Decision to leave (2)

  25 Enero 2023

Un thriller lírico

decision-to-leave-0Continúa el director de La doncella (2016) con su labor de orfebre cinematográfico, diseñando productos de una belleza formal apabullante e hipnótica, joyas cuyo fulgor atrapan desde el primer minuto la mirada del cautivado espectador.

Frente al barroquismo de aquel filme, ahora Park Chan-wook ejecuta una labor minimalista, una arquitectura funcional que rehuye los oropoles pasados para instalarse en un presente tan opaco como lábil, dominado por una oscuridad epistemológica que propende a lo incierto, a la imposibilidad de aprehender el carácter fluido y especular de una realidad disfrazada e impostada,  ante la que se yergue y se le opone  una cosmovisión panóptica que pretende abarcar todos los resquicios de lo físicamente representable y que, no obstante, es incapaz de alcanzar el más profundo anhelo de verdad, oculto en lo más íntimo de los corazones; el anhelo de amar y de sentirse amado.

El relato se desenvuelve en el más palpitante y rabioso presente, en la más tecnológica y avanzada sociedad surcoreana. Un presente en donde predomina una sociedad envejecida y unos matrimonios que han renunciado a la paternidad; en donde la soledad de las personas mayores discurre en paralelo con la soledad compartida de las nuevas relaciones de pareja, en las que el prurito y la carrera profesionales se anteponen a cualquier otra consideración.

La necesidad de arraigo y de fidelidad a los orígenes, la inmigración continua y progresiva hacia las sociedades más prósperas y avanzadas, así como el periplo de los emigrantes dispuestos a cualquier esfuerzo por lograr abandonar la pobreza y mejorar su vida se dan la mano en un argumento que apuesta por los patrones genéricos del thriller para albergar un melodrama de amor imposible, funesto y aciago.

Las cinco detonaciones fuera de campo con que se inaugura el relato responden a cinco disparos ejecutados por el inspector protagonista durante sus prácticas de tiro. Cinco certeros disparos al corazón de la diana de un policía renuente a llevar armas consigo y con una puntería y acierto profesionales que no sabe traspasar a su vida privada.

Su matrimonio se sustenta en una relación a distancia por causa del trabajo. Un matrimonio consolidado, más de quince años de relación, en los que la pulcritud es la norma de convivencia. La esposa exhibe un carácter férreo y disciplinado, un modus vivendi reflejo de su labor científica. Las matemáticas, la estadística, presiden su visión de la vida y se convierten en la guía de su actuación íntima y privada: harán el amor un vez por semana, aunque entre ellos surjan tensiones e, incluso, el fantasma de la ruptura.

El orden prevalece en su apartamento. Un orden medido, cronometrado, milimétrico, que se proyecta e impone sobre su pareja y protagonista, un inspector de policía obsesionado por los casos no resueltos y con un problema de insomnio crónico, síntoma de un malestar latente provocado por una insatisfacción vital que no sabe acometer. El rigorismo matrimonial y su propia y pulquérrima actitud investigadora son un corsé que lo está matando, un mecanismo de defensa para soportar su monótona, insípida y apagada vida.

Un plano significativo durante un registro sobrevuela casualmente unos libros de la saga del detective Martin Beck, guiño y homenaje del director al matrimonio sueco de escritores de novela negra Maj Sjöwall y Per Wahloo. Pues su protagonista comparte ese carácter familiar y próximo, cercano, alejado del estereotipo del detective de la novela negra norteamericana (Philip Marlowe, Lew Archer), un hombre normal y corriente que aspira simplemente a... ser medianamente feliz a través del amor.

decision-to-leave-5

Se nos muestran secuencias de un caso en el que se encuentra inmerso y al que no quiere dar carpetazo, pues en el fondo más que un Mcguffin dicho caso es un reflejo de su propio caso particular. El asesino al que persigue y al que finalmente logrará acorralar se mueve por motivos espurios al crimen: toda su actuación responde a un origen amoroso. Este sujeto se suicidará ante el gesto impotente y la mirada comprensiva de nuestro inspector, hermano del suicida en la congoja y la desdicha amorosa, amén de escena  con un clara función de anticipación, una especie de siniestra profecía.

Al inspector se le encomienda un nuevo caso: la muerte de un escalador, de un jubilado de sesenta años, antiguo funcionario de inmigración. Por supuesto, lo que aparenta ser una muerte accidental e incluso un suicidio, a raíz de los indicios que se van descubriendo, es la espita para el verdadero arranque del filme, para que la pólvora amorosa prenda en la insomne y apagada mirada del inspector, requerida de una constante lubricación con colirios para poder tener los ojos bien abiertos durante el día.

La viuda de este jubilado muerto, una joven y bella china, se convertirá en el nuevo desafío profesional del contumaz y minucioso detective. Un constante seguimiento, una observación absoluta será ejercida por el eficaz policía. La mujer devendrá en un fetiche amoroso, en un catalizador del inerte espíritu amoroso. Incluso logrará que vuelva a fumar, hábito prescrito por su mujer y muestra del carácter adictivo que anida en el alma de su sumiso marido.

Todas las sospechas se ven desmentidas por el comportamiento intachable y por la seguridad aplastante de la sospechosa, cuyas lógicas réplicas aplacan la sombra de la sospecha, aunque los constantes planos especulares y sus respectivos reflejos nos ponen sobre aviso de lo ilusorio de la representación.

