corazón y por eso no se necesitan ojos. Pero ¿para verlo y analizarlo o para hacerlo? Lo curioso es que además podía entenderse tal recurso como una especie de homenaje al Woody Allen de Un final made in Hollywood, por cierto uno de sus más flojos filmes. De todas maneras, la metáfora o el escasamente ingenioso homenaje se encuentran fuera de lugar.

Al final, todo se precipita. De tal manera que esa palabreja del título se hable a una nueva dimensión como es la del nacimiento de un niño y su entrada en la vida (similar, pero de otra forma, le ha pasado al padre). Un niño que ha nacido de la madre ayudado por un estrambótico doctor, uno más en la serie de descerebrados personajes que pueblan el filme, autor de uno de los muchos chistes fáciles de los que está repleta la película. Pero ojo, al final el padre también viene con un niño en los brazos –una niña, por supuesto–, que parece proponer, sin que se tenga muy claro, la incorporación de una nueva sociedad a la que ahora existe. Es decir, la aparición de los emigrantes, o la reunión de razas, que harán de Madrid una ciudad más o menos difícil. Vaya a saber usted el porqué...

El fondo, insisto, es Madrid, las acciones y las casas que se muestran pertenecen al hoy, pero las situaciones (eso sí, con más libertad ahora de lenguaje y exposición) son más propias del Madrid de las antiguas comedietas llenas de retruécanos y de vulgaridad. Ahora, en aquellas comedietas no había la colección de moralejas que de aquí se desprenden.

Probablemente, David Trueba cree que está fotografiando la vida, una cierta forma de acercamiento a la vida, pero la realidad es muy otra. Su película no tiene nada que ver con su representación, al estar montada sobre el tópico o la pincelada de brocha gorda. En este sentido, algunas secuencias de Echanove en su papel de crítico ciego se llevan la palma, como son la de los besos que concluye con las lenguas pegadas, la del manoseo para “conocer” cómo es Eva (Pilar de Ayala) en la escena del cine donde la mujer está presente con su compañero o la (risible) del enamoramiento de la stripper del crítico ante sus bellas palabras. Un personaje, esa chica, que nace del guión absurdamente como amiga de infancia del protagonista en la secuencia de las cabinas de la sex shop.

Y es que en esta película todo es posible, sin que se explique consecuentemente. Valga como ejemplo la aparición de la niña con la que quieren traficar en ¡Almeria! unos desaprensivos (¿serán emigrantes?), situación de la que se entera (vete a saber cómo) Ariadna Gil. Una forma de introducir acción a una película donde todo, absolutamente todo, puede ser posible, hasta soltar frases que parecen sacadas de tratados filosóficos sobre el sentido (y la existencia) de la vida.

Película “medio” coral, parece querer seguir el modelo de comedia italiana, con un protagonista aunque no narrador –pese a que lo intente–, cojea constantemente por culpa de un guión inconexo que intenta dar sentido a todo lo que ocurre. Pero ni la trama principal, ni las secundarias (la relación entre Larrañaga y Concha Velasco) tienen razón de ser.

El único personaje más “entero”, más “válido” es Eva, la música, que probablemente represente en su planteamiento el arte. Los demás son niños grandes o pequeños –insisto: vaya usted a saber– que se enfrentan a unos obstáculos que le parecen insuperables. Lo suyo es la huida, no querer asumir las responsabilidades a las que deben enfrentarse. Véase la reacción del protagonista cuando sabe que va a tener un hijo. Quizá por estas cosas alguien ha llegado a decir que la película es propia de Truffaut. Por eso o por la forma de presentar o retratar al personaje principal. La verdad es muy otra. Si se ha intentado aproximarse al director francés no lo ha conseguido en absoluto. Trueba juega a eso, a plantear las cosas desde homenajes más o menos evidentes para los avisados, o para él mismo, como es el hecho que el niño recién nacido se llame Tristán (igual que el protagonista de La buena vida).

Retratar la vida con su grandeza, sus miserias, sus traiciones, su absurdo, poco tiene que ver con la forma en que aquí es fotografiada. Ni lo que aparece en las imágenes es Madrid, ni mucho menos un periódico (una redacción) que nada tiene que ver con el lugar donde transcurre la acción, ni las coincidencias del guión con la vida real. La película no es capaz de ir más allá de su equivocado enfoque, de no saber a qué carta quedarse, ni qué contar.

Al menos es lo que piensa este asombrado crítico, incapaz de comprender hacia dónde ha querido ir David Trueba. La expectación que me abrieron sus dos últimas películas (y muy pequeñas cosas de la primera) se ha convertido en decepción total. No estaría mal, a pesar de los cantos laudatorios que vendrán (seguro) de alguna parte, que Trueba reflexione sobre el sentido de su cine. Que busque la forma de hablarnos (con humor o sin él) de la vida, de sus dificultades y de su realidad, pero de otra manera. Y que conste que el modelo elegido puede ser tan válido como otro cualquiera. Entre las comedias hay obras muy serias. Lo que ocurre es que este filme ni siquiera es una comedia. Un refrito que se mira en los propios modelos televisivos para construir un discurso escasamente válido sobre eso que se llama luchar por vivir. No sería extraño que el título hubiera sido Bienvenido a la vida o a Madrid. Su casa, que no es la nuestra..


Más artículos...