El que sabem (2)

  30 Noviembre 2022

Retrato generacional

mostra-20-el-que-sabem-0Jordi Núñez es conocido por sus cortometrajes Píxeles (2015), su proyecto de final de Máster de la TAI; Amor de Dios (2016) y Cachitos (2017). Con ellos acumula grandes cifras de visionados en Internet y más de 60 selecciones y premios en festivales tanto nacionales como internacionales. Son trabajos en los asistimos a las vivencias de jóvenes preocupados por sus relaciones personales, con la presencia en primer plano de la amistad y el amor.

Sin perder de vista este universo temático, el director valenciano debuta ahora en el largometraje con El que sabem (Lo que sabemos), una producción rodada en el año 2020 y que este 2022 ha comenzado su peregrinaje por diferentes festivales. Su estreno se produjo en la 52 edición del Festival de Cine de India (IFFI) e inaugura la 37 edición de la Mostra de València-Cinema del Mediterrani, formando parte de su Sección Oficial.

Para este primer largometraje Jordi Núñez escoge las localizaciones y el ambiente de Valencia que conoce de memoria con el objetivo de profundizar en la relación de un grupo de amigos que se encuentran en un momento crucial de sus vidas, aquel en el que deben de escoger el camino a seguir, tanto a nivel personal como profesional.

Un conjunto de personajes que viven, aman y se relacionan; que ríen o discuten pero que conforman un corpus identitario al que les unen los mismos problemas y las mismas inquietudes a la hora de abordar el tránsito a la vida adulta.

Como viene siendo habitual en su cine, el director intercala filmaciones de fragmentos del móvil como un elemento que fija a modo de diario todas aquellas situaciones que va viviendo el grupo y que posteriormente servirán para observar la evolución que los personajes van sufriendo a lo largo del tiempo, ya que uno de los temas de la película es cómo el paso del tiempo y las dificultades terminan afectando a las relaciones afectivas.

El guion se articula en base al vínculo que se establece entre Carla (Nakarey) y Víctor (Javier Amann), ambos actores han estado presentes en todos sus cortometrajes; una atracción que ambos viven en el marco del grupo de amigos y que se va consolidando a través de diferentes encuentros. La película aspira a ser un retrato coral de una generación, diluyendo inicialmente el protagonismo entre todos los personajes.

A partir de ahí presenciamos un muestrario de situaciones que conforman el día a día de la pareja protagonista mediatizados por su relación con todo el grupo. Carla tiene una situación personal complicada (una madre enferma, tiene que trabajar para poder estudiar) y debe convivir con las inseguridades emocionales de Víctor; al igual que todos los personajes hay sentimientos confusos y dudas emocionales.

El que sabem recurre a referencias cercanas, como es el uso de la fiesta fallera como metáfora para referirse al carácter efímero de las relaciones. La música valenciana, el fuego que acaba con el monumento fallero e implica una renovación del pasado, simboliza el inicio y el fin de una etapa, la vida expuesta como un ciclo que afecta emocionalmente a los personajes.

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Este retrato generacional que se evidencia en la estructura del filme, y que pretende mostrar la erosión de esa inocencia inicial conforme avanza el tiempo, no acaba de alcanzarse satisfactoriamente porque esa evolución se centra exclusivamente en las secuencias que pasan en un chalet de la montaña focalizadas únicamente en cuatro personajes (Víctor, Carla, Marina y Martí). A partir de ahí se produce una elipsis y volvemos a ver a todo el grupo reunido para celebrar la Nochevieja, una parte final en la que se evidencia el cambio producido en todos ellos.

El dilema es que, para visualizar ese paso del tiempo, para mostrar que los personajes han crecido, que las circunstancias de la vida los han puesto a cada uno en su lugar, no basta con que los personajes masculinos aparezcan con barba. Para que se genere una emoción entre las imágenes felices del inicio y la melancolía que se trasluce cuando se reencuentran, debe mediar un tratamiento de los personajes que justifique esa evolución; y eso no aparece explicitado en la película.

Quizá es porque la película apunta a una amplia globalidad temática que va desde las relaciones personales —la atracción amorosa, la traición, el engaño, la amistad, el deseo— hasta las dificultades personales, como el drama que sufre Carla por un grave problema con su padre; pasando por la barrera para acceder al trabajo y alcanzar la independencia económica, Víctor y Mauro pueden continuar con el trabajo de los padres, pero cada uno escoge su destino.

Un amplio abanico expositivo que no termina de acoplarse en la estructura del guion, que se anuncia aquí y allá, pero que no se interioriza en los personajes, por lo que muchas reacciones no tienen una clara justificación.

Por lo tanto, hay que quedarse con la frescura que aporta el reparto de jóvenes actores y actrices, al que se suma la participación de Rosita Amores y Samantha Hudson; el recurso dramático de las localizaciones y el localismo valenciano; y ese ímpetu por intentar retratar una generación que no se reconoce en sus padres pero que desconoce cómo afrontar su vida propia.

Escribe Luis Tormo | Fotos película The Open Reel

  

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