Esa joven viuda ha sido tildada de «despiadada» por su difunto marido, que la maltrataba. Y esa joven viuda se convertirá (ya es) una belle dame sans merci, origen genealógico de la mujer fatal, auténtica némesis del inspector al que utilizará, usará y le dará nuevos bríos vitales. También lo hará sentirse devastado, derrotado y roto, pues su honradez se asienta sobre su orgullo como policía, orgullo que ella ha desbaratado al robarle el corazón.

decision-to-leave-4

Cabe resaltar que toda la trama parte de una confusión deliberada, de una ambigüedad premeditada, de una sospecha permanente que impide al espectador —igual que al policía, con el que se nos obliga a identificarnos— sentirse seguro, reconfortado. Las nuevas tecnologías, los móviles inteligentes se incardinan en la anécdota como elementos nucleares, contenedores o recipientes en los que se almacene grabaciones, fotos… la verdad.

Una verdad que la simple observación, que la mirada humana parece incapaz de apresar. El director recurre a la ruptura espacio-temporal para añadir in certidumbre a la trama: los pensamientos y los monólogos del inspector se diegetizan, se vuelven narración superpuesta a la primera versión conocida, en una especie de universo multi o metaverso que desmiente las primeras impresiones para ofrecer otro relato, otro punto de vista: el de la mujer manipuladora, por supuesto, a través de las pesquisas detectivescas, al modo de Resnais y su representación del onirismo, de los sueños, de la fusión problemática realidad-ficción, verdad-mentira.

La historia de amor se formalizará, se materializará y el ritmo de la película se resiente. La claridad no es bien sostenida por la mirada del director. Se volverá, en una especie de repetición, después de la separación y alejamiento de los amantes, a la casilla de salida. Ahora es la joven viuda china la que parece empeñada en perseguir y acosar a su desencantado y huidizo amante, que ha decido convivir con su esposa, trasladándose de ciudad.

Vuelve a casarse la joven viuda china y vuelve a aparecer muerto su segundo marido. La trama ha alcanzado rasgos rocambolescos. El melodrama se pretende tensionar con una relación cuádruple, mezclando a la esposa del detective y al nuevo marido de la femme fatale en los acontecimientos. Todo responde a un nuevo plan urdido por ella para... lograr acercarse a su derrotado amante, implicando a sus respectivas parejas.

La mujer del policía lo abandona por un nuevo y súbito amante (un compañero de trabajo). Las investigaciones (los móviles vuelven a jugar un papel crucial) desmienten la autoría de la viuda como asesina.

En una tregua amorosa que se conceden ambos amantes, se reencuentran en lo alto de la montaña que perteneció a la familia de la inmigrante china (su abuelo fue un héroe de la resistencia coreana contra el invasor japonés; su profesión en China era la de enfermera, siendo su madre la principal depositaria de sus atenciones médicas, sedación paliativa incluida; ella es tan buen cuidadora de las ancianas porque es tan pulcra y detallista y perfeccionista como el detective), en donde el policía lanzará las cenizas de los antepasados de ella, en una escena climática en la que ella puede repetir crimen o mostrar su verdadero corazón.

decision-to-leave-2

El detective ahora parece no dejarse engatusar y cumple su cometido profesional a rajatabla, pero es una simple añagaza del guion para cocinar un final desaforado y profundamente melodramático: ella cavará su propia fosa en la orilla del mar (literal), mientras él comprenderá el error cometido al dudar del amor de ella e intentará remediar y reparar, infructuosamente, su equivocación.

En medio de esta puesta en escena tan depurada, los diálogos de altura poética y las frases de hondo contenido lírico y sapiencial han sido recitadas por los personajes, poseedores del tesoro de la sabiduría que otorga una lucidez desengañada y escéptica; de unos gestos y ademanes hieráticos y contenidos que sólo podrían erradicar la confianza, la sinceridad y el amor.

El estallido final no provoca la descarga galvanizadora, la catarsis que se ha ido amasando. Más bien confirma que la aspereza del thriller no se ha engastado en el anillo lírico, de igual modo que esas alianzas de los protagonistas se han ido evaporando o haciendo acto de presencia en sus dedos sin aparente coherencia (la del deseo, tal vez).

Incluso la banda sonora oscila entre estos dos componentes mal maridados. De un lado, los arpegios de la quinta sinfonía de Mahler —y su consabida vinculación con la secuencia final de la muerte de Gustav von Aschenbach en la playa—, su depurada belleza y cinematográfica connotación. De otro, el sonido proveniente de un arpa de boca que remeda al Morricone del espagueti wéstern pero, especialmente, a la música de Dos mulas y una mujer (1970, Don Siegel).

A ellos se suma una canción popular coreana cuya letra refleja la niebla que constantemente se posa sobre la ciudad de la acción, pero también sobre el alma de los atormentados protagonistas, marionetas que no consiguen embridar el elixir amoroso que los podría salvar de la mediocridad de la vida, en esta geométrica y fría representación, con algunos tintes bizarros a lo David Lynch, de la firme determinación, decisión, de irse, dejar o abandonar.

Escribe Juan Ramón Gabriel | Imágenes Avalon 

  


Más artículos...