LOVE AND HONOR (3)

  11 Abril 2008
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Título original: Bushi no ichibun
País, año: Japón, 2006
Dirección: Yôji Yamada
Producción: Junichi Sakomoto y Takeo Hisamatsu
Guión: Yôji Yamada, Emiko Hiramatsu e Ichirô Yamamoto; basado en "Moumokuken kodamagaeshi" de Shuei Fujisawa
Fotografía: Mutsuo Naganuma
Música: Isao Tomita
Montaje: Iwao Ishii
Intérpretes:

Takuya Kimura, Rei Dan, Takashi Sasano, Nenji Kobayashi, Makoto Akatsuka, Toshiki Ayata, Koen Kondo, Nobuto Okamoto, Tokie Hidari, Yasuo Daichi, Ken Ogata

Duración: 121 minutos
Distribuidora: Notro Films
Estreno: 28 marzo 2008

El samurái ciego
Escribe Mister Arkadin

Yamada y el cine japonés

loveandhonor1.jpgFue en los años cincuenta del siglo pasado cuando nos llegaron las primeras muestras del cine japonés. Fueron Rashomon (1950) de Kurosawa y La puerta del infierno (1953) de Kinugasa.

De Kurosawa (1910-1998), a partir de ese momento, seguimos conociendo películas tanto de forma directa como a través de los variados remakes que se hacían de su obra en diferentes cinematografías. Por algo el realizador japonés era considerado como el más afín a los modelos genéricos del cine norteamericano. Por eso sería el realizador más fácilmente exportable.

De Kinugasa (1896-1982) no se estrenó en España ninguna película más y eso que realizó cerca de cien (Kurosawa no llegó a las setenta). Si las películas de ambos realizadores fueron estrenadas en su momento se debió, aparte de sus respectivas nominaciones a los Oscar, a haber sido premiadas en los festivales de Venecia (Rashomon) y Cannes (La puerta del infierno). Premios que supusieron el reconocimiento mundial de un cine desconocido hasta entonces.

Por aquí tardaríamos aún años en enterarnos de la existencia de otros maestros indiscutibles del cine japonés, como Ozu (1903-1963) y Mizoguchi (1998-1956). Poco a poco hemos ido conociendo sus obras, junto a la de otros importantes realizadores japoneses, tales como Kobayashi (1916-1996), Shindo (1912), Imamura (1926-2006), Oshima (1932)... Mucho más tarde hemos conocido el cine de otro maestro, Naruse (1905-1969), a través de las filmotecas o de las cintas suyas distribuidas en DVD y aún más tarde nos llegaría el cine de Yôji Yamada (1931), realizador hasta el momento de más de setenta películas y guionista de más de cien.

Aunque su primera película como director es de 1961, Yamada llegó a España en el año 2002 con El ocaso de un samurái, primera parte de la trilogía que ha realizado sobre los samuráis y que ahora se cierra con Love and honor (2006), estando el centro habitado por La espada oculta (2004). Yamada es el director que mantiene el récord de películas seriadas en todo el mundo. Nada menos que cuarenta y ocho títulos comprende se serie de Tora San (Otoko wa surai) rodada entre los años 1969 y 1985 y siempre con los mismos actores principales. Una labor propia de... japoneses.

Los samuráis de Yamada

loveandhonor2.jpgConocer a Yamada fue una auténtica alegría. El ocaso del samurái supuso una sorpresa. Es una gran película, de ritmo pausado, que nos habla de la decadencia de los samuráis. Nuevas –y originales– visiones sobre la vida y la época de los samuráis se muestran en sus dos otros títulos. El último, Love and honor, al parecer cierra –con gran dignidad– esta trilogía sobre los guerreros japoneses entregados a sus señores.

Los personajes de Yamada prácticamente viven  en un mundo donde no hay luchas. Su defensa, y dependencia, del “amo” les conduce hacia otros caminos. Aquí, la paz entre clanes lleva a los samuráis a otro tipo de actividad, otra manera de servir y defender (con su vida, incluso) a sus señores: son los catadores de la comida del amo. El protagonista es uno de ellos. Fiel a su señor, junto a una serie de compañeros se dedica a cumplimentar diariamente el mismo ritual: probar unos alimentos.

La película presenta los mismos hechos, la rutina de unas actuaciones, la repetición de los gestos, la monotonía de las acciones. Hay complicidad entre las personas ejecutantes. Se ríe, se comenta algo durante el “empleo” diario. Todo parece formar parte de un rito, en apariencia nada complejo, ni peligroso. ¿Quién puede atentar contra la vida del jefe?

loveandhonor3.jpgEs admirable la forma en que Yamada construye las escenas de las “catas”. Hay un ritmo en los movimientos repetidos, una gestualidad contenida, una forma determinada de sentir y de mirar. Pequeños detalles con los que se va construyendo la escena al tiempo que se reconstruye una época y se define a los personajes. Están los catadores y su “observador”, un personaje ya anciano, cansado, al que le cuesta andar, arrodillarse, permanecer en su puesto sin dormirse...

En un determinado momento se produce la imprevista tragedia. Y le ocurre al protagonista. Un determinado alimento se convierte, por sí mismo, en venenoso al haberse utilizado en una época inadecuada. Al “catarlo” se producirá la ceguera del protagonista. Admirables son las secuencias en que (se) descubre que el suceso le ha dejado ciego: las conversaciones de su mujer con el criado, las miradas angustiosas de la mujer al marido mientras le da la comida, el samurái pasando su mano por delante de los ojos... Yamada es el director de la paciencia, de la composición meticulosa de los planos, de los encuadres estudiados al máximo en su deseo de dar mayor sentido al plano.

