HONEYDRIPPER (2)

  23 Mayo 2008
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Título original: Honeydripper
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: John Sayles
Producción: Maggie Renzi
Guión: John Sayles
Fotografía: Dick Pope
Música: Mason Daring
Montaje: John Sayles
Intérpretes:

Danny Glover, Yaya DaCosta, Charles S. Dutton, Vondie Curtis-Hall, Gary Clark Jr., Marcia Gay Harden

Duración: 123 minutos
Distribuidora: Golem
Estreno: 16 mayo 2008

Música negra
Escribe Marcial Moreno

Alabama 1950, campos de algodón, negros que han dejado atrás la esclavitud, pero sólo en apariencia, un sol de justicia y blues, mucho blues. Todo ello conforma el ambiente de esta película que, de forma un tanto simbólica, y hasta elíptica, nos muestra el fin del blues y el origen del rock. O, si no lo muestra, al menos lo declara.

honeydripper1.jpgLa historia es trivial, y parece incluso insignificante para quien la está contando. No importa tanto lo que ocurre como el ambiente que se crea o la dicotomía entre lo viejo y lo nuevo sobre la que se levanta la película.

Lo viejo es lo asociado a la música negra por excelencia, a la que nace de la esclavitud y que da sus últimas bocanadas. Sus representantes, las cantantes de voz queda y los pianistas que las acompañan, van quedando al margen de los derroteros que la sociedad comienza a transitar. El bar en el que actúan, el Honeydripper del título, es más un recuerdo del pasado que una auténtica realidad. Al borde del desahucio, con la electricidad cortada, y como cobijo ocasional y altruista de desquiciados borrachos, sólo le resta asistir a la muerte paulatina de sus viejas estrellas.

honeydripper2.jpgPor otra parte, el rock es el estilo pujante, la música que atrae a los jóvenes, la que vive de la fuerza que la electricidad suministra a sus guitarras y a la radio que la expande por todo el país, la que ignora la imagen de sus estrellas y se conforma solo con el sonido, no importa de dónde venga. Y ante esta alternativa, la película se limita a constatar los hechos, a informar de una defunción y de un nacimiento, sin que nada pueda hacerse para alterar tal realidad.

El guión, que se llevó el galardón del festival de San Sebastián, no pasa de convencional. Utiliza algunas trampas demasiado evidentes, como la insistencia en las excelencias de la costurera para poder utilizarla luego en la transformación del joven guitarrista, y sobre todo se ciñe a lo previsto, sin añadir ninguna complejidad que distraiga el esquematismo que estructura la película. Desde el primer momento se sabe que el joven guitarrista que llega al pueblo acabará triunfando, que la vieja cantante tienes sus días contados, que la fiesta será un éxito o que la esposa del viejo Purvis no lo dejará en la estacada. Ninguna sorpresa pues. En cuanto a los personajes, acaban siendo entrañables a fuerza de reconocibles: los negros con pasado hablan como negros con pasado (y whisky), los jóvenes poseen la ingenuidad de la juventud, y los malos tienen la aviesa expresión de los malos. Poco bagaje para tal premio.

honeydripper3.jpgPor otra parte, y tratándose de John Sayles, no podían faltar las referencias políticas, aunque aquí aparecen ciertamente atenuadas. Se muestra una sociedad donde la escisión económica continúa corriendo paralela a la diferencia racial, aunque despunten ya los nuevos ricos cimentados sobre la explotación sobre los de su condición. Se nos habla de la guerra de Corea, donde, como en todas las guerras, sólo mueren los pobres, y se apunta, como de pasada, la rebelión de la dignidad. Sin embargo, el tono amable que impregna toda la película no permite erigir un discurso reivindicativo que posea la suficiente nitidez.

El clima creado, sobre todo por la música, excelente toda ella, es lo que finalmente se salva de esta peliculita que pasa sin dejar huella apreciable. No está Sayles en su mejor forma.

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