CUATRO VIDAS (3)

  25 Septiembre 2008
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Título original: The Air I Breathe
País, año: Estados Unidos - México, 2007
Dirección: Jieho Lee
Producción: Darlene Caamano, Paul Schiff
Guión: Bob DeRosa y Jieho Lee
Fotografía: Walt Lloyd
Música: Marcelo Zarvos
Montaje:

Robert Hoffman

Intérpretes:

Emile Hirsch, Forest Whitaker, Kevin Bacon, Brendan Fraser, Julie Delpy, Andy Garcia, Sarah Michelle Gellar, Clark Gregg, Kelly Hu

Duración: 95 minutos
Distribuidora: Filmax
Estreno: 19 septiembre 2008
Página web:  www.theairibreathemovie.com

Soledad compartida
Escribe Juan Ramón Gabriel

A rebufo de toda una corriente cinematográfica surgida en los últimos años como consecuencia de la pérdida de poder explicativo del mundo de la narratividad clásica, tanto desde perspectivas paródicas (Tarantino) como trascendentales (Altman), se inscribe esta película cuyas mayores bazas residen, precisamente, en su clara conciencia de ópera prima y en los préstamos debidos a sus mayores.

cuatrovidas1.jpgPartiendo de una visión estereoscópica, Cuatro vidas pretende ilustrar, a través de cuatro personajes diferentes, una serie de invariables vitales constitutivas de la naturaleza humana: felicidad, placer, dolor, amor.

Estos absolutos de la condición humana, propios de libros de autoayuda y cimientos de lo trágico al mismo tiempo, discurren sobre un cauce subterráneo todavía de mayor calado: la muerte. Corresponde a Andy García encarnar a un gangster en cuyas manos, por la contigencia del azar, se ven involucrados el resto de personajes. Esta alimaña depredadora deglute a todo aquel que se le ponga a tiro.

Los cuatro personajes protagonistas tienen en común su condición de seres heridos.

cuatrovidas3.jpgForrest Whitaker interpreta a un insatisfecho broker que decide aprovecharse de un “soplo” escuchado casualmente sobre una carrera de caballos amañada. Todo el virtuosismo sobre el que había construido su vida, constreñida a su vez por este fardo moral, se derrumba al fallar la apuesta amañada y caer bajo la órbita del mafioso García.

Brendan Fraser, el momio por excelencia del cine de aventuras, interpreta al ayudante y hombre de máxima confianza del gangster. A partir de una aptitud esotérica de la que disfruta (es capaz de prever el futuro inmediato en algunos asuntos) pero que, cual Casandra, no le sirvió en la infancia  para impedir la muerte de su ser más querido, es el vivo retrato de la desolación. Su fisicidad desprende en todos sus gestos, y en su mirada perdida, una tristeza infinita, una vulnerabilidad oculta tras la fortaleza corporal. Fraser sabe actuar y lo demuestra, cuando la ocasión lo permite, como en este caso.

Tanto su personaje como el de su jefe son el eje conductor del relato.

cuatrovidas2.jpgCuando el amor hace presencia en la vida del personaje de Fraser, a través de una joven y frágil estrella del pop al modo de las babydolls actuales (Aguilera, Spears…), su don  de profecía desaparece, su escudo protector se derrumba y su corazón ajado atisba cierta esperanza de redención, aun a costa de un elevado precio. Buffy cazavampiros desarrolla con cierta dignidad el personaje roto que le ha tocado interpretar, dotándolo de una fragilidad que posteriormente se metamorfoseará en fuerza y esperanza.

El chico de Speed racer, Emile Hirsch, también consigue sacar adelante su papel de estúpido y prepotente pseudoadolescente sobrino del todopoderoso mafioso. La tutela que Fraser se ve obligado a ejercer sobre este mocoso será efectiva, logrando su transformación en hombre; a la par, será el detonante de lo trágico y la vía de liberación emocional de su angustiado tutor.

El episodio correspondiente a Kevin Bacon y Julie Delpy es el más flojo de los trazados en la trama, tanto por las carencias de sus personajes como por representar el sentimiento, a priori, más positivo de la tetralogía sentimental: el amor, un amor postergado y latente detrás del brillo profesional y familiar.

cuatrovidas5.jpgUna ambientación sórdida, nocturna, de bajos fondos, con contrapuntos de claridad grises, tan turbios como los anteriores, coadyuva a la consecuencia de una atmósfera claustrofóbica, reflejo del dolor que anida en el interior de los personajes.

La estructura prismática de la película no rehuye el modo de representación clásico, aunque lo subvierta en algunos aspectos: la trascendencia de lo tratado no se muestra de un modo sobrio, desnudo, acerado, sino a través de una sentimentalidad un tanto descarnada pero asimilable por la industria de la que procede el filme. Así mismo, el director paga el peaje de lo posmoderno, con ciertas secuencias de violencia desatada (bien insertadas), una banda sonora que refuerza el clima de tristeza y fracaso que arrastran los personajes, ciertas secuencias con ritmo de video-clip… sin que se apoderen del armazón en su totalidad.

Un final esperanzador, con un atisbo de luz, clausura el oscuro túnel por donde han circulado las vidas rotas de cuatro personas heridas.

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