LEONES POR CORDEROS (4)

  02 Enero 2008

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Título original: Lions for lambs
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Robert Redford
Intérpretes: Robert Redford, Meryl Streep, Tom Cruise, Michael Peña, Peter Berg, Andrew Gardfield
Guión: Matthew Michael Carnahan
Producción: Cruise-Wagner Productions, Andell Entertainment, Wildwood Enterprises, United Artists
Fotografía: Philippe Rousselot
Música: Mark Isham
Montaje: Joe Hutshing
Duración: 96 minutos

El cine como elemento revulsivo
Escribe Daniela T. Montoya

 

leones_2.jpgTras la conmoción del 11-S, primer ataque extranjero en territorio estadounidense, se apeló a la unidad de los ciudadanos para afrontar el futuro. Pero, en un pueblo como el estadounidense, en el que su escueta historia se sustenta sobre los pilares de la conquista-apropiación del territorio, el individualismo y la ley del más fuerte, es más fácil dejarse llevar por la reacción impulsiva que no analizar las causas. Ante este panorama, el gobierno recurrió a los medios de comunicación para congregar espíritus vengativos.

Apelar a la unidad se ha convertido en una necesidad para el pueblo estadounidense. De esta forma, disentir o criticar el rumbo que ha tomado la política exterior ha sido tildado como acto antipatriótico. Pero las voces disidentes van en aumento. Una serie de películas que giran en torno a las guerras de Afganistán e Irak destacan de entre la producción del pasado año 2007.

Distintas miradas de la cinematografía estadounidense reflexionan sobre las guerras que su país ha inducido en este inicio del siglo XXI. Desde propuestas más discursivas, como Leones por corderos de Robert Redford, hasta la deconstrucción de De Palma en Redacted, pasando por el esteticismo de Jarhead o la reconstrucción de La batalla de Haditha, todas ellas coinciden en su intención de desvelar. Desvelar las falsas promesas. Revelar las artimañas discursivas que ha entramado el gobierno para justificar sus intereses particulares. ¿Dirigidos hacia la “paz duradera” o hacia la perdición? ¿Guerras por la libertad o por el petróleo?

Cuestionarse los sentidos de “triunfo” y “derrota” será uno de los elementos claves de estas películas. Otro, constatar la pérdida del valor de la imagen por sí misma. Así como Román Gubern considera que el desagradable impacto que produjo el visionado del rojo de la sangre (gracias a la comercialización de las leones_4.jpgtelevisiones en color) marcó un punto de inflexión en la guerra de Vietnam, al generar una masiva repulsa ante la continuación del conflicto, en la actualidad el poder de la imagen es cuestionable.

La victoria ya no se logra mostrando la bandera hondeando sobre un punto neurálgico (ya sea en la luna, o en la cima de la montaña de Iwo Jima); ni la derrota se asociará con la caída (de una estatua del líder opositor, o de las decenas de ataúdes que retornan los cuerpos de los soldados). Ahora, para modificar la opinión pública, será preciso trenzar un discurso más complejo, más sólido. Un discurrir argumentativo que, como realiza Robert Redford en Leones por corderos, ponga los puntos sobre las íes. 

Circunscrita a la actualidad de la política estadounidense, Leones por corderos relata tres historias distantes en el espacio pero íntimamente relacionadas. Por un lado, la entrevista que mantiene una veterana reportera (Meryl Streep), con capacidad para condicionar la opinión pública, y el candidato a presidente, un carismático senador republicano encarnado por Tom Cruise. Por otra parte, la desgraciada incursión bélica en las montañas escarpadas. Y, por último, una charla entre un profesor de Ciencias Políticas (papel que se reserva Redford) con un universitario ocioso. Tres ámbitos de acción aparentemente distantes pero que, con el montaje intercalado que incide en la simultaneidad temporal, están irremediablemente vinculados. Y es que, como si retornásemos a la teoría social de Platón, la estructura de la sociedad estadounidense queda reducida a tres niveles: los poderosos, los soldados y el pueblo. Cada una de sus partes tiene una función concreta, pero el objetivo común tendría que ser el beneficio de la comunidad. Pero, ¿qué pasa cuando alguna de las partes no trabaja para el bien común?

Redford se reserva el papel de maestro de ceremonias para dar un tirón de orejas a la sociedad acomodada que, con su apatía y hedonismo, se desentiende de su responsabilidad. Los políticos, cegados por la ambición, cortejan a la prensa prometiéndoles suculentas informaciones. A su vez, los medios de comunicación aumentan su egolatría al ejercer un papel mesiánico transmitiendo (o restringiendo) la información, la cual determina la reacción de los ciudadanos. Ambas esferas se retroalimentan para perpetuar sus cotas de poder.

Esta relación de fuerzas es la que se desprende de la secuencia que se desarrolla en el interior del despacho del político. Allí, el senador republicano escenifica su actuación ante un público privilegiado. Se deshace en halagos hacia la reportera para conseguir su apoyo. Insinúa acciones que pueden suponer un golpe de efecto y, por tanto, conllevar su ascenso hacia la Casa Blanca. Pero paradójicamente, quienes le encumbrarán a la cima son los soldados, peones sacrificados al servicio de la estrategia. Mientras la juventud, que antaño destilara rebeldía, pasea con pachorra la indiferencia. El adormecimiento del espíritu crítico de un joven acomodado contrasta con el compromiso activo de los más desfavorecidos.

leones_3.jpgEl objetivo de la arenga de Redford sólo se verá cumplido si finalmente genera una reacción.

En Leones por corderos las imágenes se unen, se contraponen, se entrelazan para llegar a remover las conciencias. Un discurso pausado, ordenado, que no se deja llevar por la espectacularidad ni el dramatismo de las acciones bélicas, pero que busca el apego patriótico recurriendo a la figura del héroe (en este caso, héroes). Identificado con las “minorías” étnicas, la integridad con que caen ante las sombras enemigas dos ex-universitarios, comprometidos hasta las últimas consecuencias, los convertirá en mártires.

En la distancia, los altos mandos observan su desaparición en las pantallas así como los noticiarios dan parte ante espectadores apáticos. De igual forma, el conjunto discursivo que Redford articula en Leones por corderos se dirige a los espectadores que puedan permanecer apoltronados en el sofá, dejándose llevar por un plácido conformismo.