La película se centra en el honor, un honor generalizado que abarca tanto las relaciones del protagonista con su señor como las que mantiene con su mujer o sus amigos. Hay unos códigos que cumplir y cuya ruptura, por encima de lo que sea, conducirá a la muerte o a la lucha como forma de lavar los agravios producidos. Historia de amor y de egoísmo, de amos y de criados, de poderosos y oprimidos.

Mundos enfrentados

loveandhonor4.jpgEn apariencia, el cine de Yamada no habla de enfrentamientos sociales, ni del papel de la mujer en la sociedad que se nos muestra. Pero la realidad es muy otra. Al director le basta con insinuar, mostrar de pasada una determinada conducta para ir más allá de la simple propuesta. No se trata de que sus imágenes señalen continuamente, de discursear. Nada de eso. Esta película, como las anteriores de Yamada, muestra todo un mundo, habla de muchas más cosas de lo que aparenta. Por ejemplo, su cine muestra  las desigualdades sociales, las relaciones entre hombres y mujeres, el papel de éstas en una sociedad como la que se nos muestra. Ahí están una serie de insinuaciones para que cada uno saque conclusiones.

Veamos algunos ejemplos:

a) El distinto trato que reciben los catadores de sus dos jefes. El primero, cansado, anciano, se verá obligado a suicidarse, tras un error que pudo ser mortal para el amo. El segundo trata a los catadores de forma intransigente. Pequeños detalles definen a los dos personajes.

b) La visita del protagonista ya ciego a su señor. La secuencia es admirable. El señor es esperado en la entrada de la casa. Cuando llega se ordena que quien espera debe arrodillarse. El señor pasa de largo, sin mirar a nadie, pero al pasar por delante del samurái ciego dice unas palabras: “estuvo bien”. Nada más. Desde ese punto de vista se puede entender también el doble hecho por el cual el señor (dentro de lo que el poder dicta) no debe entrar en contacto con su súbdito, pero que a pesar de ello es capaz de concederle alimentos de por vida. Una compensación desde el propio silencio como forma de reconocimiento y, quizá, de admiración.

c) La mujer aparece siempre en segundo plano. Es otra súbdita a merced del marido, que es su amo. Si la mujer engaña al marido lo hace creyendo que su entrega hará posible que ambos tengan lo suficiente para vivir. Su marido ciego es inútil. Un samurái que nada tiene ya que hacer. De ahí que al principio piense en hacerse el harakiri. Su mujer se desvive por él. Pero ambos, al fin y al cabo, son seres encerrados en una casa sin que puedan volar. Se encuentran encadenado uno al otro. De ahí el símil con los pájaros que están en la jaula. Uno muere mientras otro, solitario, queda en la jaula. Es la metafórica representación del aislamiento del protagonista al expulsar a la mujer de la casa. Cuando ella vuelve, una pareja de pájaros volverá a habitar la jaula. Al igual que ellos. No creo que Yamada haya pensado en la película de Hitchcock Los pájaros, para proceder a esta relación, pero en ambos títulos la misma idea quedaba expresada. En Hitch, los periquitos encerrados en la jaula son el referente que a lo largo de todo el filme sustenta una de las ideas de base del filme.

d) El paso de las estaciones del año como ejemplo de la propia acción que estamos contemplando. Unas estaciones que vienen repletas de pequeños, e importantes, detalles: la “calidez” del sol, la explosión de la naturaleza, el canto de los pájaros...

El duelo entre el honor y el engaño

Es impresionante ver el cuidado con el cual Yamada representa la época. Se cuida el ambiente, la vestimenta, el sonido. Hay que valorar los silencios, el ruido del campo y de la ciudad, el sonido producido por las vestimentas con el movimiento de los personajes. Lo que se representa es exquisito, se realiza con el cuidado que pone el orfebre al realizar su obra.

Es lógico que el sonido tenga gran importancia a lo largo de la película, porque al fin y al cabo el protagonista –al estar ciego– llega a “ver” a través de los ruidos. Su aprendizaje se produce por medio de la escucha. Es admirable, en este sentido, toda la parte final, que se inicia con el enfrentamiento en el duelo desigual que tiene lugar entre el samurai ciego y aquél que engañó con malas artes a su mujer. Una secuencia repleta de pequeños detalles desde el mismo comienzo de la lucha, cuando el protagonista se ata una cinta a la cabeza, y que no es otra que aquella de la que se servía ella para sujetarse el kimono. Una forma de recordar (y recordarse) por qué está ahí, la razón del desigual enfrentamiento.

La lucha, narrada sin cortes, muestra el enfrentamiento entre los dos hombres. Uno engreído, cegado por su poder, por su fuerza. El otro ciego, pero ha aprendido a “escuchar”: esa es su visión. A partir de su interiorización podrá luchar con su oponente. Secuencia admirable, impresionante cómo se desarrolla, se hace creíble en su excelente realización.

En ese mismo sentido, el aprendizaje del mundo a través del sonido, hay que valorar toda la parte final en la que el hombre comprende que la nueva sirviente contratada no es otra que su mujer.

Por el tema, algunos recordarán la película que Kitano hizo sobre un samurái ciego, pero entre ambas no existe ninguna relación. Son radicalmente distintas. El cine de Yamada nada tiene que ver con el de Kitano.

Película meticulosa, sobre la dignidad, la voz y los “ruidos”, con momentos inolvidables. Un filme que muestra con autoridad, por si aún no lo sabíamos, que Yamada es un notable realizador.


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