THE KING AND THE CLOWN (2)

  12 Diciembre 2006

Título original: Wang-ui namja
País, Año: Corea del Sur, 2005
Dirección: Jun-ik Lee
Intérpretes: Woo-seong Kam, Jin-yeong Jeong, Seong-Yeon Kang, Jun-gi Lee, Hang-Seon Jang, Hae-jin Yu, Seok-yong Jeong, Seung-hun Lee
Guión: Seok-Hwan Choi
Producción: Jin-wan Jung
Duración: 119 minutos

El triunfo de un cine nacional
Escribe Jordi Codó

La buena salud del cine coreano se constata en las clasificaciones de las películas más vistas del país. Sin ir más lejos, en el año 2005 siete de los diez filmes más taquilleros eran de producción nacional, y la primera producción extranjera (en este caso, estadounidense) quedó relegada a la quinta posición. Cada año nuevos títulos (coreanos) baten el récord histórico de asistencia a las salas, que se ha situado ya en 12 millones [1] . Precisamente la última película en establecer esta marca ha sido The King and the Clown [2] , un auténtico y sorprendente (enseguida veremos por qué) fenómeno de masas en Corea, que pronto dará el salto internacional (ya se está preparando su presentación en el festival de Cannes), algo lógico ya que tanto por su contenido como por su estilo cinematográfico resulta plenamente accesible a un público extranjero.

Nos situamos en Corea durante la Dinastía Joseon, donde observamos la errática vida de un grupo de actores de teatro callejero. En sus viajes por el país adquieren una gran popularidad, principalmente gracias a Jangsaeng, líder del grupo, y a Konggil, un joven de aspecto andrógino que se encarga de interpretar los papeles de mujer. Un día, después de representar una obra en la cual hacen burla del rey, son detenidos. Pero logran hacer un pacto, y es que evitarán la condena si son capaces de hacer reír al monarca. Y el rey no solo se reirá, sino que sentirá una fascinación tan grande por Konggil, que lo convertirá en su sirviente preferido, ante los celos de su esposa y también de Jangsaeng.

Hay muchos elementos en esta no especialmente cara producción que hacen extraña su popularidad. Para empezar, su temática no parece la más propicia para atraer a la joven audiencia. Hasta ahora los grandes éxitos del cine coreano contenían buenas dosis de acción y se centraban en el mundo de la mafia o en la guerra de las dos Coreas (JSA, Chingoo, Gamunui yeonggwang, Silmido, Taegukgi). Pero The King and the Clown aborda un tema histórico y centra su atención en el mundo de las artes tradicionales (aunque sean las populares), y ni siquiera lo hace con caras conocidas en la pantalla. Hasta cierto punto esto no debería sorprendernos, dado que ya en el año 1993 se produjo un fenómeno similar con el éxito de Seopyeonge, un drama rural sobre una familia dedicada al arte del pansori, un estilo tradicional coreano de canción.

Este filme de Im Kwon-taek (gran clásico del cine surcoreano, aún en activo, y autor de una película estrenada en España con el título de Ebrio de mujeres y pintura), se alzó también inesperadamente en un mercado dominado entonces por producciones norteamericanas. Se habló entonces de que los coreanos se habían mostrado sensibles con la recuperación de unos valores (encarnados por la tradición) que les son propios, en un momento de globalización cultural. Me cuesta creer que este sea el caso también ahora, entre otras cosas porque precisamente la consolidación del cine nacional entre el público haría innecesario este gesto.

Para explicar el éxito de The King… ya hay quien ha hablado del “efecto Lee Joon-ki”, el actor que da vida a Konggil, cuyo aspecto parece haber atraído a multitud de chicas adolescentes que ven en él a un nuevo modelo de hombre más de su gusto que el típico macho. Pero eso habrá que dejarlo a los sociólogos. Como quizás también habría que dejarles explicar el motivo por el cual una película que habla claramente de homosexualidad, ha gustado tanto en una sociedad donde este tema es un fuerte tabú. Aunque puede que también le encontremos una explicación cinematográfica. Lo cierto es que las relaciones homosexuales se reflejan de manera muy sutil: el aspecto femenino de Konggil, la tan solo insinuada atracción de Jangsaeng por éste, y la locura del rey, sirven para disimular un hecho que no por ello deja de estar ahí.

Artísticamente la película tiene poco que ofrecer. Su estilo es correcto, pero plano. Está ausente del preciosismo que caracteriza a otros “exotismos históricos orientales” que tanto gustan en los festivales europeos, como los de Zhang Yimou o Chen Kaige, así como también de las extravagancias (al menos así las percibiría un público occidental) que pueblan la cinematografía coreana. Por ello, seguramente, The King and the Clown no triunfará fuera de su país como lo ha hecho dentro, pero aún así su salida al exterior es un asunto importante. Kim Yong-ok, uno de los más reputados filósofos de Corea, se ha ofrecido para hacer la traducción inglesa del filme, con la intención de que queden claros los puntos más importantes de la cultura coreana. Casi una cuestión de Estado.

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[1] La República de Corea tiene una población de aproximadamente 47 millones de habitantes, con lo cual esos doce millones de espectadores suponen una proporción de uno de cada cuatro coreanos.

[2] De momento este es su título internacional, aunque finalmente podría ser The Royal Jester. La traducción literal del título coreano es “El hombre del rey”.