CASUAL DAY (3)

  18 Mayo 2008
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Título original: Casual Day
País, año: España, 2008
Dirección: Max Lemcke
Producción: Iker Monfort y Álvro Augustín
Guión: Daniel Remón y Pablo Remón
Fotografía: Javier Palacios
Música: Pierre Omer
Montaje: Laurent Dufreche y Pite Piñas
Intérpretes:

Juan Diego, Luis Tosar, Javier Ríos, Alberto San Juan, Estíbaliz Gabilondo, Arturo Valls, Álex Angulo

Duración: 95 minutos
Distribuidora: Walt Disney
Estreno: 9 mayo 2008

Más que un día de campo
Escribe Eva Cortés

Pasamos en el trabajo la mayor parte de nuestro tiempo, establecemos vínculos con personas a las que nos parece que conocemos y no siempre es verdad; lo que  nos sucede en el trabajo repercute en nuestra vida privada; nuestro trabajo es, en definitiva, un micro-mundo dentro del nuestro propio.

casualday2.jpgTodas éstas son razones suficientes para Max Lemcke decidiera rodar una película con temática empresarial. El Casual Day, que da nombre a su segundo largometraje, es una práctica importada de EEUU que consiste en trasladar a los empleados a un ambiente más distendido con el propósito de mejorar las relaciones entre ellos y, en consecuencia, su trabajo en grupo.

El Casual Day de Max cuenta con todos los ingredientes de uno de verdad. Un ambiente bucólico, la Sierra de Madrid; una programación repleta de actividades, reuniones, paintball, cenas; una ristra de personajes reflejo de cada uno de los arquetipos  de cualquier compañía y una serie de costumbres sociales a criticar.

La manera escogida para acercarnos a esta práctica es clara: el primer plano. Me atrevo a asegurar que el ochenta y cinco por ciento de los planos son así. El primer plano tiene la facultad de introducirnos en la psicología del personaje. Con este encuadre se llega a uno de los extremos del lenguaje visual: los objetos crecen hasta alcanzar proporciones desmesuradas y se muestran los detalles (ojos, boca...). Lemcke, buen conocedor del arte audiovisual, hace de ellos la herramienta perfecta para acercarnos al máximo –aunque de forma exageradamente pausada– a las vidas de los personajes y a las relaciones entre ellos. A su vez, éstas le sirven para hacer sátira de la actual situación laboral. 

casualday1.jpgSin perder de vista el aprovechamiento de los recursos, Lemcke, a falta de música, hace un extraordinario empleo del contexto. La sierra de Madrid no solo es el escenario de este día de campo, sino también el paso de una a otra historia. Usa el contraste para llamar la atención del espectador. El ambiente es tan tenso entre los personajes como puede serlo en cualquier oficina y choca con la relajación que se respira en la montaña. El director nos invita a coger aire, a unos segundos de silencio para reflexionar sobre lo que va aconteciendo. Y es que una buena forma de aliviar tensiones empresariales no tiene por qué ser un Casual Day, basta con salir de la rutina, admirar la naturaleza y desconectar; por eso llego a pensar que quizás Lemcke piensa como yo, y nos está proponiendo esta solución a los problemas laborales de forma subliminal.

Pero no es el contraste entre el estrés y el relax el único de la película. El enfoque también resulta un tanto paradójico. A pesar de estar rodada con primeros planos, que a priori nos hace pensar que pretende acercarnos al máximo al personaje, lo cierto es que luego se aprecia un esfuerzo por dejar libertad al espectador; insinúa más que afirma nada. Nos ofrece las vidas en fragmentos tan cortos de tiempo que resultan suficientes para entender, pero no para profundizar. Para mí todo un acierto, porque con un ritmo tan lento, con tiempos para asimilar tan marcados, un director no puede darnos todo hecho, resultaría aburrido; claro que siempre habrá quien diga que se ha quedado corto.

casualday3.jpgY hablando de paradojas, la principal, el propio nombre, Casual Day. La teoría habla de un día para la hermandad y la unión, pero esto es una utopía en la que ni los propios personajes de la historia creen. Hay una conversación entre Ruy, el nuevo empleado y José Antonio, el jefe, donde comentan que esta práctica es pura fantasía. De cara a la competencia, da calidad a la empresa decir que se suma a iniciativas modernas, que evoluciona a la vez que EEUU con ideas como ésta. Realmente sabemos que son sólo apariencias, que no va a servir de nada porque cada uno va a seguir en su puesto, con sus mismas posibilidades, independientemente de las terapias grupales: son las injusticias del mundo empresarial.

