ENCARNACIÓN (3)

  22 Julio 2008
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Título original: Encarnación
País, año: Argentina, 2007
Dirección: Anahí Berneri
Guión: Anahí Berneri, Mariana Dolores Espeja, Gustavo Malajovich y Sergio Wolf
Fotografía: Diego Poleri
Música: Nico Cota
Montaje: Alejandro Parysow
Intérpretes:

Silvia Pérez, Martina Juncadella, Luciano Cáceres, Inés Saavedra, Fabián Arenillas, Osmar Núñez

Duración: 93 minutos
Distribuidora: Wanda visión
Estreno: 6 junio 2008

La decadencia de una actriz
Escribe Mister Arkadin

Segundo largometraje de la directora argentina Anahí Berneri (1975). El primero, rodado en 2005 y no estrenado en España, se titula Un año sin amor.

encarnacion1.jpgEl cine argentino parece haber perdido el brío, la categoría de hace años. Ni nos llegan tantas películas, ni tienen una gran calidad. Incluso Fernando Castets, co-guionista de algunos interesantes filmes de Campanella, parece encontrarse en horas bajas, como demuestra la muy cercana coproducción con España titulada Abrígate.

La protagonista de este filme, dominadora total de esta película, tiene algo de los personajes de la fallida Abrígate, ya que al igual que ellos necesita ser arropada por otros, reconocida. Dilema, aquí, de una actriz que va envejeciendo y se encuentra, prácticamente, sin trabajo. Ella, Emi, que hizo algún buen papel en el pasado y que apareció en periódicos y revistas, ahora se tiene que contentar con unas ridículas imágenes que ilustren estúpidos anuncios publicitarios.

La soledad de Emi

Emi despierta, trata de encontrar a alguien, deambula por las calles, busca a su amante, se mira en el espejo, acude al rodaje de un spot, espera participar en el casting de una película que nunca llega, llama o escucha a su representante, y sobre todo ve cómo va envejeciendo sola, sin horizontes, sin saber dónde está, ni hacia dónde se encamina. Una existencia la suya totalmente estancada, inútil.

encarnacion3.jpgLa cámara sigue a la protagonista, la observa en primeros planos, trata de adentrarse en su interior, de desnudar al personaje, acercarlo al espectador. Lo consigue a lo largo de gran parte de la película. La dirección es eficiente, la planificación, con una utilización justificada del primer plano, se ha cuidado. La actriz, Silvia Pérez, vive el personaje.

El filme se divide en dos partes y un epílogo. En la primera se nos muestran los avatares de Emi en la ciudad; la segunda es su marcha al campo, al lugar donde habitan sus hermanos y su sobrina, una chiquilla que la admira. La razón del viaje será Ana, la sobrina. El epílogo nos la mostrará volviendo a la ciudad. Entre medias los desencuentros le han hablado de una existencia donde el triunfo le está vedado.

Encarnación en su tono minimalista se presenta como un documental sobre una mujer. Camina por la vida en busca de algo que no encuentra. Está convencida de que su tiempo ya ha pasado. La mujer que vivió bajo los focos de las cámaras ahora debe cerrar sus ojos ante la fuerza de la “luz”. Es como si la luminosidad, la misma que va perdiendo o no tiene, se le negase.

Precisa recreación de momentos en los que nada importante pasa. De ahí que sea la primera parte la mejor. El despertar en una casa dominada por los ruidos del tráfico, el sonido del artificio movido por el viento, la soledad del apartamento, los carteles que aún desean explicar su pasado más o menos glorioso, todo ello va definiendo una vida estancada.

Como también lo hacen las escenas en que busca el mundo perdido del teatro que ya nunca será para ella y donde incluso, ahora, es una desconocida. Quizá se fuerza la búsqueda salvadora de Emi en la fiesta post-estreno, ante la forzada “escucha” de la inexistente llamada por el móvil. Momento que se endereza a continuación con el encuentro frustrado con el actor.

Vuelta al pasado

encarnacion2.jpgEmi trata de reconstruir su pasado como forma de vencer un futuro. Lo hace a través de la modernidad que le va brindando una página web que un joven le va preparando. Y también frente a la presencia de la existencia burguesa, gris, que le brinda su apacible amante.

En la segunda parte del filme se intenta romper la vida de la actriz. Será cuando se encuentre con el mundo que dejó en el pasado. Descubrirá, entonces, un mundo lleno de falsedades y ocultaciones. Un lugar perdido donde alguien la mira con deseo, le pide un autógrafo o desea fotografiarse con tal “gloria local” para dar prestigio a un restaurante... Pero ese ya no es su mundo. En el intento de recuperar el pasado se encuentra con un mundo de ancianos, anclados en un motel, donde practican las actividades que se les brindan.

Ancianos y jóvenes, necesidad de moverse y de respirar aire puro, de sentirse libre y no encorsetada. Emi, nuestra Encarnación, se encarnará en la figura de su sobrina. La invitará a ser libre, a disfrutar de la vida. Probablemente mañana sea su sucesora y recorra su mismo camino. Pero ¿hacia dónde?

Lo peor es la presencia de Roberto, una especie de latin-lover que –no se sabe muy bien por qué– se convierte primero en amante de la actriz (¿o su cargo en el motel también lleva implícita la actividad sexual con los clientes?) para insinuar, posteriormente, que será el amante (quien le llevará a descubrir lo que significa el amor) de Ana. Una incitación, en definitiva, de la tía a la sobrina para que se haga mayor. Su puesta de largo es al fin y al cabo su conversión en mujer. Ana, en este aspecto, como se demuestra en el (innecesario) vídeo final que ve Emi, habrá aprendido a presentar batalla a sus padres: utiliza en su fiesta el vestido, políticamente incorrecto, que “deja” su tía en vez del modelo, modosito e idéntico al de sus amigas, que le han comprado los padres.

Película pequeña, con pocos actores, con escaso presupuesto, donde no pasa prácticamente nada. Se habla de alguien que llega y que se va, que se levanta y se acuesta, que atiende llamadas telefónicas, que ríe y llora... Nada más que eso. Algo tan simple como observar, mirar, asomarnos a la vida (vulgar, sin aparente importancia) de alguien. Descripción de un personaje que quiere seguir viviendo de –y en– el pasado. Que no admite el presente. No reconoce que su tiempo se está acabando.

Encarnación está bien construida. Un filme interesante que quizá no apasione, que flojea en la parte “campestre”, pero que siempre mantiene una gran dignidad. Lo plausible es que en su desarrollo evita el edulcoramiento, la simpleza tierna, la moraleja o la estructura lacrimógena. Trata simplemente de mirar y de descubrir detrás de las imágenes una realidad, que ni siquiera es entorpecida por algunos elementos, pocos y de fácil ocultamiento, de carácter metafórico.

Sin duda lo menos interesante es una de las escenas cerca del  final que transcurre en la piscina. Rebuscada y forzada. No había necesidad de una pintura tan de brocha gorda en un filme que opta por lo contrario: el trazo límpido y directo de unos seres.

Y, como película de personajes que es, Encarnación se acrecienta ante la poderosa interpretación de su actriz, Silvia Pérez, que probablemente deja en cada una de las imágenes jirones de sí misma.

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