CACHE (ESCONDIDO) (3)

  12 Diciembre 2006

CacheTítulo original: Hidden
País, Año: Francia, Austria, Alemania e Italia, 2005
Dirección: Michael Haneke
Intérpretes: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Bernard Le Cocq, Walid Afkir, Lester Makendosky, Daniel Duval, Nathalie Richard, Denis Podalydès, Aïssa Maïga
Guión: Michael Haneke
Producción: BIM Distribuzione, Bavaria Film, Wega Film, Les Films du Losange
Fotografía: Christian Berger
Montaje: Michael Hudecek y Nadine Muse
Duración: 100 minutos

Escalofriante thriller sobre la culpa
Escribe Arantxa Bolaños

Considerada por el Tribunal de la Academia de Cine Europeo la Mejor Película Europea del 2005, la última obra del controvertido realizador Michael Haneke es una crítica feroz hacia la sociedad contemporánea y sus miserias. Encuadrada dentro del género “thriller político”, indaga en las sensaciones más ocultas de todos y cada uno de los occidentales y de nuestra culpa (por activa o por pasiva) ante las circunstancias que provoca nuestra acción u omisión en el mundo oriental. Bañado el tema en una historia trepidante de acoso y videograbaciones, Haneke pone el dedo en la yaga y nos interroga personalmente sobre nuestra autoconciencia.

La historia de desarrolla en París, pero como bien dice este director austriaco, bien podría estar filmada en cualquier otra ciudad occidental, pues cada uno tiene sus manchas en la historia y sus tapaderas ideológicas manipuladas.

Un día, un matrimonio que lleva una vida normal (esto es hoy día: estresados, incomunicados…) ve amenazada su vida por una serie de videos sobre su vida cotidiana. Ante la negativa policial de intervenir en el asunto, y tras un sospechoso sueño de él (Daniel Auteuil) [1] , decide investigar en su pasado para intentar encontrar en él las respuestas ante lo que le ocurre hoy día y poder descubrir al que atenta contra su intimidad.

Así, hasta aquí nos encontramos con un thriller al uso, pero la procedencia argelina de este personaje lo convierte en un asunto político. Cuarenta años antes de esta historia, en la infancia del protagonista, ocurrió un hecho terrible para la sociedad francesa (no tanto por lo que meramente ocurrió como porque hoy por hoy todavía se oculta y por supuesto, no se enmienda el error). La manipulación mediática (internacional) contó que unos argelinos murieron en trágicas circunstancias, pero lo que pasó realmente fue una masacre perpetrada por la policía en la que murieron 400 argelinos. [2] Esto es historia política, pero donde entra el personaje principal (un turbador Daniel Auteuil) es cuando un hijo huérfano de esta masacre pudo tener mejor suerte que sus progenitores pero, debido al egoísmo infantil pasó su tierna infancia en un orfanato. Y ahora, lejos de enmendar su pasado (nos interroga también a nosotros en boca del protagonista) lo empeora aún más, por sus continuas sospechas y por pensar que él es el único culpable posible (cuando el mundo está lleno de trastornados) no siendo él más que la víctima de nuestra indiferencia.

Nosotros, que no perdonamos, pensamos que los demás están tan llenos de odio como nosotros. La película no nos desvela nada, sólo nos incomoda y nos obliga a recapacitar sobre nuestras culpas (por acción u omisión-indiferencia) ante las injusticias mundiales, como ya hiciera en sus anteriores trabajos el director de La pianista (2001).

Como en las cintas de Tavernier –La muerte en directo (1979), La carnaza (1994)–, de Costa-Gavras, de los hermanos Dardenne, Haneke sigue aquí la estela del cine político y de denuncia francés, pero centrada en el drama psicológico e individualista de la sociedad actual, siguiendo el esquema de la fallida Retratos de una obsesión (Mark Romanek, 2002).

Sólo una crítica ante este filme: el director habla que sus películas muestran la violencia contemporánea sin tapujos, pero hace alarde de que no es gratuita. Pues bien, hay una escena que me parece imprescindible resaltar en la que un niño mata a hachazos a un gallo (y no está filmada con FX, sino que se siente que la escena es real). Yo, firme defensora de los animales, no puedo más que exaltarme y cabrearme ante estos hechos que siguen existiendo. No creo en la relación crueldad–arte y denuncio expresamente tanto a él como a Lars Von Trier por la muerte de unos animales injustamente (si es que hay muerte justa) en pos de un “realismo” cinematográfico. Lars von Trier ha cancelado las imágenes de la muerte de un asno en Manderlay debido a la demanda de un actor del filme, J. C. Reilly [3] . Y por las posibles consecuencias (económicas, supongo) de no haberlas omitido.


Notas:

[1] Preocupado más por su ego propio que por la educación del hijo, donde se ve que la liberación laboral no se corresponde con la colaboración en las tareas domésticas y sigue siendo la mujer la encargada, después de la dura jornada laboral, de la casa y los hijos. 

[2] “Las algaradas parisinas que se produjeron el 17 de octubre de 1961, que desembocaron en una auténtica masacre de inmigrantes argelinos. Hubo dos cosas que me produjeron un fuerte impacto: el hecho de que ocurriera en una sociedad tan avanzada como la francesa, liberal y siempre adelantada a su tiempo, y aún más, que nadie se atreviera a confrontar la realidad incluso 40 años más tarde. Los argelinos del movimiento independentista del FLN salieron a las calles para protestar por un toque de queda gubernamental y bajo la autoridad del ominoso oficial Maurice Papon fueron reprimidos con extrema brutalidad. Entonces, las autoridades manifestaron que dos hombres habían fallecido. Más tarde, se supo que habían sido 400 y que muchos cadáveres habían sido arrojados al río Sena. Y aún hoy en día, la experiencia franco-argelina sigue siendo un tabú para los ciudadanos franceses.” El Cultural, Jueves 19 enero 2006,
http://www.elcultural.es/HTML/20060112/Cine/CINE16315.asp

[3] Información recogida por
http://www.20minutos.es/noticia/8635/0/manderlay/escena/
eliminada

Cache-2