Lo particular se extrapola a lo general. Un sólo día es suficiente para que observemos una realidad de suma actualidad: el trato todavía hoy desigual a la mujer en la empresa queda visto con el traslado de Bea a Palencia al entrar Ruy, yerno del jefe, y con el personaje de Marta, joven, luchadora y guapa, valorada por sus jefes más por su físico que por su talento; el reparto de poder entre jefes y delegados, los abusos de éste y cómo a veces hay que callar si no quieres empeorar tu situación, se ve reflejado en la relación entre Cholo, el sub-director, y el empleado Almarcegui, que hace de cabeza de turco; y los enchufes, el ascenso rápido y los tratos de favor no por meritos propios sino por parentesco, con la relación entre Ruy y Jose Antonio.

Un repaso al elenco de arquetipos

Cada personaje representa una realidad con su historia. Como decía antes, tenemos todos lo estereotipos sociales bajo un popular elenco de actores.

Aunque el protagonismo pretende ser coral, por el tiempo en pantalla, quedan con más  presencia dos que ya he nombrado, José Antonio, el jefe (Juan Diego) y Rui, su yerno y nuevo empleado (Javier Ríos). De Juan Diego debo decir que a pesar de sus ocho Goya y de sus treinta y siete años de experiencia, en Casual Day sólo veo al comisario de la popular serie de televisión Los hombres de Paco. Javier Ríos, por su parte sale bastante más airoso y creíble.

Un caso parecido al de Juan Diego les pasa a Arturo Valls, en su papel de empleado gracioso ajeno a polémicas, Morales, idéntico al que hace en Camera Café, y a Malena Alterio, Bea, conocida principalmente por las series La que se avecina y Aquí no hay quien viva, donde actúa como chica buena, víctima de todos los males.

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Alberto San Juan, tras ganar el Goya al mejor actor por Bajo las estrellas, no para de recibir ofertas. Además de Casual Day, participa este año en dos más, La vergüenza y Gente de mala calidad. Su sereno semblante encaja a la perfección con el papel de psicólogo.

Y para el papel de empleado ejemplar Max Lemcke pensó en Álex Angulo, un rostro que cae simpático al gran público y que también desempeña bien su papel. Como está quedando demostrado, los papeles no están escogidos al azar. La labor de Juanjo Gracia al mando de la dirección de actores estoy segura que ayuda, pero su elección, supongo por parte de Max, ya fue todo un acierto.

No imagino a otro en el papel de Cholo, sub-director hipócrita con malas formas, que a Luis Tosar por su trayectoria en papeles así, como el de Te doy mis ojos o La flaqueza del bolchevique; como tampoco podía ser otra la que interpretara a la Juana de Arco de Casual Day, Marta, que la recién elegida primera reportera de Caiga Quien Caiga, Estíbaliz Gabilondo.

Después de tantos aciertos, me queda comentar el error más patente, el diálogo inicial: una conversación entre Inés (Marta Etura), la hija del jefe –que no vuelve a aparecer físicamente aunque sí de forma indirecta– y su amiga Marta (Estibaliz Gabilondo). La única explicación que se me ocurre para incluir esta pesada conversación es que pongamos cara a Inés, personaje importante para el desarrollo de los acontecimientos posteriores. Aún así, el metraje es excesivo. Con la chispa que le caracteriza. Marta Etura no llega a la altura que nos tiene acostumbrados por sus interpretaciones en Las trece rosas y Azuloscurocasinegro. Estibaliz habla en un tono tan infantil que resulta artificioso y poco acorde con el resto sus apariciones en la película. La temática de la conversación no aporta nada para el propósito general.

Al margen de este mal inicio, Casual Day es mucho más que un simple día de campo, una suma de aciertos: actores idóneos para su papel, técnica audiovisual explotada al máximo, introducción del entorno en la historia de forma sugerente, enfoque abierto a la participación del espectador y una temática inductiva original –a la que todavía se le podría o se le puede sacar más partido– que nos deja mucho sobre lo que reflexionar.

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