Pauline Kael: el arte de la crítica (3)

  29 Marzo 2020

En el corazón del cine

pauline-kael-0Nos hallamos ante un documento indispensable para todo aquél que (mal)vive de la crítica cinematográfica hoy en día. ¿Cómo pudo una persona poseer tal nivel de clarividencia a la hora de acometer la escritura de una reseña?

Aquí se nos dan las claves de quien fue considerada la mejor en su campo; alguien que supo estrujar cada fotograma para plasmarlo en escritos imborrables para quien desea desentrañar los recovecos más ocultos de las películas. Una mujer que sentó las bases de la crítica de cine moderna, aunque ahora su legado no sirva para casi absolutamente nada.

Es triste reconocerlo, pero si cotejamos cualquiera de sus críticas en la prestigiosa revista New Yorker con los textillos infumables con los que nos deleitan la mayoría de nuestros críticos nacionales, estos no les llegan ni a la suela del zapato.

Pauline Kael abogó por la excelencia a la hora de redactar sus opiniones sobre las obras que disfrutaba y sufría en la platea. Como autora teatral frustrada, quiso alcanzar la pirueta verbal a la vez que utilizaba el escarpelo entintado para analizar semanalmente los estrenos más interesantes de la cartelera norteamericana.

Su técnica tenía bastante de calculadora: esperaba a que otros se abalanzaran para dar su opinión (¿a alguien les suena esos gacetilleros de pacotilla que twitean sus impresiones con la proyección todavía en curso?) y con la calma y distanciamento solía contradecir opiniones atribuladas intentando encontrar fisuras donde otros solo veían clarividencia.

Así se encargó de arremeter contra trabajos encumbrados por la opinión popular mientras ensalzaba otros que habían sido menospreciados. Valedora del cine basura (perdón, de la basura buena que había que separar de la mala) y de autores noveles que asomaron la cabeza gracias a sus recomendaciones (dioses del séptimo arte como Brian de Palma, Martin Scorsese o Paul Schrader), no le dolieron prendas a la hora de hacerle ver a Woody Allen que estaba perdiendo el rumbo de su carrera con un bodrio como Recuerdos, o incluso de cuestionar a Francis Ford Coppola algunos aspectos de guion en su Magnum Opus Apocalypse Now.

El documental comienza con un vídeo casero de Kael donde su nieto le pregunta sobre su vida. Es un enfoque interesante del director Rob Garver el de mostrar un lado más suave y humano de la gran crítica que podría hacer temblar a los hombres adultos con el poder de sus palabras.

Descubrimos que cayó en la crítica cinematográfica casi accidentalmente. Comenzó a escribir reseñas de películas a nivel local después de ver Luces de la ciudad de Charlie Chaplin y odiarla. Desde el principio, Kael era alguien que decía lo que pensaba y que a menudo se metía en problemas por sus comentarios.

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A partir de ahí, el documental nos deja algunas perlas que deberían de convertirse por derecho propio en Tablas de la Ley de cualquiera que se dedique, por profesión o afición, a la escritura de críticas de cine: ella nos habla de que en ese mundillo de desgranadores de celuloide existen dos tipos de personas (opinión que se puede extender sin problemas al resto de disciplinas), los que disfrutan con su trabajo y los que están deseando que finalice la jornada laboral.

A los primeros les invita a revisar hasta la extenuación sus reseñas; buscar la frase oportuna y perfecta que defina la idea que se quiere plasmar. En estos tiempos en los que se despacha una crítica con dos obviedades, tres spoilers y un me ha gustado/no me ha gustado, viene bien que nos recuerden que tenemos una misión prescriptora para con los espectadores.

Hay que ser originales e incorruptibles con las publicaciones, porque de otra manera tan solo actuaremos de publicistas palmeros de las productoras. Nuestras consideraciones se ven sesgadas por amiguismos y compromisos. No se puede hablar mal de una película porque igual no te vuelve a llegar un pase de prensa, o dependiendo del medio en el que vaya a ver la luz, tendrás que pasar por la autocensura para no dañar la imagen de la mano que te da de comer.

Son malos tiempos para la lírica crítica. En la época de Pauline el éxito o fracaso de una producción dependía de sus veredictos insobornables. Ahora a nadie le importa lo que dictaminen los entendidos, en parte porque estos se han adocenado hasta límites insospechados.

Ojalá se publicara en castellano alguno de sus libros para que nos sirviera de guía espiritual a la hora de afrontar nuestra labor. Pero a eso no podemos agarrarnos. Al menos nos queda este instructivo homenaje filmado, salpicado de multitud de aportaciones de gente de la profesión (Tarantino, Alec Baldwin, David O’Russell): un paseo por su biografía, su arte, sus controversias y, sobre todo, por sus lecciones de vida que no deberían pasar inadvertidas.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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