70 binladens (3)

  07 Marzo 2019

Todo por la pasta

70-binladens-1En 2003, Koldo Serra dirigió el cortometraje El tren de la bruja (2003). La repercusión de este trabajo le permitió debutar en la pantalla grande con la producción para Filmax titulada Bosque de sombras (2006), una película de factura internacional que protagonizó el actor inglés Gary Oldman, un violento drama rural con una temática que recordaba en su atmósfera a películas como Deliverance o Perros de paja, pero que no iba más allá de ese reflejo externo de la violencia porque el guión no profundizaba en las causas de la misma.

Tras este filme, pasan casi diez años hasta que vuelve a rodar Gernika (2016). Mientras tanto participa como director en diferentes series y en un proyecto muy curioso, Distopía, del que únicamente se rodaría el episodio piloto (Ciudadanos), una especie de Black Mirror a la española.

Gernika tenía la apariencia de película grande, rodada en diferentes idiomas, con un casting internacional y nacional, pero donde el guión desperdiciaba la oportunidad de analizar el despiadado bombardeo de la ciudad vasca durante la Guerra Civil española, perdiéndose en un argumento que combinaba una historia romántica y lealtades y traiciones políticas y que no aportaba ningún tipo de reflexión sobre la masacre perpetrada por la Legión Cóndor de la Alemania nazi. Koldo Serra se maneja técnicamente con todo tipo de escenas, desde las que tienen que ver con el drama (el personaje del periodista americano que recupera los  ideales a través de una historia de amor en un paisaje de guerra) pasando por la recreación histórica del bombardeo.

Ahora nos llega 70 binladens (2018), donde Koldo Serra sí se muestra sólido al poner en imágenes una historia más trabajada. El origen del filme se remonta a un guión del año 2010 de Asier Guerricaechevarria, Javier Echaniz y Juan Antonio Gil, que el director vasco aparcó cuando se implicó en el proyecto que finalmente sería Gernika. Ambientado en Bilbao, la película es un thriller centrado en el atraco a un banco donde, como suele ocurrir en estos casos, el asunto no sale como estaba previsto inicialmente.

Siguiendo una estructura común, el filme plantea dos espacios narrativos. Lo que ocurre en el interior del banco con los atracadores y los rehenes y el despliegue exterior que protagoniza la policía vasca. Si en relación con sus anteriores filmes hemos hablado de influencias externas, aquí podría parecer que los modelos serían el cine americano, desde Tarde de perros a Plan oculto.

Sin embargo, nada más comenzar el filme ya observamos que el tono del filme se orienta a un patrón más cercano. La producción de Alex de la Iglesia quizá tiene mucho que ver en la creación de un entorno aislado (La comunidad, El bar…) en el que confluyen una serie de personajes e intereses; y la influencia de otro de la Iglesia, Eloy, y La estanquera de Vallecas, termina por aterrizar este filme de género a una perspectiva muy nuestra con algunos apuntes sociológicos.

Centrado en el protagonismo de los dos personajes femeninos, la mujer de la pareja de atracadores (Nathalie Poza) y una rehén (Emma Suárez), el filme discurre durante la primera hora dentro del canon clásico con el toque cañí que destila cierto humor negro que dulcifica la violencia que puntea el filme en ocasiones.

Hasta ese momento el filme lleva un ritmo ágil que Serra combina con movimientos y panorámicas frenéticas, planos secuencia y un montaje paralelo que une los dos espacios en los que se desarrolla la acción. De esta forma tenemos la llegada de los atracadores al banco y la llegada de la pareja protagonista en el exterior (los ertzainas que encarnan Bárbara Goneaga y David Pérez Prada); el partido de futbol que se disfruta tanto fuera como dentro, etc.

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En todo ese tramo el mensaje tiende a igualar a todos los personajes en una especie de microcosmos donde cada uno miente, atraca y roba a su manera (los atracadores, el director del banco y la ayudante, la rehén que necesita los 35.000 euros o 70 binladens en el argot coloquial). Dentro de un discurso típico del género negro, la película deja un pequeño espacio para la crítica social, con la denuncia de una sociedad en la que cada persona piensa únicamente en sus intereses bordeando la línea de la corrección moral y que se resume en la escena de la emigrante termina gritando sobre la situación lamentable de nuestro país.

Tras esa primera hora, el guión comienza a introducir situaciones y giros que van abriendo nuevas tramas, fundamentalmente a través del personaje de Emma Suárez que adquiere un nuevo sentido y parece igualarse al personaje de la atracadora, conformando ambas el anverso y reverso de una misma moneda. Con situaciones que recuerdan a otros filmes, este último tramo quizá exprime en exceso ese deseo de llevar al espectador de sorpresa en sorpresa y se abandona el trazo firme que hasta ese momento había llevado el guión.

Con todo, los aspectos positivos de 70 binladens son evidentes sobre todo en lo que tiene de adecuado respecto a la adaptación de las claves del subgénero de atracos a un modelo autóctono reconocible y que podemos relacionar con la realidad de nuestro entorno, de nuestro país, conjugando el género negro con esos toques de humor negro que pueden darse en momentos de tensión.

El filme también se beneficia de un reparto coral que sostiene el peso del relato equilibrando las escenas entre todos los personajes (interior y exterior del banco, protagonistas y secundarios).

Por último, algo muy necesario en este tipo de películas, el relato es creíble. El tono final de 70 binladens, con esa combinación de realidad y distancia que facilita ese toque de humor irónico, termina por involucrar al espectador. El director vasco pone las herramientas para traducir esa historia del guión en las imágenes y, frente a sus anteriores trabajos, parece que está vez, al centrarse en un espacio acotado y una duración temporal limitada (las horas que dura el asalto), estamos ante un ejercicio eficaz de cine de género.

Escribe Luis Tormo

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