PLAN OCULTO (3)

  12 Diciembre 2006

Título original: Inside man
País, Año: EE.UU, 2006
Dirección: Spike Lee
Intérpretes: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Christopher Plummer, Willem Dafoe, Chiwetel Ejiofor, Kim Director, James Ransone, Peter Gerety
Guión: Russell Gewirtz
Producción: Imagine Entertainment, Universal Pictures
Fotografía: Matthew Libatique
Montaje: Robin Campillo
Música: Terence Blanchard

Tan atractiva como imposible
Escribe Adolfo Bellido

Spike Lee, a pesar de sus aparentes películas importantes, muchas veces no en el mejor sentido de la palabra, o de sus obras serias, siempre se ha decantado, sobre todo en su primer cine, por una apreciable vena satírico-humorística. Y, eso sí, casi siempre haciendo que sus protagonistas sean gente de color, que, por supuesto, se presentan como inteligentes, reivindicativos, luchadores por las libertades frente a la corrupción o a la discriminación. Personalmente, prefiero sus primeras obras, pequeñas en presupuesto, donde aparecía una mayor libertad que en su cine posterior, aquejado quizás de un excesivo problema de autoría.

Quizás por ello sorprenda en parte una película que sobre el papel poco parece deber a Lee como este Plan oculto, una historia policíaca y enrevesada con miles de vueltas y revueltas en su guión y con unos personajes que van entrando o saliendo de escena a voluntad del guionista.

Lo atrayente es toda la parte inicial del filme. Un aparente caso de robo (extraño) con rehenes de un banco, que deberá ser abortado por un policía de color (Denzel Washington realizando su característica interpretación de siempre). Pero detrás de ese robo se esconde una historia de lo más rocambolesca e imposible. Cuando al final se trata de dar una explicación a todo, da la sensación de que la película no parece ser más que una tomadura de pelo. Porque todo suena a imposible, incongruente y absurdo. Metida a la fuerza esa historia de antiguas venganzas nazis, de diamantes escondidos en una caja inexistente pero existente. Tal propuesta se adereza con una serie de tramas y personajes secundarios que intentan hablarnos de corrupción en altas esferas, de enfrentamientos más o menos raciales, pero que en conjunto no tienen otra motivación que buscar un resultado lo más complejo e imposible. Tal es el caso de un personaje como el de la “parlamentaria” Jodie Foster.

El filme puede recordar en su estructura inicial a Tarde de perros y en la resolución de algunas situaciones a las películas de Tomas Crown (caso de los uniformes que se ven obligados a llevar los rehenes para confundirlos con los propios atracadores), pero sin tener nada que ver en realidad con ninguno de ellos ya que la película se mueve por caminos diferentes.

El comienzo, donde el jefe de los ladrones, en primer plano, trata de exponer unos razonamientos a los espectadores advirtiendo claramente que no va a repetirlos, parte de una trampa, la que atesora toda la película, y que por el mismo procedimiento volverá a presentarse en el final expresando aquello que al principio se ha eliminado.

Discutible, creando confusión, es la explicación (expuesta en imágenes) que el espectador recibe de sucesos preparados pero no ocurridos.

Diálogos acertados, irónicos, crean una película amena, de ritmo, sobre todo en su primera parte, envidiable, tan inteligente de planteamiento como falsa en su resolución. De todas maneras, uno prefiere este cine a ese otro vulgar y tópico donde el amaneramiento procede de la propia repetición de unos hechos.

Spike Lee ha dirigido la película con clase, ha demostrado un gran dominio en ser capaz de dar por bueno aquello que resulta imposible de ser admitido desde una realidad. Es una pirueta sobre una cuerda floja de forma que se tiene la sensación que el juego de Lee ha consistido en demostrar cÓmo puede, con autoridad, sacar todo el rendimiento posible de una película. E incluso ser capaz de vendernos por diamantes lo que no es mas que un juego de bisutería o abalorios fabricados con medios realmente impecables. Como esa labor de una cámara en movimiento permanente como si quisiera adentrarse en el interior de la acción y descubrir todo ese enorme entramado que en realidad no es nada más que una pompa de jabón. Eso sí, tan maravillosamente hecha que se resiste a explotar. Lee, que en otras ocasiones se ha puesto endiabladamente pesado planteando historias importantísimas, ahora se nos vuelve ameno contando una película menor entre sorpresa y sorpresa, con brillantez, como si creyese en ella. A algunos les podrá irritar, pero aquí hay más conocimiento y más saber que en la mayoría de esas producciones realizadas en serie. Hasta se permite el filme mostrarse como imposible en sus resoluciones y hasta en su plano final cínicamente irónico.

Como ejemplo de sabiduría narrativa cabrá citar esa secuencia que se inicia en la camioneta policial en un juego simple de plano y contraplano, para posteriormente convertir a la cámara (insistimos: en toda la película se permite estar en constante movimiento, como si se quisiera “entrar” en lo que ocurre) en protagonista al lograr un impresionante movimiento: “sale” de la camioneta, se eleva por encima del lugar donde ocurren los hechos hasta terminar tomando un picado a vista de pájaro desde lo alto. Una forma impecable para que el espectador compruebe dónde se encuentran situados tanto los lugares como los personajes en los que se esta desarrollando la acción.

Ante tanta bazofia como nos invade, el filme de Lee se propone como una muy inteligente tomadura de pelo o un crucigrama falseado abierto a miles de propuestas. Tan menor e interesante como admirable.