TIEMPO DE VALIENTES (2)

  12 Diciembre 2006

Título original: Tiempo de valientes
País, Año: Argentina, 2005
Dirección: Damián Szifron.
Intérpretes: Diego Peretti, Luis Luque, Óscar Ferreiro, Gabriela Izcovich, Martin Adjemian, Tony Lestingi, Daniel Valenzuela, Ernesto Claudio, Carlos Portaluppi, Marcelo Sein.
Guión: Damián Szifron.
Producción: Óscar Kramer y Hugo Sigman.
Fotografía: Lucio Bonelli.
Música: Guillermo Guareschi
Montaje: Alberto Ponce

Policías y psicólogos
Escribe Adolfo Bellido

Desde sus inicios, el cine ha utilizado como fórmula válida la combinación de los opuestos para dar pie a una determinada forma de humor. Fueron el Gordo y el Flaco probablemente los primeros que dieron pie al nacimiento de este tipo de películas. A lo largo de los tiempos ha habido parejas protagonistas de todo tipo, sobre todo aquellas que se producen de la unión de una pareja de policías formada por un blanco y un negro. La serie Arma letal es probablemente la más representativa de una pareja dispar, aunque en este caso la acción sea dominante sobre el humor. En el cine italiano, Bud Spencer y Terence Hill formaron pareja en una serie de películas de todo tipo, especialmente del oeste, y todas ellas de carácter (por decir algo) pseudo-cómico.

Ahora, dentro de un planteamiento similar nos llega este Tiempo de valientes, un filme argentino, que puede convertirse en uno de los éxitos sorpresa del año, y no solamente en nuestro país. De eso se ha cuidado mucho la 20th. Century Fox que entra en la producción de la película.

La película podemos dividirla en tres partes. Una especie de prólogo donde dos hombres son asesinados por no se sabe quién como tampoco la razón; la segunda sería el encuentro y las primeras pesquisas de los dos antagónicos personajes del filme para resolver el caso inicial; mientras que la tercera incluiría la resolución del mismo.

Lo sorprendente de esta curiosa película es la diferente profesión de los dos protagonistas. Uno es un policía, el otro un psicólogo, por supuesto judío (no olvidemos que la acción transcurre en Argentina), que se ve obligado a acompañar al primero debido a un conflicto que tuvo con la ley, y cuya “pena” debería cumplir cuando se le necesitase. ¿Y para qué le necesita la policía? Pues nada menos para que vaya analizando al policía al que deberá acompañar, con el fin de curarle de su depresión, debido a que encontró a su mujer con otro.

Toda esta relación entre ambos personajes es sin duda lo mejor del filme. Poco a poco el psicólogo va actuando como policía, mientras que el policía se muestra como un consumado psicólogo. El conflicto entre ambos, y que ambos poseen, da lugar a unos buenos diálogos y un excelente sentido del humor, que llega a su punto máximo en la secuencia de la cena de ambos en la casa del psicólogo y de su mujer. Momento en el cual el policía, como si tal cosa, demuestra al psicólogo que su mujer también le engaña. Los papeles ahora se van a invertir. El psicólogo queda traumatizado mientras que el policía comienza a enfrentarse a su problema... Punzante, insólita a veces, Tiempo de valientes pretende también criticar la corrupción existente en el país, y hablar, incluso, de las mentiras por las que camina cierto tipo de espionaje, que en este caso, por supuesto, hace referencia al norteamericano, y su excelsa CIA.

De todas maneras, la última parte aparece como imposible, forzada y de difícil explicación. Se echa mano de un humor más simple (la secuencia del psicólogo escondido detrás de una ventana, situada en un piso alto), mezclado con unos momentos de suspense de escasa consistencia y una resolución a tono con lo indicado. Todo, de forma discutible termina bien, incluida la extraña inclusión en escena (como si fuera el séptimo de caballería) de los compañeros del policía con el fin de sacarle del atolladero en que se encuentra metido por tratar de descubrir todo la verdad del asunto. Algo que, como queda dicho, ni está bien contado, ni se sabe qué hace toda esa historia de película seria (tipo Bond, por ejemplo) dentro del tono de comicidad que ha presidido el resto.

Una lastima que la parte final rebaje la calidad de un filme que se ve sin dificultad. Un inteligente divertimento con dos actores magníficos que sostienen el duelo entre dos personajes tan opuestos y finalmente tan parecidos. Incluso detrás de ellos, pero con mucha más calidad, se podrían encontrar la sombra de Bud Spencer y Terence Hill.

Un filme que dejará un buen sabor, una sana alegría, en unos espectadores cansados de tanta estupidez como actualmente inunda las pantallas.