POZOS DE AMBICIÓN (4)

  01 Marzo 2008
 pozosdeambicion0.jpg
Título original: There will be blood
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Paul Thomas Anderson
Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciarán Hinds, Dillon Freasier, Kevin J. O´Connor
Guión: Paul Thomas Anderson
Producción: Ghoulardi Film Company, Miramax Films, Paramount Vantage
Fotografía: Robert Elswit
Música Jonny Greenwood
Montaje: Dylan Tichenor
Duración: 158 minutos

Ríos de odio
Escribe Enric Albero

En Pozos de ambición, Paul Thomas Anderson vuelve a demostrar su prodigioso dominio de la técnica cinematográfica y pone de manifiesto esa capacidad, cada vez más en desuso, para lograr que la forma influya sobre el fondo, que el continente no sea más que soporte para alcanzar el contenido.

pozosdeambicion1.jpgEn esta película río que narra la ascensión a la cumbre de Daniel Plainview (Daniel Day Lewis), con el petróleo crampón que posibilita la escalada al Olimpo económico, existe un plano que, por sí solo, basta para explicar todo el conjunto.

Después de que su hijo, H. W. Plainview, se quede sordo tras la explosión de una de las torres extractoras de oro negro y tras un periodo de internamiento en un “colegio especial” vuelve para reunirse con su padre que, a la sazón, ya ha logrado construir un oleoducto para transportar el líquido azabache allá donde le convenga.

Justo en ese momento de la recepción del vástago, P. T. Anderson opta por construir un gran plano general. En el primer término de la imagen se observa el largo tubo metálico que hiere la tierra en su camino hacía el horizonte; a lo lejos, Daniel abraza a su hijo. El director le quita todo el énfasis a una escena que, en manos de cualquier otro hubiera dado para llenar más aún los bolsillos del señor Kleenex.

pozosdeambicion3.jpgAnderson sugiere de un modo elegante que, lo verdaderamente importante para Plainview (que significa algo así como vista plana, sin relieve), es el petróleo, el resto es sólo una herramienta, siempre prescindible para llegar a donde se propone.

Ha habido algunos críticos que afirman no comprender el arrebatado odio que afecta al personaje de Daniel Day Lewis. A mi modo de ver, desde la primera y apabullante secuencia en la que Anderson no necesita ni un solo diálogo para explicar lo que allí sucede, queda todo claro.

Daniel Plainview tiene una obsesión: hacer que el petróleo brote de las entrañas de la tierra. Es la finalidad ulterior de su vida: su pierna es un accesorio, da igual que esté rota, eso no le impedirá llegar arrastrándose al notario para firmar el título de propiedad de la valiosa parcela; su hijo es accesorio y más si se queda sordo y no sirve para continuar con la saga iniciada por su padre; los empleados son accesorios, uno puede ser sustituido por otro; la religión es accesoria, sólo puede ser utilizada como medio para conseguir un fin superior; en definitiva: el ser humano es accesorio, si molesta, estorba o trastoca el plan, puede ser eliminado.

pozosdeambicion00.jpgSólo hay algún atisbo de humanidad en Daniel mientras su hijo está bien y cuando aparece de la nada el falso hermano. El primero acabará sordo y repudiado, y el segundo muerto tras descubrirse su mentira.

Pozos de ambición es un retrato magnífico sobre la conquista del poder, sobre sus relaciones con la religión y sobre cómo se puede controlar al pueblo desde los dos terrenos. Ahora bien, Anderson, que maneja maravillosamente la elipsis a lo largo de todo el filme, deja bien claro en la última secuencia que la fe sin financiación apenas mueve una piedra.

Por cierto, aunque Day Lewis termine convertido en un histrión babeante, merece la pena ver la película dos veces para comprobar su evolución a lo largo del metraje, su progresivo envilecimiento reflejado por una interpretación, como poco, brillante.


Más artículos...