RED ROAD (3)

  07 Enero 2008
 redroad0.jpg
Título original: Red Road
País, año: Gran Bretaña-Dinamarca, 2006
Dirección: Andrea Arnold
Intérpretes: Kate Dickie, Tony Curran, Martin Compston, Nathalie Press, Andrew Armour, John Comerford
Guión: Andrea Arnold
Producción: Glasgow Film Office, Zentropa Entertainments, Scottish Screen, UK Film Council, BBC Films, Advanced Party Scheme, Sigma Films, Verve Pictures, Zoma Films
Fotografía: Robbie Ryan
Montaje:  Nicolas Chaudeurge
Duración: 113 minutos

La hora de la venganza
Escribe Adolfo Bellido

redroad1.jpgHe aquí una notable y, por momentos, apasionante primera película de Andrea Arnold. Una extraña y absorbente producción realizada entre Inglaterra y Dinamarca. Un filme que pudo levantarse gracias al laboratorio de guionistas del festival de Sundance 2005. Con anterioridad a esta película la joven directora había realizado tres cortometrajes, uno de los cuales, Wash, recibió en 2005 el Oscar al mejor corto de ficción.

Su primer largometraje, repleto de escenas nocturnas, posee un ritmo notable y una atmósfera enfermiza que sirve de refrendo a una historia extraña, donde el espectador se deja llevar por una intriga que no adivina hacia dónde va a llevarle.

En principio la historia parece centrarse en el seguimiento que desde las grandes ciudades se hace de la vida de los demás por medio de múltiples cámaras colocadas en los sitios más imprevistos. La observación minuciosa, no del latir de la ciudad, pero sí de seguridad ciudadana (algo más bien discutible), parece ser que es, en un principio, el tema prioritario del filme. Alguien que mira a los otros desde un lugar privilegiado y que puede sacar partido de esa mirada. Se trata de una empleada del ayuntamiento, que trabaja en esa unidad de “mirada” a los ciudadanos. Algo que hace recordar títulos como La conversación o La vida de los otros.

redroad3.jpgLa protagonista, observadora, chupadora de vidas ajenas, aparece como un ser vulgar, viviendo una vida aburrida en una constante soledad sólo rota por los esporádicos, metódicos y frustrantes encuentros sexuales en el interior de un coche, mantenidos más como válvula de escape que como verdadero amor. Una vida sin demasiados alicientes donde se ha mantenido a distancia a la familia, sin que sepamos muy bien las razones que llevan a ello. La observación de los demás aparece en su oficio como una salida más de un estado de frustración o de dolor.

El segundo tema sobre el que va a moverse todo el filme surgirá de esa observación centrada en una determinada persona que le resulta conocida y a la que empezará a seguir de manera convulsiva, primero con las cámaras, después de forma personal. Un individuo que malvive en barrios marginados de pequeños trabajos. Un ser como decenas de los que viven en los suburbios de un Glasgow feo y amenazador. El seguimiento realizado por la protagonista, Jackie (una eficaz Kate Dickie, actriz de televisión que hace aquí su primer papel para el cine), se convertirá en el eje de la acción, transformando al espectador en los ojos y la mirada de la propia protagonista. Nosotros vemos lo que ella ve, seguimos sus pasos, pero no podemos saber las razones por las cuales realiza este seguimiento. Se nos deja entrever que la vida de la mujer se consume por algo que ocurrió en el pasado y al que debe volver como forma de resolver ese desconocido problema.

redroad2.jpgJackie, paso a paso, va urdiendo una metódica y cruel venganza contra –como luego sabremos– el hombre que llevó su vida al punto de soledad y amargura que ahora posee. Si algo ha hecho ese hombre, Clyde, deberá pagarlo. ¿Y luego qué? Aunque la venganza parece ser “suya”, la pregunta que puede hacerse es sobre el sentido de la misma, la razón, justificación o felicidad inferida de sus acciones. La venganza es metódica, llevada a cabo con una gran frialdad. El mundo solitario de la mujer será aún más oscuro e incluso repetitivo desde el momento en que las cámaras de televisión, como una figura del pasado, le devuelvan la imagen odiada. Urdirá un plan, una maquinación que se comunica al espectador a través de un guión muy elaborado y de unas imágenes, la mayoría cámara a mano, extrañas e intrigantes. ¿Cuál es el secreto de la mujer? ¿Por qué ha decidido seguir a ese hombre paso a paso? ¿Cómo se han cruzado en el ayer sus vidas, si Clyde no la reconoce a pesar de que se haga la pregunta de que el rostro de la mujer le resulta vagamente conocido?

Ecos del mejor thriller surcan el camino que conduce hacia el descubrimiento del gran secreto: llegar al hombre para tratar de recuperar su perdida vida. Aquél cambió su existencia y debe pagar por ello.

Vengativa, cruel, inmisericorde, Jackie planea su “historia” de una manera convincente: deberá simular que ha sido objeto de una violenta violación por el hombre que sigue. Ella le conoce perfectamente, su cara nunca la ha podido olvidar porque ese hombre rompió su vida. Por ello, aunque el mal fuera provocado de forma no querida, deberá pagar un alto precio.

redroad4.jpgProbablemente después de la venganza, su vida será aún más negra: ahora, en el pozo del que es difícil salir, ni siquiera queda el aliciente de dar su merecido a quien cambió radicalmente su vida. Por eso, es posible, que se incluya un segundo final al filme (el primero se cerraría con la culminación de la venganza y el encarcelamiento de Clyde), que puede resultar como un pegote. Ahora bien correctamente se estructura y centra en un encuentro de Jackie con la tranquilidad. La liberación no está en vengarse y sí en aceptar el tiempo presente en que se vive. Jackie ha aprendido una cruda lección. Y da marcha atrás en su ansia vengativa. Ahora todo (incluida la necesidad de rehacer su vida con el amor y ayuda de los familiares por parte de su marido) se centrará en el reposo, en la calma. En contestarse con un “¿ahora qué?”, de difícil respuesta. Con todo, el final, producto si se quiere de la necesidad de plantear un camino de entendimiento y de redención, forma parte exacta del proceso que le lleva al encuentro con los demás, como se demuestra en la visita que hace a casas de sus suegros.

Una excelente fotografía que retrata la pobreza, en todos los sentidos, de una sociedad vencida y que vive pendiente de una búsqueda, en el hurgar por un triste pasado, para creer en una querida e imposible liberación. Por eso el final resulta el lógico colofón a un itinerario que desde la venganza puede llevar al perdón. Y con el abrir y cerrar los ojos encontrarse cara a cara con una nueva –o vieja- existencia, que probablemente le lleve a contactar con su familia, sus viejos amigos..., descubriendo así tanto la fugacidad del tiempo como la necesidad de subirse al carro de la vida.

Rodada en exteriores, sobre todo nocturnos, la mayor parte de las veces haciendo uso de la cámara a mano, trata de sacar el mejor partido de una atrayente historia marcada por el asco de una mujer condenada de por vida a revivir la tragedia que arruinó su vida.

Tan insólita como hipnótica, Red road es un filme logrado que nos habla de las angustias del ser humano.