LAS COLINAS TIENEN OJOS (2)

  05 Enero 2008
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Título original: The hills have eyes
País, año: USA. 2006
Dirección: Alexandre Aja
Intérpretes: Aaron Stanford, Kathleen Quinlan, Vinessa Shaw, Emilie de Ravin, Dan Byrd, Tom Bower, Billy Drago, Robert Joy, Ted Levine, Desmond Askew
Guión: Alexandre Aja y Grégory Levasseur
Producción: Wes Craven, Marianne Maddalena y Peter Locke
Fotografía: Maxime Alexandre
Música Tomandandy
Montaje: Baxter
Duración: 107 minutos

El hombre es un lobo para el hombre
Escribe Mister Kaplan

Vivimos una época cada vez más mediatizada por lo inmediato (uy, perdón por el juego de palabras). Las películas duran en cartel un par de fines de semana, como mucho. Su pase al DVD se acorta cada vez más. El tiempo que uno las recuerda... prácticamente lo que se tarda en colinas_ojos-2.jpgsalir de la sala. Tanto es así que, en ocasiones, las películas al verlas en DVD parecen otras, distintas, con imágenes que uno no alcanza a recordar y con carátulas que en nada se parecen a las que en su día exhibían las salas cinematográficas.

Las colinas tienen ojos (en versión dirigida por Alexandre Aja, pero escrita y producida por Wes Craven, guionista y director de la versión original, fechada a mediados de los setenta) es un perfecto ejemplo de este cine de rápida digestión comercial y dilatada trayectoria en las estanterías de los videoclubes, donde se nos presenta casi, casi como un producto nuevo.

Para empezar, ha desaparecido el excelente eslogan de su exhibición cinematográfica (“Los más afortunados mueren primero”), siendo sustituido por uno menos ingenioso pero más comercial (“Sin censuras”), que promete festines no contemplados en las salas de cine... y, por una vez, es cierto: el festival gore en DVD sobrepasa lo exhibido en la pantalla grande. Es el nuevo territorio donde el marketing está haciendo que algunos títulos tengan nueva vida comercial: “el montaje del director”, “la versión íntegra”, “la versión extendida”, “lo nunca visto”... y promesas por el estilo acaban por hacer mella en el sentido común (y el bolsillo) del espectador, que vuelve a pagar por una película vista hace apenas unos meses y, merced a unas cuantas nuevas imágenes no siempre necesarias y a una hábil campaña publicitaria, acaba por sentirse satisfecho de esta “nueva” versión.

colinas_ojos-5.jpgLo curioso del caso es que algunos críticos de prestigiosas revistas de primer orden (y revistas de primer orden, a nivel cinematográfico e impresas en papel, que este cronista recuerde sólo quedan dos: Fotogramas y Dirigido por) se empeñan en adular productos como éste no por su valor intrínseco (que algo hay), sino por ser presuntamente superiores a su original. Ya sucedió con la nueva versión de La matanza de Texas dirigida en 2004 por el alemán Marcus Nispel, también con el remake de Zombi dirigido hace tres de años por Zach Snyder y estrenado como Amanecer de los muertos... y ha sucedido ahora con Las colinas tienen ojos, que algunos críticos insisten en considerar muy superior al original de Wes Craven.

Vayamos por partes. No es que sea superior o inferior. La película es la misma; el guión es idéntico; los planteamientos, las escenas, incluso la planificación de muchos momentos es exactamente igual. ¿Dónde está la originalidad entonces? Sencillamente, en lo explícitas que resultan las escenas gore (insisto, sobre todo en la versión en DVD) y en unos medios algo más amplios que la versión original (básicamente porque lo ahorrado con el rodaje en Marruecos –donde los sindicatos no pintan nada– ha permitido invertir más en efectos de maquillaje y un correcto acabado técnico).

colinas_ojos-4.jpgA nivel argumental sólo son reseñables dos pequeñas novedades: por un lado, la existencia de una mina, lo que permite suponer cómo han sobrevivido los miembros de la familia a las pruebas nucleares realizadas en la zona; por otro, la existencia de un pueblo fantasma lleno de maniquís, que simulan personas, permite introducir algunos momentos de tensión y una cierta reflexión sobre el papel de los seres humanos frente al ejército y la política gubernamental... pero no crean, la reflexión se la monta uno mismo, en la película no hay mucho sobre el asunto.

Y no deja de ser extraño, porque si por algo se caracteriza esta versión es por ser demasiado evidente en todo: ya lo hemos dicho, las matanzas, las salvajadas varias, son contempladas con todo lujo de detalles, como en los mejores momentos del cine gore de los ochenta; pero también las insinuaciones del primer filme (el dirigido por Craven) acerca de las zonas de experimentación nuclear en el desierto de Nuevo México aquí quedan subrayadas con un cartel inicial en una alambrada, que nos avisa que estamos en una zona de pruebas y, por si no quedaba claro, una escena prólogo donde la familia de caníbales se merienda a unos soldados que efectúan lecturas de radioactividad en la zona...Y por si continuaba sin ser evidente, los créditos iniciales están sobreimpresionados sobre imágenes de explosiones nucleares (algo que ya había hecho mucho mejor Kubrick al final de Dr. Strangelove, con un sentido mucho más irónico).

colinas_ojos-3.jpgEn definitiva, todo lo referente a la presunta crítica al gobierno norteamericano por sus experiencias nucleares no es algo que haya añadido Aja, sino que ya estaba en la peli rodada hace treinta años por Craven. Aquí se subraya, una y otra vez, con la escena prólogo, con los créditos iniciales, con algún recorte de prensa entrevisto en algún plano... Pero tanta insistencia en la presunta “importancia” del mensaje, en la pretendida denuncia, en la supuesta crítica al gobierno, no nos puede hacer olvidar que el filme sigue teniendo un guión deficiente, con agujeros difíciles de explicar (un perro que logra salir de un coche cerrado atravesando el suelo: ¡sin comentarios!) y con un argumento que no da mucho de sí: una familia queda atrapada en mitad del desierto y otra familia comienza a devorarlos, hasta que los supervivientes de la primera deciden convertirse ellos también en lobos para mantenerse con vida... y se comen a la familia rival.

¿Qué hace atractiva en parte la película? Exactamente lo mismo que reduce su interés: el corto alcance de su propuesta argumental, la simpleza de la anécdota que habla de hombres convertidos en lobos para sobrevivir frente a otros hombres que se comportan como lobos. Una anécdota mínima servida con cruel visceralidad por Aja, con una crudeza que se ajusta al mensaje planteado (el de hombres y lobos, no esa otra bobada de la crítica al ejército por sus pruebas nucleares), con una intensidad a la hora de filmar la violencia como pocas veces se ha visto en el cine contemporáneo (si acaso habría que recordar como antecedente su anterior película: Alta tensión).

Y esa puesta en escena es lo único que la distingue de su ilustre antecedente y, de hecho, la sitúa por momentos por encima del filme de Wes Craven... pero son simples matices, cierta capacidad de filmar, el resto de esta versión de Las colinas tienen ojos no se separa apenas del original y uno, por momentos, tiene la sensación de que estamos asistiendo a una reedición no confesada del experimento perpetrado por Gus Van Sant con su Psycho respecto al Psicosis original de Hitchcock: una fotocopia plano por plano.

Y este cronista esperaba algo más de originalidad. Quizá en su próximo título.